Cuando
estudiamos, trabajamos o simplemente mantenemos
una conversación, no nos detenemos a pensar cómo
es el recorrido
que hace la información en nuestro cerebro.
Le contamos cómo funciona y le damos diferentes
trucos y ejercicios
que ayudan a recordar hechos, datos y nombres.
Esta es una de esas notas que
hay que leer rápido
y sin hacer demasiadas pausas. No sea cosa de que ya llegando
al final uno se olvide del principio, ¿vio? Aunque
dicho al pasar parece un comentario de abuela, la memoria
es cosa seria. Y como tal, hay que cuidarla. Existen distintos
problemas que pueden alterar su funcionamiento regular
y entonces sí, empiezan las complicaciones. Pero
a no desesperarse, porque cada vez son más las posibilidades
de trabajarla para mejorar su funcionamiento.
Paso a paso
Vamos por partes. Para hablar de la memoria, lo primero
que hay que saber es exactamente de qué se trata. “Es
la capacidad que tiene el ser humano -y algunos animales-,
de preservar hechos fácticos o sentimientos en
un lugar del cerebro”, explica el doctor Ignacio
Previgliano, especialista en Neurología y Terapia
Intensiva en el Hospital Fernández y profesor
en varias universidades. Aunque parezca una cuestión
abstracta, nuestra memoria está localizada en
el área del hipocampo, entre los lóbulos
frontales y temporales. ¿Y cómo trabaja? “Es
una especie de archivo, y el cerebro funciona igual que
una computadora. En la memoria reciente, que sería
la RAM de la PC, están las cosas que hacemos diariamente,
lo cotidiano. Y después está la retrógrada
o permanente, que funciona como un disco rígido.
Allí los datos se almacenan en lo que serían
las carpetitas virtuales. Por supuesto, uno es selectivo
con las cosas que guarda”, apunta.
Por otro lado, es importante agregar que no se trata
de una función aislada. “Existen lo que se llaman
las funciones mentales superiores, que actúan coordinadamente –expresa
Previgliano–. Aprendizaje, memoria, ideación,
asociación de ideas y función ejecutiva”.
Cuando el engranaje falla
Como cualquier mecanismo, la memoria puede llegar a tener
fallas, que se traducen en olvidos. Y claro está,
son diversos los motivos que las originan. El doctor
Previgliano lo ejemplifica así: “Podemos
olvidarnos de las cosas porque no las queremos recordar,
que sería una causa psicológica. Allí se
ubican los famosos actos fallidos, que en realidad son
juegos de la memoria, pequeñas traiciones. Cuando
aparece una palabra que no teníamos que decir
en el instante menos indicado. O las veces que nos preparamos
para hacer algo y al llegar ahí, ‘nos bloqueamos’ y
todo sale mal”. La licenciada Alicia Díaz
Farina es directora del Centro de Psicólogos y
Psiquiatras de Buenos Aires. Desde el psicoanálisis,
explica que “es lo que llamamos represión.
Le ocurre a todas las personas y tiene que ver con la
dificultad para reproducir cosas que por alguna razón
no resultan placenteras. Y el estudio del inconsciente
nos permite comprender estos procesos, que se dividen
entre lo que no se recuerda y lo que nunca se registró”.
O en el caso de los chicos, que se pueden producir alteraciones
como consecuencia de los problemas de atención.
Por otro lado, están las fallas físicas. “A
partir de los 25 años, empieza en todos los seres
humanos el proceso de apoptosis celular: las neuronas,
que están programadas para una determinada vida útil,
empiezan a morirse. Y esto hace que a partir de los cuarenta
el cerebro cambie su morfología. Ese envejecimiento
normal del cerebro continúa a lo largo del tiempo
y sólo se detiene con la muerte. Pero también
existe un envejecimiento patológico, que puede estar
mediado por distintas alteraciones. Enfermedades que afectan
fundamentalmente la corteza cerebral, como el Alzheimer
(véase recuadro); enfermedades que afectan áreas
subcorticales, como la demencia por múltiples infartos;
y también procesos mixtos, varias demencias que
incluso pueden ser consecuencia de enfermedades infecciosas,
como el HIV, o del abuso de algunas drogas”, define
Previgliano. Aunque la palabra demencia muchas veces se
asocia con la locura, en realidad es la forma de denominar
a las alteraciones de las funciones cognitivas.
En última instancia, están las fallas en
la memoria provocadas por las lesiones que producen los
traumatismos de cráneo. Según el especialista,
se trata del motivo de consulta más frecuente de
los traumatizados. “Por suerte estamos haciendo un
gran avance en la recuperación de estos pacientes.
Con tratamientos de rehabilitación hemos logrado
que muchos se reinserten en la sociedad”, se entusiasma.
Son distintas actividades individuales y grupales que procuran
ayudar a que el paciente recupere todas sus facultades. “Es
muy importante en lo que refiere e la resocialización
de estos enfermos, porque se sienten muy minusválidos.
Pensá en lo que te pasaría si no pudieras
recordar qué almorzaste o qué colectivo tomaste
ayer”, destaca.
Mitos y verdades
“
No es que haya gente que tenga más memoria que otra.
