Santiago Lange y Carlos Espínola se preparan,
desde hace cuatro años, para alcanzar la medalla
de oro en la clase Tornado de los próximos Juegos
Olímpicos. Hace dos semanas se consagraron campeones
mundiales en Palma de Mallorca, España, ellos
aseguran que era “el objetivo que buscaban justo
antes de aterrizar en Grecia”.
Debe ser que uno no está
acostumbrado a ir mucho más rápido de
lo que puede dar un auto ‘medio pelo’ por
alguna ruta argentina. Pero subirse al Tornado, uno
de los veleros más veloces que se conocen, y
en el que Santiago Lange y Carlos ‘Camau’
Espínola intentarán conseguir a partir
del 21 de agosto una medalla de oro en Atenas, significa
vivir el vértigo en su máxima expresión.
Entiéndase: cuando digo velocidad me refiero
a 60 kilómetros por hora, ¡y sobre el agua,
donde se siente mucho más! Ahí estaba
entonces, agarrado de un cable de acero en medio del
Río de la Plata, con Lange dando órdenes
para que Camau soltara un poco los cabos y así
poder embolsar más aire, y así poder ir
más rápido, y así poder mostrarme
en todo su esplendor cómo es eso de flotar y
volar. Las dos cosas a la vez.
Pero vamos desde el principio: ¿qué es
el Tornado? Se trata del velero olímpico (en
total hay siete clases, y los otras son: Mistral, Star,
470, Finn, Europa y Laser) más rápido,
complejo y técnico que existe. Básicamente,
está compuesto por tres velas (mayor, foque y
spinnaker), dos cascos –o pontones– elaborados
con fibra de vidrio sujetos entre sí por dos
travesaños y que parecen hachas que cortan el
agua como si fuera un papel, un trampolín o lona
tensada, y un mástil de aluminio de nueve metros
de alto. Es tal el nivel de tecnología que se
aplica sobre cada uno de los elementos para lograr que
sean lo más ligeros y resistentes posible, que
el peso del barco es de apenas 120 kilos. Usted preguntará:
¿y los que manejan el barco dónde van?
Bueno, para que tenga una idea, los dos tienen un arnés
alrededor de su cintura y viajan colgados sobre un costado,
con los pies apenas apoyados sobre un pontón.
¿Para qué? Para ganar contrapeso y evitar
que el Tornado se dé vuelta, ya que la velocidad
que logra hace que uno de los dos lados se eleve por
sobre el agua.
Para poder explotar en su totalidad las cualidades del
Tornado, sí o sí tienen que existir dos
elementos de excelencia absoluta: la tripulación
y las velas. En este sentido, Camau explica su función,
la de su compañero y analizó la importancia
de poseer lo último en velas. “Santiago
es el timonel. Su función es la de conducir el
velero logrando aprovechar de la mejor manera la intensidad
del viento. Además debe conocer a fondo la cancha
de regatas y leer con mucha precisión cuál
es la mejor estrategia a seguir durante una carrera.
Yo también comento y opino sobre el plan a realizar,
pero mi tarea primordial es manejar las velas mayor,
foque y el spinnaker, una clase de vela que se utiliza
cuando hay viento de popa (NdeR: es el que sopla desde
atrás)”.
Con relación a las velas, justamente, Lange es
claro y compara: “la clase Tornado es lo más
parecido que hay a la Fórmula 1. Por alguna razón
técnica, la Ferrari anda más rápido
que los otros autos. Las mejores tripulaciones del mundo
necesitan alcanzar ese nivel para ganar. Así
es como el desarrollo de las velas se transformó
en la pieza clave. Nosotros trabajamos con una fábrica
austríaca (Jessesing), y nos está dando
resultados magníficos. Por eso, las dimensiones
y los elementos del barco son comunes a todos, pero
no así las velas: cada uno puede tener su propio
diseño”.
Te admiro, me admirás
La campaña olímpica de Santiago Lange
y Carlos Espínola comenzó casi sin querer.
Se conocieron en un gimnasio en 2000 y si había
algo que los unía era una admiración mutua.
“Por supuesto que ninguno de los dos nos decíamos
estas cosas –recuerda Espínola–,
hasta que un buen día el preparador físico
Daniel Bambicha nos presentó y poco a poco fuimos
entablando una relación de amistad”. El
resto es historia conocida: comenzaron a navegar juntos
“para probar” y terminaron siendo la pareja
perfecta. Desde entonces, la dupla fue acomodándose
en la elite de la clase como una de las más obsesivas
y perfeccionistas. “Desde que armamos el plan
rumbo a Atenas, sabíamos que estar entre los
mejores significaba dedicación plena, optimización
y mucho, pero mucho, entrenamiento”.
