¿Qué es
y qué produce sobre nosotros? Especialistas en
el tema hablan de su significado en las distintas culturas
y explican los efectos que produce en las emociones y
en la salud de las personas. Se utilizan como complemento
en tratamientos médicos como la depresión
y hasta pueden revelar aspectos de nuestra personalidad.
¿Por qué nos casamos de blanco? ¿Por qué los hospitales
en su mayoría están pintados de verde y las casas de comida rápida
de rojo y gris? ¿Por qué es Ese y no otro el color que elegimos
para nuestro auto? ¿Por qué Diego Torres propone pintarse la cara
color esperanza y Sui Generis anda “en busca de algo naranja y verde”? ¿Por
qué un pintor estudia con cuidado cada tono de su paleta? La respuesta
posible podría estar en el número y tipo de relaciones entre los
colores y los seres humanos, que es enorme, tal vez tan grande como la cantidad
de tonos que las personas con visión normal son capaces de discernir,
en total siete millones.
Percibamos el mundo en colores entonces, pero no sin antes dejar en claro su
concepto: “Para los físicos, el color es un fenómeno biofísico.
No se encuentra en la sustancia que conforma al objeto sino que se debe a la
naturaleza de la luz que el mismo emite o refleja, y que el ojo del observador
capta y procesa. Desde este punto de vista, cuando una luz blanca como la del
Sol pasa a través de un prisma triangular de vidrio, se descompone en
la gama de colores del arco iris. Esta recibe el nombre de espectro y presenta
seis colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta, siempre en el mismo
orden”, explica Sara Steven, bióloga y docente de la Universidad
de Buenos Aires (UBA).
“
La luz es energía que se propaga en el espacio como una onda electromagnética.
La solar es una combinación entre las distintas ondas electromagnéticas
conocidas, entre ellas las de radio, las microondas, las ultravioleta o los rayos
X. Todas son energía y tienen la misma rapidez, sólo que difieren
en la frecuencia y en la longitud de onda”, sigue la bióloga. Este
complejo fenómeno explica por qué cada color, según su propia
frecuencia o longitud de onda, tenga una energía particular. Pero la especialista
advierte: “Una cosa es la energía desde el punto de vista físico
y otra es la percepción que tenemos de ellos y el efecto que producen
en nosotros, que podrían estar relacionados con diferencias culturales,
distintos significados y usos convencionales de los diversos colores”.
Nada librado al azar
¿
Cuántas veces, parados frente a una vidriera o en
una reunión de amigos, se discutió largo
rato acerca del tono de un sueter? Que celeste cielo, que
celeste mar, que celeste bebé y así hasta
llegar a los celestes imposibles. “La cultura es
un factor importante que influye en el uso y las elecciones
de los colores en distintas sociedades, así como
en sus denominaciones: la moda y la economía juegan
un papel importante. Con cada tendencia en cuanto a color
se refiere, empiezan a cambiarse las denominaciones de
los tonos. Un verde amarillento puede pasar a ser un verde
manzana, aunque el color siga siendo el mismo. Los colores
que estarán de moda los determinan los que tiñen
las telas, dos años antes que los tonos se impongan
en el mercado, y no los diseñadores de indumentaria.
Luego el usuario elige en función de lo que hay
en el mercado”, explica Diana Varela, diseñadora
textil. Varela es docente en la Universidad de Buenos Aires
y pertenece a la Fundación de Investigaciones Visuales
y al Grupo Argentino del Color, como tal, sostiene que
cada cultura elige mediante una convención social
el color que va a representar conceptos como el de pureza,
dolor o alegría. Estas convenciones, asegura, responden
a la estructura de cada sociedad, a un acuerdo entre sus
partes. “Esto explica porqué nos casamos de
blanco: lo asociamos con la pureza porque pertenecemos
a una cultura judeo-cristiana y en la Biblia, el blanco
aparece como sinónimo de pureza”, ejemplifica.
