Un
año termina, otro lleno de energía y de buenos
proyectos está por despuntar. Quisimos hacer un
homenaje de despedida al 2003, y qué mejor manera
que honrar a los personajes que, con garra y mucho esfuerzo,
lograron triunfos excepcionales que enorgullecen a nuestro
país. Se los presentamos: Lucía Zicos, directora
de orquesta; en medicina,
al equipo de especialistas en Urología del Cemic;
a la científica Mariana Weissman; a Guillermo
Coria y Emanuel Ginóbili; Juan Sebastián
Mantilla, que ganó premios con sus poesías;
a los diseñadores Miky Friedenbach y Alejandro Sarmiento;
al estudiante de matemáticas Carlos Di Fiore; a
Ignacio Goldin, un cocinero que dará que hablar.
Todo comenzó allá por la década del ‘70
en el Teatro Roma de Avellaneda. Beatriz y Jorge eran jóvenes
y aprovechaban cualquier ratito libre para sacarle lustre
a las pistas de baile, en cuanta peña se organizara
en esos salones. Ella había estudiado piano en el
conservatorio, y él tocaba la guitarra de oído
y era un excelente cantor. Era de suponer, entonces, que
en esa casa iba a reinar la música. Y que Lucía,
su hija, terminaría enredada en ese mundo maravilloso
de acordes y partituras. Tanto, que con 26 años,
es asistente de dirección de la Orquesta Académica
del Teatro Colón y ya dirigió a las orquestas
de la Universidad Católica Argentina, Sinfónica
de la Universidad de Concepción (Chile), Camerata
Académica del Teatro Argentino de La Plata, Joven
de Avellaneda, Sinfónica Provincial de Rosario y
por supuesto, la Académica del Teatro Colón.
“
Al primero que escuché fue a Carlos Di Fulvio. ‘Quiero
tocar la guitarra como él’, dije”, recuerda
divertida. Como no podía ser de otra manera, empezó a
estudiar en la academia que funcionaba justo al lado del
teatro Roma. “Después llegó el violín,
porque iba seguido a ver a la Sinfónica de Avellaneda
y me daban ganas de tocar un instrumento con el que pudiera
integrar una orquesta. Estudié piano y finalmente,
viola. Es muy parecida al violín y hay un mercado
más amplio para insertarme”, agrega. De todos
modos, para ese momento tenía en claro que su futuro
estaba al frente de la orquesta.
Ya estudiaba dirección en la universidad cuando
se animó a dar la prueba para entrar en ‘la
Académica’. “Llegué asustadísima
con mi viola bajo el brazo. Entré en forma condicional
y luego, fui a concurso. Durante los primeros días
comentaba con mi compañera de atril lo grande y
distante que me parecía todo. Con el tiempo me di
cuenta de que no era tan terrible”, confiesa. Otra
vez se pone seria, y analiza: “Sumó mucho
a mi experiencia como directora. Es la mejor manera de
aprender qué necesita el instrumentista. Más
allá de la emoción que te provoca estar en
la orquesta. Sentir que eso que alguna vez escuchaste en
un disco está sonando alrededor tuyo y que sos parte
de eso”.
Después, vino el ofrecimiento de unirse al grupo
que realizaba conciertos didácticos. Una selección
de la orquesta que visitaba los colegios para enseñarle
a los chicos cómo es cada instrumento. “Me
fueron probando hasta que quedé a cargo de la actividad”,
aclara. Y a fines del año pasado, llegó la
gran oportunidad. “Sentía la necesidad de
definirme. O tocar, o dirigir. Lo consulté con el
director de la Orquesta, Carlos Calleja y me dijo que en
el 2003 iba a necesitar un asistente y que si yo quería,
podía ocupar ese lugar”, cuenta y se emociona,
quizás reviviendo el momento.
Aunque Lucía reconoce que su elección no
es de lo más tradicional, dice que “cada vez
son más las mujeres que hacen dirección”. ¿Que
si existe discriminación? “Obviamente no en
mi caso. Pero hay una cosa machista en todos los ámbitos.
