Después de su gran éxito como
Roxi en la tira de tevé Gasoleros, se dedicó
de lleno al cine, lo redescubrió y en la actualidad
es su gran amor. Hoy protagoniza La Niña Santa,
de Martel; Luna de Avellaneda, de Campanella y Próxima
salida, de Tuozzo. En julio recorrerá el país
con la obra de teatro francesa Pequeños crímenes
conyugales. Con ustedes, la nueva Morán.
Apostó y ganó.
Como en gran parte de su carrera profesional, esta dúctil
actriz hizo un gran cambio de timón y decidió
dedicarle dos años full time al cine. En ese
lapso, filmó cuatro películas tan disímiles
como “movilizadoras”, éstas le sirvieron
para redescubrir el deseo por el oficio de actuar. No
muy lejos en la memoria colectiva aún están
vigentes sus personajes televisivos que la catapultaron
a la popularidad, como el caso de la entrañable
Roxi de la tira Gasoleros por la cual aún hoy
recibe gestos de afecto. Pero en su rol de elegir caminos
con nuevos desafíos no dudó en “congelar”
su imagen en la pantalla chica para entregarse a las
manos de prestigiosos y noveles directores cinematográficos.
“En esta etapa de mi vida me dio mucho placer
hacer cine, dedicarme por completo a estas experiencias,
que también me ayudarán a resolver temas
personales. Estoy fascinada con el cine, siento que
logré un importante crecimiento profesional”,
definió Mercedes Morán como síntesis
de estos dos últimos años de su vida.
–Tú última aparición en la
televisión fue en 2002 en un capítulo
de Tiempo Final, ¿desde allí todo tu tiempo
fue para el cine?
–Sí, tomé la decisión de
retirarme de la televisión y del teatro porque
el cine te pide un grado de disponibilidad casi completa.
Estoy muy feliz con esta decisión, me sirvió
mucho, porque pude conocer un poco más el mecanismo
de esta actividad. Las etapas en las cuales no filmé,
eran tiempos que estaba necesitando para mi vida personal.
–¿Cómo funcionó la experiencia
de volver a filmar con Lucrecia Martel?
–En el rodaje sentí una diferencia distinta
al filmar La Niña Santa de otras películas,
en esta encontré intacto el deseo de actuar.
Es como cuando uno está en pareja y hace un viaje
10 o 15 años después de conocerse y descubre
que sigue tan enamorada como el primer día. Con
Lucrecia la experiencia es maravillosa, ella tiene la
cualidad de no pedirte como directora que la obedezcas,
te pide que te entregues, y en ese espacio, la vivencia
es fantástica.
–Después del éxito de La Ciénaga,
donde también trabajaste, surgieron grandes expectativas
con La Niña Santa. ¿Cómo lo viviste?
–Con muchos nervios, era consciente de que este
nuevo trabajo de todo el equipo generaba una gran ansiedad.
Por suerte, las críticas fueron muy elogiosas,
y lo vivimos en forma diferente a lo que fue La Ciénaga,
ya que todo lo sucedido después de aquel estreno
nos sorprendió muchísimo. De todas formas,
esta nueva película, superó la experiencia
de felicidad que viví con la opera prima de Lucrecia.
Y con razón:
el último film de Martel fue seleccionado para
competir oficialmente en el prestigioso Festival Internacional
de Cannes, un hecho que en el cine argentino no ocurría
desde 1992, cuando participó la película
de Pino Solanas, El Viaje.
–Ya con la elección de la película
para participar en el Festival nos tiene a todos colmados,
vamos a viajar con las ganas de traer algún premio.
Pero estar allí, en un lugar donde se dan cita
tantos protagonistas del cine mundial es para la película
y el cine argentino, ya un triunfo.
–¿Terminó ahora esta etapa de dedicación
exclusiva al cine?
–Sí. Tengo muchas ganas de volver al teatro,
estamos ensayando con Jorge Marrale una obra francesa,
Pequeños crímenes conyugales, que queremos
estrenarla en el interior del país a partir de
junio o julio y que quizás recién en 2005,
la estrenemos en Buenos Aires.
–¿Por qué esta decisión de
llevarla al interior primero?
–Hace mucho tiempo que tengo ganas de recorrer
el país con una obra de teatro, y esa idea aumentó
después de haber filmado mucho en varias provincias.
Eso me puso en contacto con mi infancia (la actriz nació
en San Luis donde vivió hasta los ocho años),
y por otro lado, porque me parece una excelente experiencia
que valoricemos al espectador del país entero.
Que nos juzgue y nos dé su apoyo para acompañar
la obra.
–Lograste una importante repercusión con
tus trabajos televisivos, ¿te arrepentís
de tomarte estos tiempos lejos de la pantalla chica?