Que la mayoría de las banderas revolucionarias lleven
el rojo, tampoco es casual: “Simboliza la pasión
que pone el grupo. El rojo generalmente es ruptura, sangre,
ir contra las convenciones”. Y concluye: “Primero
se usa un color, y luego socialmente se le va otorgando
significado”.
Por eso asociar al verde claro con los hospitales, tampoco
es porque sí: los ámbitos quirúrgicos,
donde los cirujanos pasan horas operando, deben estar en
ambientes pintados de verde poco saturados para contrarrestar
la fuerza del rojo de la sangre: “Así, los
médicos descansan la vista”, explica Varela.
En su libro El Poder del Color, el doctor Morton Walker
asegura que los expertos en marketing tienen estudiado
que “las personas normalmente se inclinan por su
color preferido a la hora de comprar”. Entre los
norteamericanos, afirma, los preferidos por los consumidores
son el azul, el rojo, el verde, el blanco y el rosa, entre
otros. Y da algunos ejemplos de la importancia de las tonalidades
a la hora de la venta: “En la comercialización
de un producto, el amarillo provoca la respuesta más
rápida de los compradores potenciales (...) Indica
un precio barato, provisionalidad y alegría”.
El autor incluye un párrafo dedicado a los autos:
dice que en su color, queda reflejada la personalidad del
dueño. “Los rojos o amarillos representan
una personalidad osada y aventurera; el gris, plata y verde
claro significan moderación; el azul oscuro y el
negro reflejan un toque de clase; y los tonos terrosos,
el azul claro, el verde y el dorado revelan que el dueño
es una persona práctica”.
En varios países del mundo, incluso en Argentina,
los locales de fast food son un claro ejemplo de la importancia
del color y los negocios: en su mayoría están
pintados de rojo y gris, una combinación estridente
que no se presta a la permanencia en el lugar.
Color, bienestar y calidad de vida
¿
Cómo influyen los colores en el ser humano? “Concretamente,
lo hacen en la mente y en el cuerpo. Existen interrelaciones
físicas y visiblemente comprobables a través
de fotografías, por conductancia de la piel (capacidad
de conducir energía eléctrica) o capacidad
térmica, todos elementos muy concretos. Por eso
hoy en día nos basamos en datos de registros físicos,
químicos o eléctricos. Por ejemplo: una prenda
celeste no nos será tan abrigada como una roja o
azul, porque el cuerpo recibe el calor a través
de la tela, que a su vez recibió la energía
de la luz solar. Y al hablar de luz y calor, aunque son
distintos tipos de onda, se habla de lo mismo”, explica
Matilde Otero-Losada, neurofarmacóloga, doctora
en bioquímica e investigadora científica
independiente del CONICET y del Instituto de Neurociencias
aplicadas del Hospital de Clínicas. Según
ella, el mayor impacto de los colores “se da en el
aspecto emocional, que es el más difícil
de comprobar científicamente. Por eso a un enfermo,
nunca lo vas a poner en una habitación con predominio
de negro, fundamentalmente porque nuestra cultura lo asocia
con la muerte”. Otero-Losada explica que como fenómeno
terapéutico, muchos médicos les piden a los
pacientes que antes de ser anestesiados recurran a su memoria
en busca de algo que les produzca placer. Eso que encuentran,
por ejemplo, pueden ser las distintas tonalidades de un
amanecer. “Toda sensación placentera, como
la risa, el ejercicio físico o el color que nos
gusta, hará que se liberen en distintas áreas
del cerebro las llamadas endorfinas, morfinas endógenas
de efectos anestésicos que aumentan la respuesta
inmune, restableciendo el equilibrio hormonal del organismo”.
