No
basta con vivir más; hay que vivir mejor. Para
esto, la nueva tendencia en alimentación, es
armar comidas inteligentes a través de los alimentos
llamados funcionales, que mejoran la salud y previenen
las principales enfermedades.
La expectativa
de vida a nivel mundial, está en continuo ascenso.
Actualmente, en la Argentina, el promedio ronda los
74 años –figura 40’ en el ranking
liderado por Japón, con 76 años–.
Para sumar a esto calidad de vida, están cambiando
algunos hábitos, entre ellos, los alimentarios.
Hasta ahora se recomendaba consumir alimentos que no
resultaran nocivos para la salud. Hoy, el consejo es
comer los que efectivamente hacen bien. Ya no se habla
de dieta sana sino de una funcional a las necesidades
del organismo, que no es poca cosa. La nueva alimentación
incluye a los denominados alimentos funcionales, que
mejoran la salud y reducen el riesgo de sufrir enfermedades.
“Son funcionales, los que tanto en forma natural
o procesada, contienen componentes que poseen efectos
beneficiosos para la salud, más allá de
su contenido nutricional” explica Magdalena Bauschen,
Licenciada en Nutrición y nutricionista corporativa
en una empresa de alimentos. Si bien el consumo de los
también llamados “súper” alimentos,
aún no es significativo en la Argentina, se espera
que aumente su demanda, así como ocurrió
en Europa, donde cada año, los funcionales aumentan
un 16% su participación en el mercado de alimentos.
La doctrina de Hipócrates, médico de la
Grecia Antigua, que hace más de dos mil años
rezaba: “que el alimento sea tu medicina y que
la medicina sea tu alimento”, sigue vigente. Entre
los “nuevos” productos nutritivos, por ejemplo,
están los que detienen el avance y previenen
una de las enfermedades más temidas por el hombre,
el cáncer. Efectivamente, hoy se sabe que la
manzana, el ajo y el brócoli son anticancerígenos,
que el tomate previene el cáncer de próstata,
y que la leche, según un reciente estudio publicado
en la revista del Instituto Nacional del Cáncer
de Estados Unidos, ayuda a prevenir el cáncer
de colon –el tercer cáncer más común–,
al igual que el salvado de trigo. Estos alimentos funcionales
actúan eliminando sustancias tóxicas,
limitando la proliferación celular y deteniendo
la acción cancerígena de algunas hormonas,
como los estrógenos, en el caso del cáncer
de mama.
¿Y podemos hacer algo por el corazón?
Sí, por supuesto, porque al comer frutas y verduras,
vino (con moderación), legumbres, té,
pescado, nueces, palta, aceite de oliva, maní,
salvado de avena y porotos de soja se previenen algunos
malestares del corazón. Marcela de la Plaza,
médica especialista en Nutrición, coordinadora
del Ciclo de Charlas para la Comunidad de la Sociedad
Argentina de Nutrición, agrega que si elegimos
una margarina y una leche enriquecidas con fitoesteroles,
(que hay en el mercado) ayudamos a la salud del “cuore”.
“Con 30 gramos de margarina o un vaso de leche
al día, se obtienen descensos de hasta el 20%
del colesterol en sangre”, revela la especialista.
Otros reductores del LDL o colesterol llamado “malo”,
son los ácidos grasos de la familia de los Omega
3, presentes en sardinas, atún, salmón
y mariscos –entre otros–. Además
en las frutas secas, palta, leches y huevos suplementados,
aceites de maíz, soja y girasol.
Y también para las mujeres hay buenas noticias,
ya que la soja y sus derivados, disminuyen los síntomas
de la menopausia y los cereales fortificados con suplementos
vitamínicos, merman las posibilidades de que
un bebé nazca con espina dorsal bífida.
Ese efecto saludable, se debe a que contienen ácido
fólico y hierro. En el caso del ácido
fólico, se recomienda consumir un mínimo
de 0,4 miligramos diarios, al menos un mes antes de
la concepción y durante el primer trimestre del
embarazo.
Somos lo
que comemos
Los “nuevos” alimentos aportan innumerables
beneficios a la salud, la clave es no solo alargar la
expectativa de vida sino, sobre todo, mejorarla. Si
bien resulta difícil calcular lo que dos vasos
de leche y un yogur diarios pueden hacer en pos de la
salud, está comprobado que aportan al cuerpo,
una ración importante de calcio, de propiedades
benéficas variadas. “Interviene en la salud
de los huesos, previniendo la osteoporosis, y cumple
importantes funciones reguladoras en el funcionamiento
neuromuscular, en la coagulación de la sangre
y en numerosos procesos metabólicos”, manifiesta
el doctor Julio Montero, médico nutricionista,
vicepresidente por América latina en la Asociación
Internacional de Obesidad. En Argentina, donde el 30%
de la población sufre de sobrepeso u obesidad,
la novedad de que el consumo de calcio favorece la pérdida
de peso, causó sensación. “El déficit
de su ingesta podría originar resistencia a la
pérdida de grasa corporal cuando se practican
dietas adelgazantes”, especifica Montero, uno
de los tantos médicos que en junio pasado presenció
el 4° Simposio Internacional de Nutrición
y Actividad Física que tuvo lugar en Buenos Aires.
Allí se informó que consumir dos vasos
de leche y un yogur por día –el equivalente
a 1.000 miligramos de calcio– contribuye a mantener
un peso saludable debido a que el calcio influye en
la oxidación de las grasas y reduce en un 70%
el riesgo de la obesidad.
