Encarna
a Brigitte en la serie Son amores, un personaje muy caricaturesco
y divertido que pasa sus días tratando de llamar
la atención. Por el contrario, Carla en la vida
real prefiere el bajo perfil y defiende a muerte su privacidad.
Le gusta el teatro e integra un grupo de trabajo llamado
Shakespeare Buenos Aires. No haga zapping, aquí para
ustedes, Carla Peterson.
Este año, para Carla Peterson, las cosas cambiaron
para siempre. El éxito de su personaje en Son Amores,
la expuso a las mieles y a los sinsabores de la fama. Por
más que se esfuerce en llevar una vida común,
su rostro casi caricaturizado ya se metió en muchos
hogares, y eso hace que todo gire a su alrededor de una
manera diferente, hasta en los detalles más chicos.
“
Yo trato de no prestar mucha atención, pero cuando
voy al kiosco de siempre, a veces sucede que alguien que
está detrás de mí, me reconoce, y
cuando me estoy yendo dice: ‘¿Esa era Brigitte,
no?’ Siempre queda como una estela flotando. Y eso
me divierte”, comenta Carla, segura de que la conocen
más por su personaje que por su nombre y agrega: “En
muchas oportunidades me pregunto ¿qué va
a pasar conmigo? cuando haga otra cosa. Y creo que me van
a seguir diciendo ‘esa es Brigitte’”.
De todos modos, se trata de un juego y los actores saben
jugar a ser otras personas, las que, casi siempre, tienen
características opuestas.
“Es cierto, pero yo no quisiera que la gente piense que yo soy esa loca
que anda arriba de un auto, tan caprichosa y tonta a la vez”, asegura, “simplemente
es mi trabajo y elegí hacer algo muy al borde de lo creíble”
Nació en Córdoba un poco por casualidad. Su padre estaba en la
escuela de aviación y su madre estudiaba abogacía. Allí vivió los
primeros años. Pero cuenta que se siente más salteña que
cordobesa, “porque mis abuelos residen en Salta y con ellos pasé todas
las vacaciones de mi infancia”.
Carla es dueña de un rasgo muy distintivo: no seduce todo el tiempo ni
en todas las direcciones. Siempre dice que su poder de seducción “no
está a flor de piel, está donde tiene que estar y sale cuando tiene
que salir”.
–
Sí, puede ser así, aunque no creo que sea un rasgo provinciano.
Es un tema de educación y de expectativas también. Trato de que
mi trabajo no altere lo que yo soy. Por ejemplo, para mi personaje tengo que
tener todo esto (se señala el busto) y la mitad no es mía, es agregado
(se ríe). Sin embargo no me gusta llamar mucho la atención fuera
del trabajo. Salgo de acá y... ¡prefiero un poquito más de
privacidad! Si ya tenemos mucha exposición, ¿para qué agregarle
más? Además, es una cuestión de seguridad. Hoy no tenemos
que dejar de lado ese tema.
Esas últimas palabras sonaron distintas en la boca de Carla Peterson.
El diálogo se desarrollaba sobre el tema de la seducción y casi
deriva en otro social.
Carla íntima
Pero.. volviendo al primer asunto, lo concreto es que muchas
actrices usan sus relaciones sentimentales para salir
en las fotos de las revistas como una estrategia más
para atraer flashes.
–
Sí, ya lo sé, pero no me gusta, no me interesa
y creo que no me hace falta. Ya en las escenas donde trabajo
me expongo demasiado. En ocasiones se me ve el corpiño,
luzco desarmada o deformada. Porque Brigitte es toda tensa;
a veces, no sé, me arrugo (y empieza a hacer morisquetas
con los ojos y a torcer la boca) o provoco situaciones
un poco chocantes. Es que a este personaje lo pensé así;
tengo que ser caricaturesca y ahí es donde me juego.
Pero después en mi vida soy normal y de golpe te
ven menos. Prefiero que sea así y que no digan: ‘pero
si yo te ví...’ (se ríe nuevamente).
Y después no tenés vuelta atrás.
Esconderse de los flashes
Muchas veces Carla fue una obsesión para la prensa
del corazón. Sólo se sabía que había
estado seis años en pareja y que la historia no
cerró con un final feliz. Entonces, ¿cómo
podía ser que una chica tan mona y exitosa no tuviera
novio? Bueno, al final lo tuvo, pero para algunos fue una
decepción, porque no era conocido ni tampoco del
ambiente. La Peterson se había salido con la suya.
En muchas notas había dicho que “cualquier
día de éstos aparecerá un chico que
me va a romper la cabeza y el corazón”.
Pero..., cuando finalmente ese chico apareció en
la vida de Carla y como no se los vio paseando por los
lugares de moda tomados de la mano, entonces, empezaron
las primeras guardias y persecuciones a la pareja.
“
Sí, pase momentos muy feos porque pusieron gente
en la puerta de mi casa, escondida, sin que yo lo supiera.
