En
Bermejo, cerca de la ciudad de Mendoza, un nuevo
restaurante se destaca por su comida artesanal,
autóctona y con cocciones muy sanas. Además
hay arte y teatro.
Al norte de
Mendoza y a tan sólo 8 km de la capital,
en Bermejo, se encuentra Pan y Teatro, una casona
con más de cien años de vida, donde
se conjugan a la perfección gastronomía,
buena música y arte.
La historia de este restaurante comenzó a
principios de los ’80 cuando la familia mendocina
Marín se propuso cumplir un sueño:
hacer teatro en la capital porteña. Y allá
partió Germinal Marín junto a Liliana
Moreno y sus hijos rumbo a Buenos Aires, se instalaron
en Boedo y comenzaron con los cursos de teatro.
Mientras tanto, y para poder subsistir vendían
empanadas y pan casero. La respuesta a sus manjares
fue tan exitosa que abrieron las puertas de su casa
para que el público disfrutara, además
de las obras de teatro, de una rica comida autóctona.
Así nació Pan y Teatro.
Años más tarde, en uno de sus viajes
a Mendoza, Germinal recorrió las angostas
calles de Bermejo, descubrió una vieja casa
de adobe en Avelino Maure y la convirtió
en el Pan y Teatro mendocino. Lejos del lujo, la
ambientación del lugar atrapa por sus acentuados
toques rústicos: puertas de madera, ventanas
altas y angostas, pisos y techos originales que
mantienen viva la historia del hogar. “Aprendimos
los secretos y las tradiciones de los Marín
y de Antonia Salvo (madre de Germinal) – apuntan
Charo y José, que están al comando
de la gastronomía del restó–.
La clave está en la combinación de
los ingredientes frescos de alta calidad y en la
utilización de cocciones extremadamente sanas
y naturales, acá no hay fritos”. Y
Keko Ferro, el encargado, agrega: “La mejor
fórmula es cocinar con los productos de nuestra
propia huerta”. Platos autóctonos,
caseros, naturales y siempre recién elaborados,
invitan al comensal a degustar un menú muy
variado: a la irresistible carne a la masa se le
suman las infaltables empanadas y pastelitos mendocinos.
Para los amantes de las comidas italianas, los clásicos
tallarines y ravioles de la abuela salen con concassé
de tomate y aseguran recordar los domingos en familia.
Los postres vienen con sabor nacional: dulces artesanales,
de uva, de alcayota y de higo se combinan muy bien
con quesos y nueces. Para el brindis, nada mejor
que los vinos elaborados en la propia casa bajo
el atento cuidado de enólogos locales. El
último detalle nada tiene que ver con la
cocina, pero aporta vida y color al restó.
En las habitaciones se exponen diversas creaciones
de artistas locales, que finalmente invitan al comensal
a transitar por el maravilloso mundo del arte.
Calabaza
con humita.
(6 personas) Primero derrita 200 g de manteca en
una sartén, luego agregue 1 morrón
rojo y 1 verde cubeteados y 1 cebolla cristalizada.
Más tarde, sume 2 tomates cubeteados y 1
pocillo de leche hasta lograr una crema. Luego añada
10 choclos rallados y saborice con hojas de albahaca,
sal, pimienta y azúcar. Cocine durante una
hora en cacerola y agregue 1 calabaza tallada, y
sirva en cazuelas de barro.
Carne a la masa.
(4 personas) Ponga 2 kg de cola de lomo a marinar
desde la noche anterior en un recipiente con 1 cabeza
de ajo, 2 cebollas, 1 morrón rojo y 1 verde,
2 zanahorias y sal, pimienta, ají, orégano
y comino. Al día siguiente, retire la carne
y colóquela en una cacerola con 1 pocillo
de aceite de oliva, bien caliente. Dore de ambos
lados, agregue 1/2 l de vino y todos los condimentos.
Tape y deje hervir una hora y media hasta que quede
bien tierna. Luego haga la masa: una 1 kg de harina,
50 g de levadura, 1 cucharada de aceite y sal. Ponga
la masa en un recipiente bien tapado y enfríe
durante una hora. Más tarde, estire la masa
en círculo, agregue la carne cortada en trocitos,
con todos los ingredientes que quedaron. Enrolle
y apriete bien las puntas para que no se escape
la carne. Dore en horno moderado y pincele con aceite
y pimentón.
en mendoza
Mariela Moreno / fotos. Florencia Manganelli / pan
y teatro, avelino maure 1297, bermejo