A
los 30 años, las mujeres viven el momento ideal
para afianzar la carrera profesional y consolidar la familia.
El cuerpo empieza a sentir el paso del tiempo
y todas coinciden en quererlo todo y quererlo ya.
Todo
sucede en un instante. “Ves venir la torta con
las 30 velitas prendidas y se produce un verdadero shock.
Por primera vez sentís que, amorosamente, te están
acercando un incendio. No se te ocurre que puede llegar
a haber vida después de ese momento”, cuenta
Marilen Stengel sin poder ocultar la mezcla de entusiasmo
y horror en la voz. Con 39 años “vividos y
masticados”, esta periodista y licenciada en Letras
acaba de publicar Lo quiero todo y lo quiero ya, un libro
en el que explora, justamente, qué nos pasa a las
mujeres cuando empezamos a transitar por los 30, “los
años que nos cambian la vida”.
Solteras, casadas; con hijos, sin hijos; profesionales
o amas de casa, la mayoría de las mujeres coinciden
en que la tercera década nos llega como un torbellino. “Se
juntan muchas cuestiones. Básicamente porque nos
damos cuenta de que hasta ese momento, hemos estado dedicándonos
a aquellas cosas que ‘tenemos que hacer’. La
casa y los chicos para unas, la profesión para otras”,
reflexiona Stengel. Tras una breve pausa, continúa: “Entonces
nos encontramos frente a una oportunidad absolutamente única
y extraordinaria de empezar a pensar en qué es lo
que realmente queremos hacer. Sentimos la necesidad de
ubicarnos en el primer lugar de nuestra propia lista de
prioridades y es un muy buen momento para que suceda. Y
si tenés la paciencia de barajar de nuevo, termina
siendo, como dijo una de mis entrevistadas, la mejor etapa.
En la que construimos una plataforma sobre la que proyectamos
los 40 y los 50”.
Todo y ahora
¿
Pero qué es lo que pasa? Las explicaciones parecen
apuntar en una misma dirección: nos sentimos más
seguras de quienes somos, tranquilas en lo profesional,
aplomadas en lo familiar. Se supone que durante los 20
nos dedicamos a formarnos y por más que no nos esté yendo
de maravilla, la inversión está hecha. Muy
distinta es la situación de aquellas que tuvieron
a sus hijos de jóvenes y pasando los 30 caen en
la cuenta de que los chicos empiezan a defenderse solos,
y que ellas no han logrado demasiado en lo profesional.
Y no es para menos. Es muy difícil construirlo todo
a la vez.
Sobre la vivencia de lidiar con variables casi infinitas,
la psicóloga Nora Sliwkowicz es clara. “El
conflicto entre la profesional y la madre hace que muchas
mujeres sientan insatisfacción tanto en la casa
como en el trabajo. Al punto tal de que algunas tienen
dificultades para disfrutar de un espacio y del otro”,
dice.
Por supuesto, no se trata de los únicos factores
que entran en juego en esa etapa. “No hay nada que
hacer. El cuerpo deja de hablarte y empieza a gritarte.
Todos registramos los cambios y el tema de la chapa y pintura
aparece con una fuerza desconocida”, asume Stengel.
Entre las mujeres entrevistadas en su libro, Carla, una
relacionista pública de 35 años, es tajante. “Chocaría
contra cualquier tipo de tecnología con tal de que
mi cara no delate mi edad”. Y a esto, claro, se suman
los conflictos en las relaciones interpersonales y la crisis
económica, de los que nadie está exento.
Probablemente sea el gran compendio de razones lo que lleva
a que cada vez sean más las que se animan a postergar
la maternidad en pos de avanzar en el camino de la profesión. “Tenía
muchas cosas dando vueltas y quería consolidar el
aspecto laboral antes de encarar el desafío de tener
mi primer hijo”, confiesa la pintora Graciela Genovés
(41) con Julia, su bebita, en brazos. Otra de las que coincide
con la idea de esperar es la Leona Vanina Oneto (30). En
voz baja para que Maia (dos meses) no se despierte, dice: “Siempre
tuve la teoría de disfrutar del matrimonio primero
y luego dedicarme a los chicos. Por eso es que con Andrés,
mi marido, esperamos dos años para llamar a la cigüeña”.
