Atraviesa por un momento ideal en su vida. Tras
meterse en la piel de Aquiles, el gran guerrero griego,
logró convencer al mundo de que es mucho más
que una cara bonita. Fiel a sus principios, escapa a
los escándalos que sugiere la prensa amarilla.
A los 40 años, asegura que quiere dedicarse a
la construcción. Y que pronto le gustaría
tener un hijo con su esposa, la también exitosísima
y deseada Jennifer Aniston.
¿Qué es eso
que tiene tanto valor en este mundo, que podría
llevar a un hombre a arriesgar su propia vida como para
conseguirlo? Las primeras escenas de Troya, la recientemente
estrenada película del director Wolfgang Petersen
para Warner Bros. Pictures, intentan responder la pregunta.
Los pueblos griegos se enfrentan en una de las más
feroces batallas de la historia (o de la leyenda), sólo
para satisfacer la ambición de poder de sus reyes,
aunque se escuden en valores como el honor y la venganza.
Entre los miles de soldados que perecerán en
la búsqueda de la gloria ajena, se destaca uno.
El más grande, el más valiente, el más
fuerte: el invulnerable Aquiles. Agamenón, rey
de reyes, sabe que la sola presencia del gran guerrero
puede transformar el rumbo de los hechos. Que su poder
es tan inmenso que logra duplicar la fuerza de sus aliados
y doblegar la voluntad de sus enemigos. Aquiles también
lo sabe. Sólo que él no persigue la misma
gloria que sus gobernantes. Es arrogante, soberbio e
irreverentemente rebelde. Y busca una sola cosa: la
inmortalidad de su nombre. Siempre y cuando, claro,
ninguna bella dama se interponga en su camino.
El papel parece hecho a medida de Brad Pitt. Rudo, con
una importante y notoria preparación física,
y por sobre todas las cosas, bello. Como en la vida
real, Pitt logra el equilibrio perfecto entre los prácticamente
inmejorables rasgos con los que lo dotó la naturaleza
y esa actitud rea y desalineada que lo hace irresistible
para las mujeres, aunque algunos se empeñen en
afirmar que el muchacho es poco afecto a la limpieza
personal. Grandes o pequeñas, serias o informales,
bohemias o intelectuales, no existe dama que se atreva
a negar sus encantos. Es tanta la belleza, que hasta
los hombres lo reconocen, y no encuentran defectos que
sirvan para desairarlo. Porque además de todo,
William Bradley Pitt es buen actor. Más allá
de los sutiles cambios de imagen, acomoda la actitud
corporal a cada personaje. Transforma por completo su
manera de hablar y de este modo, puede pasar de ser
un miembro del grupo irlandés IRA (en La sombra
del diablo, con Harrison Ford) a un luchador gitano
(en Snatch, de Guy Ritchie). Además del manejo
que tiene de la mirada, recurso que utilizó memorablemente
cuando le tocó interpretar nada más y
nada menos que a la Muerte, en ¿Conoces a Joe
Black?, de Martin Brest.
Aunque reacio a hablar en primera persona, queda claro
que, como Aquiles, también busca perpetuarse.
Especialmente cuando destaca que se identifica con una
de las declaraciones más fuertes de su personaje:
“Quiero lo mismo que cualquier hombre, pero más”.
Has recorrido
un largo camino, muchacho
El mayor de los tres hermanos Pitt nació un 18
de diciembre de 1963 en Shawnee, Oklahoma, aunque muy
pronto sus padres se mudaron a Springfield, Missouri,
la misma ciudad que suele alborotar el pequeño
animado Bart Simpson. Hijo de una maestra y de un empleado
de una empresa de camiones, ya de chico Brad llamaba
la atención. Mientras estudiaba participó
del coro escolar, jugó fútbol y tenis,
y en 1982 fue elegido el ‘mejor vestido’
del colegio. No en vano, luego recibiría dos
veces el premio de la revista People al ‘Hombre
más sexy’, la revista Empire lo consideraría
una de las cien estrellas más sensuales de la
historia del cine y en la última tapa de L’Uomo
Vogue fue nombrado ‘El nuevo héroe’.
Cuando le faltaba muy poco para terminar su formación
en periodismo y publicidad, se dio cuenta de que lo
suyo era la actuación (¿es demasiado agradecerle
a Dios por haberlo iluminado con tan sabia decisión?).
