Consagrado
luego de su trabajo en la inolvidable película
El Hijo de la Novia,
se dispone a estrenar su quinta película, Luna de
Avellaneda, donde vuelve a transitar
un sendero que domina a la perfección: las historias
sencillas y el mensaje de
gente común. Mientras tanto, afincado en el corazón
de Barracas, divide su tiempo entre su querida Buenos Aires
y la cosmopolita Nueva York para disfrutar de su gran pasión:
hacer cine.
A pesar que las valijas están sin desarmar,
recién llegadas de unas merecidas vacaciones en México,
y prestas para iniciar en pocos días un nuevo periplo
esta vez rumbo a Madrid, y luego a Nueva York donde lo espera
trabajo en la TV norteamericana, el director Juan José Campanella
tomó una decisión fundamental en su vida y
volvió a echar raíces en Argentina para que
desde este espacio al cual considera “único”,
dibujar sus mejores sueños, llenos de sensibilidad
y humor. Atrás quedaron 18 años de vida en
Estados Unidos, país que eligió en un momento
de su vida para construir su propia quimera, la de convertirse
en un profesional del cine, y que se materializó con
creces al edificar una carrera en el mundo fascinante de
la pantalla grande y en la televisión, espacio que
además le reportó dos premios Emmys por su
tarea como realizador.
“
Cuando me fui en 1983 tenía 23 años y el deseo
de conocer el mundo, elegí Nueva York, pero podía
haber elegido cualquier otro lugar donde se pudiera estudiar
cine. Hoy, cuando ya pasé los cuarenta la aventura
me sirvió, para afirmar mis raíces, para saber
de dónde soy, y además, darme cuenta que muchos
problemas de lo que nos quejamos como pueblo los tendría
en cualquier lugar del mundo, inclusive en Estados Unidos.
Soy un convencido que es un mito esa panacea a los males
argentinos que uno busca afuera cuando se va, no existe y
se convierte con el tiempo en una gran frustración”.
Las palabras del creador de El Hijo de la Novia, son convincentes
y más aún cuando las dice frente a una mesa
de edición, un escenario que lo cautiva, dando los
retoques final a su nueva obra Luna de Avellaneda, otro viaje
por los sentimientos y las ilusiones de gente común
y reconocible en cada rincón del país que cobra
vida de la mano, una vez más, de Ricardo Darín,
actor protagónico de sus tres películas argentinas,
junto a Mercedes Morán, Eduardo Blanco y Valeria Bertuccelli.
Camino al estreno, previsto en Buenos Aires para el 20 de
mayo, la película –la quinta de su carrera profesional– ocupó casi
a tiempo completo el último año de su vida
y por ese motivo no duda en señalar que “está totalmente
enamorado” de la nueva producción que se centra
en rescatar la lucha de “sobrevivientes que no bajan
los brazos”, según su definición.
–
El enamoramiento por la historia de Luna de Avellaneda nació cuando
descubrimos, buscando otra historia, a estos seres de un
club de barrio que luchan todos los días por sostener
un lugar que en algún momento fue el centro de la
vida de ese barrio. Conocimos un mundo diferente, el de una
Argentina que no se habla, quizás porque es tan cotidiana,
porque es de todos los días.
–
En principio ustedes imaginaron una historia más ligada
la fútbol.
–
Queríamos contar una historia de barrio que tenía
como clímax un partido entre dos equipos, de esos
que sólo juegan por la camiseta. Charlábamos
mucho con el actor Atilio Pozzobón, quien tiene muchas
anécdotas de fútbol por su pasado de periodista
deportivo, cuando nos sugirió visitar el club Juventud
Unida de Llavallol y allí todo cambió. Tras
la primera visión supimos que teníamos que
contar la historia de estos seres y ese mismo día
conocimos al personaje que en la película interpreta
Ricardo Darín.
–
Es además una nueva apuesta a un tipo de historias
que ya parecen un sello personal en tu cine en Argentina.
