Actualidad
A estudiar... ¿se aprende?  

Estudiar, ¿un hábito?*
Para ser un deportista o estudiante, debemos manejar hábitos comunes a los dos ámbitos. A esto llamamos disciplina. No hay deportista de primer
nivel que no cumpla un régimen de comidas, entrene por más que llueva o truene, o cuide sus horas de sueño. Aristóteles nos recuerda que lo propio del hábito –la repetición de actos– nos trae dos ventajas: hacer las cosas con facilidad y sin error. La tarea será más sencilla si estudiamos cada día, nos acostumbramos a eso, no nos cuestionamos, ni dejamos para después nuestros quehaceres. Si queremos personas felices, forjemos personas virtuosas. Repitiendo actos buenos, se logra. Ayuda a ello el uso de la agenda, para programar el tiempo destinado al estudio. Dejar todo para último momento es sinónimo de postergarlo, una y otra vez, hasta la máxima proximidad del examen.
*Por Belén de Marcos Menecier, Profesora de Filosofía y directora del Instituto Elba Menecier.

 
La falta de habito, el “ir tirando” y la desorganizacion son factores claves en el fracaso escolar. por ello, y conforme a una nueva tendencia, los especialistas deslizan consejos practicos a la hora de incorporar conocimientos. como ser un alumno exitoso y no morir en el intento.

La siguiente nota bien podría tratar sobre la deserción escolar, invocar al Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y concluir que el 36% de los jóvenes de entre 19 y 25 años no completó la educación secundaria. O basarse en las estadísticas nacionales, que arrojan que el grado de abandono es del 10% en los primeros años del ciclo, y del 20% en los últimos tres. En definitiva, plasmar la radiografía de un fenómeno nutrido por factores económicos, sociales, y –en varios casos– por la falta de aplicación de efectivas políticas de Estado.
Sin embargo, no son sólo esos los motivos que engrosan los números expuestos. Una investigación llevada a cabo por la Universidad de la Matanza (que tiene el índice de deserción más bajo y el de retención más alto de las instituciones del país), reveló que gran parte de los alumnos secundarios cuentan con serias dificultades de organización, escritura, expresión, memoria, asimilación de consignas y comprensión de textos. La ausencia de metodologías al incorporar conocimientos es otro ítem para sumar en la lista.
Como las respuestas a aquellos primeros factores suelen tardar en llegar, optemos por otra nota: reflexionar acerca de cómo el tándem alumnos/docentes/familia puede evitar o amenizar el segundo escenario. La tendencia que apunta a tal preocupación está en alza. Señores, parece que a estudiar ¡también se aprende!… ¿O no?
“Pareciera que si el maestro o profesor dice ‘estudien’ y los padres ‘andá a estudiar’, los chicos sabrán hacerlo. Por lo general, ese supuesto no es así y, una gran cantidad de ellos repiten o abandonan los estudios teniendo un buen potencial de inteligencia, posibilidades económicas y una sólida estructura familiar”, aporta la psicopedagoga y profesora Lyliam Kunzi, coordinadora del Departamento de Familia y Aprendizaje de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF). “Si bien es cierto que, por condiciones personales, algunos apenas leen un texto, pueden expresarlo y explicarlo; hay, en cambio, quienes necesitan tiempo y estrategias para desarrollarlo”.
La experiencia indica que lo complejo no es enseñar al que no sabe, sino al que no quiere; o que los jóvenes que salen adelante son los que hacen culto al esfuerzo. Es cierto que el resultado final depende de las aptitudes personales, pero, asimismo, de principios como la constancia y el orden. “Estudiar es una actitud de la mente y de la voluntad decidida a aprender de manera inteligente, decidiendo metas, seleccionando métodos, recogiendo la información pertinente, solucionando problemas, sopesando las opiniones, y criticando las propias ideas, como la de los demás. Estudiar es un oficio y un arte; hallar la manera correcta de emprender esta empresa batallará al fracaso escolar que nos domina”, opina Bernabé Tierno, psicólogo, pedagogo y autor del libro Cómo estudiar con éxito. “Es absurdo que no se inculquen técnicas de trabajo intelectual para una más rápida y profunda fijación y utilización del saber”.