Sino que la han desarrollado más. Por ejemplo, los
métodos de lectura veloz que tanto se promocionan
hoy, son realmente útiles, porque te enseñan
a leer de otra manera. En realidad cualquiera puede interpretar
la frase sin leerla completa. Te cuento una anécdota
simpática. Hubo un congreso en Rosario, que organizaba
el Comité de Cuidados Neurointensivos de la Sociedad
Argentina de Terapia Intensiva. Había cerca de 350
personas y cuando me tocó hablar, comenté divertido
que todos éramos ‘ciudadanos intensivos’.
Nadie entendió el chiste, hasta que les pedí que
leyeran con atención los afiches que decoraban todo
el edificio. Efectivamente, en vez de decir ‘cuidados’ decía ‘ciudadanos’.
Pero nadie se había dado cuenta, porque en la memoria
sabían que lo que tenían que leer era ‘cuidados’”,
cuenta divertido el doctor Previgliano.
Para los que sienten que la memoria les juega malas pasada,
existen algunos ejercicios que ayudan a concentrarse y
a retener conceptos (véase Una pequeña ayuda).
Pero además, existen maneras de cuidarla. “Básicamente
del mismo modo que al cerebro, al cuerpo. Evitando los
tóxicos, el cigarrillo, el exceso de alcohol, el
colesterol…”, enumera.
En la Argentina no existen estadísticas sobre la
incidencia de este tipo de trastornos. Por eso conviene
estar atentos a las diferentes señales de alarma
(véase recuadro). “De todos modos, una consulta
al neurólogo nunca está de más. Mediante
distintos tests diagnosticamos si se trata de algún
problema físico o bien, psicológico. Es decir,
si tenés una verdadera incapacidad de grabar la
información en el disco rígido o si se trata
de un ‘virus informático’, que interfiere
en el funcionamiento normal del engranaje”, aclara
el profesional.
Ahora sí, pase rápido a la próxima
página. No sea cosa de que se olvide de lo que estaba
haciendo.
l Esta imagen reproduce los
primeros estudios que hicieron nuestros ancestros sobre
el cerebro, la memoria, y
la conducta del ser humano.
l En la parte trasera de
la cabeza, ubicaban los aspectos
relacionados con
los sentimientos, como
la amistad y el amor.
l En el centro, aparecen áreas
donde se manifiestan,
entre otras, autoestima,
aprobación de los
demás, esperanza y veneración.
l En la zona de la frente
las características más místicas,
como la espiritualidad,
el idealismo y la casualidad.
l Y cerca de los ojos,
los conocimientos formales.
Algunos de ellos son: música,
legalidad, memoria, geometría, lengua, cálculos
y tiempo
Dos enfermedades comunes
Las formas más comunes de demencia en los mayores
son la enfermedad de Alzheimer y la demencia por infartos
múltiples (o demencia vascular).
En la primera, los cambios en las células nerviosas
del cerebro provocan la muerte de un gran número
de células. Los síntomas aparecen lentamente
y van empeorando en forma constante. Progresan desde la
mala memoria leve hasta deterioros graves en la capacidad
de pensamiento, juicio y en la aptitud para desempeñarse
cotidianamente.
En la segunda, pequeños derrames cerebrales o alteraciones
menores de
la irrigación sanguínea en el cerebro ocasionan
la muerte del tejido cerebral.
El lugar donde se producen los derrames determina la gravedad
del problema
y los síntomas, que comienzan repentinamente. Hoy
en día, los científicos
buscan nuevos medicamentos que, algún día,
puedan aminorar o prevenir el
daño causado por estos males. Entre tanto, aquellos
que no presentan
síntomas deben tratar de mantener la memoria aguzada,
interesarse en algún pasatiempo y practicar actividades
que estimulen tanto la mente como el cuerpo.
Una pequeña ayudita
No se trata de soportar estoico las traiciones de la memoria.
Para los que tienen problemas a la hora de recordar, van
algunos
trucos que vale la pena tener
en cuenta.
l Prepare listas y tome nota de los datos importantes.
Siga una rutina.
Haga
asociaciones. Conecte cosas en su mente o busque
relacionarlas con otras
que tienen un sentido especial
para usted, como el nombre de un familiar,
una canción
o los versos de un poema.
Use marcas que lo ayuden a identificar o encontrar
lugares.
Mantenga un calendario detallado.
Ponga las cosas importantes, como sus llaves,
siempre en el mismo lugar.
Repita
los nombres cuando recién conoce
a personas nuevas.
Practique deportes o haga actividades
que mantengan su mente y su cuerpo ocupados.
Piense
rápidamente en
el abecedario para recordar aquellas
palabras ‘rebeldes’.
Escuchar
la primera letra de un término puede darle un
empujoncito a su memoria.
Algunas señales
No todos los problemas de la memoria son parte del envejecimiento.
Para evitar complicaciones, es importante mantenerse alerta
y detectar a tiempo algunas señales, por ejemplo:
Olvidarse de las cosas mucho
más seguido que
lo que acostumbraba.
No recordar
cómo
hacer actividades que usted ha hecho muchas veces.
Problemas para incorporar nuevos conocimientos.
Repetir
frases o historias en la misma conversación.
Problemas
a la hora de tomar decisiones o de decidir cómo
usar el dinero.
No
poder mantener un registro de lo que ocurre
cada día.