En
el 2003 actuó por primera vez en una telenovela
y afianzó la relación con su novio y colaborador.
Comenzó el 2004 con una imagen más
femenina y sensual, y en su último CD se animó a
grabar baladas y boleros.
Una renovación que afirma su imagen y su marca.
¿Soledad? Sí,
Soledad Pastorutti ya no es la misma. Porque ahora tiene
22 años y el espejo le devuelve una nueva imagen.
Y porque también su música está buscando
nuevos ritmos y sonidos.
No es necesario escucharla para registrar ese cambio, se
nota con sólo observar cómo anda ahora por
la vida. Y el resultado se manifiesta por fuera y por dentro. “Me
doy cuenta de que la mujer cuando va creciendo empieza
a ganar un atractivo especial. ¿Viste? Cambia su
forma de hablar, de decir, de pararse, de caminar y hasta
tiene nuevos ademanes”, afirma Soledad y continúa: “en
mi caso también quiero que eso se vea en lo que
hago, porque en definitiva soy una artista y los artistas
siempre se renuevan.”
Los números son fríos: 8 discos y 2 millones
de ejemplares vendidos. Sin embargo, estos números
por sí solos no hablan de su ímpetu por crecer
artísticamente ni de sus ganas de seducir y mucho
menos de la decisión que tomó: se animó a
grabar sus propias canciones.
Todavía sigue apegada al folklore, pero incorporó baladas,
candombes muy suaves y ¡boleros! Explica que sin
olvidarse de lo que hizo anteriormente “la idea es
sumar otras canciones de Latinoamérica, porque creo
que ahí hay una reserva musical muy interesante.”
Confiesa que cada vez pasa más tiempo en Buenos
Aires, porque en esta ciudad es donde graba sus discos
y organiza todas las actividades que después desplegará por
el país. “Este año opté por
prestarle una mayor dedicación a este disco. Antes
estaba todo el tiempo como loca, de gira por todo el país
y en el medio de los viajes me decían, ‘dale
andá a grabar que tenés dos días’.
Y ¡así no se puede!”
El pasaje por la tele fue determinante. ‘Rincón
de luz’ no sólo fue su lanzamiento televisivo
de la mano de la ‘fábrica de estrellas’ que
es Cris Morena. También fue el ámbito donde
experimentó diariamente la necesidad de estar siempre
impecable y además, pendiente de las luces y el
maquillaje.
Sin embargo, esta preocupación por la imagen ya
había comenzado con motivo de una presentación
que hizo a principio de este año en el Teatro Colón. “En
ese momento me di cuenta de que tenía un desastre
en la cabeza”, cuenta Soledad. “Entonces vino
Aníbal Pachano (el coreógrafo) y me dijo: ‘No
podés estar maquillándote y peinándote
vos sola. Tenés que tener gente que te ayude’.
Y de inmediato le hice caso”, continúa Soledad, “porque
yo nunca había tenido asistente. Yo sola coordinaba
mi agenda, ¡y hasta pedía el remise para ir
a cantar! Cada vez que tenía un espectáculo
me ponía re-flaca, porque hacía todo y así me
olvidaba de algunas cosas y a otros aspectos no les prestaba
la importancia debida.”
“
La idea era dejarme el pelo largo, pero había que
cortar las puntas. Entonces me probaron unas extensiones
que me encantaron. Me daban mayor volumen y mejor forma
y las adopté.Y desde ese momento no me las volví a
sacar. Además, para presentar el disco, me hice
unos claritos. Según la opinión de mi vestuarista,
esos reflejos combinan mejor con la ropa de colores claros
que estoy usando”, agrega.
–
Estos cambios, ¿son una búsqueda para estar
a tono con la ciudad?
–
Hay que aprender a conocer las dos caras de Buenos Aires
para poder convivir y salir airosa de ciertas situaciones.
Pero también observo que, precisamente, por ser
una sociedad más compleja, su ‘infierno grande’ es
mayor. Y aunque de distinta índole, los conflictos
y los prejuicios existen, como en todas partes. Lo primero
que nota quien viene del interior es que acá la
gente tiene otras presiones. Se compite mucho más
y quizás, a veces, haya hasta que pisarle la cabeza
al otro para poder crecer.
–
En un punto, la gran ciudad también te puede dar
cierto anonimato.
–
Sí, eso es bueno y como no todos me identifican,
puedo tener cierta intimidad. Además, a mí me
encanta que los vecinos del edificio de al lado desconozcan
mi domicilio, porque como artista en ocaciones sufro cierto
acoso. En un pueblo todos nos conocemos, pero si estoy
en Buenos Aires y voy a tomar un café con mi novio,
no estoy pendiente si me reconocen o no. No me importa
mucho si me están mirando.
Ahora es una vecina más del barrio de Recoleta que
en la semana hace sus compras en jeans y zapatillas. “Por
supuesto, que al súper voy yo. Eso no se lo dejaría
a ningún asistente (se ríe). ¿Ves?
