Carlos
Sorín todavía saborea los elogios que recibió por la
multipremiada Historias Mínimas, esa entrañable película
que conmovió con personajes tan comunes como los hechos
cotidianos que relató. A punto de estrenar su nueva
producción, no le teme apostar a los mismos escenarios
patagónicos y a los idénticos seres que desnudan sus
historias pequeñas de destino incierto, pero con emoción
asegurada.
Reconoce que cumplió
su promesa. Esta vez, no hubo que esperar más
de una década para volver a disfrutar de una
nueva película. Dedicado a pleno al cine de ficción,
acepta que su vida como director de comerciales es parte
del pasado. “Solo acepto propuestas free-lance
y fuera del país, en México o Estados
Unidos. La productora es ahora exclusivamente de largometrajes”.
El ritmo de esta nueva etapa queda plasmado con una
agenda completa: el estreno, el 16 de septiembre, de
su cuarto film, El Perro y la filmación de una
nueva película a principios de 2005. Una vorágine
que lo carga de adrenalina y deja con rapidez en el
pasado las satisfacciones que le otorgó Historias
Mínimas con sus 35 premios internacionales entre
ellos el Goya de la Academia de Cine de España.
Convencido del tipo de cine que quiere hacer “el
que cuente historias comunes y emotivas”, tuvo
también un espacio para participar en la producción
18 J que reunió a una decena de directores en
un trabajo en común de recordatorio por el atentado
de la AMIA.
–En el El Perro regresás al sur,
filmás, una vez más, con actores no profesionales,
historias de personajes comunes. ¿No hay miedo
a repetirse?
–Lo pensé bastante, pero no son películas
que surjan de una idea estrictamente comercial. Uno
pretende que la película funcione para seguir
filmado, sin embargo no hay un receta segura. No decimos
hagamos esto de nuevo porque anda bien. Hay un camino
a seguir, es hacer la película que a uno le gusta,
es el cine que yo siento. Historias pequeñas,
donde uno puede trabajar casi con un cincel. Historias
a la escala de los personajes, con gente simple, pero
que no le falta profundidad.
–La repercusión de Historias Mínimas
se basó en la ternura que despertaron esos personajes
comunes y a la vez entrañables. ¿Qué
hay de similar en la nueva película?
–Los personajes sin esperanzas, todos son perdedores,
a ninguno le va bien. En realidad creo que las historias
interesantes para contar en el cine son las de los perdedores.
¿Qué voy a hacer, contar una de ganadores?
Eso lo hacen bien en Hollywood, no hace falta que lo
hagamos aquí. La veta trágica de un perdedor
pone en evidencia muchos valores de la condición
humana y nosotros, los argentinos, sabemos mucho de
eso. Somos perdedores y a la vez eternos sobrevivientes.
El mejor cine del mundo, incluso el de Estados Unidos
son con este tipo de personajes.
Como en aquella experiencia (de Historias Mínimas),
Sorín desplegó a su equipo de producción
por todo el país para encontrar los rostros justos
para los personajes de su nuevo film. De esta manera,
durante más de cuatro meses se tomaron decenas
de pruebas en 10 provincias argentinas para conformar
el lenco definitivo de El Perro, que a diferencia de
Historias Mínimas, no cuenta con actores profesionales.
–Más allá de los elogios
que hubo con las actuaciones de los actores, también
surgieron algunas críticas posteriores sobre
la tendencia a usar “no profesionales” en
el cine argentino.
–Tengo un fuerte apego al realismo, diría
casi obsesivo. Mi admiración por ese gran pintor
que fue Velásquez, acérrimo realista hasta
en los más mínimos detalles, hace que
en mis películas busque lo mismo. Lo ideal siempre
sería que estos protagonistas no actúen,
que todo sea lo más próximo al documental.
Me gusta tener la imperfección de la realidad
para que la gente reciba, a partir de la ficción,
retazos de la verdad. Y eso un actor profesional no
lo puede lograr ya que construye su personaje, con eficacia,
es cierto, pero desde otro lugar. Es mi apuesta creativa
que vengo madurando desde mi época de director
de comerciales.
–En ese espacio creativo, ¿Te seduce
la televisión como medio?
–No, no me interesa. Tuve ofertas, de hecho mantuve
varias reuniones, pero la pregunta es siempre la misma.
¿Qué puede hacer yo en la TV? Quizás
algo que se asemeje a un documental. De todas formas
valoro algunos espacios que da la pantalla chica, en
mi caso creo que es muy fascinante el formato del Reality-show,
como en el caso del Gran Hermano. Es cierto, si ubicás
cuatro idiotas en una casa, como sucedió hasta
ahora, tendrás un resultado de ese calibre, pero
si colocás cuatro personajes diferentes, ahí
contás con una historia atractiva donde no se
sabe qué es realidad y qué es ficción.
Eso es también lo que busco en mi cine.
–¿Este realismo que apunta a las
emociones del espectador, se encuentra en otros directores
del cine argentino?
–Sin dudas, tenemos excelentes exponentes de un
cine muy sensible. La última película
de Adolfo Aristaraín (Roma) tiene una mirada
llena de ternura y es muy emotiva, me gustó mucho.
También está Lucrecia Martel y Pablo Trapero
y fundamentalmente Juan José Campanella, quien
desde un lugar más industrial, cubre muy bien
el espacio de un tipo de cine costumbrista, popular,
que lo tuvimos y por suerte lo volvimos a recuperar.
