Cada
vez son más
los argentinos que
consultan por trastornos de ansiedad:
según los especialistas,
desde los ’80 a esta
parte, las visitas por
este tema aumentaron
en un 20 por ciento. Detectarlas a tiempo
y asistir a la terapia adecuada, opinan,
ayuda a mejorar nuestra calidad de vida.
Posibles
y reales situaciones sociales como un cumpleaños o el primer
día de clases hacían que Diego (25) sintiera
que su corazón latía cada vez más
rápido, se le hiciera un nudo en la garganta, transpirara
y no parara de temblar. Durante sus clases en la facultad,
si había que hacerle una pregunta a un profesor,
era preferible quedarse con la duda. Ante la invitación
a alguna fiesta, mejor rechazarla que atravesar por ese
infierno de sensaciones. "Hasta que un día –cuenta-,
mirando un programa de televisión identifiqué los
síntomas de los que hablaba un doctor con los míos".
Pidió ayuda y decidió ir a una charla informativa,
no sin sentirse aterrado de que lo hicieran hablar frente
a otras personas. Como Diego, cada vez son más las
personas que llegan a los especialistas consultando por
síntomas de este tipo y descubren lo que realmente
les sucede: padecen alguno de los llamados trastornos de
ansiedad.
En los últimos 20 años y según indica
la Fundación Fobia Club, el número de consultas
por este problema en los servicios de salud mental de Capital
Federal y provincia de Buenos Aires aumentó en un
20 por ciento. Número que aseguran, podría
trasladarse al resto del país. Esto, argumentan,
es porque la gente está más informada y los
especialistas más preparados para hacer un buen
diagnóstico. "Los trastornos de ansiedad son
patologías en las cuales, como indica su nombre,
predomina un exceso de las cantidades normales de ansiedad,
generando estados de inquietud y desasosiego. Sus síntomas
generales incluyen componentes psicológicos y físicos,
tales como: temor difuso, muchas veces sin saber a qué,
sensación de un ir y venir, impaciencia, taquicardia,
palpitaciones, transpiración, ruborización
y temblores", explica Pablo Resnik, psiquiatra del
Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad y
miembro de la Asociación Argentina de Trastornos
de este tipo.
Cepillarse cada diente durante 40 minutos, lavarse las
manos hasta 200 veces en 24 horas, llegar más temprano
a una reunión para evitar saludar al resto de los
invitados, contar hasta 100 –e incluso hasta 1000– antes
de hacer algo, tenerle miedo a un color o vivir en un constante
estado de preocupación. Aunque insólitas,
estas conductas forman parte de la rutina diaria de los
que padecen trastornos –unos 6 millones de argentinos
según la Organización Mundial de la Salud– y
afectan, de manera negativa, su calidad de vida. De ahí que
el especialista resalte la importancia del diagnóstico
precoz: "La buena prevención es ‘agarrar’ a
tiempo a un adolescente y ver por qué está tomando
alcohol (una conducta asociada a estos trastornos), o por
qué les cuesta tanto relacionarse con amigos. Al
someterlo a tratamiento, se le ahorrarán años
de sufrimiento. Otros demoran largamente la consulta, y
cuando se tratan, les cambia la vida", alienta el
psiquiatra. Otros, en cambio, visitan una lista enorme
de médicos que incluye cardiólogos, traumatólogos
y gastroenterólogos, hasta que finalmente dan con
la terapia adecuada.
Aquí están,
ellos son
Son casi las siete de la tarde en un club de barrio y Gustavo
Bustamente, vicedirector de la Fundación Fobia
Club, describe cada uno de los trastornos de ansiedad,
ante un público de unas 40 personas. Mientras
el psicólogo habla, algunos asienten con la cabeza,
buscan una mirada cómplice en quien los acompaña,
dejan escapar una mueca o apuntan en un cuaderno. Parecen
sentirse identificados.
