Cada
vez hay más vegetarianos en el mundo
y nuestro país no se queda
a la zaga en esta tendencia. ¿Que hay detrás
de la decisión de no comer más carne, una
moda o cuestiones de salud?
Sólo en los Estados Unidos, un millón de
personas al año -20.000 por semana- se hacen vegetarianos.
En nuestro país no están cuantificadas esas
cifras, pero la página de Internet de la Unión
Vegetariana Argentina recibe más de 40.000 visitas
por mes. Se trata de una práctica que parece estar
cada vez más de moda y sin embargo, no tiene nada
de pasajera. Sus raíces son firmes y se fundamentan
en la ética, la ecología, el cuidado por
la salud, por los animales y por la naturaleza en general.
No nació de un repollo ni se le ocurrió a
un agricultor o a un ecologista, por el contrario, encontramos
su origen en la antigüedad más remota. Jorge
Tomás Bogner, presidente de la Unión Vegetarianos
Patagónicos de Río Negro, explica: “El
vegetarianismo, es decir, alimentarse sin ningún
tipo de animales o seres vivos o muertos, proviene del
Pitecantropus Erectus primer homnicente, y existen también
referencias concretas de los beneficios físicos
y espirituales de la práctica del mismo en la Medicina
Tradicional China (más de 3000 a.C.)”. Desde
entonces se viene practicando el vegetarianismo, aunque
fue en el siglo pasado cuando los movimientos comenzaron
a organizarse. En 1889 se fundó la Unión
Vegetariana Federal, con el fin de unir a las sociedades
vegetarianas de todas las partes del mundo. Luego pasó a
llamarse Unión Vegetariana Internacional y comenzó a
dar pasos firmes en la toma de conciencia sobre los hábitos
alimenticios de la personas.
Es sabido que la expectativa de vida es cada vez mayor
y según la opinión de la licenciada en Nutrición,
Pilar Llanos de Boisson, “transitamos la posibilidad
de vivir más de 100 años, pero tenemos que
protegerlos del deterioro evitable”. Y agrega, “Los
pueblos más longevos del mundo tenían en
común algunas características relacionadas
a la alimentación y a la vida: caminaban mucho por
la topografía del lugar, no tenían abundancia
de productos animales, eran delgados y obtenían
la mayor cantidad de sus alimentos de la madre tierra”.
Volver a las fuentes
La idea es volver a las fuentes. Hoy se sabe que no todo
pasa por las calorías y las proteínas, y
que muchas de las enfermedades crónicas que van
en franco aumento, como la obesidad, la hipertensión
y la diabetes, entre otras, coinciden con los cambios negativos
que ha sufrido la forma de alimentarse del hombre que le
dio más participación a los productos industrializados.
Estos preparados vienen con más sodio, grasas, menos
fibras y además con saborizantes y conservantes
que garantizan una mayor duración en la góndola.
Beneficios de la
dieta vegetariana
1. Los productos de origen vegetal, como frutas, verduras,
cereales, legumbres, son pobres en grasas y cuando las
hay prevalecen las insaturadas (encargadas de disminuir
el colesterol sanguíneo). 2. Además son ricos
en fibras e hidratos de carbono, como los azúcares,
almidones u otros polisacáridos. 3. Estos, al estar
acompañados de fibras, exigen más trabajo
digestivo, aumentan la saciedad y favorecen el buen funcionamiento
intestinal. 4. Tampoco tienen colesterol y, en cambio,
algunos poseen fitoesteroles, sustancias que ayudan a eliminar
los excesos de la propia producción humana de colesterol.
5. En cuanto a sus minerales, tienen altos niveles de potasio
y bajos de sodio, equilibrio que evita y mejora la hipertensión.
6. También contribuyen con buenas cantidades de
magnesio y minerales menores, como selenio, cobre y zinc.
7. Por otro lado, casi todas las vitaminas que el hombre
necesita se encuentran en productos de la tierra, salvo
la B12, por lo que hay que saber dónde y de qué manera
incluirla en la dieta diaria. Las demás vitaminas
B se encuentran repartidas en los cereales y las legumbres
B1, B3 y B6, en los vegetales verdes B2 y B9; betacarotenos
y vitamina C en las verduras y frutas; y vitamina E en
las semillas. 8- Como si esto fuera poco, en los vegetales
también están presentes los fitonutrientes:
sustancias protectoras y vitalizantes para nuestro organismo.