La balanza despareja
En los Estados Unidos, el 70 % de las mujeres gana dinero.
En la Argentina, esa proporción llega a ser un
poco más que el 50 %. De ese porcentaje, el sector
más numeroso está integrado por las que
tienen entre 33 y 44 años. “El fenómeno
responde a varias necesidades puntuales: sostener o contribuir
en el sostén del hogar; satisfacernos profesionalmente
o autorrealizarnos; no depender económicamente
de nuestros maridos; y la presión social que indica
que ahora también debemos ser independientes”,
enumera. Sin embargo, un trabajo realizado por la Organización
Mundial de la Salud en 1999, indica que una mujer latinoamericana
requiere de cuatro años más de estudio
para obtener el mismo ingreso que el hombre. Y en términos
de sueldo, un varón gana un 46 % más que
nosotras. Pero no es todo. “Durante los 30, las
mujeres tenemos y consolidamos nuestras familias y el
desarrollo profesional está condicionado por el
tiempo que tenemos que dedicarle. Si nuestras parejas
pudieran aceptar el hecho de compartir de igual a igual
la tarea, sería diferente”, simplifica la
autora. Claro que en este terreno, las damas también
dan concesiones. “Tenemos que aceptar que ellos
tienen otra manera de hacer las cosas. Que quizá no
hacen la mejor combinación a la hora de vestir
a los chicos o que sus milanesas salen diferentes a las
nuestras”, apunta.
A esta altura, hay un punto
que queda en evidencia: se trata de un momento de quiebre
y es imposible pasarlo por
alto. “Es el tiempo de balance, de reajuste para
decidir cómo se quiere vivir. Del mismo modo que
el gusano de seda, transformarnos en otra cosa. Con todo
el miedo y la impaciencia que eso pueda generarnos. Más
allá de lo que podamos leer o escuchar, sólo
nosotras, ahí en lo profundo de quienes somos, elegimos
el camino”, concluye Stengel.
En definitiva, tener en cuenta que crecer no es tarea sencilla.
Que cada década trae de la mano cambios, conflictos
y dolores. Y que sólo es cuestión de intentar
adaptarse a ellos.
La influencia de Saturno
(Por Alicia Gómez Corradi, astróloga)
El primer retorno de Saturno al mismo lugar en que se encontraba
el día de nuestro nacimiento, es trascendental.
La importancia de esta etapa estriba en que las decisiones
o cambios operados durante ella, tendrán una gran
repercusión en nuestro futuro. Llegamos a consolidar
una serie de proyectos y toma de responsabilidades a largo
plazo. Los aspectos de nuestra vida que hemos dejado de
lado anteriormente y los conflictos acumulados nos presionarán
con mayor insistencia, aunque también éste
sea el
mejor momento para enfrentarlos. Si asimilamos algunas
de sus cualidades, como son
la maduración, la experiencia y la concreción,
nos será más fácil superar esta crisis.
Sí incorporamos esta aceptación, reforzaremos
nuestro carácter, desarrollaremos estabilidad y
autodisciplina y tendremos una nueva aptitud para organizar
y estructurar nuestra vida. De lo contrario, nos llevará más
tiempo comprender esta sacudida
de ‘crecer o crecer’ que se nos presenta.
En Tucumán
El sábado 29, de 10 a 13, se llevará a cabo
el taller Lo quiero todo y lo quiero ya. Los treinta, los
años que nos cambian la vida, en el Grand Hotel
de Tucumán. Aquellos que deseen inscribirse, pueden
dirigirse a la feria del libro de la calle Muñecas
260 o llamar a los teléfonos 0381 4217600 ó 4219171.
O bien
vía mail, a feriadellibro@arnet.com.ar
El libro de Marilen Stengel es una publicación de
la editorial Longseller.