Es
el número uno y el líder de la selección
nacional de voleibol. Después de más de
un año sin jugar en ese equipo, volvió
a calzarse la camiseta albiceleste y se clasificó
para los Juegos Olímpicos de Atenas. Con ojos
rasgados a lo Richard Gere, tiene 32 años, 2,02
metros de altura y mucho carisma. Fuera de la cancha
es un ídolo tierno, y dentro de ella, le pega
con alma y vida.
Mientras cumple
con el rito de colgarse una bolsa de hielo sobre la
rodilla izquierda por culpa de una tendinitis, Milinkovic
también cuenta cómo nació su pasión
por el voleibol, a fines de los '80, después
de probar suerte en el fútbol y el básquetbol,
de crecer 20 centímetros en un año y de
comprobar que semejante altura le iba a traer inconvenientes
para viajar parado en colectivo.
"Me decidí porque empecé a entrenar
con un grupo de amigos que hacía voleibol, me
enganchó y así arrancó esta historia
en Sportivo Ballester", rememora Milinkovic, quien
luego recibió un nuevo impulso al ver a la selección
argentina que consiguió la medalla de bronce
en los Juegos Olímpicos de Seúl '88.
De Sportivo Ballester y con 17 años pasó
a Obras, donde logró un título. Luego
sería transferido al Livorno, un modesto equipo
de la segunda división de Italia en el que las
cosas no le fueron del todo bien. Regresó a Sudamérica,
al Cocamar de Brasil, luego se incorporó al Chapecó
y finalmente deslumbró en el equipo Olympikus
del mismo país.
Consagrado en Brasil, volvió a probar suerte
en Italia, aunque ya con el rótulo de estrella.
Pasó por el poderoso Treviso, donde no alcanzó
el nivel esperado y recaló en el Asystel Milano,
con el que se clasificó finalista del campeonato
más importante del mundo. En ese lapso llegó
a ser uno de los mejores cinco jugadores del mundo y
también dejó su aporte en la selección
argentina, como en el Panamericano. A medida que crecía
delante de la red, aumentaba su magnetismo hacia las
mujeres, que lo aclamaban en la Argentina, Brasil o
Italia. No obstante, mantuvo celosamente su intimidad
y en vez de hablar de novias, simplemente se llenó
la boca para valorar a mamá Aurora y a sus hermanas
Ivana y Mariana. Su papá, quien en principio
hubiese querido que fuera basquetbolista, falleció
cuando tenía 21 años y esa ausencia significó
el golpe más duro que iba a recibir el Milinkovic
hombre, según él mismo lo reconoce.
Ya en el nuevo siglo, "el Killer" se convirtió
en el segundo mejor jugador de los Juegos de Sydney
2000, donde la selección finalizó cuarta
a un paso del podio y fue la cara del elenco anfitrión
del Mundial de Voleibol 2002. En ese torneo, el equipo
construyó un idilio con el público y Marcos
fue elegido mejor jugador.
Pero en lo que parecía la génesis de una
etapa gloriosa surgió la debacle dirigencial
(ver recuadro) y la selección debió mirar
los certámenes por TV. Al mismo tiempo Milinkovic
daba por concluido su segundo período en Italia
y abría una nueva etapa en Brasil, en el Unisul,
donde aún permanece y es dirigido por su compadre
de mil batallas, Javier Weber, quien se retiró
de la selección en el Mundial.
- ¿Cómo es jugar sin Weber?
- Es difícil porque estuve con él desde
que empecé en la selección. Desde el '90
fue mi armador y se extraña, pero la verdad es
que con "el Gordo" (Hernán) Ferraro
nos entendemos muy bien también, y nos iremos
a Atenas, con lo que tenemos para tratar de conseguir
una medalla.
¿Cómo fue vivir un año sin selección?
- Fue muy duro y muy triste. Todo el grupo estaba muy
ansioso de volver a jugar en la Argentina después
de lo que fue el Mundial pasado, pero nos quedamos con
las ganas. Lamentablemente nos sacaron de la Liga Mundial
(es el máximo campeonato anual que organiza la
FIVB), así que no sé cuándo vamos
a poder jugar nuevamente en nuestro país. Es
un estado de emergencia.
- ¿Quién tiene la culpa de lo que pasó?
-Todos le echan la culpa a (Mario) Goijman, pero no
es el culpable, obviamente tiene su responsabilidad
como la tienen muchísimos dirigentes, pero culpable
es todo el grupo de gente que estuvo y el que está,
porque ninguno está pensando en hacer crecer
al deporte, cada uno piensa en beneficios personales,
en estar en lo más alto del poder.
- ¿Y tu retiro aparece en un futuro cercano?
- Noooooo. Por ahora pienso en seguir. Por suerte en
Brasil nos fue muy bien el año que pasó,
ganamos los dos campeonatos que jugamos y estamos peleando
en el nuevo. Y ahora estoy con la cabeza en los Juegos
Olímpicos.
- ¿Pero te planteaste jugar una cierta cantidad
de años más o pusiste algún tope?
