Se
acerca el verano y la gente dedica horas a la búsqueda
del bronceado perfecto. Sin embargo, la disminución
de la capa de ozono hace que
las radiaciones solares lleguen con más potencia.
La fotoeducación es fundamental a la hora de prevenir
daños como el cáncer de piel. Pero además,
hay nuevas terapias y tratamientos que ayudan a curar la
enfermedad.
La escena se repite todos los años ni bien asoman
los primeros rayos detrás de las nubes primaverales.
Plazas, jardines, clubes, terrazas y hasta balcones se
llenan instantáneamente de ‘adoradores del
sol’. Y ojo que no se trata de una secta religiosa
ni de una especie de ‘virus temporal generalizado’,
aunque algunos extremistas se empecinen en asignarle esa
categoría al asunto. Lo cierto es que, “cuando
calienta el sol…”, como cantaba un jovencísimo
Luis Miguel, todos queremos lucir bronceados, cualquiera
sea el costo. Y entonces empiezan los problemas.
Es cierto, dirán muchos, pero no hay nada más
lindo que tirarse a remolonear al sol. O ‘tomar baños’,
como decía el escritor Roberto Artl. Y ni hablar
de una buena jornada al aire libre, con familia o amigos,
mar o río, y sobre todo, sol. Ya en la antigüedad
era considerado una divinidad por distintas culturas. Tanto,
que en la mitología griega era uno de los dioses
más importantes. La explicación parecería
ser sencilla. Fuente básica de energía, es
esencial en el proceso de fotosíntesis, mediante
el cual las plantas generan el oxígeno que todos
respiramos y que se convierte en el primer eslabón
de la cadena de vida. Quizás por eso nos revitaliza,
nos alegra y nos carga las pilas. Nos hace sentir lindos.
Sin embargo, tampoco podemos pasar por alto el hecho de
que ya no es como antes. Y aunque el saber popular diga
por ahí que “el sol está malo”,
Marcos Machado, astrónomo e integrante de la Comisión
Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), “lo que
en realidad sucede es que los cambios en la atmósfera
hacen que sus radiaciones nos lleguen con más fuerza” (véase
El efecto del sol).
El mal del momento
Es sabido, uno de los riesgos más grandes para los ‘adoradores
del sol’ es la posibilidad de contraer cáncer
de piel. Sin embargo, no hay que desesperarse. Existe una
gran variedad de cremas y pantallas protectoras y además,
los expertos avanzan a pasos agigantados en la búsqueda
de nuevas curas para la enfermedad.
“
En la Argentina no tenemos estadísticas sobre la
cantidad de casos de cáncer de piel. Toda la información
es estimativa y surge de la experiencia asistencial de
los colegas vinculados con el tratamiento de la enfermedad:
dermatólogos, cirujanos. Lo que observamos es que
hay un incremento del número de estos tumores. Ahora
bien. Cuando uno no tiene datos históricos para
comparar, la pregunta que surge es si no será que
ahora hay más casos porque podemos detectarlos mejor.
Y esto es cierto. Pero cuando vemos que crece la cantidad
de jóvenes enfermos y también aumentan los
factores de riesgo, lo lógico es pensar que cada
vez son más los casos”, explica el doctor
Fernando Stengel, uno de los creadores de la Fundación
del Cáncer de Piel. Por supuesto, ésta no
es una situación excluyente de nuestro país. “Es
uno de los problemas cada vez más comunes para la
sociedad”, afirma categórico el profesor y
doctor James Spencer, del hospital Mount Sinai de Nueva
York, que hace quince días participó de las
jornadas Destacados en Dermatología en el Hospital
Italiano de la Ciudad de Buenos Aires y dio una charla
sobre terapias no convencionales para el tratamiento de
la enfermedad (véase Tratamientos…). A continuación
agrega: “Cada vez hay más casos, lo que resulta
sorprendente, porque sabemos exactamente qué es
lo que lo causa. En otras enfermedades, como las cardíacas,
no estamos realmente seguros. Por ejemplo, ¿la margarina
es buena o mala para los cardíacos? Nadie lo sabe.