Entonces, si la dieta vegetariana no sólo suple
los componentes básicos necesarios sino que, además,
suma otros varios beneficios para el organismo, podríamos
preguntarnos: ¿Por qué no somos todos vegetarianos?
No todo es color verde
En el reino vegetal hay menos proteínas que en el
reino animal. La excepción son las legumbres que
ofrecen cantidades mayores de proteínas aunque no
son tan completas, es decir: no aportan todos los aminoácidos
esenciales que necesitamos. “La proteína vegetal
más completa es la de soja, que se parece mucho
a una proteína animal en su composición,
pero su digestibilidad es menor. En el resto de los productos
faltan aminoácidos esenciales, como la lisina en
los cereales y la metionina en las legumbres”, alecciona
Llanos. Para seguir una dieta saludable hay que tener en
cuenta la cantidad y, sobre todo, la calidad de las proteínas
que se ingieren y en este sentido, el vegetarianismo es
positivo porque obliga a buscar las proteínas adecuadas,
combinarlas y complementarlas. No obstante, hay un punto
crítico, señala la licenciada Llanos, y es
la dificultad que puede tener el organismo para asimilar
con eficacia el calcio y el hierro de origen vegetal, puesto
que en los mismos alimentos hay ácido fítico
y ácido oxálico que forman compuestos no
asimilables con esos minerales.
En cuanto a la ingesta de fibra, es un hábito que
se adquiere con el tiempo, con el consumo progresivo y
sostenido. Por esa razón, los niños que desde
pequeños se van acostumbrando a las fibras tienen
una tolerancia mayor que el resto de los chicos. Porque,
por lo general, al igual que los ancianos tampoco tienen
capacidad para tolerar altas cantidades de fibra insoluble:
cáscaras de cereales, legumbres enteras y semillas,
entre otros. Es así como eliminan estos granos tal
como los ingieren, sin la absorción de los nutrientes
que encierran. Por eso resulta fundamental ofrecer estos
alimentos en licuados, triturados, procesados y tamizados
para que puedan ser digeridos y absorbidos de la mejor
manera posible. “Es muy importante –asegura
Llanos– que los alimentos que contienen hierro vegetal,
como legumbres, arvejas, arroz integral, avena o hierro
animal, como el del huevo, estén acompañados
de cítricos para facilitar la absorción del
mineral”. Cuando el vegetarianismo no es tan “extremista” e
incluye lácteos y huevos, el asunto es diferente,
porque estos últimos alimentos son fuente de proteínas
completas, aminoácidos, calcio, hierro y las famosas
vitaminas B12 y B2, todas esenciales para una dieta balanceada.
Ser o no ser,
esa es la cuestión
Los debates en torno al vegetarianismo son muchos. En 1988,
el conocido doctor Spock, quien de grande se convirtió en
vegetariano, decía que los chicos mayores de dos
años podían tener una dieta vegetariana,
descartando el huevo y hasta la leche. Un poco extremista
resulta hoy esta aseveración, a la luz de varios
estudios que han demostrado que los niños amamantados
por madres vegetarianas presentaban niveles muy bajos de
vitamina B12 y D y omega 3, esenciales para el desarrollo
y la vista.
Si quiere sumarse a la legión de vegetarianos, lo
más importante es llevar una dieta balanceada y
organizada, consultar con un especialista en nutrición
y nunca llegar a los límites. O como dicen los buenos
adeptos “la cosa no es no comer, sino hacerlo con
inteligencia”, allí está la clave.
Ser vegetariano,
de generación en generación
Ser vegetariano no se reduce solamente a no comer carne.
Para muchos es una postura, una forma de vida, que hasta
se puede heredar. Verónica es la tercera generación
de vegetarianos en su familia. Todo comenzó en Alemania,
con su abuela Maja, una joven alemana que vivía
junto a los suyos en una granja donde se criaban animales.