Tantas horas en el agua dieron sus frutos. Hace apenas
dos semanas alcanzaron su máximo rendimiento
coronándose campeones en el Mundial de Tornado
en Palma de Mallorca, España. Con el trofeo en
la mano y la alegría desbordando su rostro, Lange
dice que “es la primera vez que ganamos un Mundial
de clase olímpica. Se trata de un título
impresionante. El objetivo que buscábamos justo
antes de aterrizar en Grecia”.
Del desarrollo de la competencia se sabe que Lange y
Espínola llegaron a la última regata como
líderes indiscutidos, perseguidos por los norteamericanos
John Lovell y Charlie Ogletree. En esa carrera finalizaron
novenos y totalizaron 39 puntos contra 50 de sus escoltas.
El tercer lugar fue para los australianos Darren Bundock
y John Forbes (medalla de plata en Sydney 2000).
“Somos conscientes de que una de las claves del
triunfo fue el haber participado del campeonato como
si ya estuviéramos viviendo el clima olímpico.
Concentrados y con todo el equipo técnico apoyándonos”,
amplía Lange. El equipo al que hace referencia
está compuesto por Daniel Bambicha (preparador
físico), Ramón Oliden (coach), y Daniel
Espina (profesor de yoga). Sí, leyó bien,
profesor de yoga. ¿O acaso usted pensó
que para Lange y Espínola navegar es sinónimo
de rélax? Ambos aseguran que la práctica
de esta disciplina milenaria los ayuda a tener control
y beneficia su desempeño deportivo.
Un susto que no
pasó
a mayores
Mientras Lange contesta las preguntas y habla sobre
lo que están por vivir en aguas del Mar Egeo,
Espínola se encuentra en un hospital austríaco
recuperándose de un accidente automovilístico.
“Camau –detalla Lange– viajaba por
la frontera con Italia cuando un viento huracanado provocó
que el auto y el trailer en el que llevaba el barco
volcara sobre un costado de la ruta”. Aunque del
coche no quedó demasiado, Camau tuvo suerte y
sólo fue operado en un dedo (se cortó
un tendón). Ahora le quedan unos 20 días
de reposo, pero llegará en tiempo y forma para
Atenas.
Y cómo no, si el camino que los condujo a hacer
realidad la clasificación para los Juegos ya
lleva cuatro años, varios títulos encima,
y una única materia pendiente: conseguir esa
medalla de oro que se le niega a la Argentina desde
hace 52 años. Sólo queda esperar, disfrutar
viéndolos navegar y, por qué no, desearles
suerte a través de la tele con esa frase que
suelen decirse los navegantes cada vez que salen al
mar: “Buenos vientos”.
Una trayectoria que sorprende
Santiago Lange es, sin dudas, uno de los argentinos
más respetados en los mares del mundo. Nació
el 22 de septiembre de 1961, representó al país
en los Juegos de Seúl ’88, Atlanta ’96
y Sydney 2000. Vive en San Isidro, provincia de Buenos
Aires, y es arquitecto naval egresado de la universidad
de Southampton, Inglaterra. Campeón argentino
en 12 oportunidades de distintas categorías,
representó al país en 30 campeonatos y
es tricampeón mundial de Snipe. Tres veces ganador
del Princesa Sofía con el barco de la Infanta
Cristina de Borbón. Medalla de plata en los Panamericanos
’87 y ’95 y Olimpia de plata en varias oportunidades.
Carlos Mauricio Espínola (Camau) ha sido denominado
por la prensa como el referente del deporte amateur
en la Argentina. Nació en Corrientes el 5 de
octubre de 1970, cosechó los más importantes
triunfos internacionales de la Clase Mistral de windsurf.
En 2000, se convirtió en el único argentino
con dos medallas olímpicas de plata, obtenidas
en los Juegos de Atlanta ’96 y Sydney 2000. Además
consiguió oro en los Panamericanos de Mar del
Plata ’95, plata en La Habana ’91, y fue
siete veces campeón sudamericano.
Rumbo al oro
La dupla argentina inició su etapa final de entrenamiento
en la última semana de enero, en Miami. En marzo
llegaron a Europa y se quedarán allí hasta
el final de los juegos. Como consecuencia del accidente
que sufrió Camau, el calendario se vio alterado
y no irán a Holanda a correr el campeonato SPA.
Sí estarán en Kiel, Alemania, para medirse
por última vez con los mejores del mundo de la
actividad en la Semana Olímpica (23 al 27 de
junio). Una vez finalizado ese torneo viajarán
a Grecia para instalarse ya a la espera del inicio de
los juegos. En Atenas tendrán que enfrentarse
con otras 15 tripulaciones: Rusia, Portugal, Canadá,
Brasil, Austria, Australia, Suecia, Francia, España,
Holanda, Puerto Rico, Estados Unidos, Alemania, Gran
Bretaña, Italia y Grecia (clasificó automáticamente
por ser local).