Mariana Fabbiani, actual conductora del ciclo
El ojo cítrico, está por pegar el salto
a la televisión internacional, ya tiene oficio
suficiente para ese desafío. Fanática
de Juana Molina y de Niní Marshall, la nieta
de Mariano Mores vive por y para el humor. Pero se toma
la vida en serio.
Aunque se haya levantado muy
temprano, la cara de Mariana Fabbiani (29) todavía
tiene un poco de sueño. Pero un poquito nada
más, eh: son las diez de la mañana y la
joven de boca enorme que saltó a la fama de la
mano de Raúl Portal en Perdona Nuestros Pecados
(PNP), allá por 1997, ya casi está lista
para pararse frente a cámaras. Y aunque la conductora
de El ojo cítrico (viernes a las 23.30 por Canal
13) comente que olvidó su máscara facial,
puede quedarse tranquila: de pies a cabeza, Mariana
está impecable.
A pocos meses de lanzarse a la tevé de los Estados
Unidos y de México con su programa Mariana de
casa, Fabbiani recorre el estudio de televisión,
café en mano, dando los buenos días a
los técnicos. Elige la ropa que se va a poner
y se entrega a la sesión de fotos. Baila, pone
caras y ensaya una suerte de contorsionismo del que
hasta ella misma se ríe. Mariana sí que
hace honor a su sonrisa.
–¿Hasta
dónde la Mariana alegre de la pantalla tiene
que ver con la que está detrás de cámara?
–Soy una persona normal, con buen humor y optimismo.
Aunque, ojo: no estoy todo el tiempo así, sería
insoportable! Pero para mí el laburo es terapéutico:
si no llego bien, me voy bien. A veces estás
con problemas y es agotador tener que pararse en el
rol de... Uno no siempre está diez puntos, y
haciendo Mariana de casa descubrí que se me hacía
más fácil hablar de lo que me pasaba,
entonces le decía al público, por ejemplo,‘hoy
estoy cruzada’. Y nos divertíamos todos.
Fue instinto de supervivencia.
La era de la madurez
Mariana dice que “hoy en día, recién
entiendo que tengo oficio suficiente como para trabajar
correctamente, si no estoy del mejor ánimo. Además,
en algún punto siento que llevo una vida de deportista.
No me acuesto tarde, como sano y duermo bien, si no,
el agotamiento lo pagás re caro. Cuando grabo
temprano, por ejemplo, la noche anterior no como pizza,
porque me levanto toda hinchada. Tampoco tomo alcohol,
ni salados. Cuando no tengo que grabar, ¡¡¡me
doy unas panzadas que no me mires el sábado,
porque soy un monstruo!!!”.
–¿En serio?
–Claro, imagináte. ¡A la mañana
parezco un hipopótamo! ¿Viste? Con el
tiempo ciertas cosas ya aprendí...
La risa de Mariana es contagiosa. Y repetitiva: de diez
frases, Fabbiani cierra ocho –sin exagerar–
con una carcajada. Y no por que no hable de asuntos
serios, porque a cada cosa que dice le da un remate
absurdo: “Cierro porque a veces me estoy cambiando
y pasa un técnico y yo: ‘¡Hola!’”,
cuenta mientras pone llave a la puerta de su camarín.
Allí, la esposa de Gastón Portal, productor
de la mayoría de programas de los que ha participado,
ofrece galletas tostadas (reconoce que no son para nada
ricas) e invita con mermelada, queso blanco y café.
Agradece al equipo vestuarista + maquilladora + peinador
+ asistente personal. Y aclara: “No necesito un
séquito de gente que esté pendiente de
mis cosas. Soy una persona sensible y me gusta que estén
atentos a mis estados de ánimo. Yo con los chicos
me siento contenida, somos amigos. En mi casa busco
exactamente lo mismo”.
Actualmente, Mariana Fabbiani le dedica dos jornadas
semanales a las grabaciones de El ojo cítrico,
programa que conduce con Luis Rubio desde enero y que
es una especie de PNP aggiornado. Para El ojo..., Mariana
se enfunda en la piel de una conductora centroamericana,
en una desopilante presentadora de videos y se calza
la gorra de policía para el sketch Polis Express.