Al mencionar los efectos que el color produce en la salud,
la especialista describe al mismo como “un placer
sano” y como un “coadyuvante”: “En
personas sanas, favorece el bienestar y los estados emocionales,
psíquicos y por ende, somáticos. Potencia
o reduce según el caso y los atributos de calidad
de vida de que goza cada persona. Si se trata de un enfermo,
va a ayudar al tratamiento indicado que esté siguiendo:
el color lo hará sentirse un poco mejor, y al sentirse
mejor se generará un estado más óptimo
de recepción del tratamiento”.
Entre los ejemplos, la científica menciona un tratamiento
clásico para la depresión que consiste en
la regulación de los ciclos de luz y oscuridad. “En él
se utiliza luz blanca (la más energética
de todas), precisamente porque se supone que el estado
depresivo se acompaña de niveles energéticos
bajos, inversamente a los maníacos, a quién
no podría pintársele la habitación
de rojo, sino con tonos cálidos como amarillos cremas
o salmones”. Además, explica que para aquellas
personas con estados nerviosos, por ejemplo, un rojo excesivo
en una habitación puede alterarlo aún más,
lo mismo que al hipertenso. “El rojo es un color
muy energético. Una persona con taquicardia tiene
mucha frecuencia de latido cardíaco y la energía
del color le afectará negativamente”. En éstos
pacientes, dice, los verdes y celestes, al ser colores
poco energéticos de ondas largas y baja frecuencia,
cooperan para que les baje la excitación. “Esto
no significa que lo vaya a sacar de un síncope –aclara–,
pero dentro de rangos normales, cuando uno sabe que tiende
a ponerse taquicárdico en determinadas situaciones
es bueno, como complemento del tratamiento clínico,
mirar donde encuentre algo que le baja los latidos”. ¿Qué sucede
con los ciegos? “Registran los colores a través
de la temperatura, acercando la mano a un rojo sienten
calor, y si lo hacen con un negro, experimentarán
una sensación de frío”.
En los niños, la importancia de los colores vivos
y variados favorecen la estimulación de las capacidades
cognitivas. “Cada uno instintivamente busca lo que
le hace bien, el organismo es sabio y debemos responder
a sus mensajes”, concluye la especialista. Por eso,
si usted no tiene un color preferido, uno que lo haga sentir
bien, empiece a rastrearlo. Si no lo encuentra en ningún
objeto, entonces búsquelo en su imaginación…
Para pensar, un método a colores
En su libro Seis sombreros para pensar, el especialista
en educación Edward De Bono propone un método
particular de optimizar el proceso de pensamiento que supone
el uso de seis sombreros de distintos colores para determinadas
situaciones. Así, el blanco es el que corresponde
a los hechos puros y objetivos donde el pensador se esforzará por
ser neutral. El rojo legitimiza las emociones y los sentimientos
en el proceso mental; y el negro es el encargado del juicio
negativo, de señalar lo incorrecto y confrontar
ideas. En cuanto al amarillo, dice que es positivo y constructivo,
que simboliza el brillo del sol y que, a la inversa del
negro, se encarga de la evaluación positiva. En
el momento de crear, De Bono propone el uso del sombrero
verde, símbolo de fertilidad y crecimiento. Por último,
el pensador de sombrero azul, según el autor, es
el que organiza el pensamiento mismo y debe definir los
temas, problemas y preguntas. Quien lo lleva puesto, afirma, “es
el responsable de la síntesis, visión global
y las conclusiones”.
Ambientes coloridos, armónicos y saludables
“
En arquitectura, el color es un recurso más para
ambientar un espacio. Y así como en otros aspectos
de la vida, en este también puede ser saludable”,
explica Mónica Esper. Para Adriana Hermida, “a
través del color se pueden lograr ambientes armónicos”.
