El
diván no es la única solución, últimamente
se
han descubierto otras terapias que ayudan a vivir mejor
y que atenúan ciertas patologías físicas
y psicológicas. Así, los pasos
de baile, las notas musicales, los brotes de las plantas
y el cariño de los animales
se convierten en
una medicina eficaz.
Hay situaciones de crisis y momentos
de la vida en los que tenemos que pedir ayuda a un profesional.
Desde hace
mucho tiempo, la gran encargada de brindar esa asistencia
es, sin duda, la psicología. Pero últimamente
se ha descubierto que hay otras terapias que complementan
la anterior, como el baile, la música, la jardinería
y la interacción con animales, a las cuales se puede
recurrir con muy buenos resultados. Ayudan a mejorar la
calidad de vida, así como a superar situaciones
complicadas: separaciones, ausencias familiares, fallecimientos,
pérdida del trabajo y otras. Además son altamente
recomendadas para el tratamiento de diferentes patologías
y discapacidades. Las cuatro disciplinas mejoran la autoestima,
la atención y concentración, la coordinación,
el aprendizaje y la socialización.
Que baile el cuerpo
y el alma
Dentro de estas terapias alternativas se encuentra la danzaterapia,
cuyo instrumento es el baile. La Asociación de Danzaterapia
Americana la define como el "uso terapéutico
del movimiento en un proceso que busca la integración
física, cognitiva y emocional del Individuo". “Esto
es decirle ‘sí puedo’ al cuerpo. Usar
los límites, tratar de comprender que si el cuerpo
no se mueve va acercarse a la muerte con rapidez”,
dice la artista María Fux, impulsora y pionera de
este tipo de terapia en la Argentina; la misma que ha llegado
a Italia y España (Trieste, Florencia, Milán
y Madrid) con centros de danzaterapia que llevan su nombre
y aplican su método. Además, Colombia, el
Brasil, Chile y la Argentina la utilizan para atenuar enfermedades,
en hospitales, hogares de ancianos, cárceles e institutos
de sordos.
La danzaterapia está destinada a todo tipo personas,
o como dice Fux: “Yo no hablo de enfermedad, trabajo
con gente diferente y todos podemos danzar”. Ancianos,
jóvenes, adultos, sordos, personas con síndrome
de down, gente con cierta espasticidad, con problemas afectivos,
de integración, todos juntos comparten la clase
y forman un grupo.
El trabajo de integración produce alegría,
aceptación y posibilidades creativas, que permanecen
encerradas en un cuerpo que está quieto. “Si
la gente está más feliz con su cuerpo, enfrentará mejor
lo que puede ser una enfermedad”, concluye la artista
y terapeuta, quien al terminar la nota dice como al pasar: “ojo,
no te olvides de poner que tengo 81 años”,
que es una forma de expresar con orgullo “¿viste
que bien que estoy?”.
Música, para los oídos
Ahora le toca el turno a la música. Quién
no se ha movilizado alguna vez al escuchar esa canción,
que le hizo recordar aquellos buenos momentos, mientras
una sonrisa se dibujaba en la cara. Se sabe que gran parte
de las enfermedades se originan en “la cabeza”,
por esto, la filosofía de la musicoterapia es apuntar
al cerebro para llegar al alma. El escuchar un sonido,
una voz, una melodía agradable hace que nos transporte
directamente a sensaciones placenteras, produciendo simultáneamente
una relajación que nos permite abrirnos al otro,
dejar salir sentimientos profundos, relacionarnos y, lo
que es muy importante: comunicarnos. Quizás esa
comunicación no se dé con palabras, pero
sí a través de un instrumento o de una canción.
Para esta técnica terapéutica, lo fundamental
es que la persona esté en estado de relajación. “Casi
todos se pueden curar: hipoacúsicos, ciegos, débiles
mentales, autistas y quienes sufren otras patologías
de psiquiatría infantil”, asegura la licenciada
Liliana D´Asero, subdirectora de la Carrera de Musicoterapia
de la Universidad del Salvador, primera en la Argentina
y América Latina.
En el jardín,
das vida
“
Usted cuide una planta y se estará cuidando”.
Esa es la filosofía de una terapia cada vez más
difundida y utilizada. Las investigaciones han demostrado
las bondades de la técnica hortícola, que
data desde hace varios siglos. Ya en el año 1800,
un estudioso muy conocido como el doctor Benjamin Rush,
padre de la psiquiatría americana, declaró: “Excavar
la tierra con las manos tiene un efecto curativo en los
enfermos mentales”, y unos cien años antes
que él, Leonard Maeger, autor de El jardinero inglés,
expresaba que “no hay mejor forma para preservar
la salud que pasar el tiempo libre en el jardín”.