Los trastornos más comunes son el de Ansiedad Generalizada
(TAG), que consiste en un estado de preocupación
permanente, invasiva, incontrolable, con una duración
de al menos seis meses. "Es una preocupación
fuera de medida, pegajosa. Está alimentada y sostenida
por el pensamiento catastrófico y la sobreestimación
de la probabilidad de que ocurran eventos negativos. Genera
estados de impaciencia, irritabilidad, contracturas y cansancio
permanente", explica Resnik. Según él,
esta patología está instalada como una forma
de ser, en la que los pacientes creen ser así, cuando
en realidad están así. El TAG, afirma, se
reagudiza frente a factores de estrés.
Otro de los más comunes es el Trastorno Obsesivo-Compulsivo
(TOC), característico por las obsesiones o pensamientos
reiterativos que se imponen en contra de nuestra voluntad
(como las ideas de contaminación), y las compulsiones
o rituales para aliviar esas obsesiones (lavarse las manos
repetidamente, alinear objetos, emplear un tiempo excesivo
para bañarse, chequear varias veces llaves de gas,
cerraduras o ventanas o guardar montones de cosas inútiles "por
si alguna vez sirven para algo"). Los que sufren este
trastorno, al considerarlo "absurdo", evitan
la consulta por mucho tiempo y hasta lo disimulan.
¿
Evitar ascender en el trabajo por temor a enfrentarse con
personas de mayor autoridad? Sí, también.
Eso puede suceder en personas con Fobia Social. Es típico
en estos casos sentir ansiedad en circunstancias tales
como hablar ante un auditorio, dar un examen, tocar un
instrumento, asistir a reuniones públicas, organizar
eventos e incluso mantener una charla en grupos pequeños
y comunicarse telefónicamente. Al enfrentarlas,
el fóbico social siente variadas manifestaciones:
sudoración, palpitaciones, necesidad urgente de
ir al baño, falta de aire, mareos, sensación
de desmayo, enrojecimiento y temblores y a veces, hasta
desemboca en crisis de pánico. "Así,
los que la padecen empiezan a evitar estas situaciones
para sentir alivio transitorio. Todo el tiempo se preguntan ‘¿que
estará pensando el otro de mí?’",
explica Bustamante. Además, suele traer consigo
el consumo de alcohol, drogas, mal uso de medicamentos
y terminar en depresión: "Ocurre en el 50%
de los casos, porque no pueden disfrutar de amigos, familia
ni pareja", concluye el psicólogo.
Otro viejo conocido es el Trastorno de Pánico: las
personas aquejadas, tras sufrir una o más crisis
de pánico, desarrollan la preocupación de
atravesar un nuevo ataque. Estas crisis se caracterizan
por un comienzo brusco y una duración de minutos,
en ocasiones simulando problemas cardíacos. Súbitamente
surgen, entre otros síntomas, temor intenso, temblor,
taquicardia, mareos, sensación de desmayo, de muerte,
despersonalización, sensación de falta de
aire, dificultad para tragar, trastornos gastrointestinales
y cosquilleos. Generalmente, el trastorno de pánico
va acompañado de agorafobia (temor a descomponerse
en un lugar desde donde resulte difícil escapar
u obtener ayuda, en el caso de sufrir una crisis de pánico).
El temor a las tormentas, a las alturas, a los lugares
cerrados (claustrofobia) a ciertos animales e incluso a
objetos puntuales están agrupados bajo el nombre
de Fobias Específicas. "Son muy frecuentes,
las padece el 11 por ciento de la población. Consiste
en un temor irracional a alguna situación en particular,
y suele producir crisis de pánico cuando el paciente
queda expuesto a la situación que le genera miedo",
describe Resnik. Aunque a muchos les resulta imposible
la idea de curarse, su recuperación suele ser rápida.