–
Es cierto, cuando escribo en castellano siempre salen historias
más cercanas a lo que es mi vida, a Buenos Aires,
más cotidiana. Mi conexión con Argentina es
más profunda que la tengo con Estados Unidos, tiene
más que ver con el amor, mis raíces, mis amigos.
Soy un tipo de clase media que nació en el sur del
Gran Buenos Aires y eso me tira mucho.
–¿
Te seduce otro tipo de narración cinematográfica?
–
Siempre coqueteo con hacer un policial, es un género
que me fascina, especialmente ese subgénero que explotó muy
bien la película Nueve reinas, la del robo imposible,
pero eso por ahora sólo me surge en Nueva York, ciudad
con la cual tengo una conexión más asociada
al cine. Cuando un cinéfilo llega por primera vez
allí se dice “yo ya estuve aquí”,
es una ciudad hecha decorado cinematográfico.
–¿
Qué fue lo más importante que te dejó tu
experiencia estadounidense?
–
En lo profesional debo reconocer que me dio la disciplina
del trabajo. Desde mi etapa de estudiante descubrí que
para hacer cine es muy importante todo lo que tenga que ver
con la disciplina, la técnica y el trabajo. Eso me
benefició mucho, después filmar allá o
aquí no hay diferencias. La capacidad y la calidad
es la misma, solo puede variar el presupuesto.
–¿
Fue difícil la determinación de quedarte en
Buenos Aires en el momento del estallido económico?
–
No, en enero de 2002 comencé a hacer la mudanza, el
país era un caos, pero sentía que era mi momento
para volver, era un proyecto con mi mujer y ya no había
marcha atrás. Estoy contento por haber estado en medio
de esa profunda crisis, creo sirvió como un gran cachetazo
para todos, hoy veo que estamos frente a un momento fundacional,
en el cual no hay tiempo para tirar la pelota afuera.
–
También era el momento en el cual El Hijo de la Novia
estaba nominada al Oscar y no paraba de ganar premios.
–
De hecho esas circunstancias nos hacían vivir en un
mundo aparte. Hoy, ya podemos decir que el El hijo... perdimos
la idea de la cantidad de premios que recibió (n/r:
en total fueron 21) ya camina solo y lo dejamos seguir su
propio destino, de hecho el próximo 28 de enero, se
estrenará en Francia, el único país
de los importantes que restaba proyectarse.
–¿
Hay respuestas para explicar el fenómeno mundial de
la película?
–
Me lo pregunto todos los días, ¿qué es
lo que puede gustar? En uno de los festivales en el que participó,
en Munich, Alemania, me di cuenta luego de un aplauso de
más de cinco minutos de los espectadores, que hay
una respuesta cultural, casi instintiva, porque El Hijo...
lidia con temas claves, con una idea sin fronteras, sobre
las cosas que muchos hacemos o dejamos de hacer por la imagen
que pensamos que tienen nuestros padres de nosotros. En esa
película hay situaciones de la relación con
mi madre, es todo muy primitivo, a veces creo que nunca más
voy a hacer una película así.
–
Es contradictorio, porque para un público como el
argentino, tan difícil de seducir con el cine nacional,
parecería que encontró una fórmula para
conquistarlo.
–
Es cierto, el público argentino es muy fiel al rechazo
del cine argentino, pero como en realidad, sólo tuve éxito
en una de mis cinco películas, no me la creo. Hago
cine para que la mayor cantidad de gente vaya a verlo, pero
más allá de todo a mí me seguirá gustando
oír las risas de un cine lleno. Si sólo persiguiera
el éxito económico estaría dirigiendo
tiempo completo TV en Estados Unidos, pero prefiero seguir
gran parte de mi vida en mi casa de Barracas, viviendo como
lo que soy: un simple tipo de clase media que disfruta mucho
de lo que hace.
El guión en el cine argentino: una deuda pendiente
Campanella no duda en afirmar que una de las grandes falencias
del cine argentino y de sus escuelas de formación
es la falta de dedicación a los guiones, una estructura
que considera fundamental para poder hacer un cine creíble
y consistente. “En Argentina no se enseña
guión y es una gran falla que se refleja en muchas
películas argentinas. Están saliendo de las
escuelas directores muy talentosos, con un excelente dominio
de la cámara y del montaje, pero a la hora de filmar
gran parte de las historias me siguen dejando frío”.
