Sociedad
La fuerza de los
padres
 
La necesidad motiva
la acción

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD– del Banco Interamericano de Desarrollo –BID–, en la Argentina hay 104.642 ONGs, a través de las cuales, hombres y mujeres trabajan en la búsqueda de respuestas innovadoras a los desafíos que encara el país. En la Encuesta Nacional de Trabajo Voluntario en la Argentina 2004/2005 del Centro Nacional de Organizaciones de la Comunidad –CENOC–, al preguntarle a los voluntarios qué criterios tuvieron en cuenta al elegir la organización en la cual se desempeñan, el 21,02% alegó “relaciones personales”; lo que evidencia que a gran parte de ellos, la cercanía de un conflicto los incitó a buscarle solución. “Ante situaciones penosas que competen a sus hijos, hay padres que entran en melancolía o se paralizan en la cama; otros, por el contrario, toman fuerza de ese dolor y se movilizan”, opina Cristina Castillo, psicoanalista, coordinadora docente del equipo de Familia y Pareja del Centro Dos.
 
Padres unidos
Como dice el tango, “la lucha es cruel y es mucha”; y resulta mejor desafiarla junto a otros. “La unión nos lleva al concepto de sinergia. Es la integración de elementos que da como resultado algo más grande que la simple suma de éstos, es decir: cuando dos o más elementos se unen sinérgicamente, crean un resultado que aprovecha y maximiza las cualidades de cada uno de ellos. Es por eso que las potenciales cualidades de los individuos, por sí solas, tienen un desarrollo determinado, pero al unirse, no sólo suman, sino que se potencian”, plantea Juan Pablo Rossi, abogado, director ejecutivo de la Consultora J.P. Rossi & Asocs, dedicada al asesoramiento de fundaciones, asociaciones civiles, cooperativas, federaciones e instituciones similares. El especialista considera que “en un primer momento, la unión de voluntades hace la verdadera fuerza, pero esto no alcanza: el desafío es hacer operativa la organización. El grupo es la base de toda organización. La sociedad civil requiere del trabajo en equipo y, a su vez, las organizaciones también deben trabajar en redes, y éstas, interactuar con el Estado”.
 
“Encontrarse es un primer paso; luego organizarse implica construir una
esperanza” Flichtentrei
 
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Todos los días, la adversidad moviliza a miles de padres que salen al auxilio de la salud de sus hijos, como sea. En pos de un cambio, generan alternativas y llenan espacios vacíos para responder a las inquietudes que los aflige. ¿La buena noticia? Las cosas, definitivamente, cambian cuando se las hace juntos.

En 1992, el filme Un milagro para Lorenzo, protagonizado por Nick Nolte y Susan Sarandon, conmovió al mundo. Contaba la historia de Lorenzo Odone, que a los 6 años desarrolló una patología para la cual no se conocía tratamiento. “Tengo malas noticias –les dijo, en 1984, un neurólogo del Centro Médico Infantil Nacional de Washington, a Augusto y Michaela, sus papás–. Lorenzo padece de una enfermedad rara llamada adrenoleucodistrofia, ALD, que destruye progresivamente la sustancia blanca del cerebro. Su hijo perderá el habla, la vista, las funciones motoras y morirá”.
Ante tal sentencia, estos padres lucharon hasta el cansancio estudiando neurología infantil, buscando apoyo médico, para finalmente dar con un equipo científico que les brindó apoyo económico y moral, y se dispuso a sintetizar un aceite capaz de salvar a al niño. “Vengo de una familia en la que nunca aceptamos lo que todo el mundo cree que es cierto. No era que quisiéramos demostrar a los médicos que estaban equivocados. Pensamos: amamos a nuestro hijo y no queremos perderlo”, explicaba el señor Odone a la prensa.
En aquel entonces a Lorenzo le daban dos años de vida; hoy tiene 28. Carece de muchas funciones vitales –el aceite que lleva su nombre no pudo revertir las secuelas; sí, detener el progreso de la ALD–, pero se comunica moviendo sus dedos para decir “sí” y niega a través del pestañeo; disfruta de las buenas historias y escucha música. Gracias a un papá y una mamá –ésta murió en 2000– que revirtieron un diagnóstico fatal.

Tomar la posta por los hijos
La historia de los Odone contagia esperanza a quienes enfrentan diagnósticos inaplazables para el sistema de salud o situaciones educativas y sociales frente a las que “hay poco o nada que hacer”. “La fuerza de los padres es importantísima; contribuye a lograr, muchas veces, el acceso a un diagnóstico o el mejor modo de alcanzar un tratamiento que beneficie a su hijo. La forma organizada se da a través de ONGs, que se han multiplicado con la finalidad de darse una mano unas a otras y conseguir juntas, cambios en la legislación vigente, construcciones de hogares o la formación de profesionales específicos para la patología de sus chicos, entre otras cosas. La experiencia de otros padres y de los que se mueven para lograr cosas concretas, allanan el camino a los que vienen luego”, manifiesta Luz Nazar de Del Piano, presidenta de la Fundación de Endocrinología Infantil –FEI–, creada hace 46 años; en 1985 instrumentó la pesquisa de hipotiroidismo y fenilcetonuria –enfermedades congénitas causantes de discapacidad mental– en forma masiva y ya ha detectado 563 casos de recién nacidos que, con tratamiento adecuado, se desarrollaron normalmente. Y ha promovido la creación de centros en Rosario, Córdoba, Tucumán y Mendoza.
“Encontrarse es un primer paso; luego, organizarse es un salto cualitativo que permite maximizar esfuerzos para conseguir mejoras en las opciones existentes, hacerlas accesibles a todos, permitir que los profesionales puedan tener contacto con una población de afectados, y así, hacer experiencia. Organizarse implica construir unidos una esperanza”, añade el doctor Daniel Flichtentrei, cardiólogo, editor científico y jefe de contenidos de IntraMed, primer portal para la comunidad médica con 185 mil usuarios en 20 países.
Ponerse en marcha es la consigna. Hay alguien que lo sabe bien. “Como enfermera pública que era, me di cuenta de que el comportamiento de Joseph, cerca del año y medio –en 1962–, no era normal. Un joven psiquiatra lo vio y diagnosticó autismo en 1963, cuando la mayoría de la gente, incluso otros profesionales en el tema, no estaban muy al tanto de qué era o cómo se detectaba a un autista”, recuerda Ruth Sullivan, una norteamericana que debió sacar adelante a su hijo, Joseph Sullivan, en quien se inspiró la película Rain Man protagonizada por Dustin Hoffman. Se especializó en autismo y en 1968, se convirtió en la primera presidenta de la Sociedad Norteamericana de Autismo. A los 83 años –su hijo tiene 46–, es una referente indiscutida a nivel mundial, en lo que atañe a trastornos generalizados del desarrollo.

