Existen muchos mitos sobre la epilepsia,
y poca es la información disponible para el gran
público, pero es importante saber qué
hacer en caso de una convulsión.
La epilepsia es un trastorno en la energía eléctrica
del cerebro que desencadena un ataque, crisis o convulsión.
Se produce porque en un determinado momento, los mecanismos
excitatorios del cerebro predominan, o bien disminuyen
los mecanismos inhibitorios, y esto genera una descarga
neuronal excesiva que da lugar a la crisis. Aparece
en forma repentina en cualquier momento de la vida,
pero es más frecuente en la infancia. Y existe
una marcada tendencia a la repetición.
De acuerdo a la región del cerebro que sufrió
la descarga eléctrica, se presentará el
tipo de crisis. “Reconocemos varias clases: generalizadas,
es cuando el paciente pierde totalmente la conciencia.
Estas a su vez pueden ser convulsivas (cuando se sacude
todo el cuerpo en forma rítmica o no rítmica,
se pone duro o se afloja) y no convulsivas (cuando se
producen ausencias –desconecciones de la realidad–
por un período breve de tiempo). Existen también
las convulsiones parciales simples, en las que el paciente
es consciente de los episodios y los puede relatar con
precisión, por ejemplo, sacudidas de un brazo,
crisis visuales, hormigueos, cosquillas localizadas
en una parte del cuerpo, entre otros. Y finalmente están
las parciales complejas en donde la persona cambia bruscamente
su comportamiento, queda inmóvil con movimientos
de chupeteo o masticación o tiene episodios de
excitación psicomotriz”, explica el doctor
Roberto Caraballo, neurólogo del Hospital de
Pediatría Garrahan y especialista en Epilepsia.
En la actualidad, la mayoría de los niños
epilépticos pueden y deben hacer una vida completamente
normal. Según Caraballo, “esta enfermedad
neurológica crónica afecta al 1% de la
población, es decir que de cada 100 personas
1 padece de convulsiones”. Igualmente existen
fármacos eficaces y bien tolerados, que son capaces
de curar la epilepsia y controlar las crisis. Estas
generalmente cesan a medida que el niño crece
y llegan a desaparecer durante la adolescencia, aunque
hay quienes la padecen a lo largo de toda su vida.
El niño que sufre de epilepsia debe respetar
algunos consejos elementales y saludables: dormir más
de 8 horas, evitar fatigas excesivas y no practicar
deportes solitarios, sobre todo si son de riesgo. De
esta forma se evitarán accidentes si lo sorprende
un ataque.
¿Es hereditaria la enfermedad?
Aunque existen formas de epilepsia relacionadas con
traumatismos, tumores y enfermedades vasculares o degenerativas,
un importante porcentaje de las patologías se
debe a causas genéticas hereditarias. Según
el doctor Caraballo, “la gran mayoría de
las epilepsias tienen un origen genético. Existen
dos grupos, las familiares y las no familiares; estas
últimas son las más frecuentes y en general,
no tienen antecedentes familiares”.
Teoría de las onditas
Hace más de una década que los científicos
buscan encontrar la manera de prevenir las crisis epilépticas
por medio de la “Teoría de onditas”.
Esta es una herramienta de la matemática teórica
que sirve para el análisis de señales,
por medio de la cual expertos en el tema analizan electroencefalogramas
de pacientes epilépticos. A través de
este sistema, donde se observan los cambios de las señales
eléctricas se intenta discriminar patrones significativos.
Los científicos argentinos Carlos De Attellis,
Walter Silva y Silvia Kochen, fueron capaces de identificar
la ocurrencia de trece crisis una hora antes de que
ocurrieran. Su hallazgo fue publicado en The Journal
of Neuroscience Methods, y en la Asociación de
Epilepsia de los Estados Unidos.