En
la Argentina, y también en otros países,
las mamás amamantan cada vez más y por períodos
más largos. Aunque aún no hay datos precisos,
las fundaciones y organizaciones oficiales e internacionales
dedicadas al tema ratifican la tendencia. Además,
la leche materna previene enfermedades y trae beneficios
para la madre.
Marcela (37) llegó a la Fundación para la
Lactancia Materna (FUNDALAM) con Guadalupe, su hija de
dos meses, y una preocupación importante: la disminución
en la producción de su propia leche. Por la decisión
inamovible de darle de mamar a su beba por lo menos hasta
que cumpla un año, es que esta madre primeriza se
acercó a la guardia del lugar buscando una respuesta.
En el país, y según los especialistas en
el tema, las madres argentinas, como Marcela, están
amamantando más a sus pequeños y por períodos
más prolongados.
Aunque no existen estadísticas sobre el tema, Marta
Maglio, directora de esa Fundación, afirma que “a
nivel nacional, hay un movimiento muy favorable para apoyar
la lactancia materna, al que se suman el Ministerio de
Salud, distintas entidades particulares y organizaciones
no oficiales”. Para Mónica Tesone, representante
de la Liga Internacional de la Leche en Buenos Aires, “desde
hace aproximadamente diez años existe una mayor
conciencia acerca de las ventajas de la leche humana. También
gracias a la proliferación de los grupos de apoyo,
y a la Iniciativa Hospital Amigo de la Madre y el Niño”.
Esta propuesta internacional de la OMS y UNICEF, intenta
fomentar la lactancia natural en las maternidades a través
de diez pasos. Algunos de ellos incluyen, por ejemplo,
capacitar al personal, informar a las embarazadas sobre
los beneficios de su leche, enseñarles las técnicas
de amamantamiento aun si deben ser separadas de sus bebés,
no dar a los recién nacidos ningún otro alimento
que no sea la leche materna (excepto que existan razones
médicas para hacerlo) y fomentar el amamantamiento
a requerimiento de la mamá y del bebé.
“
Si bien no hay números exactos, en 2002 se registró un
aumentó de la lactancia en los establecimientos
públicos, tal vez producto de la crisis”,
asegura Nora Rébora, directora nacional de Salud
Materno Infantil del Ministerio de Salud de la Nación,
organismo que cuenta con una Comisión Nacional de
Lactancia, el cual trabaja en conjunto con UNICEF, y tiene
subsedes por todo el país. Para Rébora, “es
importante que en las salas de obstetricia haya instructores.
La mamá es quien debe reclamar que el bebé sea
puesto en el pecho no bien nace”.
Los
números de la leche. Sólo la Fundación
para la Lactancia Materna asiste brindando información
a unas 5.000 mujeres lactantes por año. Además,
anualmente recibe vía mail entre 7.000 y 10.900
consultas de todas las provincias. Según Mónica
Waisman, médica pediatra de la Sociedad Argentina
de Pediatría, en el país, la gran mayoría
de las mujeres inician la lactancia, y cerca de un 75 por
ciento la mantienen durante el primer mes del niño.
Un 30 por ciento llega a los cuatro meses con lactancia
exclusiva (cuando el bebé ingiere solamente leche
de la madre). Por último, se estima que la duración
de la lactancia media en nuestro país se acerca
al año.
Beneficios
por dos. “Que los chicos amamantados
se crían más sanos ya lo sabían las
bisabuelas. Pero durante muchas décadas, ese concepto
fue dejado de lado por una mayor presencia de las mujeres
en el mundo laboral y por la aparición de la leche
en polvo”, asegura la pediatra, y agrega: “En
general, la leche materna es el mejor alimento para el
recién nacido hasta los seis meses. Esta ejerce
sobre el bebé una protección inmunológica
que hace que se defienda mejor contra gérmenes,
bacterias y parásitos que están en el ambiente
al nacer y contra los que trae la madre a lo largo de su
vida”. Además, el bebé recibe el aporte
de elementos nutritivos y principios activos que se ajustan
perfectamente a sus necesidades, sin sobreexigir sus funciones
orgánicas y de metabolismo. La leche de mamá previene
diarreas, constipaciones y siempre está a temperatura
justa “La leche –explica Waisman– puede
luchar tanto contra la desnutrición como contra
la obesidad. El niño amamantado es capaz de regular
su saciedad de una manera más autónoma que
siendo alimentado a mamadera”. A largo plazo, el
haber recibido leche materna colaborará con la prevención
de, por ejemplo, la aparición de linfomas y diabetes
del tipo 1.
El bebé no es el único que recibe las ventajas
del amamantamiento: la mamá se ve beneficiada ya
que con las mamadas, el útero recupera más
rápidamente su forma, el peso anterior al embarazo
se alcanza antes, se reduce el riesgo de anemia y además,
constituye una forma cómoda y económica de
alimentar al niño. La pediatra recomienda, de acuerdo
a la OMS, practicar la lactancia exclusiva durante los
primeros seis meses. En caso de que la mamá trabaje
o estudie, aconsejan no abandonar el amamantamiento y comenzar
a tiempo a extraerse su propia leche (hay métodos
manuales y eléctricos) para luego ser conservada
en heladera o freezer y ser suministrada por quien quede
a cargo del pequeño. “Después de los
seis meses tiene que empezar a incorporar alimentos semi-sólidos
y más tarde sólidos, con una densidad energética
suficiente”, recomienda Waisman.
