Virpi
Niemela Tiene 67 años y trabaja en lo que la
apasiona: la astronomía. Desde el Observatorio
Astronómico de La Plata, estudia las estrellas.
Da clases en la Universidad y es una de las dos únicas
mujeres que integran la Academia Nacional de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales.
En el entramado diagonal de la ciudad de La Plata, la
intersección de las calles 53 y 1 abre paso al
Paseo del Bosque. Bajo sus cientos de pinos y eucaliptos
que perfuman la atmósfera, se esconde el centenario
Observatorio Astronómico de La Plata. Desde allí,
y por donde los árboles dejan un hueco que deja
colar los rayos del sol, la astrónoma Virpi Niemela,
67 años, miembro de la Comisión de Investigaciones
Científicas de la provincia de Buenos Aires y
reconocida figura internacional, estudia el cielo. ¿Será
que de tanto mirarlo, sus ojos parecieran haber adquirido
casi su mismo color? Quién sabe…
¿Talento importado?
Virpi transita despacio sobre las hojas de un otoño
inminente. De camino al Telescopio Reflector, esta finlandesa
radicada en la Argentina hace más de 50 años,
cuenta que a sus jóvenes 19, cuando llegó
a la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) a explorar
los misterios del Universo, los viejos astrónomos
vivían dentro del Observatorio mismo. A pesar
de su origen europeo, dice que ella se siente más
argentina que finlandesa. Se respira orgullo al caminar
al lado de una de las dos únicas mujeres que
integran la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas
y Naturales, que además el año pasado
se convirtió en la primera investigadora femenina
en recibir el Premio Konex de Platino en Astronomía.
De no descubrirlo casi escondido en su biblioteca, ella
ni siquiera lo hubiese mencionado. Es que es humilde,
o no: simplemente no necesita ostentar méritos,
porque ella en sí misma es un mérito.
Los Konex fueron instituídos en 1980 para que
las jóvenes generaciones tomaran como ejemplo
a las personalidades más distinguidas del diverso
quehacer nacional. Bueno, Virpi es una de ellas. ¿Más
reconocimientos? En 1998 la Academia Nacional de la
que es miembro le otorgó el Premio Carlos Varsavsky,
y también en 2003, fue elegida la Mujer del Año
por un diario nacional.
–Eso quiere decir prestigio…
–“Eso quiere decir que una está viejita,
y que está llegando al fin de su carrera…”,
dice con una sonrisa entre irónica y tristona,
la misma sonrisa, casi constante, que transforma su
rostro de mujer seria en uno simpático, de mejillas
coloradas y ni un gramo de maquillaje.
Genio y
figura
Durante la caminata por el Paseo del Bosque, Virpi habla
de la historia del Observatorio, de la fundación
de la ciudad, de la hinchada de Gimnasia, de que a Júpiter
se lo puede ver muy rara vez y de que el sol en la cara
le molesta. Es lógico: la señora trabaja
gran parte del tiempo durante la noche. En el predio
no hay quien se cruce con Virpi y no la salude con una
suerte de reverencia. Es que la astrónoma además
de astronóma, es profesora titular en la Facultad
de Ciencias Astronómicas y Geofísicas
de la UNLP, donde está a cargo de la cátedra
de Astronomía Observacional. A esta edad, ¿vocación
o necesidad económica? “Los sueldos de
docentes son inferiores a los $ 100… A mí
lo que me gusta es el contacto con los chicos. Estar
con jóvenes siempre te da energía. Dentro
de la Universidad, este Observatorio es un mundo aparte,
los alumnos lo quieren y lo cuidan como a su casa”
... “¿Y yo? Yo como una abuela…”.
Incansable abuela, que piensa dedicarse al estudio del
Universo hasta los 100 años (dixit). Cuenta entre
risas: “Los astrónomos son tan fanáticos
que en las reuniones no hablan más que de estrellas
y esas cosas, y cuando se van de vacaciones, se van
a congresos de astronomía”.
–Virpi, pero usted habla en tercera persona…
–Bueno, vamos a congresos de astronomía.
A estas alturas, a Niemela la invitan a cuanto encuentro
y simposio se hace sobre el Cielo. Y ella va. “En
tanto y en cuanto haya plata”, aclara. Sin ir
más lejos, el año pasado la Unión
Astronómica Internacional (UAI) la convocó
a su Asamblea General celebrada en Australia, para que
presentara los resultados sobre sus investigaciones
acerca de las estrellas binarias en las Nubes de Magallanes
(satélite de la Vía Láctea). Ella
ya tenía experiencia: había participado
de otro en Kyoto, Japón, en 1997.
Fanática
como pocas
Virpi asegura que la de ella es una profesión
que, como tantas otras, requiere de pura vocación.
“Si uno lo que quiere es ganar plata, la Astronomía
no es la elección correcta. Además, de
los que ingresan a esta carrera, suelen quedar pocos:
cuando ven que hay mucha matemáticas, se van.
La astronomía no es solamente mirar por el telescopio”.
Para ella, también es saber de física,
de física tómica, cuántica y de
partículas, de reacciones nucleares, de computación
“¡y de inglés! Casi como un segundo
idioma materno”. Y lo confirma cuando nombra con
una perfecta pronunciación y fluidez el nombre
de las publicaciones internacionales y especializadas
donde publica sus trabajos (ya lleva más de 130)
y lee habitualmente. Para Virpi, nada de diarios ni
revistas de chismes.
