Las operaciones son un tema difícil
de tratar con los chicos, sobre todo cuando es a ellos
a quien les toca sufrirlas. Se complica cuando tienen
que ser intervenidos quirúrgicamente con internación
incluida porque esto significa un cambio en la rutina
diaria. Según la psicoanalista Alicia Díaz
Farina, “a los niños se les debe explicar,
antes de que sean operados, qué les sucederá
con los términos adecuados a su edad”.
Lo mejor es graduar la cantidad de información
y dárselas en pequeñas dosis para no atosigarlos.
Al contarlo, los padres ponen en palabras sus propios
miedos, y de esta manera no se corre el riesgo de que
ellos transmitan sus angustias. “Es muy importante
inventar juegos con los niños donde se pueda
recrear la escena quirúrgica, con juguetes sencillos
y hasta caseros” comenta Alicia, y agrega que
“lo fundamental son las palabras que acompañan
al juego y a las escenas, eso es lo que ellos necesitan
para enfrentar una situación desconocida como
es una operación.” Otra manera de familiarizarlos
con el evento es que participen de los preparativos
que anteceden a la internación y que armen el
bolso con sus efectos personales preferidos. Una excelente
alternativa, a veces imposible de llevar a cabo, es
visitar la clínica para que conozcan el lugar
de internación y al personal del establecimiento.
Una explicación para cada edad
La edad influye mucho a la hora de tratar estos temas
con los chicos. Según el doctor Juan Manuel Bulacio,
médico psiquiatra y Director del Instituto de
Ciencias Cognitivas Aplicadas (ICCAp), “cuando
el niño es menor, la incertidumbre y el desconocimiento
son mayores y por ello siente más miedos acerca
de todo”. A medida que van creciendo, “debido
a sus aprendizajes y creencias previas, tienen un mayor
grado de abstracción acerca de lo que implica
una operación”, agrega el doctor Bulacio.
Por esto mismo, los profesionales aseguran que lo mejor
es dialogar con los hijos si se presenta una situación
semejante.
Hasta que cumplen los tres años se les da una
explicación simple, sin demasiados detalles para
no complicarlos. De los tres a los seis, ya tienen una
mínima noción de cómo funciona
su anatomía, y de seis en adelante pueden asimilar
mejor y más cantidad de información. Eso
sí, hay que definir con el médico qué
es lo más adecuado en cada caso particular, porque
las situaciones y personas son únicas. Según
Juan Manuel Bulacio, “el primer profesional que
debe ocuparse del tema es el que va a realizar la operación,
el médico tiene que facilitarle a la familia
y al paciente la información necesaria. Si la
situación se complica se puede consultar a un
psicólogo.”