Con frecuencia, existen enfermedades que no tienen síntomas
específicos y por lo tanto, nos cuesta más
detectarlas. Además, a veces, los chicos no saben
expresar con claridad lo que les sucede. La enfermedad
celíaca es una de ellas. Este mal es una intolerancia
permanente al gluten y produce una lesión severa
en la mucosa del intestino delgado que desencadena una
mala absorción de los nutrientes de los alimentos.
Es un mal crónico, y si bien, el origen es genético,
en algunos casos puede no manifestarse nunca, o quizá,
hacerlo a edades avanzadas. Según las estadísticas,
el problema es más frecuente en el sexo femenino,
y además, 9 de cada 10 celíacos ignoran serlo,
poniendo en riesgo su salud. En los niños, la enfermedad
suele manifestarse entre los 2 y 5 años, por lo
que hay que estar atentos a ciertos síntomas.
Las consecuencias pueden ser muy graves y causar osteoporosis,
anemias y problemas de tiroides. No existe un tratamiento
con medicamentos, sólo se debe respetar una dieta
estricta. Los alimentos que no pueden consumirse son todos
aquellos que contienen gluten, presente en el trigo, la
cebada, el centeno y la avena. Hay que concientizar a los
menores y hacerles entender que la dieta debe ser rigurosa
y para toda la vida. Por lo general, seguir un régimen
condiciona mucho las actividades de los niños, pero
hay que tener en cuenta que sólo siguiendo este
plan, su salud no se verá afectada por la enfermedad.
Hay muchas comidas que están permitidas en la dieta.
Habitualmente, la mayoría de los alimentos tienen
un logotipo que los identifica como aptos para celíacos.
En la rutina se pueden incluir: verduras, hortalizas, tubérculos,
leche y derivados. También se puede ingerir todo
tipo de carnes, huevos, arroz, aceites y manteca. Si se
les enseña de pequeños, en detalle, lo referente
a la enfermedad, nuestros hijos a pesar de ser celíacos,
pueden llevar
una vida totalmente normal.
Con frecuencia, existen enfermedades que no tienen síntomas
específicos y por lo tanto, nos cuesta más
detectarlas. Además, a veces, los chicos no saben
expresar con claridad lo que les sucede. La enfermedad
celíaca es una de ellas. Este mal es una intolerancia
permanente al gluten y produce una lesión severa
en la mucosa del intestino delgado que desencadena una
mala absorción de los nutrientes de los alimentos.
Es un mal crónico, y si bien, el origen es genético,
en algunos casos puede no manifestarse nunca, o quizá,
hacerlo a edades avanzadas. Según las estadísticas,
el problema es más frecuente en el sexo femenino,
y además, 9 de cada 10 celíacos ignoran serlo,
poniendo en riesgo su salud.
En los niños, la enfermedad suele manifestarse entre
los 2 y 5 años, por lo que hay que estar atentos
a ciertos síntomas. Las consecuencias pueden ser
muy graves y causar osteoporosis, anemias y problemas de
tiroides. No existe un tratamiento con medicamentos, sólo
se debe respetar una dieta estricta. Los alimentos que
no pueden consumirse son todos aquellos que contienen gluten,
presente en el trigo, la cebada, el centeno y la avena.
Hay que concientizar a los menores y hacerles entender
que la dieta debe ser rigurosa y para toda la vida. Por
lo general, seguir un régimen condiciona mucho las
actividades de los niños, pero hay que tener en
cuenta que sólo siguiendo este plan, su salud no
se verá afectada por la enfermedad. Hay muchas comidas
que están permitidas en la dieta. Habitualmente,
la mayoría de los alimentos tienen un logotipo que
los identifica como aptos para celíacos. En la rutina
se pueden incluir: verduras, hortalizas, tubérculos,
leche y derivados. También se puede ingerir todo
tipo de carnes, huevos, arroz, aceites y manteca. Si se
les enseña de pequeños, en detalle, lo referente
a la enfermedad, nuestros hijos a pesar de ser celíacos,
pueden llevar una vida totalmente normal.
PIEL Cuidado con el sol
Comienzan los primeros calorcitos y el sol empieza a sentirse
en la piel. Es buen momento para tomar precauciones antes
de permitirle a los chicos que se expongan al mismo.
Con la disminución de la capa de ozono, los rayos
ultravioletas llegan a la tierra sin ningún filtro
y, a largo plazo, pueden causar cáncer de piel.
Los menores de seis meses tienen que estar a la sombra.
Para los más grandes, las cremas antisolares son
una buena protección, aunque no absoluta. Se recomiendan
aquellas que tienen óxido de zinc y dióxido
de titanio.Conviene que sea de amplio espectro para cuidar
la piel de los de rayos ultravioletas A y B. Algunos
consejos:
No exponerse al sol entre las 11 de la mañana
y las 4 de la tarde.
Tomar sol de 10 a 15 minutos por día al principio,
para que la piel se vaya acostumbrando.
Ponerse protector antes de exponerse al sol, repetir
cada 2 horas y siempre que salgan del agua.
No olvidar el sombrero para evitar dolores de cabeza
e insolaciones y usar protector labial.
La ropa clara es más conveniente, no atrae tanto
los rayos solares.
Aunque haya resolana hay que tener los mismos
cuidados que cuando hay sol pleno.