Las
expresiones artísticas y la gastronomía
confluyen en los espacios multidisciplinarios, en
donde la cultura es “la” excusa para
el encuentro.
Las manifestaciones
culturales, necesitan mostrarse y cualquier persona
que se denomine “artista” sueña
con un lugar para exponer su obra. Los tiempos modernos
requieren de espacios modernos. Ya lo anticipó
el especialista catalán en gestión
cultural y comunicaciónToni Puig Picart,
en su libro, Cultura en el siglo XXI, cuando afirma
que “naturalmente los museos y los centros
culturales no se comunican con los ciudadanos, sólo
dan a conocer sus acciones y sus prospectos, pero
no es eso lo que la gente espera, pues necesitan
creatividad y valores”. De pura intuición
tal vez, hubo quienes anticiparon esta necesidad,
como una reacción a lo excesivamente ceremonioso.
Los espacios multidisciplinarios proponen una nueva
morada para el arte y un lugar para el encuentro.
Aunque distintas entre sí, todos tienen un
claro fin en común: acercar el arte a la
gente.
Lugares de encuentro
Para Néstor Zonana, arquitecto y propietario
de Pabellón 4, en el corazón de Palermo
Viejo, los espacios multidisciplinarios surgieron
por una necesidad de este mundo moderno. “Hoy
en día, la gente necesita lugares en donde
pasen cosas. Hay muchas personas que no se conforman
con ir a tomar un cafecito a un bar, sino que buscan
espacios de encuentro, pero con propuestas interesantes,
como muestras, performances y shows”. Mucho
más abarcativos, estos nuevos centros tienen
una dinámica distinta a la de los museos
y galerías, pero de la misma manera, son
polos generadores de cultura. Vernissages con equilibristas,
bandas de jazz, obras de teatro experimental, odaliscas
y distintos tipos de shows que sorprenden y emocionan,
son excusas ideales para servir de “meeting
points”. Para algunos fue una apuesta, para
otros un sueño hecho realidad, pero cada
uno de estos entrepreneurs se animó a reinventar
estos espacios, en donde el arte se encuentra con
la gente.
Zonana se recibió de arquitecto en el Pabellón
3 de Ciudad Universitaria de la UBA, y al salir
al mundo con su diploma en mano, tomó conciencia
de que la movida cultural de la universidad terminaba
con la carrera. “En la facultad hay un nivel
de producción increíble, pero cuando
te recibís, todo queda ahí”.
Este fue el punto de partida para un proyecto, que
hoy, diez años después le permite
vivir del y para el arte: Pabellón 4, un
espacio multidisciplinario de arte contemporáneo,
donde se fusiona una galería de arte y las
más variadas actividades artísticas.
Por la misma época, en Mendoza Israel Raij
también se aventuraba a la noble misión
de hacer fluir el arte, pero recién a fines
del 2003 abriría las puertas de Tajamar,
en el corazón de la nueva Alameda. La idea
fue concentrar en un mismo espacio la mayor cantidad
posible de actividades relacionadas con el arte.
“Mendoza es una provincia que está
en continuo crecimiento, y la avidez de la población
y de los turistas por la cultura es cada vez mayor.
Por esto, al plantearnos el proyecto, pensamos en
un espacio que albergara distintas expresiones culturales”.
A través de la galería de arte buscó
cubrir un vacío en la ciudad.
La carta estaba echada y una nueva tendencia se
estaba gestando. El músico, actor, conductor
o mejor aún, artista de varieté Alfredo
Casero, también se sumó a la movida
del arte y creó su espacio “para que
la gente haga lo que quiera”. Hace dos meses
inauguró en San Telmo, el Chachachaclub,
en el subsuelo del restaurante Trotamundos. María
Eugenia Igarzábal, una de las propietarias
del restaurante, junto con su hermano, Matías
Lutteral, cuenta que con Casero se conocen hace
tiempo “nosotros habíamos inaugurado
el restaurant y no ocupábamos el sótano,
así que cuando surgió la posibilidad
de crear ‘un lugar en donde pasen cosas’,
nos pareció buena idea”. Y entonces
Casero se dio el gusto de invitar a su propia casa
y maravillar con sus monólogos y creaciones
artísticas y sus toques culinarios.
La crisis también allanó el terreno
para reformular los espacios. Y el Conventillo El
Pino, en la ciudad de Rosario, aprovechó
la oportunidad. Hacia el 2001 a Alejandro Chiovoloni,
le tocó hacerse cargo de la pyme familiar.
“Con mi mujer que es bailarina y maestra de
música y yo –actor y periodista desocupado–
decidimos rescatar el perfil italianísimo
del lugar y ante la inminente crisis reinventar
el espacio”. Así surgió la idea
de ofrecer otra cosa, como cursos de danzas folklóricas,
talleres literarios, trovadores de tango, shows
de magia, odaliscas y hasta una Campaña Salven
a los Pingüinos, del Club de los que tienen
sed, para rescatar las viejas jarras de pingüino
y beber hasta decir basta. También actor,
Marcelo Bolognini, luego de 13 años de morar
en Villa La Angostura, decidió apostar en
su propio proyecto y convertirse en empresario gastronómico.