La mujer tiene que demostrar que no es tonta para hacer
determinadas cosas”, define. Y se anima a soñar
a lo grande. “El mejor lugar en el que un músico
argentino puede estar es en el Colón. Pero me gustaría
poder dirigir en todos los teatros del país. Y de
afuera también”.
Medicina Equipo de urología del CEMIC
Diez años de investigaciones y el seguimiento de
más de 400 pacientes les sirvieron para alcanzar
importantes conclusiones sobre el cáncer de próstata.
El equipo de especialistas en urología del CEMIC
recibió el Premio Academia Nacional de Medicina
por su estudio “Análisis comparativo del tiempo
de supervivencia libre de recidiva bioquímica entre
la prostatatectomía radical, braquiterapia, radioterapia
externa y radioterapia conformada para el cáncer
organoconfinado de próstata”.
Desde 1992, los doctores registraron las características
de los cánceres, y la eficacia de los cuatro tratamientos
que existen para combatir la enfermedad en los distintos
pacientes. “Descubrimos que no se puede decir que
un tratamiento sea mejor. Algunos enfermos se beneficiaron
con cirugías y otros, con radioterapia. Existen
distintos tipos de cáncer de próstata, con
mayor o menor grado de malignidad celular. Según
se desprende del estudio, para que el paciente se cure
es más importante determinar las características
de la enfermedad al momento del diagnóstico, que
investigar cuál es el mejor tratamiento”,
asegura el doctor Agustín Rovegno, autor responsable
de la investigación. Colaboraron con él los
doctores Héctor Fernández, jefe de la sección
Urología del CEMIC, Fernando Secin, Mabel Sardi,
Ricardo Latour, Rodolfo Marrugat, Gerardo Lautersztein
y Gabriel Rabin.
Durante el 2003 analizaron los resultados alcanzados hasta
ahora, y armaron una publicación que presentaron
ante la Academia para poder competir por el premio que
se entrega anualmente. Las conclusiones del estudio son
importantes, dado que no hay investigaciones en toda América
Latina que determinen las características del cáncer. “Se
sabe que el cáncer de próstata es diferente
según la región. Por ejemplo, un estudio
realizado en Estados Unidos, no nos sirve. Aquí,
no hay estudios y, como quedó demostrado en el nuestro,
es muy importante conocer las características del
tumor para tratar a los pacientes”, agrega Rovegno.
Y asegura que aunque su investigación implica un
importante avance, todavía queda un largo camino
por andar y que él, junto al resto del equipo, seguirán
investigando.
Ciencia Mariana Weissman
Mariana Weissman se siente gratificada: lleva más
de 40 años investigando sobre física computacional
de la materia condensada y este año, a los 69, le
llegó un reconocimiento internacional. Recibió en
Francia el premio L’Oréal-Unesco para mujeres
de la ciencia, una distinción que se entrega anualmente
a las científicas destacadas en las regiones de
Europa, Asia/Pacífico, Africa, América del
Norte y América Latina. La doctora en física,
que fue seleccionada entre 125 candidatas de más
de 40 países, se convirtió en la primera
argentina en recibir el galardón desde que lo crearon,
en 1998.
“
Estudio los materiales desde siempre. De chica investigaba
los hielos, los metales, el magnetismo. Me fui especializando
y usando la computadora para realizar cálculos;
estudio lo que ocurriría con distintos materiales
si fueran sometidos a diferentes situaciones. Esto puede
tener, por ejemplo, alguna aplicación tecnológica”,
cuenta Weissman. Hace 30 años que trabaja en La
Comisión Nacional de Energía Atómica
(CNEA) y es investigadora del CONICET. Trabajar con tanto
esfuerzo valió la pena y hoy puede sentirse orgullosa
de que sus investigaciones tengan crédito internacional.
Deporte Emanuel Ginóbili
En su primer temporada en la NBA, Emanuel Ginóbili
se consagró campeón con su equipo San Antonio
Spurs, algo que hasta ahora ningún argentino había
alcanzado. El bahiense, de 25 años, debutó en
la National Basketball Association el 29 de octubre del
año pasado, después de un excelente desempeño
en Europa, y fue protagonista del segundo título
que alcanzó el equipo texano al ganarle a New Jersey
Nets por 4 a 2. Además, Manu fue líder de
la selección argentina que se clasificó para
los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, tras lograr
la medalla de plata en el Torneo de las Américas,
que se disputó en agosto en Puerto Rico. Allí,
diez selecciones del continente compiten por los tres lugares
para Atenas.
