La propuesta es “Pensar en el fin del mundo, qué otro mundo es posible”, producir una verdadera transformación en nuestra manera de encarar el futuro: con conciencia, con creatividad. Para ello, nada más revolucionario que el lenguaje universal del arte. Y pensar en grande, por supuesto. Pensar en una Bienal que convoque artistas de todos los puntos del globo, que se valgan de su talento para pronunciar sus alegatos ecológicos, y sumarse de esta manera al Año Polar que comenzó los primeros días de marzo. Explorando el imaginario del fin del mundo, valerse del arte, la tecnología y el medioambiente para constituir ejes de reflexión. La Bienal, impulsada por la Fundación Patagonia, es un hecho y en estos momentos se está llevando a cabo en Ushuaia. Desde allí, 17 artistas aspiran a unir los polos Norte y Sur a través de exhibiciones, performances, muestras, instalaciones e intervenciones, con un denominador común: salvar el planeta del calentamiento global.
[Artistas]
La ciudad entera fue intervenida por el arte. Al Museo del Fin del Mundo, el viejo edificio de la esquina de Maipú y Rivadavia, donde antaño funcionó el presidio, el artista argentino León Ferrari llevó sus collages de la serie L'Osservatore Romano. En el mismo espacio, el brasilero José Rufino presenta “un trabajo muy poético, en el que se colocarán en las celdas camas que irán sufriendo modificaciones”, y el francés Fred Forrest muestra su videoproyección sobre la preservación de la naturaleza.
El grupo AAVRA (Asociación Artistas Visuales Argentinos) desplegó una propuesta de alto contenido simbólico en la Bahía de Ushuaia que es la implementación de un millar de banderas inspiradas en la whipala –de los pueblos originarios– que fueron intervenidas por artistas argentinos con insignias de fauna, flora y minerales. El arquitecto y pintor Clorinda Testa tuvo a su cargo el re-coloreado pictórico de los principales sitios públicos y privados de la ciudad. Luis Benedit impacta con una pieza histórica: una instalación sobre la conquista del Beagle y los onas. De Luis Felipe Noé, pueden verse dos grandes pinturas referidas a las urgencias ecológicas. Un sentido similar tiene Centinela del cambio climático, del argentino Joaquín Fargas, cuyas obras se caracterizan por combinar arte y tecnología. Esta vez, su propuesta es un gran girasol de más de cinco metros, cuyos pétalos registran todos los cambios meteorológicos y los reportan a una central. Esta es la primera de una serie de flores que se instalarán en once puntos estratégicos del planeta y que estarán interconectados. También están presentes Horacio Zabala, Fabiana Barreda y Charly Nijhenson, entre muchos más, dándole nueva vida a una ciudad que nació como alternativa a la pena de muerte.
De una manera diferente pero dentro del marco de la Bienal, en las cercanías de la base Marambio en la Península Antártica, los artistas angloargentinos Lucy y Jorge Orta (él, representante argentino en la Bienal de Venecia de 1995, y ella, nacida en Inglaterra y varias veces premiada es, además, titular de la cátedra Rootstein Hopkins of Fashion, London College of Fashion, University of the Arts, Londres), presentan una instalación compuesta por carpas, bolsas de dormir, banderas e inscripciones serigrafiadas de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que pretende ser un territorio simbólico que acoja a toda la humanidad. Entre los participantes extranjeros Kcho –apodo por el que se conoce al mundialmente célebre artista cubano Alexis Leyva Machado–, preparó una intervención para la Casa Beban, traída íntegramente desde Noruega en 1904 y uno de los espacios más tradicionales de la ciudad. Eija-Lisa Ahtila, de Finlandia, el controvertido artista español Santiago Sierra, cuya obra se caracteriza por su alto contenido de provocación; el colectivo Bijari, de Brasil, y el grupo canadiense BGL que presentó La Guerra del Fuego, entre otros más para quienes también arte, tecnología y medioambiente confluyen para actualizar un discurso ecológico.
La brasileña Leonor Amarante es la curadora general de esta primera exposición en el Fin del Mundo, que aspira a formar parte del circuito de las bienales mundiales.
[Celebrando el Año Polar]
Cada cincuenta años, científicos de todo el mundo vuelven su mirada sobre las regiones polares para poder entender mejor el mundo en el que vivimos. Esta vez el Año Polar Internacional –el número cuarto desde su creación ya que el primero fue en 1882–, se extenderá hasta el 2009 para que los casi diez mil investigadores de 60 países puedan abarcar al menos un ciclo estacional completo en cada región, y el tema dominante en la agenda será el cambio climático. En el lanzamiento realizado el 1 de marzo en París, el príncipe Alberto de Mónaco declaró que el calentamiento global es “el desafío más importante al que nos enfrentamos este siglo. No es el momento de mostrar escepticismo. Ha llegado el tiempo de actuar, y de hacerlo con urgencia.” La Bienal del Fin del Mundo es una de las formas con que Argentina se suma a esta concientización mundial.
Más info:
www.bienalfindelmundo.com
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