Ambas, arquitectas y especialistas en Color y Salud, dan
algunos consejos para equilibrar la casa. Es importante
saber que cada habitación, a través del tono
de sus paredes, muebles y objetos, adquieren carácter
e identidad. Para el cuarto de los chicos es bueno el amarillo
porque estimula la creatividad, y es divertido dividírselos
en área de juego (con turquesas o rosas chicle)
y en área de descanso (azules o verdes). La habitación
de los ancianos pueden llevar elementos de colores vivos
y cálidos, con paredes rosadas o blancas que armonicen.
La de la pareja, es bueno que se la pinte con tonos salmones
o rosas. A los adolescentes, dicen que “es preferible
dejarlos elegir el color que quieran: se trata de una etapa
de autodefinición”. En la cocina van mejor
los maderas, terracotas o ladrillos porque aumentan el
apetito. “Si la familia es de comer mucho, los manteles
y la vajilla pueden ser azules”. Los lugares de concentración
son más eficaces azules, y aquellos que en los que
se busca inspiración, van los cítricos o
terrosos. El living, espacio de encuentro y relajación,
puede llevar tonos cálidos y energéticos,
siempre y cuando estén compensados. Por último,
es bueno que haya espacios verdes.
De colores, pájaros
y leyendas
Cuenta una leyenda Calchaquí “que en épocas
muy remotas ya existían plantas que ostentaban flores
de variados colores (...) Pero no sucedía lo mismo
con nuestros pájaros, cuyo plumaje era todo igual...”.
Fue así como las aves se reunieron para pensar de
qué modo podían teñir sus alas y “propusieron
viajar al cielo para pedirle a Inti, dios del Sol, que
pintase sus plumitas...” Algunos se quedaron en la
tierra. Entre ellos, uno que de tan chiquito no podía
llegar al cielo. Era el colibrí, que se quedó volando, “inquieto
y ligero, sobre las flores del bosque”. Mientras
esperaba a la bandada, Inti reunión algunas nubes,
hizo llover y luego las apartó dando lugar nuevamente
a sus rayos. Enseguida, al cielo lo cruzó un arco
iris. Atraídos por su belleza, los pájaros
se posaron en él: el cardenal en la franja roja,
el dorado y el jilguero en la amarilla y el sietecolores
en todos. Una vez que cada uno tuvo su tinte, volvieron
a casa. Festejaron todos juntos, pero faltaba uno. Era
el pequeño picaflor, que con su vuelo rápido
llegó a la reunión mostrando unas alas brillantes.
El resto le preguntó cómo lo había
logrado. Y una flor respondió por él: “Colibrí tiene
ahora los colores del iris, los de nuestros pétalos
y los de las piedras preciosas, porque ama la luz, la miel
de los cálices y las gotas de rocío”.
(Fuente: Biblioteca Petaquita de Leyendas, Ediciones Peuser).
Color x color
“
Cada color tiene características únicas y
su manera especial de afectar a las personas”, afirma
Morton Walker, autor de El poder del color. Morton enumera:
Rojo. Despierta los sentidos y las pasiones. Es perturbador
para los que sufren problemas mentales. Por tener la vibración
más baja de los colores visibles, afecta las emociones
antes que cualquier otro color.
Naranja. Estimula la creatividad, la ambición y
la energía. En exceso, genera nerviosismo y agitación.
Amarillo. Es alegre y permite que aflore la sabiduría
y la intuición. Es el color del Sol, la juventud
espiritual y el júbilo. También puede estimular
los nervios.
Verde. Es el color de la naturaleza. Actúa como
calmante.
Azul. En sus tonos suaves, puede calmar los nervios o producir
melancolía.
Indigo. Combina la razón y la intuición y
la ordena con la creatividad. Representa el metabolismo
del cuerpo.
Violeta. Símbolo de buenas intenciones y aspiraciones
espirituales. La túnica púrpura es sinónimo
de realeza y autoridad espiritual.
Blanco. Es pureza, perfección y armonía.
Negro. Representa la pérdida de vida. Puede crear
estados melancólicos.
Marrón. Representa la fertilidad, la Madre Tierra
y la fuerza.