Como ejemplo del fuerte ejercicio que hace junto a su amigo
de toda la vida y co-guionista de El Hijo de la Novia,
Fernando Castets, el realizador ejemplificó que
para su nueva película trabajó más
de seis meses en el libro y llegaron inclusive a elaborar
casi una decena de versiones. “Aquí veo que
al segundo boceto de la historia ya se filma y el resultado
se nota. En el caso de Luna de Avellaneda que es una película
Coral, de muchos niveles narrativos, sumamos al equipo
a un tercer guionista (Juan Pablo Domenech) porque considerábamos
que era fundamental sumar una nueva mirada a la historia
para hacerla más sólida”. Sin embargo,
Campanella relató que también hubo un encuentro
fortuito que fue de gran ayuda: “Filmando la seie ‘El
Guardián’ en Estados Unidos tuve como jefa
de directores a Joan Tewkesbury, guionista de Nashville,
película coral por excelencia, durante las tres
semanas de rodaje no deje de invitarla a comer para bombardearla
a preguntas y eso nos fue de gran ayuda”.
“
En Argentina hay alternativas únicas para hacer
cine”
Realizar una película es en cualquier parte del
mundo una tarea cíclope, sin embargo en Argentina
se produce un hecho poco usual en otras latitudes, el apoyo
del Estado para los jóvenes realizadores ya sea
por concursos o subsidios para su primer largometraje.
Campanella sostuvo que “las posibilidades que tienen
los nuevos realizadores de hacer su opera prima con apoyo
estatal es única en el mundo, en Estados Unidos
eso no existe, por ejemplo. Aquí hay cuatro o cinco
premios por año del Instituto, más ayuda
económica para el primer largometraje que son oportunidades
inmejorables”. El realizador que debutó profesionalmente
en el cine a los 32 años, aconsejó que los
nuevos directores no deben buscar el éxito con el
primer trabajo y sí aprovechar la oportunidad de
debutar jóvenes para asimilar errores y virtudes. “Hay
que acabar con el otro delirio argentino de pensar que
si las cosas no salen bien en el debut ya está todo
mal. Los chicos ahora hacen su opera prima a los 21 o 22
años, todavía les queda mucho trayecto por
hacer y aprender”. Campanella acompaña la
idea que también en el cine argentino, Dios atiende
en Buenos Aires, pero destacó que es muy importante
que los nuevos realizadores del interior intenten, a pesar
de esta circunstancia, contar historias de sus lugares
de origen. “La industria está en Buenos Aires,
pero creo que películas como “Historias Mínimas”,
filmada en la Patagonia, La Ciénaga, en Salta o
la recordada Deuda Interna, en Jujuy, no se podrían
haber filmado en otro lugar. Habrá que venir a seducir
inversionistas a esta ciudad, pero volver a sus lugares
para Pintar la Aldea”.
Trayectoria de Campanella
Estos son los cinco largometrajes que filmó:
*El niño que dijo puta (Estados Unidos, 1991)
*Love Walked in (Estados Unidos, 1997), basado en el libro
Ni el tiro del final, de José Pablo Feimann.
*El mismo amor, la misma lluvia (Argentina, 1998).
*El hijo de la Novia (Argentina, 2001).
*Luna de Avellaneda –a estrenar—(Argentina,
2004).
Trabajos en la TV de Estados Unidos como director:
*Public Law 106 (serie, 1992)
*The Calvin Mire Story (serie, 1994)
*Stand Up (serie, 1995).
*Life Story Family (serie, 1995)
*Remember Wenn (telefilme, 1996).
*Stranger with Candy (serie, 1999)
*El Guardián (serie, 1999)
*La Ley y el orden: Unidad de víctimas especiales
(serie 1999/2004)
*L.A. Dragnet (serie, 2001/2003).
TV en Argentina:
*Co-guionista de la tira Culpables (Polka, Canal 13) ganadora
del Martín Fierro de Oro 2001