Pero en el cáncer de piel sí lo sabemos.
El problema son los rayos ultravioletas y ahí termina
la discusión. A pesar de ese conocimiento, en los
Estados Unidos es el cáncer que más crece.
Tenemos un millón de casos nuevos por año,
lo que es muy elevado”.
La clave está en la prevención
Según explican los doctores Fernando Stengel y Juliana
Föster Fernández de Stengel en su libro Tu
Piel en tu Vida (se consigue a un costo mínimo en
las librerías de todo el país y también
se puede consultar en forma gratuita en las bibliotecas
públicas) el cáncer de piel es una enfermedad
de las células que, justamente, componen la piel
(véase Qué es…). Aunque en general
la reproducción de estas células es ordenada
y regular –lo que produce la renovación continua
de la epidermis-, algunas veces este proceso se desordena,
formando crecimientos anormales llamados tumores, que pueden
ser benignos o malignos. Los primeros tienen un desarrollo
local y limitado y no producen metástasis. Es decir
que sus células no se desprenden para alojarse en
tejidos lejanos y producir nuevos tumores. Los otros, en
cambio, tienen la capacidad de invadir tejidos circundantes,
producir metástasis y en algunos casos extremos,
terminar con la vida del enfermo. Existen tres tipos de
tumores malignos: los carcinomas basocelular y espinocelular;
y el melanoma. La lesión precursora del cáncer
se llama pre-cáncer, aunque se la conoce como querastosis
solar. Son manchas rojizas de 3 a 8 mm, ásperas
al tocarlas y en ocasiones dolorosas que pueden desencadenar
la enfermedad y por eso, hay que detectarlas con rapidez.
Aunque se trata del cáncer más frecuente
de la humanidad, las personas de piel muy blanca, con pecas,
pelirrojas o que se broncean con dificultad; los trabajadores
y deportistas que pasan mucho tiempo expuestos al sol;
y los que tienen muchos lunares, son las que más
riesgo presentan de contraer la enfermedad. Por eso, es
fundamental la prevención.
“
La sociabilización ha hecho muy importante la vida
al aire libre, las vacaciones en la playa. Históricamente,
la gente salía completamente vestida. Pero cada
vez concurren más desprovistos de ropa. La cultura
dice que estar bronceado es estar bien, que es saludable.
Y resulta muy difícil contrarrestar esta corriente.
Por supuesto, sería imposible restringirlo. Entonces
los dermatólogos estamos tratando de que la gente
adquiera lo que llamamos fotoeducación. Que aprenda
cómo exponerse al sol y además, de qué manera
aplicar los fotoprotectores. Este proceso tiene que empezar
por los chicos, y la mejor manera de que lo hagan es con
el ejemplo de sus padres”, remarca el doctor Ricardo
Galimberti, jefe del servicio de Dermatología del
Hospital Italiano. Pero además, es importante recordar
que un poquitito de sol no le hace mal a nadie. “Cinco
minutos diarios de exposición en la cara y en las
manos ayudan a prevenir la osteoporosis, porque los rayos
contribuyen a la producción de vitamina D”,
aclara Stengel.
Reglas básicas
Aquí no hay secretos. Lo primordial es no estar
al sol entre las 11 y las 15 y utilizar el protector solar
apropiado para cada tipo de piel, que además tiene
que ser de ‘amplio espectro’, ya que éstos
protegen contra los dos rayos ultravioletas (UVA y UVB).
Claro que no se trata de “untarse la cremita” y
listo. Es conveniente aplicarlo media hora antes de la
exposición y volver a hacerlo cada dos horas y al
salir del mar o de la pileta. Pero además, acostumbrarse
a usar lo que los profesionales denominan ‘sombra
portátil’: sombreros que proyecten sombra
en la cara, viseras (ojo, estas últimas no protegen
cuello y orejas), anteojos oscuros y prendas que cubran
la mayor superficie corporal. Y por último, tener
en cuenta que el daño solar es acumulativo. Es por
eso, que el doctor Gastón Galimberti –hijo
de Ricardo y especialista en enfermedades de la piel–,
aclara: “En general, el mayor grado de exposición
se da durante los primeros 30 años de vida. De chico
tenés las actividades del colegio, deportes los
fines de semana y esas cosas. Después la cosa cambia,
uno se recibe o trabaja y pasa más tiempo bajo techo.
