Aunque
en nuestro país no existen cifras oficiales
sobre la cantidad de matrimonios que viven distanciados,
los datos de profesionales y organizaciones que trabajan
en el tema hablan de una tendencia en aumento, como consecuencia
de los recortes de presupuesto y personal en las empresas,
y a la escasez de trabajo. Viajes al exterior o por el
país, horarios nocturnos y fines de semana ocupados
son algunas de las variantes, que ponen a prueba a estos
matrimonios y que los fortalecerán o debilitarán.
En esta nota testimonios y consejos que ayudarán
a sobrellevar esta situación.
Ya sea por una radicación temporaria en el exterior,
por continuos viajes, o por horarios incompatibles, algunos
trabajos requieren de mucha paciencia y amor para sobrellevar
la soledad, el contacto intermitente y, también
el fantasma de la infidelidad.Los primeros tiempos de casados
de Alejandro R. y Marta E. no fueron como ellos habían
imaginado. En diciembre de 2002, tres meses antes de la
fecha fijada para la boda, él tuvo que viajar al
norte del país para hacerse cargo de una obra –es
ingeniero civil–, por lo que decidieron postergarla
hasta septiembre próximo. “Yo pensaba que
esta situación iba a durar sólo seis meses,
pero no fue así. La obra se demoró más
de lo planificado y aún no tiene fecha definitiva
de término”, recuerda Marta y amplía,
con la tristeza pintándole el rostro: “Esta
circunstancia nos obliga a vernos sólo un fin de
semana por mes, a veces dos, y se transforma en un verdadero
obstáculo para concretar nuestros planes de ser
padres, en el corto plazo. No sólo por las escasas
relaciones que ocasionalmente tenemos, sino, y fundamentalmente,
porque es muy difícil encarar un embarazo y tener
que vivirlo sola”.A pesar de que necesitan imperiosamente
del dinero para cumplir con un crédito hipotecario,
Marta no se siente segura de poder sostener, por mucho
tiempo más, esa separación.
El perfil adecuado
Dinero versus pareja suele ser la contradicción
más frecuente en estos casos. A ingresos más
redituables se le contrapone una paulatina pérdida
del contacto afectivo. Lamentablemente, la mayoría
de las parejas no perciben a tiempo este proceso de desgaste. “Las
peleas, en general, –dice Raverta, presidente de
la Asociación Argentina de Psicología Médica
del Matrimonio y la Familia– se originan por cuestiones
de tipo persecutorio, de pronto comienzan a sentirse como
dos extraños. La menor oportunidad de relaciones
sexuales se opaca con la duda: ¿No tendrá otra? ¿No
tendrá otro? La desconfianza se genera en ambos
lados”.
Algo semejante a lo opinado por Raverta, le sucedió a
la pareja formada por Carlos L. y Beatriz. O. “Carlos
ya era ingeniero civil cuando lo conocí y siempre
supe que por su trabajo lo podrían trasladar a otra
ciudad, en cualquier momento. A los dos años de
casados, mi esposo, comenzó a viajar y a vivir muchos
meses fuera de casa. El tema no me hizo ninguna gracia,
me torturaba pensando si tendría una amante en cada
provincia”, recuerda Beatriz. Pero la gota que colmó el
vaso fue la decisión de Carlos al aceptar, unilateralmente,
un trabajo estable en Mendoza. "Fue un momento de
gran confusión: al principio pensé que eso
confirmaba mis sospechas, después sentí que
tal vez nos haría bien estar un tiempo ,cada uno,
en soledad. Finalmente y con gran sorpresa, me encontré aliviada
cuando él se fue. Me di cuenta de que su presencia
me tensionaba y que a él, seguramente, le sucedería
algo similar. La situación se hizo insostenible
hasta que explotó y nos separamos”, sentencia
Beatriz.
Según el psicólogo Simón Rider, especialista
en estos temas, las separaciones forzadas por trabajo necesitan
de un proceso de asimilación de la nueva realidad,
cuya duración dependerá exclusivamente de
cada pareja. “En casi todos los casos se repiten
las mismas fases. Hay una etapa inicial donde la justificación
es: ‘tengo que hacerlo por él (o por ella)’.
Después viene un período donde aparece una
sensación de achatamiento, de aburrimiento y de
análisis de los costos que tiene esta situación.
