“No
quiero vivir
para trabajar,
sino trabajar para vivir”
Millie Stegman (35)
Hace
poco tuvo su última aparición en Son Amores,
el programa que, asegura, le cambió el rumbo a su
carrera, y ya está preparándose para un nuevo
desafío: la conducción.
Dice estar en una etapa de su vida en la que
se permite parar si es necesario, y afirma que en adelante,
prestará más atención a sus facetas
de mujer.
“Ese no,...
a ver aquel... tal vez combinado con éste... Me
gustaría que fuera uno bien natural. ¡Ese,
me gusta ése!”, exclama Millie Stegman, señalando
con el dedo los tonos de rouge que Betina, la maquilladora,
tiene desplegados sobre una mesa redonda de vidrio. Mientras
Bet –así la llama– le delinea los labios,
sentada en el comedor de su departamento y con la boca
entreabierta pregunta si podrá recibir la revista.
Unos segundos más tarde y evaluando el mejor lugar
para hacer las fotos, ofrecerá un recorrido por
su hábitat: "Podemos hacerlas en el living
o en el patio con mis plantas, aunque está un poco
sucio", dice, y cierra la puerta de un espacio verde
que da a un lavadero común como cualquier otro. "Nos
quedamos acá, que podemos charlar más tranquilas".
"
Acá" será la mesita tipo bar de su cocina. "Tranquilas",
no será otra cosa que una charla amena y extensa
a la hora del almuerzo, en la que Milagros (tal su verdadero
nombre) se mostrará distendida y hablará,
entre otras tantas cosas, de Son Amores, la tira que protagonizó durante
2002, y a la que volvió por 20 capítulos
en octubre de este año, para terminar una historia
entre su personaje (Lola), y el de Miguel Angel Rodríguez
(Sánchez). También, de su futuro proyecto:
la conducción de un magazine que saldrá en
enero, por Canal 13 (Ver Lo que viene). Ya ubicada en la
banqueta, y no sin antes abrir una heladera repleta de
yogures, dispara: "Con Son Amores, se cerró una
etapa". Veamos, entonces.
–¿Cómo cerraste
con algo tan fuerte?
–
De la manera que quería –dice masticando una
galletita de salvado–, tanto en lo personal como
en lo profesional. Fue un proceso. Es increíble
porque va a estar por el resto de mi vida. Cuando me digan
Son Amores me van a pasar muchas imágenes. Es como
si tuviera la sensación de un huracán. El
programa y el personaje me dieron una oportunidad que yo
deseaba que pasara. Se me ocurre que con el gran abrazo
del público y con todo lo que fue sucediendo, lo
pude constatar. Fue muy raro todo, ¿no? Raro desde
el mejor lugar: que se vaya la protagonista femenina, recibir
una propuesta de Adrián Suar para que Lola (su personaje)
vuelva en la mitad de año... Lo que se me juntó con
la trombosis (N.de la R: producto de una sobre exigencia,
estuvo internada una semana durante 2002, mientras el éxito
de la tira se daba en TV y teatro). Eso, un poco me hizo
reflexionar acerca de la decisión, de darme la libertad
que me tomé para pensar, sentir, poner distancia
y mirar desde lejos qué quería y cómo
lo quería: tuve momentos de muchísima felicidad
y momentos tremendamente estresantes y de mucho vértigo.
Hacer 35 puntos todos los días era fuertísimo.
Lo que me tocaba a mí, no era muy nuevo, pero terminó de
reafirmar un lugar: muchísima exposición.
Yo tengo una teoría, y es que cuando uno se pone
mucho al sol, se quema.
–¿
Demasiada exposición...?
–
Muchísima. Y durante un año. Porque primero
fue el programa y después el teatro. Y luego uno
tenía que seguir trabajando por la tira. Y en eso
soy una defensora a muerte: me pongo la camiseta de lo
que estoy haciendo y lo hago a morir. Y a morir fue que
terminé con... un susto nada más, gracias
a Dios.
–¿
Pensás que te pasó porque no venías
preparada o porque esa exposición no es lo que querías
para vos?
–
Siento que uno tiene que poder encontrar un equilibrio.
Vivo profundamente mi profesión, es lo que amo.
Pero no comparto, quizá, como se está viviendo
hoy. No solamente tiene que ver con ser actor y vivir expuesto,
sino que hay un vértigo en la vida en general y
también, una ansiedad tremenda por llegar a algún
lugar. Pareciera ser que no nos permitimos frenar, porque
es perder tiempo. No sé, es la sensación
que me da el mundo... Entonces, ante eso, uno tiene que
permitirse parar, yo por lo menos. Me crié en el
campo, soy una persona internamente serena, que necesita
calma. Y otra, que necesita adrenalina. La cuestión
está en encontrar mi equilibrio, y manejarlo. No
lo pude hacer, simplemente, porque cuando uno está en
el baile, baila, y de la mejor manera. Y miro para atrás,
y Son amores es, en mi balance, una de las mejores cosas,
y –repite–, cierra una etapa.
– O la abre...
–
Las dos cosas. Con lo que viene, en lo profesional, me
cambió el rumbo.
