El dicho... “es mejor prevenir que curar” viene
como anillo al dedo en este caso. Según dos estudios
publicados en el Journal of the American Medical Association,
los males cardíacos se pueden prevenir desde la
infancia. Por lo general, los factores de riesgo se encuentran
presentes desde los primeros años de vida. Las señales
para tener en cuenta son la presencia de hipertensión
y colesterol elevado, que pueden provocar el endurecimiento
de las arterias. Lo ideal es que el pediatra determine
los controles, especialmente cuando presentan antecedentes
familiares como obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia,
o dislipidemia.
Datos para tener en cuenta:
La dieta de los chicos tiene que ser amplia y equilibrada.
Aunque a los niños les encante, lo mejor es
evitar la comida chatarra.
Fomente buenos hábitos de vida, los chicos tienen
que hacer ejercicio en su tiempo libre en vez de sentarse
frente a la televisión. La actividad física
no sólo es saludable, también es necesaria.
Cuando va al pediatra, conviene llevar la historia
clínica
familiar para detectar antecedentes y comenzar la prevención
cuanto antes. Si hay antecedentes, pídale al médico
que controle la presión arterial de sus hijos.
Viejos conocidos
Los piojos existen desde siempre, y con el verano,
este problema que afecta sobre todo a los más chicos,
aumenta. La playa y la pileta son ámbitos ideales
para que estos insectos proliferen. Si bien no se sabe
por qué estos parásitos afectan sólo
a algunas personas, se supone que intervienen cuestiones
hormonales, de ácidos grasos o de PH de la sangre.
El síntoma más claro es una intensa picazón
en el cuero cabelludo, ya que es casi imposible verlos:
miden de 1 a 3 milímetros. Entre las consecuencias
que acarrean, se destacan: trastornos en el sueño,
de conducta y reacciones alérgicas. Además,
pueden ser generadores de infecciones, ya que los niños
cuando se rascan suelen lastimarse, con el riesgo de que
esa herida se infecte. Aunque es muy difícil prevenirlos,
una buena idea es mantener el cabello corto o recogido,
y no dejar que compartan peines, gorras de baño,
ni ropa de cama. Si ya es tarde para la prevención,
hay que tratar de eliminarlos lo antes posible
para que no se reproduzcan. Existen diferentes
pediculicidas
en
varias presentaciones: spray, cremas, shampoo,
etc. Luego de acabar con los piojos, llega el turno
de las
liendres
(huevos), a las que hay que sacar con un peine
fino embebido en vinagre.
Los primeros pasos
Los bebés, por lo general, comienzan a caminar alrededor
del año, aunque no todos tienen los mismo tiempos.
La actitud de los padres es muy importante: si los incentivan,
serán más audaces a la hora de los primeros
pasos; en cambio, si les transmiten sus miedos, el proceso
se retrasará. A partir de los siete meses, ya son
capaces de sentarse y sostenerse así por unos minutos.
Al mes siguiente, harán los primeros intentos de
gatear y luego empezarán a pararse cuando estén
en la cuna, probando los espacios hasta que logren el equilibrio.
Lo ideal es dejarlos jugar en el suelo para que se acostumbren.
Es muy importante, para la seguridad de los niños
y para la tranquilidad de los mayores, reservarles un ámbito
especial que esté libre de peligros, como objetos
cortantes, enchufes y elementos chiquitos, entre otras
cosas. Lo mejor es que comiencen a caminar descalzos y
después, poco a poco, ir acostumbrándolos
a que lo intenten con zapatos cómodos que les faciliten
la tarea. ¡A no preocuparse! Si no caminó al
año, ya lo hará; hay muchos chicos
que gatean varios meses hasta que se sienten seguros.