Luego aparece el temor de que la misma se eternice y es
entonces, cuando comienzan a pensar en cuáles decisiones
conviene tomar”. Estas decisiones podrán ser
planificadas por la pareja sin intermediación alguna
o con la ayuda de un profesional. Lo saludable, en ambos
casos, será el buscar nuevas alternativas de funcionamiento
y no dejarse estar.
En consonancia con lo anteriormente expresado por Rider,
el matrimonio de Diego C. Y Romina C pusieron todo el empeño
para solucionar eficazmente el conflicto que alteraba su
relación. Aunque cuando se conocieron, Diego ya
hacía guardias; una vez casados, a ella le costó mucho
acostumbrarse a esas ausencias semanales de veinticuatro
o cuarenta y ocho horas, sobre todo desde el nacimiento
de su hija Candela. Cuando la situación parecía
estar acomodándose, a Diego le ofrecen la dirección
de una comunidad terapéutica en una chacra en Mercedes,
provincia de Buenos Aires, a unos 100 kilómetros
de la Capital. “Se va los martes -a veces los lunes-
por la mañana y vuelve recién los jueves
por la noche", cuenta Romina. "Al principio me
costó quedarme sola tantos días, con la nena
chiquita. Me paralicé un poco, esperaba que mi marido
volviera para hacer todo. Prefería que él
me acompañara a ir al médico, a visitar a
mamá, a realizar los trámites, al súper,
a comprarle ropa a Candela...pero Diego quería descansar",
agrega. Después de muchos desencuentros, ella encontró la
clave: "Hay que continuar con las tareas cotidianas
aunque el otro no esté y cuando vuelve no llenarlo
de presiones. Todavía me cuesta, sobre todo por
las noches, pero de alguna manera aprendí a manejarme
sola. Aprovecho y voy a la peluquería, me junto
con amigas. Así cuando Diego regresa, tenemos más
tiempo para compartir otras cosas”.
Vida nocturna
Los horarios incompatibles y las largas jornadas laborales
suelen ser otra causa de estrés, que provoca turbulencia
matrimonial y familiar.“Yo vivo a contramano de
mi familia." Lo afirma Federico L., que hace pos-producción
de sonido en una empresa líder. Y continúa
diciendo: "Todos los fines de semana tengo que dar
vuelta el horario para poder compartir con Marcela, mi
mujer, y con mi hija Catalina, ya que durante la semana
vivo al revés. Para ello duermo apenas cuatro
horas, me levanto y paso el día en familia. Pero
llegan las nueve de la noche y estoy agotado". Para
hacer referencia a su rutina semanal, agrega: "Hace
casi un año que corro a este ritmo. Al principio
entraba a las cinco de la tarde y salía a las
cinco de la mañana. Después cambiaron la
entrada a las siete y como son jornadas de doce horas,
salgo a las siete de la mañana. Por lo que durante
la semana, cuando llego a casa, ellas ya están
levantadas. Me acuesto y sacrifico horas de sueño
para poder almorzar juntos. A veces hago una breve siesta,
y antes de salir para el trabajo paso por la plaza para
tomar unos mates con Marcela y jugar con Catalina".
Y concluye: "¡Es muy duro! En el momento no
te das cuenta pero el desgaste psíquico y el cansancio
físico son tremendos.¡Es un bajón
trabajar de noche!" Lo que Federico describe se
denomina estrés laboral. Es una patología
que se puede caracterizar como reacciones nocivas de
carácter físico y emocional, que ocurren
cuando las exigencias del trabajo no igualan las capacidades,
los recursos, o las necesidades de la persona.
Padres desconocidos
“
Los chicos son el otro problema.” Lo asegura Raverta
y lo fundamenta desde su experiencia personal. “Los
horarios de un psicoanalista –continúa diciendo– son
largos, además del consultorio trabajaba en dos
hospitales. Cuando salía mi hija estaba durmiendo
y cuando regresaba también. Un fin de semana la
llevé a la plaza a las doce de la noche, parecía
un loco, pero era la única manera de pasar un rato
con ella”. Los chicos suelen padecer mucho el alejamiento
de sus padres y no todos lo pueden manifestar con claridad.
Para mejor ejemplificar esta situación, volvamos
a la familia compuesta por Romina, Diego y su hija Candela.
La niña, que ya tiene cuatro años, al principio
acusó recibo de la ausencia de su papá. "Estaba
caprichosa, todo la enojaba, –cuenta Romina–,
recién ahora está más apegada a mí y
también puede relajarse cuando viene su papá”.