Los preparativos para las fotos ya están listos,
pero Millie prefiere seguir conversando. "Hoy me veo
que tengo 35 años, y que hay un aspecto mío,
como mujer, que también necesita desarrollarse y
crecer. La actriz y la profesional ya están. Crecí y
sé que ya no quiero vivir para trabajar, sino que
quiero trabajar para vivir", dice. ¿Si hubiese
preferido que el "huracán ‘Son Amores’" llegara
antes? Nada de eso. "Llegó cuando que tenía
que llegar. Porque yo no siento que esto me tumbó.
Al contrario, me fortaleció". Millie usa un
tono suave para charlar. Sus ojos oscuros apuntan hacia
el costado mientras medita las respuesta, y de tanto en
tanto, clava la mirada al afirmar, por ejemplo, que ella
de su intimidad, no habla (hace casi un año que
está en pareja con el productor de la mayoría
de los programas de Pol-ka). De eso, entonces, no se pregunta.
Sólo agrega que en cuanto a temas del amor, no hay
asignaturas pendientes y que, por ese lado, "voy caminando
bien, con crecimiento. Como viene".
Estar en su casa, hacer gimnasia, dormir la siesta, ir
al cine y escuchar música son sus preferencias en
la vida. "Me gusta más el silencio que el ruido.
Mi parte apasionada la vivo en la profesión, en
la carrera. Disfruto con una copa de vino y un rico asado.
Soy cotidiana. Me gusta ir al supermercado y saber que
el sachet de leche está entre 1,29 a 1,75".
–
Cuando estás en el súper, ¿sentís
que alguien te hace notar que sos “Millie, la diferente,
la chica de la tele”?
–
No me siento para nada diferente. No soy inalcanzable,
me veo parte de este mundo, alguien que tiene la suerte
de ocupar un lugar desde la comunicación.
Llega el turno de las fotos, y aunque queda poco tiempo
del pautado para la nota, Millie tranquiliza y ofrece charlar
un ratito más. Entonces menciona
la ilusión de establecerse, algún día, en un lugar con
jardín y flores, que le dé “contacto con la tierra”.
Confiesa que sus rituales diarios consisten en comer una galletita Melba todas
las noches y fumar un cigarrillo antes de irse a dormir. Si de planes familiares
se trata, afirma: “Me veo teniendo mis hijos. Se que eso en mi vida va
a suceder. Lo siento como mujer”.
En la casa de Millie el tiempo no vuela: lo único que parece transcurrir
rápido son las pelusas de los plátanos que el viento arrastra
por fuera de un enorme ventanal. “Ahí”, en la casa de Millie
, sí que se charla tranquilo.
Lo que viene Aunque aún sin nombre ni horario de emisión definidos, el magazine
que Millie conducirá por Canal 13, a partir de enero, ya es un hecho. “¡Ay...!
Me encanta el proyecto. Es un rumbo distinto al que estaba viviendo últimamente,
y por alguna razón yo no terminé de cerrar la propuesta de trabajar
en “Padre Coraje” para el año que
viene. La verdad que fue todo como... no desordenado... Pero para lo ordenada
que soy yo, en los últimos dos años dejé mi representante,
sentí que empecé a soltar un montón de cosas, y bueno,
vinieron las que tenían que venir. Cuando Adrián me hizo este
ofrecimiento, volví a sentir como esa adrenalina”.
–
Además de adrenalina, ¿qué te genera que sea algo nuevo?
–
Un desafío, me gusta. Lo tomo como un aprendizaje. Es como que hiciera
un blanco y dijera: ‘estoy empezando una nueva carrera’. Lo que
más me gusta es dejar de tener un personaje, empezar a identificarme
y estar cerca de otra manera.
–¿
Pensás que la actuación va a quedar atrás?
–
No lo sé. No siento que me haya despedido. En un momento, antes de empezar
a grabar la segunda etapa de Son Amores, y durante el último día
de grabación,
me angustié, y pensé: ‘¿Y si son las últimas
escenas como actriz?’ Y lo dejo ahí.
Que me lo conteste la vida.
De aquí a enero, dice, piensa trabajar, junto con la producción
y el canal, sobre el programa. Su objetivo, cuenta, es "darle fe a la
gente, alegría. No quiero perder nada de lo que me salga a mí durante
el "vivo", con errores y aciertos. Me animo a exponerme,
a que alguien diga ‘¿qué barbaridad dijo?’ Bueno,
esa soy yo".
No hace tanto tiempo Millie todavía recuerda su primer casting: "Llegué tarde,
y no sabía si ir o no ir. Hacía un calor
tremendo. Fui así, como de paso", relata. A
la semana la llamaron de la producción. Le habían
asignado un personaje en Soy Gina (1992), la segunda parte
de La extraña Dama. Después, entre otras
participaciones, vendría una seguidilla imparable
de papeles que empezaron con la telenovela Perla Negra
(1994), y siguieron con Naranja y Media (1997), Ricos y
Famosos (1998), Chiquititas (1999),
Luna Salvaje (2000) y finalmente, Son Amores (2002), primero
en televisión y luego, en las tablas.
"
Hay algo que en estos años no perdí –asegura--
y es la capacidad de sorpresa. Hasta el día de hoy
me sorprende tener un llamado de un director de teatro
que me convoca para una obra. Los nervios normales siguen
estando, tengo la sensación de que recién
empiezo".