El número uno del básquet nacional, que despertó en
los argentinos la pasión por la NBA, empezó su
carrera en el equipo Bahiense del Norte. De ahí,
pasó por Estudiantes de Bahía Blanca y después
partió para jugar al Viejo Continente. Por fin,
alcanzó el sueño de cualquier basquetbolista:
entrar en la liga norteamericana
Entre sus logros personales de este año, que valen
para contarlo entre los mejores deportistas del país,
Ginóbili fue elegido para participar del equipo
de novatos en el fin de semana de las estrellas de la temporada
2002/2003 de la NBA.
Deporte Guillermo Coria
Ganó cinco títulos del circuito ATP, fue
finalista dos veces, una vez semifinalista y llegó a
cuartos de final otras dos. Escaló del puesto 57
a ser el quinto mejor jugador del mundo. Y todo, en un
solo año. Parece mucho, pero para Guillermo Coria,
nada es imposible.
Sin dudas, este fue el año de El Mago, el jugador
de Venado Tuerto, que nació en Rufino casi con una
raqueta en la mano. Su papá era profesor de tenis
y él se metía en la cancha ya a los tres
años, y en cada cumpleaños le regalaban una
raqueta nueva. Y a los 21, alcanzó la gloria: consiguió su
primer título de la Serie Masters en Hamburgo, Alemania.
Luego fue número uno en el abierto de Stuttgart,
en Alemania, en Kitzbuhel, Austria, en Sopot, Polonia,
y en Basilea, Suiza. Además, fue finalista en Montecarlo
y en Buenos Aires y llegó a la semifinal del Roland
Garros, uno de los torneos de Grand Slam que se juega sobre
polvo de ladrillo, derrotando a Andre Agassi.
Coria y David Nalbandian, que terminó en el octavo
puesto del ranking mundial de ATP, marcaron una temporada
inolvidable para el tenis argentino. Esto pasa después
de 21 años, cuando en 1982 Guillermo Vilas llegó al
cuarto puesto, con José Luis Clerk en el sexto lugar.
Coria se despide de un año increíble y asegura
que todo lo que alcanzó fue por la suerte de tener
buena gente que lo acompaña: su familia, su entrenador,
su preparador físico. Y como broche final, ayer
se casó con su novia Carla.
Investigaciones juveniles
Aníbal Aranda, Graciela Batista, Adriana Huenuquir
e Isabel Paredes de escuelas rurales de Neuquén
y Río Negro, tienen entre 17 y 22 años, integran
el Centro de Educación Integral San Ignacio, creado
por la Fundación Cruzada Patagónica. El año
pasado, estudiaron la calidad del agua y en éste,
expusieron las conclusiones ante 400 estudiantes del mundo.
Ganaron el primer premio del Concurso Nacional del Programa
Globe y viajaron a Croacia, para participar del encuentro
internacional. El programa es una iniciativa del gobierno
norteamericano para fomentar la investigación del
medio ambiente entre chicos de edad escolar. Vale la pena
resaltar que, aunque los chicos ganaron por la calidad
del trabajo, el mérito es doble si se tiene en cuenta
que para ellos estudiar implica un esfuerzo enorme, dado
que pertenecen a familias de bajo nivel socioeconómico
y las escuelas quedan lejos de sus casas.
Diseño Miki Friedenbach y Alejandro Sarmiento
El problema no es la basura sino lo que hacemos con ella’,
habrán pensado Miki Friedenbach y Alejandro Sarmiento,
dos reconocidos diseñadores industriales, cuando
a mediados de 2002 se juntaron con la necesidad de hacer
un aporte frente a la situación por la que estaba
atravesando el país. “Mientras observábamos
a los cartoneros surgió ContenidoNeto, un proyecto
que busca explorar el campo de los materiales que se descartan,
analizar cómo recuperarlos aplicando diferentes
procedimientos simples, aprovechar los recursos disponibles
hasta sus últimas instancias y de esta manera modificar
los roles de los objetos”, explica Friedenbach. El
primer paso, entonces, fue recuperar los envases de PET
(los de gaseosas y agua mineral) descartados. “Los
cortamos en cintas de diferentes medidas, con un utensilio
de madera. Como si estuviéramos pelando una naranja.