–¿Qué rol cubre en este
nuevo escenario el Instituto Nacional de Cine?
–Fundamental. Está haciendo un muy buen
trabajo, hay una fuerte presencia en los Festivales
y apoyo a los productores que sin él, muchas
cosas no serían factibles. En América
latina se habla del ‘fenómeno cine argentino’
que es único porque tiene una ley que lo protege
y una entidad que lo cuida. En México por ejemplo,
un país con mejores características para
la industria del cine, solo se hacen seis o siete películas,
aquí se superan las 45.
Cuando Sorín
está fuera del país hay dos cosas que
añora: su familia, radicada junto él en
un campo de Capilla del Señor, donde el realizador
encontró su ‘lugar en el mundo’ y
el fútbol, con su inocultable fanatismo por Boca
Juniors.
El sensible realizador, tiene lazos directos con el
mundo futbolístico al ser el primo hermano del
actual volante del seleccionado nacional, Juan Pablo
Sorín, además de contar, por el lado de
su mujer, otro familiar político reconocido,
el ex delantero de River Plate, el colombiano Juan Pablo
Angel. Pero, por estos días además de
los preparativos para el estreno de su nueva película,
otro tema que ocupa su cabeza es la despedida de Carlos
Bianchi como entrenador de su equipo favorito.
“Estoy mal –reconoce– soy hincha de
Boca, pero en estos años me hice hincha de Bianchi.
Lo vamos a extrañar. Me parece que entraremos
en la etapa de vivir de recuerdos felices pasados. Es
un gran entrenador, muy intuitivo, además de
ser un ganador. ¿Si me gustaría como director
técnico de la selección?.Me encantaría,
pero no creo que pueda tener una buena convivencia con
Julio Grondona. Bianchi tiene su personalidad”,
enfatizó el director deslizando sus conocimientos
del ambiente futbolístico local.
–Tu familia también colabora con vos...
–Mi hijo mayor Nicolás (24) fue el compositor
musical de Historias Mínimas y ahora lo es de
El Perro. Vive en España, es arreglador y compositor
de los últimos trabajos de Miguel Bosé
y ha colaborado con Ana Belén y Víctor
Manuel, pronto será más famoso que el
padre y allí espero que sea el productor de mis
películas. Sebastián (21) fue asistente
de cámara del último largo y Carolina
(19) colaboró en los castings. Hay una más
pequeña que ya promete con los guiones, pero
le falta para llegar a los sets.
Amores
perros
Sorín nos anticipa en exclusiva la flamante película
El Perro, que promete descubrir nuevas sensaciones a
partir de relatos que bucean por la condición
humana de sus personajes. Estos deambulan en la búsqueda
de su destino por las desoladas rutas de la Patagonia.
La historia es tan simple como directa: “Este
hombre, Juan Villegas, se encuentra a los 50 años
sin trabajo, ya que decidieron vender la estación
de servicio. En esa nueva realidad, Villegas comienza
a perder la fe en sí mismo, hasta que por una
ayuda que hace a una mujer, ésta lo invita a
su estancia y recibe como regalo un dogo argentino”,
relata el director.
“Este perro transformará su vida y le devolverá
su autoestima perdida, será reconocido por mucha
gente por la admiración que causa el animal.
Pero también trastrocará el rol de dueño
y mascota, ya que el perro comenzará a hacer
sentir su carácter. Todo en medio de un viaje
interminable por la ruta 3”.
“Nos costó mucho encontrar al protagonista,
después de mucho probar, recurrí al hombre
que estaciona los autos en el garaje al lado de la productora,
en Nuñez. Fue filmó casi dos meses, y
ahora volvió a su viejo trabajo, y eso es una
situación muy fuerte para cualquiera”.
“Apuesto a este tipo de gente porque pueden dar
a la historia un realismo muy difícil de conseguir.
Lo demuestra la experiencia que tuvimos con el abuelo
de Historias Mínimas, Antonio Benedectis”.
Filmografía
de Sorín
La película del Rey (1985)
Con Julio Chávez y Ulises Dumont.
Ganó los premios de los Festivales de Venecia
y Biarritz. Premio Goya 1986, Academia de Cine de España.
Eterna Sonrisa de New Jersey (1989)
Con Daniel Day Lewis y Mina Jakovic.
Historias Mínimas (2002)
Con Antonio Benedectis.
Ganó 35 premios, entre ellos festivales de San
Sebastián, Portugal, Cartagena, Cuba, Los Angeles.
Premio Goya 2003, Academia de Cine de España.
El Perro (2004)
Con Juan Villegas.
Marca registrada
“Estamos en un momento especial para el cine argentino.
Creo que podemos generar una especie de ‘Marca
Argentina’ como alguna vez fueron en Europa el
cine iraní o el chino. Esto ya empezó
a suceder en varias ciudades importantes donde se han
estrenado películas argentinas con éxito
notable. Es además una interesante tendencia
que tienen algunos países desarrollados, de apostar
a un cine más diverso contra la contundencia
del cine norteamericano.
–¿En este marco, podemos ser competitivos?
–Sí, pero en pequeños nichos de
mercado. Lo importante es lograr formas de producción
de bajo presupuesto. Deberíamos hacer películas
que cuesten entre 300 mil y 500 mil dólares,
aprovechando el crecimiento de la tecnología.
Con esos valores de costo, fuera del país es
posible recuperar la inversión, es posible, conseguir
socios, compartir riesgos y seguir filmando.