Mucho
más realista y factible, el nuevo concepto de
belleza tiene que ver con estar bien, respet ando lo
que a cada uno le tocó en suerte. Atrás
quedaron los mandatos y la obsesión por la juventud
eterna. Cirujanos, dermatólo gos y estilistas
coinciden que hoy, para los argentinos, es más
importante ser que parecer.
Elegantes, coquetas
y rigurosas en el cuidado de su aspecto, las argentinas
siempre se destacaron por ser grandes consumidoras de
estética. Saben de nutrición, hablan de
calorías, dominan la cosmética, opinan
sobre fitness, disertan sobre cirugía y chismosean
sobre toques y retoques... Con conocimiento de causa.
Hasta hace un par de años la coquetería
era patrimonio exclusivo de las mujeres, ahora, ellos
también se sumaron a esta cruzada.
Los ’90 quedarán en el historia como una
década paradigmática por el afán
excesivo por ser admirados. En aquellos años,
en la obsesión por la juventud eterna, los rasgos
parecían elegirse por catálogo. Los labios
de Kim Bassinger estaban entre los más solicitados,
junto con los pómulos de Kate Moss y la nariz
de Michelle Pfeiffer. “Uno de los signos de alerta
para no operar una paciente es cuando pide parecerse
a una celebridad. Lo mismo sucede cuando buscan rejuvenecer
por medio de la cirugía, porque esto es imposible.
Lo que sí se puede, es lograr que las personas
se vean bien, pero respetando su propia fisonomía”,
asegura el doctor Ricardo Yohena, secretario general
de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica
y Jefe de Cirugía Plástica del Instituto
de Rehabilitación Psicofísica. “La
cirugía no es magia y tiene limitaciones, pero
si es posible lograr que las personas se vean y sientan
bien. Una cirugía bien hecha no se nota”,
coincide la doctora Griselda Seleme, especialista en
cirugía plástica y estética.
La crisis nos tocó profundamente en nuestra identidad,
y entre cacerolas e incertidumbre se produjo una gran
transformación. En materia de cuidados estéticos,
el 3 x1 obligó a reconsiderar prioridades y a
modificar hábitos, pero para nada abandonarlos.
Ellos cada
vez son más
Hace un tiempo la cadena inglesa BBC realizó
una encuesta a 45 mil mujeres, de donde surgió
que una de cada tres encuestadas estaba medianamente
conforme con lo que la naturaleza le dio, mientras que
sólo una en 25, se mostraba completamente satisfecha
con lo que le tocó en suerte.
Más de la mitad declaró que si la cirugía
estética fuera gratis cambiaría una o
dos cosas de su apariencia (véase ¿Cirugía
gratis?). En la Argentina, la cirugía estética
está en aumento. Según el doctor Yohena,
“hace 25 años la cirugía estética
estaba dirigida a un determinado grupo social. Con los
años, las mujeres fueron ganando un espacio en
la sociedad, cumpliendo un papel activo en distintas
profesiones, compitiendo no sólo en lo intelectual
sino también en lo referente a la imagen. Los
medios colaboraron con su difusión, destacando
los logros alcanzados con distintas cirugías
de figuras famosas. Aunque en el 2001 las intervenciones
estéticas disminuyeron considerablemente, en
la actualidad esto se está revirtiendo”.
Tanto es así, que se calcula que en la Argentina,
una de cada 30 personas se ha sometido a una operación
para remodelar sus rasgos faciales o su cuerpo, según
una encuesta realizada por la revista estadounidense
Newsweek, del 16 de agosto de 1999.
Pero no sólo las mujeres consumen estética,
ya que de cada 100 personas intervenidas, por lo menos
25 corresponden al sexo masculino, mientras que hace
15 años este porcentaje no superaba 5 % del total
de los casos, y por lo general, sólo se trataba
de casos excepcionales que querían corregir su
nariz (rinoplastia). Ellos también fueron tomando
confianza, y agregaron los transplantes de cabello al
menú básico de retoques, a lo que inmediatamente
siguió la lipoaspiración abdominal, –cada
vez más común en pacientes de edad intermedia–,
la blefaroplastia (párpados) y –por qué
no– los liftings. “Actualmente las intervenciones
en hombres oscila de entre un 10% a un 25%, de acuerdo
a los centros quirúrgicos”.
