Cuando los chicos tienen problemas
de coordinación en los movimientos, generalmente
son sus madres o sus maestras de jardín de infantes
las que los detectan. Según la pediatra y técnica
en reeducación psicomotriz, Lonit Lamstein, “la
motricidad fina empieza cuando el bebé nace y
va evolucionando según las leyes de la maduración
neurológica de base y las posibilidades de experimentación”.
Motricidad fina se llama a la habilidad manual, y también
a la coordinación de movimientos con los sistemas
sensoriales, particularmente con la visión y
la audición. Es la integración de las
funciones neurológicas, esqueléticas y
musculares utilizadas para hacer movimientos pequeños,
precisos y coordinados, como señalar de manera
exacta un objeto pequeño con un dedo en lugar
de mover un brazo hacia el área general. Estas
destrezas en los niños, se desarrollan a través
del tiempo, de la experiencia y del conocimiento. Lograr
controlar el cuerpo requiere de mucha concentración
y coordinación, al igual que fuerza muscular,
y sensibilidad, por lo tanto, no es algo que se logra
de un día para el otro.
Generalmente a los 5 meses el bebé palpa el borde
de la mesa, a los 7 toma dos cubos (uno en cada mano,
o sea que ya logra disociar el movimiento), y a medida
que va creciendo comienza a utilizar su dedo pulgar,
hasta que al año es capaz de juntar las manos
en línea media. Finalmente llegando a los 2 años,
introduce objetos en lugares pequeños (encastrar),
puede armar rompecabezas y construir torres con 3 cubos.
Hay que tener en cuenta que no todos los chicos evolucionan
de igual manera y en la misma etapa, pero si usted observa
que tiene algún tipo de dificultad, si le cuesta
sujetar bien el lápiz o atarse los cordones de
las zapatillas debe consultar al especialista. En caso
de que alguno de estos síntomas se presenten,
“el médico realizará una evaluación
considerando los antecedentes y el momento de desarrollo
del niño y luego lo derivará al especialista
correspondiente, si es necesario”, confirma la
doctora Lamstein. Despues de escuchar el diagnóstico,
la madre puede ayudar a su hijo con una actitud positiva
y estimulante, teniendo en cuenta fundamentalmente,
sus ritmos y necesidades, y eliminando cualquier sentimiento
de frustración que pueda estar presente: la confianza
es muy importante.
Ejercicios en casa
Además de la consulta con el profesional adecuado,
es bueno estimular a los chicos en casa. Se pueden realizar
juegos motores que lo hagan moverse de un lado al otro
y en los que tenga que utilizar objetos para lanzar
y atrapar, como por ejemplo, una pelota de goma. La
música también ayuda mucho, pueden tocar
instrumentos aunque sean de juguete, y escuchar sobre
todo las canciones en las que hay indicaciones de cómo
coordinar el cuerpo. Otra buena opción es proporcionarles
materiales didácticos, que pueden ser rompecabezas
de más de diez piezas, juegos de encastre, o
simplemente arcilla para modelar.