La
comunidad científica especializada se maneja
con cautela y explora distintas alternativas. ¿De
qué hablamos cuando hablamos de clonación?
¿Cuál es el límite?
Desde hace años,
el mundo de la ciencia ficción remite al imaginario
colectivo a un futuro aséptico, esquemático
y estandarizado en el que cientos de seres idénticos
trabajamos, estudiamos y nos desarrollamos de manera
casi robótica y automática. La comunidad
científica está abocada de lleno a la
posibilidad de aplicar modernas técnicas para
mejorar nuestra calidad de vida y se maneja con mucha
cautela a la hora de alimentar las expectativas de lo
que podríamos catalogar como una especie de ‘fantasía
de robotización humana’: la clonación.
Preguntas
frecuentes
La sola mención de la palabra genera, por lo
pronto, una gran controversia. Pero, ¿de qué
hablamos cuando hablamos de clonación? El doctor
Lino Barañao es investigador en biotecnología
animal y presidente de la Agencia Nacional de Promoción
Científica y Tecnológica, y lo resume
de esta manera: “Se trata de la producción
de individuos genéticamente idénticos”.
A grandes rasgos, la comunidad científica distingue
entre lo que se llama clonación reproductiva
y la denominada –para algunos en forma incorrecta–
clonación terapéutica. “El primer
paso del proceso es tomar una célula del organismo
que se quiere clonar y unirla a un óvulo al que
se le ha sacado el material genético original.
De la fusión surge un embrión sintético
que, sí se coloca en el útero de una hembra
receptora, continúa su desarrollo hasta dar un
nuevo individuo, que será idéntico al
donante de la célula. Este sería el caso
de la reproductiva. La diferencia con la terapéutica
es que este embrión sintético no se implanta
en el útero sino que se pone en cultivo y de
ahí se obtienen células que tienen la
capacidad de generar prácticamente todos los
tejidos del organismo y que podrían ser implantadas
en el cuerpo sin problemas de rechazo”, dice Barañao.
Es decir que aquellas personas que precisan un transplante,
podrían obtener un órgano con un código
genético idéntico al propio y por otro
lado, los científicos podrían generar
células capaces de ser usadas para el tratamiento
de enfermedades degenerativas como pueden ser el Alzheimer
o la diabetes, entre otras. “Claro que primero
hay que testear que estas células no traigan
efectos colaterales como podría ser el desarrollo
de tumores, pruebas que llevarían como mínimo
entre siete y ocho años. Actualmente se hace
clonación reproductiva de animales de alto valor
genético, como las vacas campeonas. O de animales
genéticamente modificados para mejorar alguna
de sus características (véase Proyectos
argentinos)”, agrega Barañao.
El gran
dilema
Hasta aquí la parte técnica. Sin embargo,
es imposible hablar de clonación sin mencionar
el gran dilema ético que plantea este avance.
“En animales ayudaría a producir proteínas
que servirían para tratar diferentes enfermedades
en personas. En cambio, en el ser humano aparecen muchos
reparos éticos. En definitiva se trata de la
manipulación de humanos”, razona el doctor
Justo Zanier, presidente de la Asociación Genética
Humana de Mar del Plata. La doctora Kumiko Eiguchi,
profesora titular de Bioquímica e Inmunología
en la Universidad del Salvador y de Inmunología
en la Universidad Austral, apunta: “Es importante
diferenciar entre lo que sería la clonación
asexuada, que tiene lugar cuando se utiliza una célula
cualquiera, adulta o de origen bacteriano, para conseguir
otras idénticas, y la reproductiva, que implica
un intercambio genético. Estos últimos
son potenciales seres vivos. Y cuando se refiere al
ser humano, éticamente es inviable. Allí
es donde aparece el conflicto. Este planteo no busca
poner un freno a la ciencia, sino buscar otras vías
para llegar al mismo resultado. Existe lo que llamamos
células pluripotenciales o células madre,
que se pueden obtener del cordón umbilical, de
la médula ósea o de algunas zonas de la
pulpa dentaria. Es un campo muy nuevo y amplio que se
está investigando”. Sobre el mismo tema
reflexiona Darío Fernández, psicólogo
y coordinador del Comité de Bioética del
Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción
(CEGyR). “El permiso que una sociedad va a dar
o no a los científicos, para desarrollar estas
técnicas, depende de cuál es el estatus
que se le otorga al embrión In Vitro. Las posturas
son muy distintas. La más conservadora, que es
la de Latinoamérica en general y está
influenciada especialmente por la religión Católica,
considera el inicio de la vida humana desde el momento
de la concepción, cuando el espermatozoide penetra
al óvulo. Si uno va al significado de la palabra,
en el diccionario de la Real Academia Española
figura ‘dícese de la hembra preñada’,
o sea que en estricto castellano significa desde el
embarazo”. Frente a la mención de la fantasía
de un Mundo poblado por generaciones de gente totalmente
idéntica, Fernández es terminante: “Jamás
escuché un paciente que viniera a pedir eso.