Llenando baches
Los padres, a veces, llegan a ocupar espacios vacantes dentro de la sociedad. “Sabemos que el Estado sufre de carencias profundas, por eso la labor de las organizaciones de la sociedad civil –OSC– es la de trabajar mancomunadamente para encontrar las formas de hacer realidad el ejercicio de los derechos” –afirma Flichtentrei–. “El acceso a la salud es un derecho humano, sin embargo, el colectivo de personas que viven con una enfermedad rara no está inscripto en una Ley”, alega respaldando la existencia de Geiser –Grupo de Enlace, Investigación y Soporte Enfermedades Raras–, una institución mendocina con sede en Buenos Aires, surgida como respuesta al camino de incertidumbre y desamparo que sufren los que padecen una patología poco frecuente. “Si de enfermedades raras se trata, la unión de voluntades es vital; es una exigencia. Hablamos de baja frecuencia; es decir, muchas patologías sólo afectan a 20 personas en un país. Hay que trascender las fronteras para obtener un número posible de casos para la investigación, acceso a los tratamientos y posibilidad del conocimiento”, y motiva a ir más allá de un diagnóstico poco alentador. “Ya no existe un dueño hegemónico de la información; el saber es público y ha transformado las relaciones de poder. Los pacientes dejan de ser los seres sumisos y pasivos de antaño y se convierte en activos y capaces de compartir la responsabilidad del control de sus propios padecimientos. Internet ha tenido mucho que ver con ello”, advierte y señala que “las familias, desesperadas ante un pronóstico que aparece como una verdad implacable, desafían el poder de la ciencia, de la medicina y hasta de Dios. Nadie se rinde ante la agonía de un hijo; sería antinatural, contra natura”.
Abrir el abanico de posibilidades hasta agotar la última. Ése es el espíritu. Pero, a no encerrarse en la propia problemática. “Las instituciones creadas por padres son propiciadoras pero, a veces, se repliegan en su temática y corren el peligro de perder la oportunidad de repreguntarse y replantear sus objetivos; de no crecer aún más. Por ello, se recomienda que, de vez

en cuando, tengan una supervisión institucional externa que evitaría caer en aquello de: ‘Nadie sabe esto mejor que nosotros, que lo padecemos’, como así tampoco ‘en la morbosidad y, hasta en cierto regodeo, alrededor de las situaciones que convocan’”, considera la Lic. Cristina Castillo, psicoanalista, coordinadora docente del equipo de Familia y Pareja del Centro Dos.

Movilizarse ante un “no”
Hace un tiempo, Diana Alvarez y Alberto Krause detectaron que las personas con discapacidad mental, como su hijo, no contaban con suficientes espacios recreativos en el barrio. Y en pos, de que niños y jóvenes con capacidades diferentes pudieran divertirse, expresarse y aprender en un contexto de ocio y no sólo a partir de actividades regladas, dieron forma a Nuestro Hacer Asociación Civil. “Nos pusimos como meta: verlos felices haciendo lo que puedan hacer”, cuentan. Además del proyecto “Haciendo Juntos”, tienen en carpeta otro: “La Tiendita”, cuyo objetivo será comercializar productos hechos por los participantes; en una segunda etapa, “Paseanderos”, que consistirá en viajes, y a futuro, “En Casa”, que tendrá como fin la creación de una residencia-hogar.
También a partir de la necesidad de que sus hijos y alumnos puedan estudiar sin abandonar su lugar –deben trabajar el campo– ni trasladarse 20 kilómetros hasta la escuela más cercana, padres y maestros de la zona de Pilar, Córdoba, instaron al Estado Nacional a fundar en su paraje, un secundario rural. Así fue que, en 1997, el establecimiento Paula Albarracín de Sarmiento, se hizo realidad. “Esta iniciativa es única en el país; no la impulsó el Estado, sino un grupo de padres que impusieron su proyecto a nivel provincial y nacional”, dijo en la inauguración, Daniel Filmus, hoy ministro de Educación de la Nación.

Cada día, miles de padres, en vez de lamentarse por los obstáculos que deben sortear junto a sus hijos, salen a enfrentarlos, hacen interconsultas, buscan nuevas posibilidades y llenan vacíos: existencial, asistencial, y hasta legal… “Contra toda lógica, los más frágiles se agrupan, organizan y construyen un espacio de vida para todos”, como dice Flichtentrei. “¡Son héroes cotidianos!”, asegura. Y no se equivoca.

 
Laura Zavoyovski / Foto: Getty Images / Stock 4B / Luis Rosendo