Con respecto a la duración, los especialistas coinciden
en hacer mantener la lactancia hasta los dos años
de edad o más, siempre y cuando a partir del sexto
mes se incorpore alimentación complementaria, oportuna
y de acuerdo a las características de la familia
y del bebé. Waisman agrega: “Durante los primeros
días de vida, es importante dar de mamar entre ocho
y 12 veces durante las 24 horas, ya que todas las mamadas
no son igualmente efectivas. No hay un intervalo estricto
y una frecuencia de horarios que deba cumplirse a rajatablas.
Lo importante es que cuando el lactante mame, lo haga efectivamente
y no duerma. Mamá y bebé irán estableciendo
juntos un ritmo que no se puede imponer”. Para los
dormilones, existen dulces maneras de despertarlos y así ponerlos
al pecho. Las mamadas diurnas harán que el bebé requiera
menos durante la noche. Luego, a medida que el chico crece,
las frecuencias van disminuyendo e irán acomodándose.
Existen situaciones muy poco frecuentes que pueden constituir
una contraindicación: por ejemplo, si la madre está en
proceso de quimioterapia o es HIV positiva, o si el bebé no
metaboliza correctamente. Pero para eso hay sucedáneos
de la leche materna, como las leches de fórmula
que intentan imitar la humana. En estos casos sólo
el médico es quien puede decidir si el bebé puede
o no recibir leche materna.
El proceso del destete comienza con el primer jugo adicional
o con una mamadera ocasional y termina cuando el bebé ya
no recibe leche de su mamá. Es un proceso natural
que puede extenderse por unos meses. También puede
efectuarse si la mamá así lo quiere o existe
una necesidad particular, en unas pocas semanas. Aunque
a veces es inevitable, cortarlo abruptamente no es recomendable.
Es importante aclarar que, a mayor succión, habrá mayor
producción.
El
primer aprendizaje. “A través del contacto
que implica el cuerpo a cuerpo, se fortalece el vínculo
entre la mamá y el hijo”, explica Mónica
Herrera, psicopedagóga del Hospital Pirovano. “Dar
la teta sin querer hacerlo no fortalece este vínculo:
en ese caso, es preferible darle una mamadera. Una mamá que
no quiere amamantar no es por ello ni mejor ni peor mamá”,
opina la especialista, y explica: “Existen cuestiones
emocionales que hacen que haya menos producción
de leche, aunque eso puede trabajarse. En este vínculo,
la mirada es muy importante. A los bebés les encanta
ya desde recién nacidos que uno los mire y les hable,
esta es otra forma de sostenerlos. Cuando los bebés
comienzan a caminar, miran a la mamá o a ese adulto
que está con ellos, buscando la mirada de seguridad.
Esto se construye desde el período de lactancia.
Tomar el pecho es el primer aprendizaje que el niño
realiza, aunque en la primera etapa reacciona como un reflejo
y en función de una necesidad: el hambre. En el
ejercicio de estos reflejos se construye un esquema de
aprendizaje automático que implicará un pilar
para todos los aprendizajes subsiguientes”.
El rol del padre
Muchas veces, el padre se siente excluido durante el período
de lactancia. Según la licenciada Mónica
Herrera, el papá tiene mucho por hacer durante éste
proceso. Algunas de las funciones: contener a la madre
cuando se angustia, acompañarla durante las ingestas
nocturnas en la medida de lo posible, contribuir e incentivar
a que sostenga la lactancia y no transmitirle ansiedad.
Cuando la mamá está muy nerviosa y el bebé llora
mucho, sacárselo y tranquilizarlo para que luego
vuelva a comer más tranquilo.
Por último, estar junto a la madre durante las mamadas.
Algunos secretos para el éxito
El amamantamiento puede acarrear complicaciones en las
mamas: los dolores que se extienden durante toda la mamada,
la congestión de los pechos y el aplanamiento
del pezón tienen soluciones y es importante consultar
acerca de ellas.
Para el éxito en el proceso, FUNDALAM aconseja lavar
los pezones sólo con agua,
exponerlos al sol, lubricarlos, tener al bebé siempre
con uno, ponerlo en el pecho bastante seguido desde el
comienzo, masajear y hacerles baños tibios a las
mamas cargadas o
duras, usar corpiños sin aro y no despertar al bebé durante
la noche para darle
de mamar excepto que éste lo pida. La mejor posición
es la de “panza con panza”, con la cara del
bebé frente al pecho y si ambos están cómodos.
La mamá debe descansar, no
saltear comidas y tomar mucho líquido.
Dónde recibir asesoramiento
La
Liga de la Leche de Argentina cuenta con grupos de apoyo
y reuniones informativas con
sedes en varias zonas
del país. Para consultar acerca de cada provincia,
comunicarse al 011-4821-3235.
l Fundación para la Lactancia
Materna (FUNDALAM):
TE: 011-4701-7444
Email: fundalam@uolsinectis.com.ar
www.fundalam.com.ar
l Fundación Lactancia
Materna
TE: 011-4371-2097
Email: fundación@lacmat.org.ar
www.lacmat.org.ar