No existe”.
Qué
dice la Ley
Claudia Silvani es abogada especialista en Reproducción
Humana Asistida y presidenta del Comité de Bioética
del CEGyR. En primer lugar, aclara que en nuestro país
no existe una regulación específica sobre
este tema. “Sin embargo, todos los proyectos legislativos
sobre reproducción humana asistida que se debatieron
en el Congreso prohíben expresamente la clonación,
sin diferenciar su fin”, dice. En el plano internacional,
en cambio, la discusión pareciera tener otros
matices. “La tendencia es a la prohibición
de clonar con fines reproductivos, en otras palabras,
clonar embriones con la intención de ser transferidos
al útero para lograr un embarazo. Pero existe
una gran presión en los países desarrollados
para aprobar la misma con fines terapéuticos.
Toda decisión legislativa en este ámbito
depende de la posición que el país sostenga
con respecto al ‘estatus’ jurídico
del embrión: si considera que el mismo reviste
la categoría o no de persona. Inglaterra, por
ejemplo, no considera al embrión como persona
hasta que no comienza a formarse la cresta neural del
mismo, alrededor del día 14 de gestación.
Alemania se encuentra en el polo opuesto, calificando
al embrión como persona a partir del momento
de la fusión de ambos gametos. Estados Unidos,
en cambio, mantiene una posición intermedia porque
incorpora la figura del estado ‘pre personal’,
que considera al embrión In Vitro como una entidad
biológica que no reviste el ‘estatus’
de persona, pero que merece respeto y amparo legislativo
dada la potencialidad de vida que posee. En la Argentina,
la postura de la mayoría de los juristas se acerca
a la concepción que sostiene la ley alemana,
aunque no hay una definición al respecto”,
expone Silvani. Y para finalizar, reflexiona: “La
ciencia avanza y esto presenta situaciones y dilemas
que muchas veces superan lo previsto por el ordenamiento
jurídico. Al momento de legislar, quienes tengan
a su cargo la tarea deberán considerar la opinión
de juristas, científicos y eticistas que aborden
el tema desde distintas perspectivas, con responsabilidad
y equilibrio”. Como resume Eiguchi: “Lo
importante es establecer límites”.
Dolly, la pionera
En febrero de 1997, el mundo entero se sorprendió
cuando el científico Ian Wilmut, del Instituto
Roslin, en Escocia, anunció el nacimiento de
Dolly, la primera oveja clonada a partir de la célula
de un animal adulto. A pesar de que el mamífero
había nacido unos meses antes, los especialistas
decidieron demorar la noticia para controlar el impacto
que iba a generar en la opinión pública,
y además, para patentar el protocolo que habían
seguido en el experimento. Seis años más
tarde, Wilmut tuvo que sacrificarla porque tenía
una afección pulmonar incurable y degenerativa.
De todos modos, el triste desenlace no privó
a Dolly del privilegio de ser, sin dudas, la oveja más
famosa del planeta. Su historia abrió las puertas
a un complicado debate ético sobre la posibilidad
de clonar con el mismo procedimiento a un ser humano.
Con el tiempo vinieron experimentos con cabras, vacas,
cerdos, ratones, gallinas y hasta gatos. ¿El
objetivo? A través de la manipulación
genética, producir medicamentos beneficiosos
para la humanidad. Y mucho más baratos, claro
Proyectos argentinos
Hace apenas un mes, el Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (CONICET) anunció
la creación del Instituto de Agrobiotecnología
en Rosario (INDEAR) junto a las empresas Bio Sidus y
Bioceres. Se trata de un nuevo polo de investigación
que desarrollará actividades dirigidas a la aplicación
de los avances de la biotecnología en el área
agropecuaria. El instituto funcionará en las
instalaciones del CERIDER, en la provincia de Santa
Fe y podrán participar otras instituciones y
organismos públicos y privados, nacionales e
internacionales. Desde el año 2000, la empresa
Bio Sidus impulsa la investigación para el desarrollo,
entre otras cosas, de vacas modificadas genéticamente
para producir leche con la hormona de crecimiento humano,
que ayudaría a los chicos que padecen enanismo
hipofisiario. Pampa Mansa nació en septiembre
de 2002 y fue la primera ternera en reunir estas características.
En febrero, los especialistas anunciaron la llegada
al mundo de Pampa Mansa II y III, la segunda generación
de clones de vacas transgénicas.
Por Einat Rozenwasser
Fotos: imapress, Dachary y archivo revista nueva