En
estos días, Carolina Ardohain es una de las top
models de la Argentina, pero no tiene amigas entre sus
colegas. Casada con el empresario y ex-polista Martín
Barrantes,
no titubea en confesar que el éxito cambió su
trato
con algunas personas, porque por culpa de su espontaneidad
tuvo "malas experiencias".
Admito que he tenido ciertos prejuicios hacia Pampita.
Su personaje de modelo top en los medios, me daba la impresión
de que simplemente se trataba de una mujer frívola.
Había leído mucho sobre ella, sobre su matrimonio
con el ex modelo y actual empresario Martín Barrantes
y había visto demasiadas fotos suyas, en pose de
mujer fatal. Demasiadas.
Media hora antes de que Carolina Ardohain llegara, yo ya
estaba en el bar adonde nos reuniríamos. Mientras
esperaba, recordé sus inicios como notera en el
programa El Rayo, sus primeras campañas de ropa,
los desfiles en el país y en el exterior y, sobre
todo, su casamiento en noviembre del 2002.
Puntual, Pampita llegó con su perra Asunción,
parecida a un doberman, pero en miniatura. Pequeña
y delgada, pelo chocolate lacio y piel tostada, vestía
casual: pollera de jean corta, remera verde oliva y botas
tejanas color rosa.
Con una voz finita, pidió una torta de manzana con
crema y aclaró, que es "una chica normal que
trabaja de modelo”.
–¿
Y cómo empezaste?
–
Desde chica soñé con ser modelo. Me probaba
la ropa de mi mamá y me maquillaba, pero no era
sólo eso; también me encantaba bailar, cantar,
aprenderme las propagandas…
–¿
Tu trabajo condiciona la relación con tu marido?
–
Para nada. Cuando entro a mi casa somos una pareja normal,
Pampita no existe. Siempre conversamos sobre nuestro día,
como si yo trabajara en cualquier cosa. En la vida privada
nos olvidamos del personaje; sólo soy Pampita cuando
voy a trabajar.
–¿
Sos una mujer fatal?
–
No. Me gusta quedarme en mi casa. Con mi marido salimos
poco. Vamos a fiestas de amigos, pero tranqui. Antes de
conocer a Martín, salí un montón, él
también, pero ahora ya fue. Nos gusta invitar amigos
y cocinarles.
–¿
Tenés muchas amigas?
–
Tengo amigas de La Pampa, y de la época en que trabajé como
vendedora. Pero en el ambiente de las modelos no, no tengo
amigas.
–
Ser el nuevo boom, ¿es una carga muy pesada?
–
No es una carga: es un regalo. Yo trabajé duro para
llegar hasta acá y por eso me pone contenta que
la gente me reconozca y me quiera. Además, tuve
que aprender a moverme, a saber que era lo mejor para mi
carrera, incluso a rechazar ofertas por cuestiones de imagen;
fue todo meditado.
–¿
Te considerás una persona muy exitosa?
–
Creo que este tiempo fue mágico. Todo lo que siempre
había soñado llegó. El primer año
pensé que tenía suerte, que no iba a durar.
El segundo, me fui a vivir afuera y me dije ‘seguro
que falta poco para que todo termine’. Pero continúa,
no lo puedo creer. No me imaginé que iba a ser de
esta forma tan linda.
–¿
Te da miedo la idea de que un día te ignoren?
–
Me siento afianzada en el ambiente, pero si tuviera que
dejar el modelaje, me consolaría saber que lo disfruté al
máximo, que hice todo que quise. En enero ya se
cumplen tres años desde que empecé, tres
años re-lindos, intensos.
–¿
Cúal es tu próximo desafío?
–
La televisión. Pero no estoy segura de qué tipo
de programa hacer. Me interesaría, creo, hacer programas
infantiles y algo relacionado con la actuación.
Y en el futuro, algo periodístico. Como soy modelo,
me miran con desconfianza, pero voy a estudiar y a aprender.
Cuando empecé en El Rayo yo era un desastre, pero
creo que después mejoré. Lo bueno es que
me animo a todo, soy caradura. ¡Muy!
–¿
Rompés con la estructura de la típica de
modelo?
