Es
el entrenador más ganador de la Argentina y del
mundo, por eso la Federación Internacional de historia
y estadísticas de fútbol lo erigió como
el mejor DT del 2003. No se ufana del éxito acopiado,
pero objeta a los que le adjudican sus logros al azar.
Su inteligencia y su forma de conducir el equipo lo distinguen
como uno de los referentes del país.
Nada
de lo que haya dicho o vaya a decir Carlos Bianchi fue
o será fruto
de la espontaneidad. Cada declaración es la consecuencia
de una ecuación en la que conjuga sentido común,
ubicación y coherencia. Nunca sacudirá frases
polémicas, a menos que el proceso analítico
o el momento así se lo recomienden. Y entonces,
no vale la pena azuzarlo para que sus opiniones generen
revuelo; simplemente hay que esperar a que suelte la bomba
con las medidas y el alcance que él haya previamente
determinado, de acuerdo con sus necesidades y conveniencia.
Está un paso adelante, fue y vino antes de partir,
y corona su rapidez mental con respuestas irónicas
y una sonrisa marca registrada, entre burlona y paternal.
Es menos alto y menos flaco de lo que parece por televisión,
pero desborda inteligencia. Y a la luz de sus logros descomunales
tiene plena conciencia de que no es un hombre común,
pero se empeña en tratar de serlo. “Soy una
persona muy simple a la que le gusta estar y disfrutar
en familia, con mi esposa Margarita, mis hijos, mis nietos,
ir al cine, cenar afuera. En síntesis, lo normal,
lo que ocurre es que a veces no se puede, pero ellos lo
aceptan”, revela el entrenador en diálogo
con la revista.
Es cierto que le encanta hacer esas cosas, pero no resulta
sencillo. Los lunes, cuando el calendario futbolístico
se lo permite, suele llevar al cine a sus dos nietos más
grandes, Louis Alexandre (9) y Paul Nicolas (7). La sala
elegida está en Recoleta y los nenes compiten para
determinar cuántos saludos y cuántos autógrafos
el abuelo tendrá que otorgar antes de que compre
las entradas, el pochoclo y la gaseosa de rigor.
Louis, Paul y el bebé Charles Gabriel son los chicos
de Mauro, el hijo mayor de Bianchi. Son proyectos de futbolistas,
aunque por ahora atajan en el fútbol 5, la función
opuesta a la del abuelo, que se caracterizó en gritar
392 goles como centrodelantero. Mauro y la otra hija de
Bianchi, Brenda, comparten el restorán Giulia, ubicado
en Sucre y Figueroa Alcorta de Capital Federal, adonde
el entrenador va a cenar y a cultivar las relaciones públicas.
Otra de las cosas que forma parte de su rutina es ir a
misa. Es muy creyente y generalmente participa de la primera
ceremonia diaria en una parroquia cercana a su domicilio
de Palermo. Dicen los testigos, que allí reparte
el cancionero y canta a la par de todos.
Pero entre todos los afectos, sobresale su esposa, Margarita,
con quien cumplió 37 años de casado el 25
de noviembre pasado. No es fácil ser la mujer de
Carlos Bianchi, el entrenador que consiguió buena
parte de sus logros en uno de los clubes más importantes
del país, que a la vez es el más pasional. “Margarita
es una compañera con todas las letras, me banca
en las buenas y las malas, siempre está en todo
momento”, reconoce Bianchi marido.
El fútbol
Pero más allá de la familia, “el Virrey” tiene
una relación muy profunda y duradera con el fútbol.
Se crió en el barrio porteño de Villa Real,
donde era un participante obligado de los picados en la
calle. Ya en el secundario lo echaron del colegio San Rafael
luego de haberle acertado con un borrador al rector –sin
querer– y, pese a que luego fue canillita en el puesto
de diarios de su papá, la pelota pasó a ser
su prioridad. Se convirtió en goleador en Vélez
y en Francia, antes de escribir una página más
gloriosa aún como entrenador.