Sale de noche, vuelve a la mañana temprano, es diferente”.
Stengel se suma a la idea y advierte: “Se trata de
buscar la armonía entre las características
de la piel y una exposición proporcional a la tolerancia
de cada uno. Buscar el equilibrio entre la exposición
voluntaria y la involuntaria”.
Entonces, “cuando caliente el sol”, recuerde
la premisa: libertad con responsabilidad. Todo en su justa
medida, y con la protección adecuada.
Qué es la piel + tipos de piel
Un solo dato. La piel es el órgano más grande
y más visible del organismo y en los adultos cubre
una superficie de 2 m2. Está compuesta por tres
capas: la epidermis en el exterior; la dermis, que es más
gruesa, debajo; y el tejido subcutáneo o hipodermis
en la profundidad. La melanina, es el pigmento que determina
el color de la piel, así como el bronceado. Podemos
agrupar los distintos tipos de piel según el fototipo
que presentan, es decir, la reacción que tienen
frente a la primera exposición al sol. El grado
1, se enrojece y nunca se broncea; el dos, se enrojece
siempre y se broncea con dificultad; la tres, se enrojece
frecuentemente pero se broncea; el cuatro, no enrojece
casi nunca y se broncea fácilmente (morena clara);
el cinco no se enrojece y se broncea oscuro (morena oscura);
y el seis, no se enrojece y no se broncea (raza negra).
Es importante tener en cuenta estas características
a la hora de elegir el protector solar.
Reacciones y lunares
Tanto la quemadura solar como el bronceado son reacciones
de defensa de nuestra piel para protegerse de los rayos
solares y de los rayos artificiales de las camas solares.
Cuando nos exponemos al sol, los capilares de sangre de
la piel se dilatan y por eso nos enrojecemos y luego aumenta
la temperatura. El suero escapa de los capilares dilatados
y ocasiona las ampollas originadas por las quemaduras solares.
Las terminaciones nerviosas también se irritan,
produciendo ardor y dolor. Los lunares se forman cuando
se concentran los melanocitos (células productoras
de melanina) en una zona precisa y pueden surgir en áreas
no expuestas a la radiación ultravioleta, ya que
son determinados genéticamente, más allá de
que aparezcan a lo largo de la vida.
Otros métodos
de bronceado
“
Aquellos autobronceantes que no requieren de exposiciones
solares para darle color a la piel no resultan dañinos”,
aclara el doctor Fernando Stengel. Se trata de sustancias
que colorean las capas superficiales de la piel. Además
de las cremas y lociones, hace pocos meses llegó a
la Argentina la ‘nieve bronceante’, una especie
de spray que se aplica en diez minutos y su efecto dura
una semana. El resultado, un bronceado dorado sin manchas
rojizas.
Tratamientos
tradicionales y terapias no
convencionales: la cirugía
de Mohs
“
Históricamente el tratamiento para el cáncer
de piel ha sido la cirugía. Y con el tiempo se ha
vuelto muy sofisticada. Tal es el caso de la cirugía
micrográfica de Mohs, que ahora se está empezando
a realizar en el Hospital Italiano. Un tratamiento mediante
el cual se puede realizar una examinación microscópica
mientras el cirujano opera, lo que le permite remover todo
el tumor. Sin dejar restos y evitando extraer tejido de
más”, explica el doctor James Spencer. Y a
continuación, agrega: “En el futuro esperamos
ya no tener que hacer operaciones. Se están estudiando
muchísimos tratamientos con píldoras, cremas,
inyecciones y láser”.
Según explica el doctor Ricardo Galimberti, “existen
algunas cremas que se están usando para tratar cierto
tipo de lesiones muy superficiales, que precisan de un
diagnóstico precoz del dermatólogo”.