Ahí el trato es otro, cuando una va a pagar ya espera
algún chiste. Igual estoy ansiosa de que llegue
el fin de semana para encontrarme con mis amigos en Arequito
y comer un buen asado”.
Se sabe que la unión con su ciudad natal es indeleble.
Allí la espera su familia y sus compañeros
que, “con mucho sacrificio” dice, están
estudiando en Rosario distintas carreras universitarias.
Después de estos años de residencia en Buenos
aires, la diferencia con la Soledad adolescente es que
ahora la tienta a descubrirla: “Empecé a disfrutar
este año de la ciudad. Vamos a cenar con mi novio –dice– a
algunos restaurantes de moda que no conocía –y
aclara– aunque me costó bastante adaptarme,
ahora disfruto de todas las actividades que te permite
la ciudad. Me refiero al cine, el teatro o a salir a correr
por Palermo, pero para eso soy poco constante.”
Ya hace cinco años que Soledad está instalada
junto a su hermana en su departamento de Recoleta. Y su
novio Jeremías Audoglio, que trabajó a su
lado todo este tiempo, también se quedó en
Buenos Aires.
–
Con Jeremías, ¿viven separados?
–
Sí señor, él vive en su departamento
solito. Pero esa es una pregunta que... (se toma la cara
y sonríe). Imagino que todos los novios viven separados
a menos que estén ya en pareja. Si formaste una
pareja, bueno… fenómeno, pero no es mi caso.
Así que vamos a seguir separados. Pobre, antes se
mataba viajando, después paró un par de veces
en un hotel y cuando estaban mis viejos con nosotras, alguna
vez se quedó en casa. Pero ni bien pudo se compró su
departamento y ahora está tranquilo y cerquita.
–¿
Te dicen piropos en la calle?
–
Actualmente sí, antes no. Aunque siempre estuve
conforme conmigo misma, los chicos no me halagaban. Ahora
me doy cuenta de que nadie me daba bolilla. (risas). Sí,
es cierto, ahora suelo escuchar algunas cosas que me hacen
sentir bien. Nunca tuve conflictos con mi cuerpo ni con
mi cara, pero tampoco me había planteado seducir
físicamente, así que... sí, me dicen
que estoy más linda (se ruboriza). Siempre son bienvenidos
los piropos, porque al fin, ¿eso, nos gusta a todos,
no?
La hermana Natalia
Natalia es ‘la hermana de’. Así la conocen.
Sigue de atrás la fama de Soledad y asegura que
no tiene ninguna intención de dedicarse a cantar
profesionalmente. Sólo se contenta con irrumpir
en los escenarios con sus tres o cuatro temitas, bien aprendidos,
que le sirven para lucir su caudal de voz. “Vocalmente –comenta
la cantante–, Natalia tiene un registro más
amplio que el mío y tiene una garganta muy rica,
pero no tiene ganas de largarse sola. El escenario no es
su vida, no la conmueve.” No obstante, Soledad afirma
que su hermana es su gran apoyo moral: “Para el resto
de las cosas es mucho más segura que yo. Tiene una
gran personalidad y a mí, que siempre me asaltan
las dudas, me sirve de consejera. Yo siempre pienso en
el qué dirán, o si hago las cosas bien o
mal y ella, en cambio, soluciona todo más rápido.”
–¿
A qué se va a dedicar Natalia?
–
Está estudiando abogacía en la Universidad
de El Salvador y piensa dedicarse a ejercer esa profesión.
Recién tiene 21 años y aún no ha decidido
si seguirá cantando. Y a mí, lo que me satisface
como hermana, es que tiene condiciones para todo lo que
le gusta hacer.
Sus canciones
Los cambios no deben ser sólo por fuera, por eso,
para grabar el nuevo disco se rodeó de los mejores
músicos argentinos, de aquellos que están
acompañando a los grandes artistas del jazz, que
salen de gira por todo el mundo, y también por los
que tocan en las bandas de rock argentino. Pero lo que
sorprende aún más, es que ahora a Soledad
empezamos a conocerla como compositora. Se sabe que ese
es un don que no todos los artistas poseen y cuando lo
tienen, deben pulirlo con constancia y esfuerzo. “Sí,
grabé muchas canciones hechas por mí. Tuve
miedo, pero me animé a hacerlo después de
que mis músicos las aprobaran”, cuenta. “Sin
embargo,soy muy crítica conmigo misma. Cuando me
pongo a escuchar mis discos viejos, me molesta que todas
las canciones estén muy arriba, sin matices, sin
climas. En cambio, ahora, fui al encuentro de temáticas
más íntimas, como el amor.” Para hacer
este álbum, Soledad dejó la televisión,
las giras y el apresuramiento. Preparó especialmente
su garganta con su profesora de siempre, y pulió las
melodías junto a Celsa Mel Gowland, aquella que
hacía los coros con Soda Stereo. Desea que en esta
oportunidad, sus canciones lleguen a las radios de FM,
que hasta ahora tienen un gran prejuicio con el folklore. “Creo
en mis temas porque salieron desde adentro. Por eso, por
ser menos pretenciosos, quizás terminen siendo un éxito
en toda Latinoamérica”.