Así podemos entrelazar estas cintas y con ese tejido
armar objetos. La lista es larga: desde lámparas
y sillas hasta escobillones y accesorios”, agrega
Sarmiento.
La idea fue presentada ese mismo año en el Centro
Metropolitano de Diseño y desde entonces, recorrió exposiciones
nacionales e internacionales como la Feria PuroDiseño
Argentino; Felissimo Design House, en Nueva York, Estados
Unidos; y Designers Block, en Londres, Inglaterra. En todas
y cada una de ellas la respuesta de colegas y público
fue más que positiva. “Para el 2004, estaremos
formando y armando las primeras unidades productivas. El
objetivo es, por un lado, mostrar nuevos productos. Y por
otro, lanzar las primeras producciones realizadas por una
cooperativa de cartoneros que recibirán nuestra
capacitación y el apoyo de Coca Cola”, resume
Friedenbach.
Poesía Juan Sebastián Mantilla
Tiene 31 años y se llama Juan Sebastián Mantilla
Aguirre, aunque para todos es simplemente Juanchi. Así,
a secas, como se presenta mientras despliega una sonrisa
cálida, alegre, acogedora. Probablemente sea su
manera de encarar la vida, lo que lo llevó a ganarse
el cariño de la gente: la fuerza con la que defiende
sus convicciones y el empeño con el que intenta
superarse día a día. Es que se trata de una
persona verdaderamente especial. Juanchi escribe poesía
y ya ganó varios premios con sus textos, que además
forman parte de la antología El Placard, publicada
por Ediciones de la Siesta hace apenas dos semanas.
“
Empecé a escribir en 1989, pero lo hacía
para mi familia”, cuenta con seriedad. Vale la aclaración
porque durante los últimos años, Juanchi
se animó a dejar el anonimato y mostró su
trabajo en varios programas de televisión y hasta
en concursos. “Gané tres premios”, se
enorgullece, y señala en su curriculum la Medalla
de Oro al Autor Novel, que obtuvo en el certamen Homenaje
a la Poesía Universal, que organizaron la editorial
rosarina Pegaso y la estadounidense The Cove/ Rincon en
el 2001.
Con el libro ‘recién salido del horno’ en
la mano, agrega que escribe “sobre el amor, el romanticismo
y la situación del país”. Y con un
dejo de ironía apunta: “Sobre esto último
hay mucho para escribir. Yo trato de mirarlo desde afuera.
Me gusta ponerme en el lugar del otro”.
Y siempre positivo, ya piensa en los objetivos que se plantea
para el año que viene: “Publicar mis poesías
en los diarios. Para que todos puedan leerlas”.
Justicia falsa
por Juanchi Mansilla
Justicia falsa
no tendrás galardón firme
en mi país incierto
Con almas perdidas de la gente,
poco queridas,
pidiendo a gritos
justicia eterna.
Educación Carlos Di Fiore
Lo suyo son los números, de eso no queda duda. A
pesar de que él se sonroje y trate de hacer a un
lado su último gran logro: en agosto de este año,
Carlos Di Fiore (18) ganó la medalla de oro en la
olimpíada mundial de matemática que se realizó en
Tokio, Japón. “Se dan varias de oro. De los
480 chicos de 82 países que participaron, 120 sacaron
medalla de bronce, 80 de plata y 40 de oro”, se apura
a aclarar. Como si estar entre los 40 mejores del mundo
no fuera mérito suficiente. Pero claro, no era su
primera vez. “En el 2001 saqué medalla de
plata en Estados Unidos y en 2002, bronce en Escocia”,
agrega.
Divertido, cuenta que su relación con la matemática
fue cambiando con el tiempo. “Primero estudiaba para
las pruebas, después fue un hobbie, luego una actividad
de las más importantes, y por último pasó a
ser en lo que pienso casi todo el tiempo”, cuenta.