Un trastorno creciente es el Estrés Post Traumático:
aparece luego de la exposición a un trauma intenso
(desastres naturales, abusos, secuestros, muertes o cualquier
otro ataque con amenaza para la propia vida) y se manifiesta
a través de pesadillas o flashbacks que reviven
el evento, conductas evitativas relacionadas con el hecho,
embotamiento emocional, irritabilidad, impaciencia e inquietud.
Según los especialistas, las causas son atribuidas
a predisposiciones biológicas, factores familiares
(padres muy rígidos, hiperansiosos o extremadamente
alarmistas) y a la interacción con el ambiente (ejemplo:
es probable que después de la primera vez que los
compañeros de clase se rieron porque tartamudeó,
el chico nunca más pueda enfrentar o dar un examen).
No obstante, y "si bien estos trastornos son crónicos,
en líneas generales los cuadros de ansiedad tienen
buen pronóstico", explica Bustamante. Suelen
abordarse con tratamientos psiquiátricos y psicoterapéuticos. "El
tratamiento que más resultados da es la Terapia
Cognitivo Conductual, a la que, depende el caso, se le
deberá sumar el suministro de fármacos",
agrega Resnik. La medicación consiste en una mezcla
de ansiolíticos y los llamados inhibidores de la
recaptación de serotonina, que corrigen los circuitos
bioquímicos del cerebro que están funcionando
mal. A través de la psicoeducación, se le
explica al paciente los síntomas, origen y evolución
de la enfermedad, esto es: cómo sus pensamientos
negativos hacen que sienta cosas físicas y cómo éstas,
a su vez, producen más temor (retroalimentación
de la ansiedad); se le enseña también a relajarse
y a respirar. La etapa conductual del tratamiento es progresiva
y consiste en el poder afrontar, paso a paso, el factor
que produce el miedo, precisamente para perderlo y, finalmente,
comenzar a vivir mejor. Ansiedad e historias de amor en la pantalla grande
Mejor... imposible o El día que me amen son dos
de las películas cuyos personajes centrales sufren
serios trastornos de ansiedad. La primera es una comedia
romántica, en la que Melvin Udall (Jack Nicholson),
un escritor neoyorquino sarcástico y homofóbico,
sufre de un desorden obsesivo compulsivo que lo obliga,
entre otras cosas, a lavarse las manos varias veces al
día, chequear otras tantas si cerró correctamente
la puerta y a no pisar las líneas de las
veredas. Ese papel, le valió a
Nicholson el "Oscar" al
Mejor Actor. En tanto, Joaquín
(Adrián Suar en El día que me amen),
es otro personaje de la pantalla
grande que sufre la ansiedad:
el muchacho, atormentado por
temores y fobias, hace dos años que
no sale de su habitación y vive
aislado del mundo.
La asistencia de un psicólogo
(Jorge Marrale) y la llegada de
Mara (Leticia Bredice), su amiga de
la infancia, finalmente
loayudarán a salir del encierro.
Dónde
pedir ayuda
Aunque no tienen carácter de tratamiento, funcionan
grupos de autoayuda gratuitos para personas con trastornos
de pánico y fobia social, que aportan positivamente
al bienestar de los pacientes. El diagnóstico (para
el cual, según Resnik, sólo es necesario
tener una entrevista profesional
y hacerse un análisis
de sangre de rutina) puede obtenerse acudiendo
a los servicios de salud
mental de los hospitales
o clínicas cercanas.
Por otra parte, la Asociación Argentina de Trastornos
de Ansiedad (www.trastornosdeansiedad.org) orienta, en
cada provincia, acerca
de los profesionales especializados en el tema. Además,
en sus páginas
de internet, los centros privados dan acabados detalles
de los síntomas, horarios de charlas informativas
y grupos
de autoayuda (Centro de Investigaciones
Médicas en Ansiedad: www.centroima.com.ar; Fundación
Fobia Club: www.fobiaclub.com; Asociación Ayuda:
www.asociacionayuda.org).