Como si fuera poco, no hace mucho fue invitada por Adrián
Suar para participar de Pensionados, la tira diaria
de Pol-ka. Todo eso sumado a las pruebas que está
grabando para la versión ‘Mariana de casa’
for export. Ahora...
–Con el ritmo de la TV, ¿cómo hacés
para conectarte con el mundo?
–No tengo una técnica. A veces se puede
y a veces no. Sé que hay cosas que me hacen bien,
como ir a mi terapia. Es un espacio que trato de respetar
y me obligo a tener. Y después, la verdad es
que yo llevo una vida muy normal. Por eso, no me cuesta
conectarme.
–¿Te asusta alejarte de ese punto?
–Nunca me lo planteé. Hay maneras de relacionarse
con la prensa... Yo hace diez años que estoy
con Gastón y nunca publicaron una nota de algún
problema personal juntos. Pero tampoco darnos entrevistas
con él. Tengo un límite. El día
que me casé, por ejemplo, me llamó la
atención que hubiera tanta prensa, decía:
‘Qué raro que a la gente le interese mi
casamiento’. Finalmente sentí emoción.
Y hasta este punto está bueno cómo me
han acompañado. Conmigo nunca existió
esa actitud de quien pisa brotes. Por eso también
soy respetuosa.
–¿Cuán cítrica es tu mirada?
–Y... soy brava conmigo y con la tele, hay fragmentos
que me dan pena y culpa presentar. Pero en ese sentido
soy buena profesional. Desde que empecé con PNP,
nunca más me volvió el ojo al mismo lugar.
Miro televisión de otra manera, siempre buscando
el error, la nota. Es insoportable. (Risas).
Con el humor...
se vive
Mariana dice que no podría trabajar en algo que
no la divierta. “Creo que nunca voy a ser actriz
dramática. Una vez me tocó hacer Montaña
Rusa, y el personaje tuvo que llorar diez capítulos.
Y dije ‘¡esto es inhumano! Así no
se puede trabajar... ¡¡¡qué
laburo de m...!!!”.
Fanática de Juana Molina, de Niní Marshall
y de la comediante neoyorquina Lucille Ball, la nieta
de Mariano Mores asegura que no tiene más que
esos referentes televisivos, aunque, por ejemplo, adora
el nivel de información de Mirtha Legrand y le
encantaría tener el glamour de Susana Giménez...
“¡Igual, nunca podría! No soy así.
Me siento tan ridícula cuando me hago la sexy
glamorosa que ¡no me la creo ni yo!”, afirma
en medio de una carcajada imparable.
Mariana asegura que de chica era una nena tranquila
y aplicada...: “Como empecé a laburar muy
joven (a los 16), ser responsable en el colegio me garantizaba
hacer lo que me gustaba. Nadie sospechaba que hacía
maldades... Lo bueno es que siempre tuve cara de buena”.
De familia
Nieta del músico Mariano Mores, nuera del conductor
Raúl Portal y esposa de Gastón (foto),
productor televisivo. Mariana está lo que se
dice... rodeada.
–En tu carrera, ¿cuánto sentís
que aportó tu familia y cuánto los Portal?
–Y... yo creo que hay mucho más de mi familia.
Me parece que mi abuelo tuvo mucha influencia en mí.
Sobre todo en la relación con el medio y el público.
Mi abuelo ha sido un gran luchador, disfruta mucho de
su laburo. Es humilde, sencillo, la gente lo quiere
mucho. Y yo viví eso desde muy chiquita. Creo
que tengo una relación con el medio, similar
a la que tiene él. Su actitud hacia el trabajo
siempre me produjo mucha admiración, al igual
que la de mi vieja, ella también influyó
mucho en mí.
La experiencia de haber trabajado durante cinco años
con Raúl Portal y junto al que ahora es su marido,
también le dejó su impronta: “Yo
siempre tuve mucho humor, pero me junté con un
tipo que tiene diez veces más que yo, y nos potenciamos
muchísimo. Yo no concibo la vida sin humor. El
humor salva siempre. De todo”.
Por Carolina Cattaneo / fotos: Ines Tanoira y Newmen