A pasos del camino al Cerro Bayo, nació El
Arca, Restaurante y Teatro. Una propuesta que combina
la comida tradicional de montaña, con obras
de teatro, espectáculos musicales y muestras
de pintura. El arte y la buena mesa, de la mano
de sus propios dueños.
El “arte”
de comer
Los sonidos vibran, las imágenes invitan
y los aromas convidan. En esos nuevos ambientes
de cultura y distensión, la propuesta gastronómica
tiene otro sabor. Los espacios multidisciplinarios
son una invitación al encuentro, el arte
y por qué no, a la buena mesa.
“Aunque siempre estuvo en el proyecto, en
un principio no había gastronomía”,
cuenta Zonana que recién a los cinco años
de la inauguración, se dio el gusto de abrir
el restaurante. Para ello se asoció con un
experto en el tema, que se entusiasmó con
el entorno que se generaba a partir de la actividad
artística y desarrollaron para el menú,
una propuesta súper innovadora: “Acá
no hay un menú a la carta porque la idea
es que la gente no se encuentre siempre con lo mismo”.
También el Resto-Bar-Tajamar, tiene su propuesta
gastronómica para acompañar los espectáculos.
La carta ofrece desde tablas de quesos y fiambres
y pastelería refinada a platos más
sofisticados como el Vittorio Gassman (tortelli
de albahaca rellenos y salsa cuatro quesos) o Roberto
Arlt (lomo de cerdo arrollado con ensalada). También
hay vinos mendocinos y tragos coloridos para las
noches más largas.
Aunque no exclusivamente sureña, la propuesta
de Trotamundos está orientada por los días
que pasó su dueña en Puerto Pirámides
y la influencia de Puerto Madryn en Alfredo Casero.
Hay guiso de cordero patagónico a la cerveza
negra y cintas negras con frutos de mar, entre otras
delikatessens de inspiración oriental e italiana.
En Trotamundos, hay de todo, para gente que le gusta
comer de todo. Y un barman consagrado que fascina
con el Afrobasílico, un daikiri con albahaca
fresca, que es la vedette de la barra.
Elegido por la Casa Blanca para que el ex presidente
Bill Clinton agasajara a su par argentino, El Patacón
ya era famoso en Bariloche, por su gulash de ciervo
y la trucha a la crema de puerros. Lo de la galería
de arte, surgió por la necesidad de un espacio
para aquellos artistas que quisieran mostrar su
producción. La única condición
para hacerlo es donar una obra a una entidad de
bien público.
En Rosario, el Conventillo El Pino continúa
fiel a una tradición que lleva 25 años:
“pastas amasadas como en casa, por mi madre
de acuerdo a las recetas que le enseñara
su madre”, invita su dueño.
El descanso cultural
Luego de los shoppings, las comidas rápidas
y los cruces casuales, la propuesta son los lugares
para el deleite de los sentidos y el encuentro real.
La cultura nos enriquece, nos comunica, nos identifica.
“Por eso –termina Puig Picart–
los fines de semana, en las ciudades de hoy, deben
ser los fines de semana de los servicios culturales.
El viernes por la noche, todo el sábado,
el resplandeciente domingo, son tiempos para la
música, la pintura, la fiesta y sus presencias
de dolor, solidaridad y esperanza. Los fines de
semana son tiempo de reposar, de pensar, de vivir
diferentemente. No en casa: en la ciudad sugerente,
llena de servicios culturales, llena de ciudadanos
activos.
Suprema del buen romance
Por el chef Willy Muñoz
Abra 2 supremas al medio sin dividirlas,colóquelas
sobre papel film y aplástelas. Cocine 100
g de langostinos en agua y sal, rellene con ellos
las supremas. Enrolle con papel film y cocine 20
minutos en agua con hierbas (tomillo, perejil y
romero). Retire.
Prepare un puré con 1/2 k de batatas con
cáscara cocidas al horno. Pélelas,
píselas y mézclelas con 1 cucharada
de miel, 1 pizca de canela y 50 cc de crema. Aparte,
lave 2 atados de espinacas, séquelos y saltéelos
con ajo. Sirva con una salsa de azafrán:
saltee 1 echalotte, desglase con 200 cc de vino
blanco y agregue 1 pizca de azafrán con 50
cc de crema. (Pabellón 4)
Rueda de cordero patagónicos
(corte a lo Picapiedras) Trotamundos
Mientras calienta una sartén con dos cucharadas
de aceite, salpimente 4 ruedas de cordero trasera,
selle a fuego fuerte de ambos lados, y coloque en
una asadera a horno medio durante 20 minutos. Coloque
otra asadera al horno con 3 papas y 3 batatas cortadas
longitudinalmente, durante 20 minutos aprox. Mientras,
en una cacerola blanquee 1 morrón rojo, 1
morrón amarillo, 2 zucchinis, 1 cebolla roja
y 1 zanahoria. Sirva salseado con el fondo de cocción.