Para esa función tomó como ejemplos a Andrés
Prieto, Victorio Spinetto, Osvaldo Zubeldía y Juan
Carlos Lorenzo, algunos de los entrenadores a los que obedeció como
jugador. Pero sobre todo, aprendió de otros directores
técnicos lo que no se debe hacer: llegar tarde o
faltar a los entrenamientos, priorizar la relación
con los dirigentes por sobre sus dirigidos o demostrar
debilidad o falta de convencimiento frente al grupo de
futbolistas.
Pero eso no eso todo. Pese a que se lo describe como un
DT muy simple, es tan obsesivo, e igual de estudioso, trabajador
y puntilloso que Marcelo Bielsa o Carlos Bilardo. Sólo
que tiene un discurso sencillo y clarifica cualquier explicación.
No necesita de un pizarrón con flechas descontroladas,
ni largas charlas técnicas. Eso sí, mira
videos, pero no aburre a los jugadores con eso. Además
tiene la autoridad suficiente como para mantener el rebaño
controlado y resuelve todos los conflictos puertas para
adentro. Es un gran estratega, jamás subestima a
los rivales y una de sus virtudes es la de sorprender con
planteos o cambios inesperados.
Le concede un valor sustancial al grupo porque considera
que la cohesión hace a la fuerza y considera que
la actitud supera cualquier esquema táctico. Por
todo eso, les otorga la misma importancia a todos sus dirigidos
y llama a cada jugador por su nombre. “Si sus padres
se gastaron nueve meses para buscarles el nombre, por qué habría
que llamarlos por el apodo”, alega.
Muchas veces durante el último año señaló que
si Boca contaba con un go-leador, es decir un “9” de área
al estilo Martín Palermo, Boca podría haber
hecho las cosas más fáciles aún. Sin
embargo, cumplido el ciclo, no pide refuerzos, al menos
públicamente. “¿Por qué no pido
jugadores? Tenemos un grupo futbolístico y humano
muy bueno y por ahora vamos a arreglarnos con lo que tenemos,
si Boca no vende ningún jugador, no creo que llegue
ninguno”, argumenta.
Impulsado por esa inteligencia sin estruendo, a la que
gusta llamar sentido común, es codiciado por varios
empresarios para la función de gerente. Hace poco,
el Banco Galicia buscó reforzar sus cualidades de
identidad nacional, profesionalismo, familiaridad y éxito
y lo convocó para una publicidad.
Pero los industriales y hombres de negocios también
admiran cómo saca el mejor rendimiento de sus dependientes,
cómo les agrega valor a los productos, cómo
administra los recursos y cómo arma los equipos
de trabajo y fija los objetivos.
Y corona todo ese proceder con un discurso mesurado, que
no genera enconos ni rivalidades. Así, pese a que
tiene claro que lo que está haciendo en el fútbol
no registra parangón, no lo dice. “El periodismo
escribió y habló mucho (sobre los éxitos),
dijo que tenía el celular de Dios, se habló de
la suerte, yo digo simplemente que la clave del equipo
y sus logros fueron el hecho de mantener los pies sobre
la tierra, ser un grupo unido, siempre ir de frente y el
trabajo, porque en definitiva, si vos trabajás bien
en la semana, tenés buenos jugadores como tiene
Boca, las cosas no pueden salir mal, algunos pueden hablar
de la suerte, pero estoy seguro que a la suerte también
hay que acompañarla”, razona.
“
El 2004 será un año muy duro con muchos compromisos
y obligaciones porque todo el mundo mira a Boca como el
equipo imbatible que debe ganar todo lo que juega. Yo debo
ser más cauto y pensar que el año pasado
fuimos campeones locales, de la Copa Libertadores y le
ganamos al Milan en Japón y este año debemos
salir con la misma humildad y tranquilidad como si no hubiésemos
ganado nada”, propone.
Pero si hay algo que no puede concebir es que tanto él
como sus jugadores se aburguesen sobre los títulos
obtenidos: “No podemos quedarnos con que somos campeones
del mundo y se terminó todo –aconseja–.
