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Transtornos de ansiedad

Aquí están, ellos son
Son casi las siete de la tarde en un club de barrio y Gustavo Bustamente, vicedirector de la Fundación Fobia Club, describe cada uno de los trastornos de ansiedad, ante un público de unas 40 personas. Mientras el psicólogo habla, algunos asienten con la cabeza, buscan una mirada cómplice en quien los acompaña, dejan escapar una mueca o apuntan en un cuaderno. Parecen sentirse identificados.
Los trastornos más comunes son el de Ansiedad Generalizada (TAG), que consiste en un estado de preocupación permanente, invasiva, incontrolable, con una duración de al menos seis meses. "Es una preocupación fuera de medida, pegajosa. Está alimentada y sostenida por el pensamiento catastrófico y la sobreestimación de la probabilidad de que ocurran eventos negativos. Genera estados de impaciencia, irritabilidad, contracturas y cansancio permanente", explica Resnik. Según él, esta patología está instalada como una forma de ser, en la que los pacientes creen ser así, cuando en realidad están así. El TAG, afirma, se reagudiza frente a factores de estrés.
Otro de los más comunes es el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), característico por las obsesiones o pensamientos reiterativos que se imponen en contra de nuestra voluntad (como las ideas de contaminación), y las compulsiones o rituales para aliviar esas obsesiones (lavarse las manos repetidamente, alinear objetos, emplear un tiempo excesivo para bañarse, chequear varias veces llaves de gas, cerraduras o ventanas o guardar montones de cosas inútiles "por si alguna vez sirven para algo"). Los que sufren este trastorno, al considerarlo "absurdo", evitan la consulta por mucho tiempo y hasta lo disimulan.
¿ Evitar ascender en el trabajo por temor a enfrentarse con personas de mayor autoridad? Sí, también. Eso puede suceder en personas con Fobia Social. Es típico en estos casos sentir ansiedad en circunstancias tales como hablar ante un auditorio, dar un examen, tocar un instrumento, asistir a reuniones públicas, organizar eventos e incluso mantener una charla en grupos pequeños y comunicarse telefónicamente. Al enfrentarlas, el fóbico social siente variadas manifestaciones: sudoración, palpitaciones, necesidad urgente de ir al baño, falta de aire, mareos, sensación de desmayo, enrojecimiento y temblores y a veces, hasta desemboca en crisis de pánico. "Así, los que la padecen empiezan a evitar estas situaciones para sentir alivio transitorio. Todo el tiempo se preguntan ‘¿que estará pensando el otro de mí?’", explica Bustamante. Además, suele traer consigo el consumo de alcohol, drogas, mal uso de medicamentos y terminar en depresión: "Ocurre en el 50% de los casos, porque no pueden disfrutar de amigos, familia ni pareja", concluye el psicólogo.
Otro viejo conocido es el Trastorno de Pánico: las personas aquejadas, tras sufrir una o más crisis de pánico, desarrollan la preocupación de atravesar un nuevo ataque. Estas crisis se caracterizan por un comienzo brusco y una duración de minutos, en ocasiones simulando problemas cardíacos. Súbitamente surgen, entre otros síntomas, temor intenso, temblor, taquicardia, mareos, sensación de desmayo, de muerte, despersonalización, sensación de falta de aire, dificultad para tragar, trastornos gastrointestinales y cosquilleos. Generalmente, el trastorno de pánico va acompañado de agorafobia (temor a descomponerse en un lugar desde donde resulte difícil escapar u obtener ayuda, en el caso de sufrir una crisis de pánico).
El temor a las tormentas, a las alturas, a los lugares cerrados (claustrofobia) a ciertos animales e incluso a objetos puntuales están agrupados bajo el nombre de Fobias Específicas. "Son muy frecuentes, las padece el 11 por ciento de la población. Consiste en un temor irracional a alguna situación en particular, y suele producir crisis de pánico cuando el paciente queda expuesto a la situación que le genera miedo", describe Resnik. Aunque a muchos les resulta imposible la idea de curarse, su recuperación suele ser rápida.
Un trastorno creciente es el Estrés Post Traumático: aparece luego de la exposición a un trauma intenso (desastres naturales, abusos, secuestros, muertes o cualquier otro ataque con amenaza para la propia vida) y se manifiesta a través de pesadillas o flashbacks que reviven el evento, conductas evitativas relacionadas con el hecho, embotamiento emocional, irritabilidad, impaciencia e inquietud.
Según los especialistas, las causas son atribuidas a predisposiciones biológicas, factores familiares (padres muy rígidos, hiperansiosos o extremadamente alarmistas) y a la interacción con el ambiente (ejemplo: es probable que después de la primera vez que los compañeros de clase se rieron porque tartamudeó, el chico nunca más pueda enfrentar o dar un examen). No obstante, y "si bien estos trastornos son crónicos, en líneas generales los cuadros de ansiedad tienen buen pronóstico", explica Bustamante. Suelen abordarse con tratamientos psiquiátricos y psicoterapéuticos. "El tratamiento que más resultados da es la Terapia Cognitivo Conductual, a la que, depende el caso, se le deberá sumar el suministro de fármacos", agrega Resnik. La medicación consiste en una mezcla de ansiolíticos y los llamados inhibidores de la recaptación de serotonina, que corrigen los circuitos bioquímicos del cerebro que están funcionando mal. A través de la psicoeducación, se le explica al paciente los síntomas, origen y evolución de la enfermedad, esto es: cómo sus pensamientos negativos hacen que sienta cosas físicas y cómo éstas, a su vez, producen más temor (retroalimentación de la ansiedad); se le enseña también a relajarse y a respirar. La etapa conductual del tratamiento es progresiva y consiste en el poder afrontar, paso a paso, el factor que produce el miedo, precisamente para perderlo y, finalmente, comenzar a vivir mejor.


Ansiedad e historias de amor en la pantalla grande
Mejor... imposible o El día que me amen son dos de las películas cuyos personajes centrales sufren serios trastornos de ansiedad. La primera es una comedia romántica, en la que Melvin Udall (Jack Nicholson), un escritor neoyorquino sarcástico y homofóbico, sufre de un desorden obsesivo compulsivo que lo obliga, entre otras cosas, a lavarse las manos varias veces al día, chequear otras tantas si cerró correctamente la puerta y a no pisar las líneas de las veredas. Ese papel, le valió a Nicholson el "Oscar" al Mejor Actor. En tanto, Joaquín (Adrián Suar en El día que me amen), es otro personaje de la pantalla grande que sufre la ansiedad: el muchacho, atormentado por temores y fobias, hace dos años que no sale de su habitación y vive aislado del mundo. La asistencia de un psicólogo (Jorge Marrale) y la llegada de Mara (Leticia Bredice), su amiga de la infancia, finalmente loayudarán a salir del encierro.


Dónde pedir ayuda
Aunque no tienen carácter de tratamiento, funcionan grupos de autoayuda gratuitos para personas con trastornos de pánico y fobia social, que aportan positivamente al bienestar de los pacientes. El diagnóstico (para el cual, según Resnik, sólo es necesario tener una entrevista profesional y hacerse un análisis de sangre de rutina) puede obtenerse acudiendo a los servicios de salud mental de los hospitales o clínicas cercanas. Por otra parte, la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (www.trastornosdeansiedad.org) orienta, en cada provincia, acerca de los profesionales especializados en el tema. Además, en sus páginas de internet, los centros privados dan acabados detalles de los síntomas, horarios de charlas informativas y grupos de autoayuda (Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad: www.centroima.com.ar; Fundación Fobia Club: www.fobiaclub.com; Asociación Ayuda: www.asociacionayuda.org).