Con
una infinidad de esencias que recrean los más
diversos aromas, las fragancias modernas saben sacar
provecho de los avances químicos. La moda, la
ecología y los últimos descubrimientos,
son los pilares de la nueva perfumería.
“Dime
qué perfume usas y te diré quién
eres”. A pesar de estimular al menos divino de
los sentidos, según palabras de Platón,
los perfumes han acompañado la existencia del
hombre desde que éste posó sus pies sobre
la Tierra. Y aunque allá lejos y hace tiempo
“a través del humo” se adoraba a
los dioses, en el mundo moderno las esencias son como
plegarias paganas para conquistar una identidad.
Por eso elaborarlas, no es sólo el arte de combinar
esencias con la destreza de un alquimista, sino la capacidad
de lograr una sinfonía de acordes que lleguen
a lo más primario del consumidor. Como una fórmula
mágica deben equilibrarse las notas de salida,
que equivalen a la intención de compra -el interesado
destapa la fragancia y decide comprarla-; con las de
cuerpo -luego de usarla, la persona logra, o no, identificación
con el producto, y las de fondo que representan el valor
que se obtiene por el dinero que se pagó. La
creación de una fragancia no es un momento azaroso:
es el resultado de un estudio minucioso de marketing
y tendencias. A la hora de desarrollarla, los creadores-perfumistas,
más conocidos como “nariz”, ante
todo deben utilizar su cabeza.
Fragancias, moda y esencias
“Así como el arte plástico prefigura
la arquitectura, la moda hace lo mismo con la perfumería”,
explica Bernardo Conti, Gerente de Evaluación
de Perfumes de Firmenich S.A. empresa que hace 110 años
se dedica a la elaboración de esencias. La hechos
hablan por si solos. A saber, en los años ’70,
el flower power, los peinados con spray y los colores
intensos impusieron la moda de perfumes voluptuosos,
con predominio de esencias orientales. Con los ochenta,
se incorporaron las esencias de chocolate, tabaco y
licores a la perfumería, lo que dio origen a
la onda gourmet. Los minimalistas noventa consagraron
las aguas que hicieron furor a fines del siglo pasado.
Estas esencias livianas, frescas y transparentes se
adaptaban perfectamente a la era del menos es más.
El nuevo milenio y las violentas coyunturas, nos llevaron
a una estética de posguerra, una necesidad imperiosa
de vivir el ahora, que en moda se materializó
en el lujo supremo. En la presentación de las
últimas colecciones, las pasarelas internacionales
se llenaron de pieles, plumas y finísimas joyas.
En perfumería esto se reflejó en fragancias
plagadas con especias sofisticadas, resinas preciosas,
incienso, mirra, maderas de sándalo y canelas
de China y Ceilán.
Esta visto que cuando de fragancias se trata, no hay
motivos para limitarse al aroma de flores, maderas y
hierbas. “En perfumería se trabaja con
conceptos. En una época se trabajó mucha
la idea que se llamó cocooning (capullo que protege)
y puso de moda las fragancias que remitían a
los olores de la infancia como la canela, la vainilla,
leche caliente, leche materna y el chocolate”,
cuenta Conti “ahora, por ejemplo la idea de la
naturaleza como la chica cazando mariposas, es un poco
vacía”. Mucho más urbano, el consumidor
moderno prefiere el aroma del cuero gamuzado como el
de los autos nuevos, el del combustible, los humos y
el vinilo. Y todavía hay mucho más. Hubo
aguas, en los noventa que se inspiraron en la nieve
y los olores de montaña, para las que se recrearon
esencias con aroma a hule, lycra y neoprene mojados.
¿Antes se seducía con perfume de rosas?
Pues ahora se hace con olor a piel. Sí, paradójicamente
la fragancia de la piel es la quintaesencia de la modernidad,
aunque con aspiraciones intimistas tiene sus amantes
y sus detractores, porque no muchos están convencidos
de pagar por un perfume que huele tan poco. Aunque lo
que es moda, no incomoda.
Perfumería
ecológica
“Lo que no se puede plantar, no se debe cortar”,
es un principio general que se respeta a rajatabla y
tiene como objetivo desarrollar una perfumería
más ecológica.
Todavía existen lugares exóticos donde
se encuentran especies que se recogen para reproducir
químicamente, sin dañar la especie. Cada
vez hay más conciencia de que no se puede terminar
con una especie para elaborar un perfume, al punto que
el emblemático Chanel Nº 5, que consagró
Marilyn Monroe cuando confesó que era lo único
que usaba para dormir, dejó de utilizar la madera
de rosa, para reemplazarla por un sintético,
con iguales resultados.
“La ventaja de las esencias sintéticas
es que permiten desarrollar siempre el mismo perfume.
Con los cultivos naturales hay muchas variables: el
clima, los desastres naturales y lo peor para la perfumería,
las cuestiones políticas. Por lo general, las
esencias se cultivan en países muy pobres, ya
que requieren de mucha mano de obra si consideramos
que cada pimpollo de rosa se junta con tres deditos”,
advierte Conti. “Además, las esencias sintéticas
se trabajan como un medicamento y no producen intolerancia,
lo que es ideal para desarrollar productos hipoalergénicos”.
Construir
una identidad
Los perfumes comunican, por eso la industria perfumera
debe adaptarse a los nuevos usos y costumbres. También
la percepción sensorial de las distintas culturas
tiene una importante relevancia. Esta es estereotipada,
lo que significa que desde el nacimiento uno tiene incorporado
lo que aprendieron sus ancestros. Por ejemplo, en las
culturas en donde se come muy picante desde siempre,
los niños tiene una percepción de “lo
picante” diferente a la que podemos tener nosotros.