Eso me angustió. También me siguieron como
si fuera Lady Di o como a una delincuente. Creo que lo
hacen para transformarte en alguien que no sos. De mí dijeron
que me fui de shopping a Recoleta. En realidad estaba en
Villa Crespo, en la casa de una amiga haciendo fuego para
un asado. Y me puse mal porque me dio miedo el asedio:
las primeras veces observé una camioneta en la puerta
de mi casa y dije: ‘qué camioneta rara’,
porque uno sabe cuáles son los autos que se paran
en su barrio y ésta era azul, polarizada; me siguieron
y me sacaron fotos desde lejos. Al principio no me dí cuenta
de qué se trataba, hasta que me llamaron para averiguar
datos sobre mi novio, qué hacíamos y dónde
fuimos. Y...¡por supuesto que me dio miedo! Para
colmo, en las fotos salió la chapa de la puerta
de casa, o la de mi amiga, no sé... ¿Está mal
que pretenda vivir una vida normal?, Por suerte, no pasó a
mayores... Qué sé yo, si me hubieran sacado
una foto en un bar con mi novio, no pasaba nada. Pero esto...
Quieren ver cómo vive una persona famosa, y cuando
descubren que ésta es normal se les cae la estrella”,
concluye convencida.
– Igual, tiene muy poco glamour, Carla Peterson, haciendo
un asado.
–
Además, una primera figura de la televisión
argentina, que no es mi caso, no se puede comparar para
nada con una de los Estados Unidos. Estuve sacando la cuenta
y, mientras acá se graban 250 capítulos para
una tira diaria de una hora, en un año, allá,
en el mismo lapso, hacen 16 de media hora cada uno.
Acá, se trabaja un montón; bueno, en este
país no vamos a hablar de laburo... Mejor es no
quejarse.
Por el mundo
–¿
Qué me gusta? Me gusta mucho viajar, estar en mi
casa, trabajar con gente con la que me divierto y reírme.
-¿Un lugar que te haya gustado visitar?
–
Me encantó conocer Italia, tuve la suerte de recorrer
la península.
- Decime Carla, qué ciudad de todas las que conociste
te ha gustado más y en qué lugar lo pasaste
mejor.
–
Roma, sin dudas, y en la casa de mi hermana.
-Ah, pero eso es trampa.
–
(Se ríe). Sí, mi familia es italiana, por
parte de mi madre, y siento lazos con ese país.
-¿Qué es lo que te trae feas sensaciones ¿Qué cosas
detestás?
–
La injusticia, la falta de memoria. Me provoca rabia que
los argentinos no aprovechemos todo lo bueno que tenemos,
y lo que podríamos construir con ello. Que a las
personas que hacen cosas importantes, no le den el lugar
que se merecen y que no las escuchen. Es así, tenemos
seres humanos muy valiosos y no los escuchamos.
De cara al futuro
–¿
Qué podemos esperar de Carla Peterson más
adelante?
–
Ahora termino con Son Amores y el año que viene
voy a hacer otra tira, Pensionados, que como su nombre
lo indica, transcurre en una pensión donde se junta
gente muy distinta.
–
Y dentro de muchos años, ¿cómo te
ves?
–
Y... en lo laboral, me gustaría hacer cine; me encantaría
hacer un buen papel y una buena historia, pero mientras
siga haciendo televisión, prácticamente,
significa dedicarle todo mi tiempo. Y en lo personal, como
todos, quisiera tener una familia.
–¿
Siempre vas a ser tan recatada en tus apariciones?
–
No te creas... ¿mirá como se viste Brigitte?
(señala su minifalda). Bueno, está un poquito
manchada de tanto usarla...
–
Fijate que a las actrices más osadas les va mejor.
–
No, esa no es la única fórmula, hay muchas
y además, creo que hay que renovarlas continuamente.
Porque todo sorprende, y no podés tener nada pensado
con anticipación ya que las cosas cambian siempre.
Mi método es estar allí, donde más
cómoda me sienta.
–
Muchas modelos planean hacer su primer desnudo antes de
los 40, por ejemplo.
–
Porque es cuando tenés que poner toda la carne en
el asador... (se ríe). No, al contrario, si no mostré mi
cuerpo hasta ahora, no lo voy a mostrar más. Si
no tuve la necesidad o las ganas de hacerlo, entonces para
qué. Aunque creo que estoy mejor ahora que antes,
físicamente, digo.
–
Contáme, ¿a qué te referís?
–
Viste que cuando sos más chica vas creciendo por
partes, se te alarga la nariz, después los brazos.
A veces escucho que algunos dicen ‘¡mirá qué lomazo!...
y sólo tiene 18 años. Yo ni a esa edad lo
tuve. (risas).
Carla en las tablas
Carla tiene un costado de su carrera puesto en los clásicos
del teatro universal. Sin ir más lejos, integra
un grupo de trabajo llamado “Shakespeare Buenos Aires”,
que en sus cuatro años de existencia ha puesto una
obra de Shakespeare, por año.
“La idea es que se entiendan esos textos en la Argentina de hoy. De todos
modos, siempre respetamos el lenguaje original. Nuestra idea para el futuro cercano
es la de pasar por otros genios de la clásica: para la temporada que viene
estamos ensayando una obra de Kafka”, explica Carla. El grupo se presentó en
teatros fuera del circuito comercial, de esos que albergan a no más de
cien espectadores.
–
Supongo que hacer autores tan importantes te da chapa, ¿no?
–
No creas, nadie viene a hacerme una nota por Shakespeare, no van a poner un título
por eso. Me llaman porque trabajo en la tele. Y, además, a otros productores
sólo les interesa si vos rendís o no, en la pantalla.
Sin embargo, estos cuatro años de continuidad nos permitió viajar
y mostrar lo que hacemos, en otros países, como Alemania, donde actuamos
en un festival junto a otras compañías de teatro. Y esas son cosas
que no te las quita nadie.