Una vez que estaban grandes y gordos los mataban y los
comían. Esto, a Maja le daba mucha impresión:
sangre y muerte para alimentarse le parecía una
combinación espantosa. Fue entonces, cuando en este
hogar comenzó a germinar la semilla de una nueva
concepción en la manera de comer. Casi por casualidad,
la joven alemana encontró unos cursos sobre vegetalismo,
y así comenzó su vida en verde. Al igual
que muchos otros europeos, Maja emigró hacia la
Argentina. Aquí siguió con su régimen
y “la gente creía que estaba loca de verdad,
no podían entender que alguien no comiera carne”,
cuenta Verónica. Pero ella siguió firme con
su postura. Se casó, tuvo hijos y a todos los educó desde
el vegetarianismo. Sus hijos también lo fueron,
primero por educación y luego por convicción
propia. “Mi papá es insoportablemente vegetariano”,
dice Verónica. Finalmente, sus nietos heredaron
esta filosofía de vida, además de la práctica
alimentaria. “Soy muy vegetariana, a tal punto que
no me compro camperas de cuero y como huevo sólo
porque tiene muchas proteínas, y de la manera más
disfrazada posible”, explica Verónica, tercera
generación, quien lleva el vegetarianismo en la
sangre, aunque ya la sociedad no la considera “rara” como
lo hacían con su pionera abuela. Hoy es tan sólo
una vegetariana más.
Tipos de vegetarianos
Lacto-ovo-vegetarianos o Vegetarianos Clásicos.
Su dieta incluye, además de todos los vegetales,
leche y sus derivados, y también huevos.
Crudívoros o Crudistas. Siguen una alimentación
vegetariana compuesta por vegetales (frutas y verduras)
lo menos pelados posible y sobre todo, no cocidos. Tiene
como objetivo principal evitar al máximo la pérdida
nutritiva que se produce con la cocción.
Frutarianos. Proponen un consumo abundante de fruta. Según
esta dieta, cada día habría que consumir
más de 300 gramos de frutos secos y un kilo de fruta
fresca, dado su importancia para el organismo.
Granivorianos. Consumo de alimentos en grano. Los granivorianos,
como los vegetalistas, eliminan de su alimentación
la carne y los productos de origen animal.
Lacto-cerelianos. Proponen alimentarse principalmente de
productos lácteos y de cereales. El objetivo de
este régimen es el mismo que el del vegetarianismo.
La salud, el bienestar y la pureza, pero también
la armonización entre el cuerpo y el espíritu.
Naturismo como concepción filosófica. Propugna
la práctica y cumplimiento de una serie de reglas
higiénicas, cuyo fin es la readaptación del
individuo a la naturaleza.
Vegetalismo o veganos. Es una corriente muy "estricta".
Este régimen propone alimentarse exclusivamente
de vegetales. Así, la lista de alimentos prohibidos
es bastante larga: está formada por los productos
rechazados por el vegetarianismo más los no consumidos
por los vegetalistas. El vegetalismo rechaza el consumo
no sólo de los productos cárnicos, sino también
de subproductos animales en general.
Beneficios
Según la Unión Vegetariana Argentina, los
puntos positivos más importantes de esta dieta,
son los siguientes:
1. Es completa, pues en ella abundan las albúminas,
los hidratos de carbono, las grasas, las sales minerales,
las vitaminas y el agua. 2. No produce putrefacciones en
el intestino, con lo que se evita esa importantísima
causa de infecciones y toxemia. 3. Es alimentación
de fuerza y resistencia por su abundancia en hidratos de
carbono (combustible muscular). 4. Deja descanso suficiente
a las vísceras, puesto que no las somete al exagerado
trabajo de neutralización tóxica a que las
obliga la ingestión de productos animales. 5. Evita
el sacrificio doloroso e innecesario de animales. La alimentación
vegetariana es la base física del pensamiento puro,
del dominio pasional y de la caridad de espíritu.
Infaltables
Por la Licenciada Pilar Llanos
En la selección de los alimentos es muy importante
la variedad, porque las buenas combinaciones deben hacerse
diariamente.
l Verduras y frutas de todo tipo y color.
l Cereales integrales y legumbres.
l Panificados con harinas integrales, granos enteros y
semillas. Pastas elaboradas con harinas enteras.
l Aceites, frutas secas, palta y semillas (trituradas en
el momento de la ingesta para que no se oxiden sus buenas
grasas).
l Miel y dulces artesanales con frutas de estación.
Es imprescindible agregar:
l Leche entera o descremada, yogur.
l Ricota, quesos magros (mozzarella artesanal, por ejemplo).
l Huevos.
Con esta selección se puede organizar una alimentación
completa y saludable y dar cumplimiento a las recomendaciones
de la Organización Mundial de la Salud (OMS).