Al mirarle los ojos cabe la pregunta de su color y la
relación de horas que pasa mirando el cielo.
Al mirarla mirando el cielo, cabe preguntarse, por qué
no, si no sufre frecuentes dolores de cuello: “A
mi edad… ¡Se tienen dolores de todo: cuello,
espalda, rodillas…! Igual, ya no estoy tanto tiempo
mirando para arriba: ahora estoy mucho sentada estudiando
las imágenes desde las terminales de computadora.
Pero a mí me gusta más hacerlo por el
telescopio: esa era la astronomía de antes…”,
dice, y por vigesimoctava vez (como mínimo),
comparte con su interlocutora una risa cómplice.
De Polo
a Polo
“Nací en Finlandia, allá, muy cerquita
del Polo Norte”, explica, y dice con conocimiento
de causa: “En el Polo Sur se ve más lindo:
hay más estrellas visibles”. Cuando estaba
finalizando la Segunda Guerra Mundial, su papá,
que era técnico en mecánica de precisión,
leyó un aviso del gobierno argentino pidiendo
personal especializado. Y se vinieron: ella tenía
17 años, cuatro hermanos menores y otro por venir,
y el sueño de convertirse en investigadora. No
hablaba una palabra de castellano (todavía le
quedan resabios…). Sentada con las manos cruzadas
sobre la panza, rememora aquellos días. “Tenía
muchos amigos, y los extrañaba. Pero también
a esa edad se hacen nuevos y más rápido”.
Vuelve a reírse ante la pregunta de si dejó
algún noviecito por aquellos lados. “Y
sí, alguno quedó...” (Ya vamos por
la risa número 50, aproximadamente).
“Siempre me interesaron las ciencias, y tenía
nociones de astronomía porque mi papá
se compraba publicaciones especializadas”. Virpi
se doctoró en 1974 y para entonces ya era considerada
por sus cinco hermanos como una excéntrica: “No
podían creer que a Fin de Año o en Navidad
yo estuviese arriba de una montaña, mirando por
un telescopio”, cuenta. “¿Qué
iba a hacer, te toca el turno y tenés que cubrirlo.
Si explota una Supernova (estrella que colapsa súbitamente
y tiene rebote sobre sí misma proyectando material
luminoso al espacio), no contemplamos si es sábado,
domingo o Año Nuevo. Tenés que estar”,
afirma. La astrónoma explica que un suceso de
este tipo no ocurre en nuestra galaxia desde hace 500
años. También cuenta que una vez, esperando
el colectivo en Retiro, pudo observar una Supernova:
“Fue en… ¿1996 Rober? –le pregunta
a su tesista–. Era tan brillante que la pude ver
sin telescopio”, relata. Dice que su mayor descubrimiento,
y una vez más, sólo porque se le pregunta,
fue haber observado la explosión de otra estrella
en lo que ellos llaman épocas tempranas. ¿Y
eso fue muy importante? “Y bueno, no se registraban
precedentes en el mundo”, contesta la mujer, que
mide la vida en años luz y tiene los ojos color
del cielo.
“La astronomía es mucho más
interesante que la ciencia ficción”
La Unión Astronómica Internacional afirma
que el 35 por ciento de los especialistas argentinos
en astronomía son mujeres. Así, nuestro
país tiene el promedio más alto de presencia
femenina en esta ciencia, mientras que el promedio mundial
es del 12 por ciento. Bueno, Virpi es una de ellas,
y pionera. “En mi época éramos muy
pocos alumnos, pero el número ya empezaba a crecer.
Y llegó al máximo cuando por la tele pasaban
la serie Cosmo, de Carl Sagan”, detalla. Actualmente,
dice tener muchos proyectos: “Entre ellos, estudiar
estrellas de gran masa, porque aún no se sabe
cuál es el máximo tamaño”.
Ahora, cuenta, están “pesando” estrellas
que tienen 10, 20 y hasta 30 veces más que el
mismísimo Sol.
-¿No angustia pensar todo lo que falta por descubrir,
o que lo descubierto puede no llegar a ser una certeza?
-Certezas no hay nunca, lo que uno ve es su propia interpretación.
Y no, no es angustiante, es mucho más divertido
que leer ciencia ficción. La astronomía
tiene cosas mucho más sorprendentes que esos
libros.
La abuela que vive en las estrellas
Detrás de su escritorio repleto de papeles y
libros sobre constelaciones y cuerpos celestes, Virpi
cuenta que vive en su casa de Villa Elisa también
con dos perros y cuatro gatos que ella misma rescató
del abandono. Allí, dice, tiene un parque grande
y cuando recibe la gratísima visita de sus cinco
nietos, les muestra las estrellas del cielo. “Lo
primero que les enseño es por qué existen
el día y la noche. Y que el sol, cuando no lo
vemos, no se va, sino que es la Tierra la que da vueltas
a su alrededor. Después les explico que hay planetas,
y les cuento cuáles son”, relata. La camada
de hijos de sus dos hijos ya maneja, de alguna manera,
conocimientos sobre el Sistema Solar: los aprenden y
aprenden cotidianamente gracias a los jueguitos de computadora
que, naturalmente, son regalo de la abuela.