–
Sí, porque pienso en estudiar, quiero estar preparada.
Planeo mi carrera a largo plazo y no a lo loco. Deseo especializarme
en una carrera dedicada a los medios. Pero todo tiene su
etapa, ahora sólo aspiro a aprovechar los momentos
lindos que vivo y después pensaré en el futuro.
–¿
Cambió mucho tu vida a partir de ser famosa?
–
Sí, cambió mucho. Perdí privacidad.
Hoy día soy de quedarme encerrada en mi casa, no
me muestro, no voy al supermercado o al cine como hacía
antes. No me expongo. Trato de cuidarme en ese sentido.
Bueno, no me molesta que me reconozcan. Quiero decir que
no busco que me saluden, como para levantarme el ego.
–¿
Sos celosa?
–
Muy, mucho más que él. Lo veo a la mañana
cuando sale a trabajar ¡tan buen mozo! y me quiero
morir. Soy celosa porque veo cómo lo miran las mujeres,
pero jamás viví una situación de duda.
Martín no, a él no le importa que me miren.
No tiene celos porque sabe que estoy re-enamorada de él.
–¿
Qué te molesta de tu fama?
–
Qué se yo…cosas como que cada vez que visito
a mi mamá tengo que ir escondida, cuando de verdad
me gustaría salir a la calle con mi vieja para tomar
un helado. Si se enteran en La Pampa que estoy, se llena
mi casa y no puedo estar con mi familia.
–¿
Y tu familia, qué opina?
–
Se tuvieron que acostumbrar a mi profesión. La gente
opina de todo y no sólo se fijan en tu trabajo,
sino en cosas personales y las cuentan por todos lados.
Se interesan por si cambié de novio, si me peleo,
todo. Pero mi familia sólo me cree a mí.
Si no se los digo yo, ellos saben que son mentiras.
(Aclaración necesaria: lo que ella llama "mentiras" son
los rumores de que es demasiado competitiva, algo mala
onda y que se lleva mal con otras modelos. Son rumores,
claro. Pero no es la más amada por sus colegas).
–¿
Cómo viviste cuando llegaste de La Pampa?
–
Compartía un departamento con una amiga. Siempre
quise venir a Buenos Aires. Ahorré plata para pagar
los primeros tres meses de alquiler, y al poco tiempo conseguí trabajo
de vendedora. Comíamos nada, sopa y galletitas.
No teníamos un peso: me acuerdo que contábamos
moneda por moneda. También trabajé en un
bowling y juntaba las propinas. No me importaba nada, era
un sueño estar acá. Me sentía parte
de Buenos Aires.
–¿
Y cuándo pegaste el salto?
–
Hice un par de campañas de ropa, hasta que Pancho
Dotto me llamó. No podía creerlo. Ese día
fui a un casting y quedé. Es así que hice
un comercial en México, viajé en primera,
y fui a un hotel espectacular. Por adentro me decía
que era un sueño. Ahora me acostumbré, no
hay tanta adrenalina hoy en día, pero al principio
me temblaban las piernas. Mirá, si repaso mi vida
no cambiaría nada. Creo que todo fue un proceso
de crecimiento, valorar las cosas, respetar a todo el mundo.
Eso pasa porque estuve del otro lado. Además, el
haberlo soñado desde siempre me hace diferente:
trabajo con una sonrisa, que me sale desde mi yo interior.
Estoy feliz de estar en el lugar donde estoy.
–¿
Por méritos propios?
–
La suerte tuvo mucho que ver. Y también el estar
preparada para crecer. Hay que agarrar las oportunidades
y rechazar otras ofertas. Hay que ser…más
frío y calculador, pensar las cosas un poco más.
Por ahora, mi camino está lleno de aciertos.
–¿
Te molesta que el público sólo te juzque
por tu exterior?
–
No, porque una modelo es una percha a la que le ponen la
ropa para lucirla.
–¿
Qué errores no volverías a cometer otra vez?
–
Ser natural y espontánea. Uno va aprendiendo con
las experiencias. Antes era una persona más extrovertida
en el trabajo, pero ahora soy todo lo contrario. Tuve malas
experiencias.
–¿
Cuáles?
–
De eso no se habla.