Gisela Dulko. A los 19 años, acaba de
ser enrolada en el virtual club de las bellezas del
circuito WTA. Atraviesa su mejor momento profesional
y la espera una nueva gira, que desembocará en
los Juegos Olímpicos, donde tiene esperanzas
de recoger una medalla.
El Vilas Club, a orillas de los bosques de Palermo,
no es como cualquier otro. Con pocos minutos de diferencia,
salen de entrenar Marcelo Tinelli y Claudia Villafañe.
Adentro, dos modelos reconocidas se pasean por la zona
de vestuarios y en la terraza evocan mejores momentos
profesionales José “Turu” Flores,
flamante incorporación de Independiente, y los
ya retirados Damián Manusovich y Cristian Bassedas.
Allí en medio de la crème, Gisela Dulko
le hace honores al dueño del club y se entrena
varias horas por día. Por talento y tenacidad,
acaba de meterse entre las 50 mejores del mundo, pero
por fotogénica magnetizó a la prensa mundial,
siempre dispuesta a seleccionar siluetas entre las campeonas.
Sin embargo, esta bonaerense –es oriunda de Tigre–
jura que por ahora sólo le atraen las pasarelas
de cemento, césped, o polvo de ladrillo, más
allá de lo que le devuelva el espejo y de haber
sido afiliada al club de las bellezas del circuito junto
con las rusas Anna Kournikova y Maria Sharapova, todas
ellas tan buenas tenistas, como productos comerciales.
“El tema de la belleza es una cosa más
que una persona tiene, te puede ayudar con algún
contrato y obviamente, es lindo que te consideren linda,
pero acá lo más importante para mí
es el tenis”.
–¿Pero te gustaría incursionar en
una carrera de modelo si te lo ofrecen?
–Me divierten esas cosas, no tengo ningún
problema, pero primero está el tenis.
El mismo argumento sirve para explicar su distanciamiento
del tenista español Fernando Verdasco, quien
fue su novio durante varios meses en este 2004. “Terminamos
porque no nos veíamos nunca –argumenta–.
Yo tengo 19 años y él 20, si seguimos
enganchados, más adelante volveremos a estar
juntos”. De todos modos, aclara: “En el
amor nunca se sabe, pero ahora estoy en el tenis y si
llega alguien, obviamente llega, pero no lo busco”.
Este deporte es su prioridad, "Arranqué
a los 7 años, porque en realidad, mi hermano
se entrenaba en ese club (el de José Luis Clerc)
y yo peloteaba en un frontón de una cancha de
paddle que estaba al lado. Aprendí a jugar sola,
pero me tentaron para que tomara clases y así
arranqué. Empecé una vez por semana, después
tres y al poco tiempo, iba todos los días al
club”.
Lo cierto es que rápidamente se destacó
entre las chicas de su edad y como no tenía rivales
en esa categoría, empezó a jugar torneos
con jugadoras dos o cuatro años más grandes.
A los 14 ya había ganado el Campeonato Mundial
Sub–16 en Perth (Australia) con el equipo argentino,
junto a María Emilia Salerni y Eugenia Chialvo.
Dos años más tarde, estaba peleando el
número uno del mundo, entre los juniors.
A los 16 años firmó un contrato con una
empresa para que la representara y comenzó una
etapa que, a la luz de sus comentarios, le trajo más
tristezas que alegrías. Se fue a vivir a Miami,
donde se entrenaba a sol y sombra y acumulaba nostalgias
de afecto, mate y alfajores.
Su paso a los primeros planos del circuito femenino,
tardó más de lo que le pronosticaban los
gurúes del tenis. Se hizo profesional en 2001
y terminó el año 188º, en 2002 avanzó
hasta el puesto 152º y el año pasado concluyó
124º. Recién esta temporada, desligada de
sus representantes anteriores y nuevamente en casa,
irrumpió entre las mejores. "Los resultados
empezaron a llegar desde que me vine a vivir a la Argentina,
cerca de mis afectos. Además incorporé
a mi hermano Alejandro como entrenador, eso me hizo
muy bien interiormente y se notó dentro de la
cancha".
–¿Cuándo decidiste volver?
–Este año. El año pasado ya tenía
ganas porque extrañaba a mi mamá (Ana),
a mis abuelos, a mis perros (Nicole y Guga) y hasta
mi cama. Fue lo mejor que hice. Es duro vivir afuera.
Viajamos por todo el mundo, pero la mayoría de
las jugadoras vuelve una o dos semanas a su país
para estar con los suyos. Yo en cambio, volvía
a Miami. No lo aguantaba más.
En este 2004, logró llegar a cuartos de final
de un torneo grande (Indian Wells), alcanzó las
terceras ruedas de Roland Garros y Wimbledon, con victorias
en cadena sobre la legendaria Martina Navratilova (47
años) y también se dio el gusto de vencer
a dos top ten: Ai Sugiyama (10ma) y luego la rusa Svetlana
Kuznetsova (9na). Los triunfos acercaron los flashes
y se paseó cautivante por la catedral del tenis
en Inglaterra, hasta que Sharapova se robó el
título y las miradas del mundo.