-(Se ríe a carcajadas) No, eso lo voy a decidir
con el tiempo, me siento bárbaro, tengo muchas
ganas de jugar cien años más, pero eso
lo iré decidiendo con el tiempo. Por ahora pienso
seguir jugando por un rato largo.
- ¿El volver a la Liga Argentina puede ser una
posibilidad para terminar tu carrera?
- Creo que hay muchas posibilidades. La Liga está
creciendo muchísimo, por suerte entró
un empresario enorme como Marcelo (Tinelli) y se acercaron
un montón de otros sponsors, así que se
está manejando muy bien, está bastante
organizado y a medida que pasen los años, si
sigue esta evolución, vamos a tener un gran torneo
y espero estar.
- Con todo lo que pasó ¿no te dieron ganas
de ser dirigente?
- No, por ahora estoy pensando en jugar. Después
veremos si es posible dar una mano en alguna otra cosa,
por ahora no me lo he planteado. Está claro que
si hace falta dar una mano, la daré, pero no
es lo que tengo en la cabeza ahora.
- ¿Brasil es tu segundo hogar?
- No sé. Fue una parte muy importante de mi vida
y me siento muy cómodo allá. Pero en Italia
también pasé seis o siete años
maravillosos en los que conocí mucha gente e
hice muchas amistades. Se extraña, ahora que
estoy en Brasil extraño cosas de Italia y cuando
estaba en Italia, me pasaba al revés. La gente
me recibió muy bien en ambos lados y lo disfruto.
- ¿Y la Argentina se extraña?
- Muchísimo. La familia, los amigos, el juntarse
a tomar algo después de los entrenamientos y
esas cosas del país se extrañan muchísimo.
- Te convertiste en la cara del voleibol argentino en
la última década. ¿Cómo
manejás la popularidad?
- Lo manejé bien. Fue muy sorpresivo en los primeros
años, cuando se dieron situaciones muy grandes
con el público. No esperaba un "feeling"
tan fuerte en poco tiempo y el primer período
fue sorpresivo y costó adaptarse, pero no cambié
nunca mi forma de pensar, de ser. Seguí siendo
el mismo chico de barrio que era cuando tenía
15 o 20 años y la verdad es que estoy contento
por eso, por no haber cambiado todo lo que me hacía
sentir feliz cuando tenía mucho menos que ahora.
- ¿Cómo ves a la Argentina desde afuera?
- (Piensa un rato antes de contestar) Creo que de a
poco va queriendo. Creo que este gobierno está
haciendo un trabajo interesante, hay que darle un poco
más de tiempo, pero este primer año fue
positivo. Igual hay algunas cosas que siguen sucediendo
en la Argentina como asesinatos y secuestros que deben
resolverse. Pero veo que la gente está bastante
entusiasmada con el proyecto.
- ¿Seguís soltero?
- Ehh... no. Estoy viviendo con una persona.
- ¿Te llegó la hora?
- Estoy muy contento, es una persona muy simple también.
Nos llevamos bastante bien y veremos qué es lo
que pasa...
- ¿Cómo se llama?
- Dejémoslo ahí.
La dirigencia
El equipo fue "proscripto" cuando culminó
el Mundial 2002 por una crisis dirigencial.
Todo comenzó antes del Mundial de Voleibol en
plena hecatombe nacional. El presidente de la Federación
Argentina (FAV), Mario Goijman, le reclamaba a su par
de la Internacional (FIVB), el mexicano Rubén
Acosta, el dinero que le correspondía por derechos
de televisación. Como Acosta veía en Goijman,
un adversario para su sillón, la relación
se tensó. Ya en el Mundial, el mexicano acusó
a Goijman de haber firmado contratos de sponsorización
sin el aval de la FIVB, algo que el dirigente argentino
siempre negó con papeles en la mano. Como en
una carrera armamentista, ninguno cedió. La FAV
no acató las órdenes del cambio dirigencial
reclamado, Acosta extendió la condena a la entidad
nacional y ordenó la expulsión de Goijman
y sus aliados. La selección pagó los platos
rotos: no pudo intervenir en los torneos internacionales.
Finalmente, la FIVB creó un "grupo de trabajo"
constituido con dirigentes díscolos de la gestión
Goijman. Con ellos, que representan a un minúsculo
grupo, se creó la Federación del Voleibol
Argentino (FeVA.
Los años más trascendentes:
1971: El 22 de diciembre nace en San Martín,
Argentina.
1988: Debuta en el voleibol profesional en Sportivo
Ballester.
1990: Se estrena con la selección argentina en
el Campeonato Sudamericano de Brasil.
1991: Medalla de bronce en el Panamericano de La Habana.
1992: Primera incursión italiana con la camiseta
del Livorno.
1993: Medalla de plata en el Campeonato Sudamericano.
1995: Campeón Panamericano en Mar del Plata.
1995-99: Experiencia brasileña, juega en los
mejores clubes de ese país.
2000: Es elegido segundo mejor jugador de los Juegos
Olímpicos de Sydney.
2000-01: Vuelve a Italia. Juega en Sisley Treviso y
luego en Asystel Milano.
2002: Fue elegido como mejor jugador del Mundial de
Argentina.
Por Gabriel Profiti
Fotos: Carlos Alfano y Agencia Noticias Argentinas