En el país consumimos muy poco de este mineral,
apenas llegamos a 600 y 800 miligramos diarios. La falta
de este mineral en el cuerpo, puede originar, entre
otras cosas, serios problemas dentales. Para evitar
la formación de caries, los especialistas recomiendan
mascar chicles sin azúcar y con xilitol. Este
edulcorante, además, puede reducir la incidencia
de otitis medias agudas, según un estudio hecho
a niños del Hospital de Cruces, en la ciudad
española de Bilbao.
Otra de las enfermedades relacionadas con un déficit
de calcio es la osteoporosis. Para prevenirla lo más
apropiado es consumir alimentos ricos en este mineral,
como la leche y el yogur. Ahora se agrega un dato que
no es menor: los descremados aportan el mismo calcio
que los enteros.
Comer bien,
vivir mejor
Si se habla de una dieta funcional a las necesidades
del organismo, en ella no pueden faltar las vitaminas
y los minerales. Según comenta la doctora De
la Plaza, “están presentes en el grupo
de las hortalizas y las frutas. Deberíamos consumir
cada día un mínimo de cinco porciones
de estos alimentos, la mitad deberían ser consumidos
crudos (ya que algunas vitaminas se pierden con la cocción),
para mejorar la absorción del hierro y vitamina
C de los vegetales”. Específicamente hablando
de los vegetales verdes, son perfectos contribuyentes
a tener una vista de lince. En el caso de las frutas,
es ideal consumir dos o tres al día, de las que
una debe ser cítrica. De la Plaza asegura que:
“son fuente de fibra, potasio y fitoquímicos,
a los que se les van demostrando poder antioxidante,
efectos anticancerígenos y antinflamatorios”.
Además, son ricas en vitamina C que, según
la doctora Bauschen, “interviene en la formación
del colágeno, por lo cual es fundamental para
el mantenimiento de los tejidos. Ayuda a la absorción
del hierro y tiene capacidad antioxidante”. Se
halla en la naranja, el limón, la mandarina,
el pomelo, el kiwi, el tomate, la frutilla y el brócoli.
Es importante saber que los alimentos congelados conservan
casi toda la vitamina C a diferencia de los enlatados,
por ser éstos previamente cocidos.
Y ya que hablamos de vitaminas, está demostrado
que la C –en cítricos, tomate, pimiento,
coliflor, kiwi– y la E –en aceites vegetales,
germen de trigo, yema de huevo y semillas–, retardan
el envejecimiento por ser antioxidantes de los tejidos
corporales. A ellos, la doctora Bauschen añade
a “los fitoquímicos como los polifenoles
del café, del té verde, del vino tinto
y del chocolate, el licopeno del tomate y el betacaroteno
de la zanahoria. Como minerales con función antioxidante
pueden mencionarse el zinc y el selenio, presentes en
carnes, cereales integrales, mariscos, legumbres y huevos”.
Sin dudas, los alimentos funcionales llegaron para quedarse
en el mercado y en la alacena, y brindar múltiples
ventajas a la salud. Pero, ¡cuidado! A pesar de
sus virtudes, no curan enfermedades, sólo las
previenen, y deberían acompañarse de hábitos
saludables como el ejercicio físico y la abstención
al cigarrillo.
Los “súper” alimentos en
el “súper”
La irrupción de los “nuevos” alimentos
es evidente en el mercado, aún en nuestro
país. Entre los alimentos funcionales que encontramos
en las góndolas del supermercado se destacan
las leches enriquecidas con calcio, las bebidas a base
de soja, las barritas de cereales con suplemento de
vitaminas, yogures y lácteos fermentados con
cultivos prebióticos. Hasta existen leches y
huevos con ácidos grasos Omega 3, cereales y
postres con prebióticos, margarinas untables
y leches complementadas con fitoesteroles. También,
vinos y té verde. La doctora De la Plaza, agrega
a la lista cereales para el desayuno, harinas y alimentos
infantiles, fortificados con calcio, hierro, zinc, vitamina
C, acido fólico, vitaminas A y D.
Elegir con inteligencia
Hoy, en el mundo, 200 mil personas son mayores de 100
años. Sólo dentro de 6 décadas,
las personas tendrán esa esperanza de vida al
nacer. Una de las claves para que sea posible, residirá
en la adopción de hábitos de vida saludables.
En lo que a alimentación se refiere, lo ideal
es alimentarse inteligentemente y elegir, por ejemplo,
los que contienen probióticos, bacterias vivas
que se encuentran en los lácteos fermentados.
Consumirlas favorece la flora intestinal, ya que elimina
sustancias patógenas, evitando infecciones. Y
a no dejar de lado los fitoquímicos, que son
los responsables del color y el sabor de las frutas
y verduras. “Cuando decimos de la importancia
de los colores en la mesa en realidad estamos reforzando
la idea de que con la variedad de estos alimentos estamos
ingresando a nuestro organismo diferentes sustancias,
la mayoría con gran poder antioxidante, muchas
con efecto antiinflamatorio o anticáncer o regulador
del colesterol y de la presión arterial”,
detalla De la Plaza. También resultan sumamente
saludables los que poseen prebióticos, sustancias
vegetales no digeribles que regulan el funcionamiento
del intestino, la absorción de calcio y las defensas
del cuerpo y que se las encuentra en la achicoria, la
cebolla, el ajo, el puerro, los espárragos, leches,
yogures y cereales.
por Laura Zavoyovski. /Fotos: imapress/dachary. archivo
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