Y agrega convencida: "Cuando estamos juntos los tres
compartimos y disfrutamos momentos que, sin duda , otros
papás (aunque estén siempre presentes en
su casa) porque trabajan todo el día se los pierden,
como ir a los actos del jardín, leerle un cuento,
ir a la plaza, al cine o al circo”.
Según los psicólogos, ambos miembros de la
pareja se ven afectados por causa de la soledad y el desencuentro.
La mujer lo paga por adelantado y en efectivo: sufre mucho
al principio, pero luego se acostumbra. El hombre, en cambio,
lo paga en cuotas: se genera un sistema familiar que empieza
por prescindir del que está afuera, y cuando él
quiere volver a entrar ya no tiene muchas posibilidades.
Para poder soportar estas separaciones, lo principal es
que ambos se amen y apoyen mutuamente. El amor es una fuente
infinita de energía que mantiene unida a la pareja,
más allá de cualquier distancia.
Manual de ayuda
Evite las discusiones por temas sin importancia. Recuerde
que durante
el tiempo que no estuvieron juntos han generado necesidades
afectivas.
No piense o planee cuestiones relacionadas con el trabajo.
Ponga toda su energía en actividades lúdicas
con su hijo.
Resista los impulsos de utilizar su tiempo libre en la
realización de actividades que le sumen más
tensiones: hacerse adicto al ejercicio físico, o
comprometerse a buscarle un buen auto usado a un amigo.
Salga con sus hijos todo cuanto pueda. Si son más
de uno y de edades muy dispares –ocho y quince años–,
por caso, es conveniente planificar salidas de a uno por
vez. Tiene que ser algo personal; que el chico exprese
adónde prefiere ir. Lo importante es compartir y
consensuar.
Recuerde que la única posibilidad de encontrar el
equilibrio necesario en lo psicológico, emocional
e intelectual, es que se le dedique igual tiempo a las
relaciones personales como a las laborales.
¡Y lograron
el equilibrio!
Es el caso de Silvia S., quien debió dejar Buenos
Aires junto a sus dos hijos, cuando a su marido lo nombraron
gerente zonal de una importante institución bancaria,
con destino en Neuquén. “Mi marido viaja al
interior de la Patagonia, semana por medio,y está ausente
de casa por dos o tres días –cuenta Silvia–.Cuando
recién llegamos, me molestaba quedarme sola con
los chicos en un lugar nuevo.
Luego me acostumbré. Encontramos el equilibrio,
coordinando los viajes
de trabajo de mi esposo con mini vacaciones familiares:
visitamos todos juntos Puerto Madryn, San Martín
de los Andes y otros hermosos lugares. Eso es algo que
dentro de la rutina que llevábamos de Buenos Aires,
no podíamos hacer.” Siempre hay que buscarle
el lado positivo a todo.
El se lleva la peor parte
Cecilia y Marcelo viven en Río Cuarto, Córdoba,
con Nicolás y Julieta.
El banco donde él trabaja lo trasladó a la
sucursal de Pueblo Italiano, una pequeña localidad
a 200 kilómetros de Río Cuarto. “En
ese momento nos fuimos todos con él, pero después
de dos años, como Nico empezó la secundaria
regresé con los chicos a Río Cuarto. El traslado
de Marcelo sigue demorado; él pasa sólo los
fines de semana con nosotros”, dice resignada. No
obstante, Cecilia tiene claro que su marido
se lleva la peor parte: “Está solo toda la
semana, en un pueblito perdido, donde ni siquiera hay una
confitería o un cine para distraerse. Por eso todos
los fines de semana es como si nos fuéramos de vacaciones,
salimos a todos lados y lo aprovechamos al máximo”.
Corazones en conflicto
De todas las cuestiones conflictivas que rodean a las parejas
separadas por causas laborales, quizá la más
crítica sea la de las relaciones íntimas,
o más precisamente
la falta de ellas: “En nuestro caso los tiempos del
deseo y de las ganas también marchan a contramano.
Un día, yo estoy muerto; otro, es Marcela quien
está agotada
y yo con los ojos abiertos como el 'dos de oro'. Es que
vivimos al revés, y a eso...
sumale la presencia de Catalina", confiesa Federico.
O como dice Romina:“
La intimidad durante la semana es prácticamente
imposible, pero descubrimos
que hay otros momentos y otros lugares. Cuesta romper esquemas,
no obstante,
con creatividad se puede lograr. Parece loco lo que te
voy a decir, pero me acostumbré a extrañarlo
y él a mí, y a veces ya nos pesa estar muchos
días juntos”.