Según pasan los años
Obviamente la edad determina la zona a tratar, pero
en líneas generales, se podría afirmar
que las más jóvenes se operan la nariz
y quieren aumentar las mamas. Las mujeres de edad intermedia
vuelven a consultar por las mamas y también piden
abdominoplastias, –luego de los embarazos–,
a los 40 consultan por miniliftings y blefaroplastias,
mientras que las mujeres adultas, se hacen liftings.
La demanda por el colágeno aparece con las primeras
arrugas de expresión mientras que el Botox, con
las patas de gallo. La cirugía plástica
está socialmente aceptada, y de hecho, la realidad
muestra que hombres y mujeres, cada vez se inician más
temprano –el 13% de las cirugías totales
se hacen a adolescentes–, con los riesgos que
esto tiene. Afortunadamente en los últimos años
también se ha notado una tendencia a utilizar
los recursos de la cirugía plástica sin
descuidar la propia fisonomía, pese a ciertos
personajes mediáticos que parecerían cortados
con la misma tijera... O el mismo bisturí.
Mientras las norteamericanas encabezan la lista de las
mujeres que más esfuerzos hacen para evitar las
arrugas, las latinoamericanas son las que menos, según
una encuesta realizada por Avon sobre 21.000 mujeres
de 24 países.
Esto no significa que las argentinas no seamos coquetas
y también discretas, cuando se trata de revelar
intervenciones. Por lo general, cuando el espejo no
devuelve una imagen satisfactoria, la primera opción
son los tratamientos poco invasivos. Recién a
los 30 las mujeres empiezan a considerar más
seriamente los métodos para borrar las arrugas
de un plumazo.
En cambio ellos siguen distraídos hasta los 45
años, que es cuando empiezan a pensar y ocuparse
por el envejecimiento. Las esposas juegan un papel clave
en esto ya que, por lo general, son las que los arrastran
al consultorio.
En materia de tratamientos sin llegar al bisturí,
el menú es variadísimo, hay inyecciones
de Botox, de colágeno, peelings y láser,
para nombrar los más conocidos. Todos apuntan
a renovar la piel, relajar músculos, planchar
líneas, borrar arrugas, agrandar labios, aumentar
pómulos... y modificar en un santiamén
cualquier esbozo de envejecimiento o fealdad.
¿El
hombre es como el oso?
Antes, coquetas eran las mujeres. En la actualidad el
sexo fuerte no está muy convencido de aquello
de que “el hombre es como el oso...”. A
partir de los años ‘90 puede verse un concepto
de imagen universal, lo que ha cortado la brecha entre
los géneros.
Para el doctor Yohena, “los hombres no tienen
complejos a la hora de manifestar su coquetería,
especialmente luego de una rinoplastia que los vuelve
mucho más extrovertidos”. Súper
informados, ellos acuden a los consultorios y quirófanos
convencidos de lo que quieren. “A los 18 buscan
corregir las orejas, la nariz y el mentón, a
los 30 los preocupa la calvicie y recién después
de los 50 se animan a operarse los párpados y
hacerse un minilifting”.
Además, en estos últimos años fueron
engrosando las listas de consumidores de productos antiage
–una conocida marca de cosméticos llegó
a afirmar en su sitio Web que actualmente el 21% de
los hombres utiliza productos para el cuidado de la
piel, en comparación con el 4% que lo hacía
en 1990–, y las peluquerías, en donde pasan
largas jornadas entre baños de crema, coloración
para disimular canas, claritos, oscuritos, manicuría
y pedicuría –con nutrición y pulidos
incluidos– y en muchos casos, limpiezas de cutis
y depilación con cera, muy de moda entre los
deportistas.
Sí, el sexo fuerte también sufre la presión
social de verse joven. Miguel Bardeggia, propietario
de Evian Agua Club & Spa, de Buenos Aires, cuenta
que “a partir de la crisis se vio un aumento en
la demanda de los tratamientos del spa. Y aunque la
estética es una demanda principalmente femenina,
los hombres también solicitan los masajes de
drenaje linfático y tratamientos con algas para
reducir centímetros”.
