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Es preferible...
Según desmuestran las estadísticas mundiales, el 40% de los niños que se recupera recae durante los primeros 12 meses. Y el 80%, al cabo de dos años. “Por eso, lo más importante es la prevención. Desde el nacimiento, promoviendo la lactancia materna. Luego, cuando comienza la alimentación, cuidando que sea dada en tiempo oportuno (desde los seis meses) y de calidad adecuada (sin exceso de sal ni de azúcar)”, razona Piazza. De Girolami concuerda y agrega: “Para evitar chicos obesos los padres nunca deben usar la comida como premio o castigo. Expresiones como ‘no te levantás de la mesa hasta que no termines el plato’ o ‘hay chicos que no tienen qué comer y mirá la comida que dejas’ o la clásica ‘no llores que mamá te va a dar algo rico y se te pasa todo’, son nefastas para el subconsciente. Tarde o temprano, frente a cualquier situación que nos moviliza, brota el deseo de ingerir aquello que en la infancia nos producía tanto placer”.
A la hora de combatir la obesidad, resulta imprescindible revertir las conductas que son nocivas: mejorar los hábitos alimentarios y aumentar la actividad física. “Para lo que se requiere el compromiso de toda la familia, porque en definitiva, los chicos no son los que cocinan ni los que hacen las compras. Lo que se trata es de llevarlos a que mantengan una alimentación normal, no restrictiva. Tampoco se busca llegar al peso ideal sino al aceptable”, destaca la doctora, además de hacer hincapié en la diferencia entre lo que llamamos estilo de vida –relacionado con el individuo– y modo de vida –la sociedad es responsable–. “Es preciso tomar medidas sociales. A la familia se le hace difícil sostener ciertos hábitos cuando en la escuela y desde los medios de comunicación se emiten mensajes opuestos. Por otro lado, los municipios no generan espacios apropiados para la recreación. ¿Cómo hacen los papás para fomentar las actividades al aire libre, cuando la inseguridad hace que no puedan quedarse tranquilos, si dejan a sus chicos solos jugando en la calle? Y en cuanto a la alimentación, el consumo de frutas y verduras desde etapas precoces es importante, pero en muchas zonas de nuestro país también resulta restrictivo por un tema de costos, lo mismo que sucede con aquellos alimentos que tienen menos contenido en grasa: son más caros. Se necesita el compromiso de todos”.

Ultimas novedades
La primera noticia llegó desde Europa hace algunas semanas, cuando un grupo de investigadores anunció un descubrimiento que ayudaría en la lucha contra la obesidad. Según publicó la Academia de las Ciencias de Estados Unidos, se trata de una proteína llamada retinoblastoma (pRB): su presencia hace que las células adiposas acumulen energía, pero su ausencia, logra que se transformen y quemen energía. Las primeras forman tejido adiposo blanco y las segundas, tejido adiposo marrón. ¿Cuál fue el procedimiento? Tras observar su accionar en probeta, hicieron la prueba con ratones de laboratorio. Ahora intentarán averiguar cómo eliminarla del organismo.
Pero no fue la única novedad relacionada con el tema. Dos trabajos publicados en la revista Science, de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias, comenta los adelantos en la investigación del accionar de la hormona leptina, descubierta hace ya diez años por Jeffrey Friedman (*). Esta hormona, que sería la encargada de regular el apetito de las personas, actúa sobre los circuitos del cerebro que regulan las ganas de comer. Y el nuevo dato es que se trata de una acción temprana, es decir, que sucede durante los primeros años de vida de cada individuo y determina el volumen de ingesta que tendrá durante su adultez. El tejido adiposo es el encargado de producir esta hormona que luego viaja al cerebro y a otros tejidos a través de la sangre.
En ambos casos, falta determinar exactamente cómo y en qué tratamientos podrán aprovecharse estos descubrimientos. Sin embargo, los científicos aseguran que es un paso fundamental en la lucha contra esta epidemia que crece día a día.
(*) Uno está comandado por el mismo Friedman, del Instituto Médico Howard Hughes de la Universidad de Rockefeller, Estados Unidos; y el otro por Richard Simerly y Sebastian Bouret, del Instituto de Investigaciones en Primates de Oregon, también en Estados Unidos.

Por Einat Rozenwasser
Fotos: Ariel Gutraich /
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