Enseguida confiesa que la primera vez que se anotó en
las olimpíadas, fue para perder horas de clase. “Y
bueno, acá estoy”, resume.
Dice que se pone ansioso antes de cada examen y que siempre
espera que le toquen problemas complicados. “Si hay
algún ejercicio que no me salió, sigo pensando
en eso hasta que lo resuelvo”, asegura Carlos, que
vive en Pilar y el año que viene empieza la Licenciatura
en Matemáticas en la Universidad de Buenos Aires. “Si
Dios quiere, después voy a hacer el doctorado”,
vaticina.
Solidaridad
A veces, son los más chicos los que dan el ejemplo.
Como en el caso de los alumnos de estas diez escuelas que
ganaron el programa Nacional Escuelas Solidarias por las
experiencias comunitarias que desarrollaron durante el
año:
l Escuela Albergue Nº 8-404 de Mendoza: construyeron
un acueducto y llevaron agua al pueblo Huarpe.
l Jardín de infantes Rural 904, de Líbano,
Buenos Aires: crearon una biblioteca para la comunidad.
l Escuela de Educación Media Nº 10, de José C.
Paz, Buenos Aires: fomentaron la lectura en el barrio.
l Colegio León XIII, de Capital Federal: diseñaron
juguetes didácticos para carenciados.
l Instituto de Formación Física de Corrientes:
promovieron el cuidado de la salud en su comunidad.
l EGB Nº 3 del Chaco: impulsaron la integración
en su comunidad.
l Jardín Integral Nº 20 de Neuquén:
trabajan con los problemas ambientales del barrio.
l Escuela Especial Nº 12 de Río Negro: señalizaron
las calles con el sistema braille.
l Escuela de Educación Técnica 5127 de Salta:
capacitaron a poblaciones aborígenes.
l Colegio San José de Calasanz de Santa Fe: realizaron
proyectos al servicio de la comunidad.
Cocina Ignacio Goldín
Su documento dice que se llama Ignacio Goldin. Sin embargo,
todos lo conocen como Iñaki, la traducción
al vasco de su nombre. “Me pusieron el apodo cuando
entré a trabajar al restaurante de María
Barrutia. Como ella es vasca, me empezó a decir
así”, explica. El nuevo nombre se hizo tan
popular que Ignacio optó por cambiar sus tarjetas
personales. Chef de profesión, este joven de 25
años está al frente de la cocina de Aires
de Patagonia (en Puerto Madero, Capital Federal).
“
Todo empezó cuando tenía unos diez años.
Yo le decía a mi mamá que de grande quería
ser arqueólogo y como hobby, cocinero. También
pasé por la psicología y el marketing, siempre
con la cocina en segundo plano. Hasta que en algún
momento me di cuenta de que lo único que quería
hacer era esto”, recuerda. Su primer trabajo fue
en la barra de un local. “Hacía mi turno a
la mañana, y a la noche me metía en la cocina
para aprender. Así pude pagarme los estudios hasta
que entré al local de María, donde fue mi
verdadero fogueo. Además de la lectura y las millones
de preguntas a mis profesores”, agrega.
Más tarde vino la posibilidad de hacer pasantías
en el País Vasco y un curso en París. “Y
aproveché para conocer algunos países como
Estambul e Israel”, cuenta. Y ya de regreso, se fue
a trabajar a la Hostería Nacional Isla Victoria,
en la provincia de Neuquén, donde terminó de
introducirse en el mundo de la cocina patagónica.
“
Creo que en general cuesta acepar los platos autóctonos.
Y más a la gente de las grandes ciudades, que siempre
miran al exterior para copiar lo que hacen. Aunque este
desfasaje que estamos viviendo, en el fondo, nos beneficia,
porque se están empezando a valorar nuestros productos.
Por esa misma razón, otra cosa que nos vino bien
fue esta moda de restoranes mexicanos, tailandeses, japoneses”,
analiza. Y a modo de cierre, agrega: “Me gustaría
lograr que la Argentina tenga una identidad gastronómica.
Algo así, como regionalizar ‘gastronómicamente’ hablando
nuestro país, como sucede en España o Francia”.