En la búsqueda del alumno 10
No hay fórmulas mágicas ni facilistas, pero sí escalones a subir para rendir mejor. “En el ABC del estudio, tendríamos que empezar apelando al sentido común, que hoy nos está faltando un poco. El primer requisito es un cuerpo en forma”, explica Belén de Marcos Menecier, Profesora de Filosofía y directora del Instituto Elba Menecier (con sedes en Buenos Aires y Entre Ríos). “En un colegio de nivel medio, se analizó el rendimiento del alumnado. Se les tomaron pruebas a nivel físico e intelectual, y se les preguntó qué habían desayunado. Muchos estaban en ayunas. Al tiempo, se repitió la prueba, pero con todos desayunados. Los resultados fueron impactantes. El estudiante no rinde bien si no satisface las necesidades básicas de alimento requeridas por el cuerpo. Este es un atleta, pero mental”.
La especialista remarca la importancia de la postura para evitar contracturas musculares y de un lugar sin elementos distractores, como la música, el celular o la computadora. Las horas de sueño son fundamentales. El chateo o Internet son causantes de que los adolescentes se acuesten de madrugada. “Al día siguiente, los profesores contamos con seres ‘desarmados en los bancos’, que no pueden ni sostenerse. ¿Cómo pretender que atiendan y entiendan las explicaciones? Es muy importante que duerman, mínimo, ocho horas. La reposición de energías es clave para recordar informaciones. Allí, los orígenes de los inconvenientes de memoria”.
En la misma línea, Tierno propone tomar baños de agua tibia, caminar, no llevar a la cama preocupaciones personales, suprimir alimentos excitantes (chocolate, té, café, alcohol, especias), cenar liviano y temprano (no más allá de las 21), y no ingerir jamás sedantes, somníferos o tranquilizantes. “Es básico tener la voluntad de lograr los objetivos, tener actitud positiva, ser entusiasta, curioso, inquieto, marcarse una meta, prestar atención en clase, preguntar las dudas, traducir al lenguaje coloquial las lecciones y rodearse de amigos estudiosos, sensatos y maduros”, desliza el español que brinda un consejo: preparar los exámenes desde el principio del curso, estar al día con el temario, y esquematizarse con resúmenes y apuntes.
Por su parte, Patricio Vargas Gil, escritor, director de Metodología y co-fundador de la Escuela de Educación Mental, insiste en la planificación. “Organizar es administrar. Uno debe programarse mentalmente, ordenar los materiales y el tiempo disponible. Con organización se estudia en el momento adecuado, no se pierde fuerza, se aprovecha la atención disponible, se ayuda a la comprensión y se neutraliza la confusión”, describe. Or-ga-ni-za-ción. ¿Quedó claro?

Tema 1: estudiar solo
o en grupo

Cada uno de los especialistas encuentra disímiles características al instante de reunirse (o no) con los compañeros. “Es necesario estudiar individualmente para enriquecer la propia capacidad y enfrentarse a solas con las piedras que pueden aparecer. La compañía es provechosa cuando acontece el aprendizaje compartido y la sinergia”, destaca Tierno. Vargas Gil asiente: “Solos es más difícil que perdamos el foco, nos comprometemos personalmente con los resultados, y forjamos una autonomía que dará sus frutos en el plano laboral. El grupo permite intercambiar opiniones, enriquecer nuestro punto de vista, y realimentarnos de una forma que hará que demoremos más en decaer”.

Tema 2: autoestima
Para que no sean menos, les tomamos examen a los expertos.
–¿Cuánto influye la autoestima para conseguir los frutos deseados?
–Vargas Gil: En el estudio, como en cualquier otra actividad, la autoestima, la fortaleza interna, es excluyente. Una baja autoestima o un descenso abrupto de ella, hacen que el rendimiento mental disminuya notablemente.
–Menecier: Los logros juegan un rol preponderante para moldearnos un buen concepto de nosotros mismos. Para eso hay que cumplir diariamente pequeños objetivos; sobreponerse al fracaso y recompensarse después de alcanzado el propósito.
–Tierno: Agregaría que si la autoestima es el motor de la persona; todo profesor inteligente debería cuidar el sentimiento de competencia del chico.
–Vargas Gil: Sea lo que sea que hagamos, nuestra autoestima debe ser de carácter positivo y realista, confiando en nuestras posibilidades, pero sin exagerarlas.

Tema 3: docentes y padres
Si habláramos de una cadena, un eslabón importante sería la responsabilidad de maestros y papás en la cantidad de materias a marzo. Para Tierno, es imperioso apostar por la interacción educativa para una enseñanza eficaz, un triángulo conformado por los alumnos (aplicando las técnicas, motivados), los profesores (unificando criterios que colaboren con el estudiante y disfrutando al impartir su asignatura) y los padres (entusiasmados, con presencia activa).
Menecier ofrece su punto de vista: “No es lo mismo estudiar con alguien o sin nadie detrás que te cubra. A su vez, los padres deben tener expectativas acordes, ya que la subestimación (‘hacé lo que puedas’ ó ‘si no aprobás no importa’), como la sobreestimación, repercute en el rendimiento de los hijos. Hay que exigir en la medida justa y transmitir que el estudio no es un fin en sí mismo, sino la herramienta necesaria para realizarse en la vida. Que afloran enseñanzas tanto con los éxitos, como con los fracasos, y que es una carrera de largo aliento. En la actualidad, tanto padres como maestros deben, por un lado, ser motivadores; y, por el otro, dar el ejemplo”.

Sin aguardar medidas mesiánicas, el éxito en el estudio activo, creativo, placentero y eficaz puede/debe comenzar en casa y en la escuela. Ya lo dijo el francés Michel de Montaigne: “Intelectualmente, lo que interesa no es tener la cabeza bien llena, sino bien hecha”.



 
Por Mariano Petrucci / Ilustración: Max Aguirre