Marta Suter, directora de la Licenciatura en Terapia Ocupacional,
de la Universidad Nacional de Quilmes, la define como “un
abordaje terapéutico por medio de actividades de
jardinería y horticultura, que mejora la vida de
todos aquellos que lo realicen”. Tiene efectos especialmente
destacables en personas con discapacidades físicas
y mentales. Además, ayuda a los pacientes con enfermedades
graves a recuperar su independencia, sus habilidades manuales
y su calidad de vida. Se han hecho programas destinados
a niños cuadripléjicos, personas de más
de 90 años, pacientes con accidentes cerebrovasculares
y enfermos de sida. ¿Por qué las plantas?
La Asociación Americana de Terapia Hortícola
sostiene el principio de que las plantas crecen, cambian,
responden a los cuidados y no juzgan; estimulan la participación,
los sentidos y ofrecen esperanzas. Y sobre todo, aportan
una satisfacción más: la de crear una vida.
El mejor amigo del hombre
Quien tiene mascota sabe lo que es el cariño y la
relación que se genera entre el animal y la persona.
De aquí parte la zooterapia. El Dr. Jorge Puente,
veterinario y coordinador del Centro de Terapia Asistida
de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad
de Buenos Aires, cuenta que es una técnica psico-fisio-terapéutica
a la que recurren los profesionales de la salud y que es
complementaria de las terapias tradicionales, ya que utiliza
como elemento de acercamiento terapéutico sólo
a distintos tipos de animales, en los que se incluyen caballos
(la equinoterapia es cada vez más utilizada), perros,
gatos, delfines, etc. Es sabido que los animales y su medio
ambiente aportan una serie de estímulos adicionales,
que en algunas situaciones patológicas permiten
adelantar los tiempos terapéuticos, y mejorar así,
la calidad de vida de los pacientes con trastornos psicológicos
y de motricidad.
La mayoría de las personas, inconscientemente, reaccionan
de manera positiva al relacionarse con animales de compañía.
Los estudios efectuados sobre este tema, han demostrado
que lo que los terapeutas no conseguían por medios
habituales, sí fue conseguido a través del
apoyo animal.
Los animales deben ser controlados por veterinarios entrenados
en esta disciplina, quienes se ocuparán de la elección,
comportamiento, estado sanitario, lectura del lenguaje
corporal, comunicación no verbal, entrenamiento,
genética, etc.
Actualmente en Estados Unidos, se está usando el
zoo a domicilio, consiste en que el animal visite al enfermo,
ya sea en el hospital o en su domicilio. Estos encuentros
son de gran ayuda, porque en su transcurso el enfermo olvida
temporalmente su situación y se centra en la mascota
amiga. Los resultados de la aplicación de esta terapia,
han demostrado que no sólo produce grandes mejoras
en el paciente, sino también en el aceleramiento
considerable del proceso de recuperación.
La idea es oír, sentir, tocar, vivir...alejarnos
por un momento del mundo que nos rodea y conectarnos con
nuestro interior “procurando darle confianza, impulsar
la creatividad, para dejar de lado el no puedo y rescatar
en cada uno el “si puedo” que lleva adentro” dice
María Fux. Las terapias son muchas, la oferta variada,
en cada uno está la responsabilidad de dar el primer
paso a mejorar su calidad de vida.
Equinoterapia
La equinoterapia es cada vez más sorprendente para
pacientes con parálisis, porque el andar del caballo
reproduce un movimiento similar al del ser humano. Por
lo tanto, el cerebro del jinete recibe vibraciones que
son transmitidas por la médula y que tienen la misma
intensidad de las que asimila el cerebro de una persona
cuando camina y de allí, la alta calidad del estímulo.
Cada paso completo del caballo impone movimientos de la
cadera, con el agregado de la rotación correspondiente
para mantener el equilibrio. En media hora de cabalgata
suave, el paciente practica alrededor de 2 mil ajustes
tónicos; hasta ahora el caballo es el único
animal que produce este estímulo neurológico.
Sentirnos útiles
La práctica de la terapia de jardín otorga
la posibilidad de meterse en el mundo de la naturaleza.
El esperar hasta ver los resultados de una germinación
o floración ayuda a educar la paciencia y la ansiedad.
Por otro lado, cuando uno planta una semilla está participando
activamente de la Creación. Y esto es así,
porque si nosotros no hubiéramos metido las manos
en la tierra y dejado esa semilla, y no la hubiéramos
regado, ese árbol no habría crecido. Entonces,
esta acción nos hace sentir útiles, importantes
y responsables. Nos lleva a darnos cuenta de que somos
capaces de generar vida y cuidarla y eso, eleva considerablemente
nuestra autoestima.