Comienza un nuevo año y los objetivos siempre son
los mismos: estar arriba en todos los torneos que nos toque
disputar. Hay que mantener la calma y ser consciente que
los otros equipos también juegan y transmitírselo
a los jugadores, ésa es mi tarea”.
Hay un tema del que siempre es renuente a hablar: su desembarco
en la selección argentina. Es aclamado y reclamado
para el cargo por todos los integrantes del “mundo
fútbol”, pero por razones que nunca fueron
esclarecidas, hasta ahora no tuvo la oportunidad. “Saben
bien que de la selección no hablo desde hace bastante
tiempo. Hoy soy el técnico de Boca y por un tiempo –tiene
contrato hasta el 2005– lo seguiré siendo
y a eso me debo”.
El más
ganador
Con sus 15 títulos, 9 en Boca y 6 en Vélez,
Carlos Bianchi se erigió en el entrenador argentino
más ganador de la historia, por sobre otros grandes
como Angel Labruna, Juan Carlos Lorenzo, Osvaldo Zubeldía
y Ramón Díaz (todos con siete). Y si bien
es cierto que en el mundo hay directores técnicos
que obtuvieron más campeonatos, como el escocés
Alex Ferguson (DT del Manchester United de Inglaterra)
que sumó 32 estrellas en su trayectoria, no hay
otro que haya obtenido tanta cantidad de logros internacionales.
“
El Virrey” sumó nada menos que ocho títulos
de esa categoría y hay que sumarle 4 Copas Libertadores,
el torneo regional más prestigioso y 3 Copas Intercontinentales,
cifras que no alcanzó ningún otro.
En estos últimos casos el porcentaje de eficacia
es fabuloso, ya que en total jugó cinco Libertadores –sólo
perdió en el ´95, cuando era entrenador de
Vélez, contra River y por penales– y disputó cuatro
Intercontinentales, de las que únicamente se le
escapó la del 2001, con Boca frente al Bayern Munich.
Su fundación
Todo comenzó muy cerca del cielo. Fue en un avión, cuando cuatro
amigos, volvían, felices, a fines de 1994, de un viaje distinto: en
Japón, Vélez Sarsfield, había conquistado la Copa Intercontinental.
Uno de esos amigos era precisamente, el director técnico del equipo,
Carlos Bianchi. Lo acompañaban el comediante Jorge Guinzburg, Daniel
Comba y Fernando Mitjans. En esas horas compartidas allá arriba surgió la
idea de hacer algo por los otros, por los que menos tienen. Así llegaron
a la conclusión de que construirían hogares para albergar a chicos
que duermen a la intemperie y nació la Fundación Por un Mundo
Mejor, de la que Bianchi es el presidente y Guinzburg, el vice.
El primer hogar de la obra se encuentra en San Marcos Sierra, un pueblito de
Córdoba y alberga a aproximadamente 1.300 chicos. Aún está en
construcción, pero ya les dan alojamiento y tiene una escuela de oficios
y espacio suficiente como para realizar diferentes deportes. Por ésta
y otras iniciativas benéficas que realiza la Fundación, Bianchi
fue distinguido como "Ciudadano Ilustre" de Buenos Aires.
Vamos tranquilos y sin locuras,
recién comienza
el año, hay mucho por trabajar
y mucho por disputar.
“
Margarita –llevan 37 años juntos– es
una compañera con todas las letras, me banca en
las buenas y las malas, siempre está en todo momento.”
Carlos Bianchi nació el 26 de abril de 1949. Jugó en
Vélez (1967-72), Reims (1973-76), Paris Saint-Germain
(1977-79), Racing de Estrasburgo (1979-80), Vélez
(1980-84), Reims (1984). Partidos Jugados: 546. Goles:
392. Como entrenador: Reims (1984-88), Niza (1989-90),
París FC (1990-91), Vélez (1993-96), Roma
(1996), Boca (1998-2001 y 2003 hasta la actualidad).
POR GABRIEL PROFITI
Colaboró Luis Digiano.
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