Con 375 dólares en el bolsillo, partió
hacia Beverly Hills. Pero no todo fueron rosas para
el rubio de rasgos pequeños y varoniles. Durante
los primeros meses, tuvo que trabajar como chofer de
limousinas para los strippers de la zona, camarero,
lavaplatos y hasta pollo humano para una cadena de comidas
rápidas. Buena estrategia. ¿Usted hubiera
podido negarse a probar un bocado si venía con
una sonrisa de esa carita de ángel? Salta a la
vista que mal no le fue. En el ’87 consiguió
los primeros ‘bolos’ en series televisivas,
y en dos o tres películas en las que su nombre
ni siquiera figura en los créditos. Ni lerdo
ni perezoso, Brad supo explotar al máximo sus
primeros quince minutos de fama que llegaron en 1991,
cuando William Baldwin se bajó de Thelma &
Louise, lo que le permitió a Brad interpretar
a J.D., el ladrón que seduce al personaje de
Geena Davis, y ganar sus primeros seis mil dólares
‘Hollywoodenses’. Luego seguiría
una interminable lista de éxitos, como Leyendas
de Pasión, Entrevista con el Vampiro, Pecados
Capitales y Doce Monos (esta última le valió
un Globo de Oro y una nominación al Oscar en
la categoría de mejor actor secundario), por
nombrar algunos. Y con el paso del tiempo, su cachet
fue aumentando: por este film épico se llevó
17 millones de dólares, que se suman a los 127
que tiene en su cuenta bancaria, según la revista
Forbes.
En paralelo
A medida que avanza Troya y uno recorre mentalmente
la carrera de Pitt, las líneas de Aquiles parecieran
referirse una y otra vez a la vida del actor. “Yo
no elegí nada. Nací y esto es lo que soy”,
dirá el guerrero griego para defender sus ideales.
En el mundo real, Pitt se mantiene fiel a esa línea.
Selecciona cuidadosamente los proyectos en los que participa
y prefiere no mostrar demasiado su vida privada. En
sus antecedentes, prácticamente no hay escándalos
y suele mantener un perfil bajo. Aunque claro, el hombre
no pierde oportunidad de demostrar sus encantos ante
las beldades del sexo opuesto. O perdía, porque
lleva seis años (y cuatro de matrimonio) con
una de las protagonistas de la exitosa tira Friends,
Jennifer Aniston. Antes había estado comprometido
con Gwyneth Paltrow –quien lo vino a visitar a
Mendoza cuando rodó Siete años en el Tíbet–,
sucesora en el corazón de Brad tras la ruptura
con Juliette Lewis, ambas compañeras del set
en diferentes películas (Pecados Capitales, la
primera; Kalifornia, la segunda). El encuentro con ‘Jen’,
como él la llama, fue diferente (ver La pareja
perfecta).
Ahora que Brad cumplió los 40 y ella terminó
de grabar la última temporada de Friends, ambos
aseguran que están abocados a un importante proyecto
en común: tener un hijo. “Estamos ensayando
mucho”, bromea el actor cuando le dan oportunidad.
Y por lo bajo agrega que desea retirarse para dedicarse
a la construcción. Por suerte esto último
no parece ir muy en serio: está terminando el
rodaje de Mr. y Mrs. Smith con Angelina Jolie y luego
vendrá Ocean’s Twelve, la continuación
de Ocean’s Eleven. Pero por las dudas, ¿la
ONU podrá convocar a un plebiscito internacional
para evitar que suceda? Las damas, agradecidas.
La pareja perfecta
Brad conoció a Jennifer Aniston en una cita coordinada
por los agentes de ambos en 1998, pero recién
el 12 de septiembre de 1999 aparecieron juntos por primera
vez en una entrega de los premios Emmy. Dicen que la
sencillez de la actriz fue determinante a la hora del
flechazo. De origen griego (su verdadero apellido es
Anastassakis), trabajó de mesera, telemarketer
y recepcionista hasta que logró sus primeros
papeles en televisión. Tras bajar algunos kilos,
su suerte cambió cuando en 1994, la convocaron
para encarnar a Rachel en Friends. En 2003 cobró
un millón de dólares por cada uno de los
capítulos de la tira. Y este año, por
la décima y última temporada, la cifra
se duplicó. Más allá del dinero,
Jen tiene dos cosas que envidian todas las mujeres:
duerme con el hombre perfecto, y su cola comparte el
podio de las más lindas del mundo junto a la
de la cantante Jennifer Lopez. Aplauso, medalla y beso.
Desde la Antigua Grecia
Si bien la película está inspirada en
La Ilíada, poema atribuido a Homero y escrito
durante el siglo 8 a.C., 300 o 400 años después
de la caída de Troya, el guión guarda
algunas diferencias con el poema original. Además
de Pitt en el rol de Aquiles, participan los actores
Eric Bana (Héctor), Orlando Broom (Paris), Diane
Krueger (Helena), Brendan Gleeson (Menelao), Brian Cox
(Agamenón), Peter O’Toole (Príamo)
y la participación especial de Julie Christie
(Tetis). Dura dos horas y cuarenta minutos –que
pasan volando gracias a Brad– y se filmó
en México, Londres y Malta.
Por Einat Rozenwasser / fotos: imapress/dachary y gentileza
warner bros.