Siento que retirarse a veces de algunos lugares no significa
abandonarlos, no me voy enojada de esos sitios. Tuve
la suerte de llegar a la televisión y hacer un
gran éxito como fue Gasoleros que me sumó
mucha popularidad, después tuve la suerte de
hacer buen cine. Siento que estoy convocada desde esos
lugares, de proyectos importantes donde respetan mis
decisiones y no las ven como opiniones caprichosas.
Estas decisiones tienen que ver con no aburguesarme
como actriz, me gusta correr riesgos, eso me mantiene
más despierta.
–¿Te gustaría estar hoy en la tevé?
–La televisión cada tanto peca de conservadora,
como ahora por ejemplo; hay otros momentos en los que
se corren riesgos, se intentan cosas nuevas, con buenas
ideas y buenos libros, después viene la repitición
de la misma fórmula hasta sacarle todo el jugo
posible. Yo prefiero no estar en esa instancia, sino
acoplarme a un proyecto en el punto en el cual se intentan
hacer cambios.
–¿Todavía la gente en la calle sigue
enganchada con la Roxi de Gasoleros?
–Ya no tanto, de vez en cuando alguna mujer me
lo recuerda, pero en realidad, todavía tengo
grandes satisfacciones con el personaje de Chechu, el
que componía en Culpables y que la gente me lo
recuerda aún hoy cuando pasaron más de
dos años de esa tira.
El unitario que
fue producido por Pol-ka fue el ganador del Martín
Fierro de Oro en 2001 y tuvo como protagonistas además
de Mercedes, a Diego Peretti, Alfredo Casero, Gabriela
Toscano, entre otros, con libros del director de cine
Juan José Campanella y Fernando Castex.
–¿Cómo fue reencontrarse en la película
Luna de Avellaneda, con parte del equipo de ese programa?
–Maravilloso. Tenía muchas ganas de trabajar
con Juan José (Campanella) como director, cuando
lo hicimos como parte del equipo autoral descubrimos
que había entre nosotros muchos códigos
en común. Es un ser muy entrañable, adora
los actores, tiene miradas de un chico y hace muy fácil
el trabajo para todos. Además tuve la suerte
de filmar por primera vez con Ricardo Darín,
que me confirmó su fama: es un tipo muy divertido
en filmación. También tengo muchas expectativas
con esta película, donde todo pasa por revalorizar
la dignidad, retoma las historias simples de la vida
y no abandonar algunas utopías.
–¿Qué es lo que más te tira
hacia adelante?
–En lo personal el amor. Creo que hay muchas maneras
de ejercerlo, uno puede sentir amor por un hijo, por
una persona, es muy rico vivenciarlo y en mi caso experimento
mucho amor y me hace muy bien. Me ayuda a encontrarle
valor a las cosas.
Herencia de sangre
Una de las emociones más fuertes que vivió
en las últimas semanas fue ser partícipe,
esta vez como espectadora, del estreno en una de las
salas del Teatro General de San Martín de la
obra Ranchos en la cual trabaja su hija mayor, Mercedes
Scápola Morán. La puesta dirigida por
Julio Chávez recibió excelentes críticas.
“Estoy muy feliz, me encanta la idea de que ella
haya elegido esta carrera. Me parece que el mayor riesgo
que tiene alguien que se dedica a lo mismo que los padres
es que la elección no tenga que ver con la vocación
y sí con la influencia del ambiente en el cual
se creció. No es el caso de mi hija, ella está
muy convencida y tiene todas las características
de una gran actriz. Ella siguió por el mejor
camino: el de tener una sólida formación,
lejos de lo mediático y sin velocidad, pero con
mucha solvencia”.
Un largo camino
La carrera cinematográfica de Mercedes Morán
tuvo un envión en los últimos años.
Desde su debut en el filme Mirta, de Liniers a Estambul,
dirigida por Jorge Coscia, pasaron 14 años para
que llegara su reconocimiento internacional con el papel
de Tali, una mujer del interior que se reencuentra con
su hermana enferma en un pueblo de Salta, en el film
La Ciénaga (1) de Lucrecia Martel. Con la premiada
realizadora encaró un nuevo rol protagónico
en La Niña Santa (2 y 3) que se estrenó
en Buenos Aires con excelentes críticas, también
se la verá en Luna de Avellaneda (4), película
de Juan José Campanella, director de El Hijo
de la Novia. En tanto, para mediados de año se
espera el estreno de Próxima Salida, film del
debutante Nicolás Tuozzo donde protagoniza junto
a Darío Grandinetti a la esposa de un ferroviario
que se queda sin trabajo. Esta película le permitió
trabajar profesionalmente por primera vez en su provincia
natal: San Luis.
Por Roberto Blanco / fotos: Ariel Qutraich y gentileza
t.g.s.m. y Noticias Argentinas