También los años y la experiencia dejan
su huella y uno no percibe lo mismo a lo largo del tiempo,
“un vaso de gaseosa no comunica lo mismo a los
5 años que a los 40, no es que no guste, sino
que transmite otra cosa. Uno va evolucionando en sus
gustos”, explica Conti. ¿Esto echaría
por la borda la fidelidad absoluta al perfume de la
adolescencia? “Hay personas que usan siempre el
mismo perfume al que identifican como el olor propio,
pero normalmente esto no sucede con los consumidores”,
–continúa Conti–. “Lo que sí,
muchas mujeres grandes tienen ‘un perfume de toda
la vida’ y van probando otras fragancias sin descartar
el suyo”. Los números hablan por sí
solos. En una encuesta realizada por Avon a 24.000 mujeres
en 21 países se desprende que las mujeres que
se perfuman, poseen al menos 4 tipos diferentes de fragancias
y a través de ellas quisieran sentirse más
seguras, femeninas, frescas y relajadas. Sólo
1 de cada 10 quisiera sentirse más sexy.
Pero cuando de perfumar se trata, ya no basta con rociar
las muñecas con una fragancia seductora y salir
a conquistar. La perfumería moderna ha traspasado
los límites de la intimidad y ha invadido nuevos
ambientes. Ahora también se dedica a desarrollar
fragancias para shoppings, hoteles, marcas de ropa y...
restaurantes. En aras de construir una identidad, las
distintas marcas exploran en las esencias para dar con
los acordes aromáticos que los identifique. Algunos
quieren transmitir lujo, otros higiene, están
los que desean aromas naturales para relajar y los que
buscan transmitir sofisticación. Una vez desarrollada
la fragancia, se inyecta en los dispositivos de los
aires acondicionados y ¡voilá! Espacios
perfumados a medida. Y como si esto no fuera suficiente,
en Europa está surgiendo la tendencia de perfumar
restaurantes, “esto es todo un desafío
ya que el perfume no debe mezclarse con los aromas de
la comida ni producir saturación. La gente no
quiere salir del local con la ropa llena de olor”
–cuenta Conti–. “Por esto es importante
tener bien definido el concepto del lugar e inspirarse
en los elementos de la comida para recrear la imagen”.
Así, para las cafeterías se utilizan las
esencias de café y chocolate mientras que los
locales japoneses andan bárbaro con jengibre.
Esencias
futuristas
De la misma manera que en la cosmética del futuro,
probablemente, exista una pastilla para evitar el envejecimiento,
en perfumería habrá esencias para generar
emociones.
Para ello, en una famosa universidad alemana se estudian
las distintas partes del cerebro (brain mapping) para
poder determinar cuáles se ven afectadas por
los distintos aromas y que emociones producen. De paso,
también investigan cómo generar nuevas
emociones. El hombre cambia permanentemente y va adquiriendo
nuevas capacidades. “Hoy en día una persona
es capaz de ver en una pantalla partida dos imágenes
al mismo tiempo. En el cine Peter Greenaway fue el primero
en hacerlo en La tempestad, de Shakespeare y fue muy
comentado, porque a pesar de que era un buen efecto,
producía confusión. El hombre moderno
está acostumbrado a esto por la computadora y
el zapping. La perfumería también debe
adaptarse a estos cambios, de hecho, hay consumidores
que comentan que les gusta el aroma de un determinado
perfume, pero en un determinado momento. A una persona
puede seducirle más un perfume que cambie todo
el tiempo, casi neuróticamente, a uno que sea
igual de la mañana a la noche.”
En 1952, el gran compositor-perfumista Ernest Beaux,
afirmó que gracias a los sintéticos, iban
a poder crearse notas verdaderamente originales. No
se equivocó el creador del Chanel Nº 5 cuando
pronosticó “para el perfume, el porvenir
se halla ante todo en manos de la química”.
Aromas sintéticos
La elaboración de sustancias sintéticas
ha permitida desarrollar una infinidad de aromas nuevos.
La onda gourmet en los años ochenta, impuso la
esencia de chocolate y tabaco, que todavía conserva
a sus adeptos. Mucho más urbano, el consumidor
moderno prefiere el aroma del cuero gamuzado como el
de los autos nuevos, el humo y el vinilo. También
los ambientes se perfuman. Una tendencia en alza.
Con nombre propio
En los años ’30 del siglo pasado, la novelista
francesa Colette escribió: “Gracias al
modisto perfumista, el perfume llega a ser algo más
que un sonido en la orquestación de la elegancia;
puede, debe representar el tema melódico, la
clara, directa expresión de las tendencias y
los gustos de nuestra época”. Para esa
época, Paul Poiret había desarrollado
una fragancia como complemento de sus colecciones. Luego
siguieron Chanel, Rochas, Balmain, Dior, Nina Ricci,
Givenchy, Yves Saint-Laurent, Hermés que perduraron
en los anales como los grandes nombres de la perfumería.
Esta costumbre sigue tan vigente como entonces y ahora
no se concibe un diseñador sin una –o varias–
fragancias que lo emulen. Celebrities, deportistas y
modelos no quisieron quedar al margen de este fenómeno:
Jennifer López, Gabriela Sabattini, Antonio Banderas,
Celine Dion y Valeria Mazza, por nombrar algunos. Dicen
que para hacerlo todo en la vida, hay que tener un hijo,
plantar un árbol y escribir un libro ¿habrá
que agregar tener un perfume homónimo?