–¿Qué cosas te molestan?
–Soy muy tranquila. Nunca me peleo con nadie,
por ahí me molesta la gente que es mala y envidiosa,
pero no le doy mucha importancia.
–¿Por qué elegiste a tu hermano
para que te entrenara?
–Porque quería a alguien de mucha confianza,
alguien que no me trajera problemas y me cuidara…
y en el primero que pensé fue en mi hermano.
–No debe ser fácil adecuarte a un trabajo
trazado por tu hermano.
–No le encuentro ninguna contra, por ahora. Lo
respeto. Solamente hablamos de tenis adentro de la cancha
y después hacemos de todo juntos. Nos llevamos
diez puntos.
–¿No se pone celoso?
–Bastante (suelta una carcajada), pero sabe que
me porto bien.
–¿Qué objetivos se pusieron?
–Es rarísimo, porque mi objetivo era estar
entre las cien primeras para llegar al main draw de
Roland Garros y en realidad, lo conseguí muy
rápido, hice tercera ronda en ese torneo, me
metí entre las mejores cincuenta, y mi meta ahora
es terminar entre las top treinta. Hace unos meses jugaba
torneos chicos de 25 mil dólares y ahora estoy
mucho más ambiciosa.
–¿Y el sueño a largo plazo?
–El sueño de todos los deportistas es llegar
a ser número uno, pero primero voy a tratar de
meterme entre las diez primeras y después llegar
a lo más alto.
–¿Sentís posible llegar a ser la
mejor?
–Sí, me tocó jugar con varias chicas
que están entre las mejores y creo que mi nivel
está cerca. La diferencia entre la número
cincuenta y la diez es de confianza mental y eso se
va dando con los partidos. Hay que darle tiempo.
–¿Cuál fue tu mejor triunfo?
–El de Roland Garros contra Conchita Martínez,
me encantó cómo jugué.
–Sabatini llegó como un relámpago
a ser top, y Suárez lo hizo a fuego lento ¿con
cuál te identificas más?
–Creo que lo mejor que me podría pasar
es mejorar rápido en el ranking más bien
pronto, pero los objetivos uno nunca sabe cuándo
se pueden dar.
La espera una nueva gira que desembocará en los
Juegos Olímpicos de Atenas, donde tiene esperanzas
de recoger una medalla, pese a su juventud
En honor a papá
Los silencios, el dolor y hasta las sonrisas, quedan
en evidencia en el homenaje que le hace Gisela a papá
Estanislao, quien falleció en un accidente hace
ocho años.
–¿Qué es lo mejor y lo peor que
te pasó en la vida?
–Lo peor fue la muerte de mi papá cuando
yo tenía 11 años y lo mejor fue un poco
de todo, tener la familia que tengo y el amor que me
dan. Fue muy duro para todos y mi mamá nos crió
muy bien, a pesar de estar sola. La admiro mucho por
eso.
–A los pocos días de la muerte de tu papá
ganaste un torneo importante.
–Sí. Es un poco loco, pero al día
siguiente estaba entrenando sola en la cancha. Estaba
dándole y dándole, tal vez porque no caía,
era chica y me costó asimilar lo que pasó,
siempre me agarré al tenis. Mi papá era
fanático, me iba a ver a todos lados. Me acuerdo
de una final que jugué no sé en qué
pueblito del interior y él me llevó con
el auto y fue un partido medio dramático, porque
yo me golpeé el abdominal, la chica que jugaba
conmigo se cayó al piso, el médico entró
dos veces a la cancha y yo iba 4-0 abajo en el tercer
set y al final lo gané, y cuando salí
de la cancha no lo encontraba y resultó que estaba
en un costado, llorando... Esas son cosas lindas que
me quedaron de mi papá y que me gusta recordar.
Idolos y bestias
–¿Qué te generaron los triunfos
sobre Martina Navratilova?
–Sí, con Martina fueron dos victorias.
Nunca me imaginé que iba a jugar con ella, menos
en Wimbledon y le pude ganar ahí, aunque estuve
cerca de perder. Es muy lindo que me digan que soy su
ídola.
–¿Cuál fue tu mejor triunfo?
–El de este año contra Conchita Martínez
en Roland Garros, porque me encantó cómo
jugué.
–¿Quién es tu ídola?
–Martina Hingis me encantaba como jugaba, porque
podía hacer cualquier cosa con la raqueta.
–¿Qué se siente al confrontar con
las Williams que le pegan con esa fuerza brutal?
–No sólo las Williams, porque Sharapova
también le pega muy fuerte, tenés que
estar preparada, porque son unas bestias. A mí
me gusta más el juego que hacía Hingis
y ése es el que yo intento hacer.
por GABRIEL PROFITI/ Fotos: mercedes garcia baltar