El fenómeno de la coquetería masculina
ha acuñado un nuevo término. El metrosexual,
que se refiere al hombre heterosexual con un profundo
sentido estético que invierte gran cantidad de
tiempo y dinero en su apariencia física. El futbolista
inglés, David Beckham es el paradigma de este
nuevo género que en la Argentina suma cada vez
más adeptos.
Cada día
más lindas
Quizá porque no hay segundas oportunidades para
dar primeras impresiones, hombres y mujeres se preocupan
por verse bien. Y aunque resulte obvio que la belleza
no es el más importante de los valores, no puede
negarse que afecta directamente la autoestima.
Las latinoamericanas son, junto con las mujeres de Asia
pacífica, las que tienen la autoestima más
alta. Paradójicamente, reconocen que los productos
de belleza no son un lujo sino una necesidad. Además
invierten tiempo y dinero en su imagen y si no están
conformes con lo que refleja el espejo, no dudarían
en recurrir a una cirugía.
Verse bien no es sinónimo de detenerse en el
tiempo. Y como está demostrado que cuanto antes
se empieza con las cirugías, mayores son los
riesgos de caer en una adicción, es importante
saber cuándo parar.
Para la actriz Diane Keaton, que a los cincuenta y tantos
y “sin ayuda” se dio el lujo de mostrar
su absoluta desnudez en Alguien tiene que ceder, la
respuesta está en la misma pregunta “¿Por
qué algunas personas prefieren verse como si
no hubieran experimentado la vida?”.
Retoques de fin de semana
La cosmiatra mendocina Doris James supo aprovechar el
impacto de la crisis para embarcarse en un proyecto
innovador. Desde Santiago de Chile, en donde reside
hace 14 años, organiza paquetes de Turismo-Belleza
a Mendoza con grupos de 5 a 10 personas. Luego de una
primera consulta en donde asesora a los interesados,
organiza el viaje por tres o cuatro días de acuerdo
al tiempo de las intervenciones. Por 25 dólares
diarios los pacientes disponen de un departamento para
dos personas con desayuno (a esto debe agregarse el
precio de las operaciones). La Cirugía Express
ya lleva más de 200 chilenas y chilenos operadas
con éxito. “Es indudable que las técnicas
son más modernas en la Argentina”, cuenta
Doris, que cada 15 días embarca a sus pacientes
en un viaje rejuvenecedor.
¿Cirugía gratis?
La cirugía estética es una recurso que
mucha gente utilizaría si fuera sin costo. No
hay más que leer los diarios. El 17 de marzo,
El Día de La Plata, publicó una convocatoria
en donde se invitaba a los jóvenes platenses
que quisieran ser voluntarios a someterse a intervenciones
estéticas. Las cirugías de nariz, mamas
y liftings, realizadas con técnicas de vanguardia,
serían utilizadas durante el congreso de Cirugía
Plástica, en el Teatro Argentino de La Plata.
En menos de 48 horas, cientos de personas se acercaron
al Hospital Rossi, cuyas líneas telefónicas
no pararon de sonar durante los días que duró
la convocatoria. Finalmente se seleccionaron los 4 voluntarios
para las cirugías estéticas reparadoras.
Cabelleras limpias y coloridas
El cabello largo lidera el ranking de preferencias de
las argentinas, y en lo referente al color se debaten
entre los rubios y los rojos, en cualquiera de sus variantes.
Aunque la crisis fue lapidaria para la cosmética
y recién a mediados del 2003, la Cámara
Argentina de Perfumistas y Afines (CAPA) informó
un aumento en las ventas de cosméticos con relación
al año anterior, los productos capilares –junto
a los de higiene descartable y artículos de tocador–
fueron los que los consumidores menos resignaron frente
a la crisis. Según datos de Unilever, la Argentina
tiene los valores más altos de Latinoamérica
en materia de consumo de champúes y acondicionadores.
Los productos de peinado tienen una penetración
similar en ambos sexos y en coloración la diferencia
es abismal: 60% para las mujeres y 10% para los hombres.
Para Oscar Fernández de la peluquería
Roho, “la gente va a la peluquería también
a pasar un buen momento. Por lo general los adultos
vienen a peinarse y los más jóvenes a
despeinarse”.
Por Agustina Tanoira / Fotos:Imapress/Dachary y gentilieza
instituto Lidherma, Evian agua, Club & spa y archivo
revista Aventura / Bibliografia Neubergerdenise