Una
costumbre muy nuestra es agasajar con pasta casera
a los amigos. Les proponemos ravioles de verdura
y un rico tiramisú. Para empezar, ¡qué
mejor que un trago espumante!
Domingo sin
pasta no es domingo… Para armar un buen menú
con sabores itálicos nada mejor que empezar
por un rico Bellini, éste es el trago por
excelencia de Harry Cipriani, el famoso café
de Venecia. Para hacerlo sólo hay que licuar
durante unos segundos 1 taza de puré de duraznos
con 3 tazas de vino espumante bien fríos
y servir en una copa alargada. A este trago podemos
acompañarlo con zuchinis cortados en láminas
muy finas y fritas, así lo servían
en el Cipriani del Patio Bullrich porteño.
Luego se puede seguir la comida, con una buena pasta
rellena. Aunque los ravioles nacieron en la China
hace miles de años, Italia los incorporó
a su carta de sugerencias. Hay tantas variedades
de este plato como chefs hay en el mundo. Por ejemplo,
en Bella Italia, los sirven rellenos de salmón
rosado con salsa de limón, y en La Parolaccia,
de zapallo con nueces. También están
los que agregan sabor a las pastas. Colorear la
masa es una excelente alternativa. El azafrán
deberá mezclarlo en un poco de agua. Si desea
con gusto a hongos, añada por cada 400 g
de harina 50 g de hongos secos, déjelos en
remojo 40 minutos, escúrralos y procéselos,
y luego incorpórelo a la masa. Para la albahaca
deberá licuar 1/2 taza de hojas con un poco
de aceite de oliva. Y para la pasta verde, cocine
100 g de espinaca cruda por cada 400 g de harina,
hiérvalas sin agua y luego licúelas.
En todos los casos los agregados se hacen al mezclar
los ingredientes de la masa. Hay un detalle en el
que casi todos los cocineros coinciden: la mejor
salsa para acompañarlos es aceite de oliva
con salvia y un toque de tomates cubeteados. Para
rematar este menú, la propuesta es servir
un tiramisú para el postre. El tiramisú,
nace en Siena, en ocasión de la visita del
Grand Duque Cosimo, pero fue recién en el
siglo XIX que se hizo popular entre los intelectuales
ingleses y los artistas. En América entró
por San Francisco, y hoy se lo puede encontrar en
casi todos los restaurantes del país, y también
hay varias cadenas de heladerías que lo proponen
entre su oferta de sabores. No existe una receta
fija, cada chef y cocinero le agregará su
toque, pero los ingredientes básicos son
huevos, queso mascarpone, vainillas, crema, café
espresso, licor –brandy o amaretto son algunos
de los alcoholes usados– un poco de azúcar,
y cacao o chocolate rallado. El mascarpone es un
queso de triple nata, fresco y delicioso. La mezcla
del queso con el alcohol y el café produce
una sensación inigualable, fresca y sensual.
No se levante de la mesa sin un buen café
corto acompañado por masitas con almendras.
Tiramisú
Mezcle con una batidora 4 yemas con 200 g de azúcar
hasta que espese, luego añada 150 g de crema
de leche, 1/2 k de queso mascarpone o queso blanco
sin sal y 2 claras a punto de nieve. Remoje 18 vainillas
en 1 vaso de café fuerte frío mezclado
con 1/2 vasito de amaretto u otro licor, sin que
se empapen. Coloque la mitad de los bizcochos en
una bandeja o plato formando una base. Extienda
por encima la mitad de la crema, repita el paso
anterior y forme capas, tape el recipiente con papel
o film y enfríe en la heladera durante 4
horas. Espolvoree con 1 cucharada de cacao antes
de servir o chocolate amargo rallado y adorne con
semillas de café (opcional).
Ravioles
Mezcle 400 g de harina , 3 huevos, 1 cucharadita
de aceite y 1 cucharadita de sal y forme un bollo,
estírelo con un palo de amasar hasta que
quede una lámina bien fina. Córtela
en dos cuadrados grandes e iguales. Para el relleno,
mezcle 4 tazas de espinaca picada, 1 taza de ricota,
1 taza de crema espesa, 3 cucharadas de queso parmesano
y 1 cebolla salteada y colóquelo sobre la
masa con una cuchara cada 4 cm. Luego cubra con
el otro cuadrado presionando suavemente para que
las capas se unan. Corte con un rodillo ravioles
de 4 cm y deje secar una o dos horas sobre repasadores
enharinados. Cocínelos en agua hirviendo
de 4 a 5 minutos.