Es considerado el
máximo exponente del arte conceptual argentino.
Proveniente de una familia de inmigrantes italianos,
fue un hombre que se interesó por la química,
la alquimia, la biología, la filosofía,
la poesía y la literatura. Lo seducían
los procesos de transformación de los objetos,
las imágenes y los materiales, los paradigmas
de la ciencia y el vínculo entre ésta
y la Creación. Su obra, que se exhibe en estos
días, revela todo ese mundo interior.
Víctor (1936-2002)
fue el mayor de los dos hermanos Grippo, el varón
de un matrimonio compuesto por un inmigrante del sur
de Italia y una argentina de origen albanés.
El pequeño nació en Junín, provincia
de Buenos Aires. Allí también se crió:
alternó sus tardes entre los deberes de la escuela,
la huerta de su abuelo y la herrería de un viejo
anarquista italiano. Lo fascinaron el fuego y las papas,
la figura de su padre trabajando en domingo y la de
su madre revolviendo la olla de comida. Cumplió
con el servicio militar (donde se destacó por
ser hábil jinete y tirador al blanco) y, como
Dios manda, obtuvo su título de Bachiller. Luego
se trasladó a la ciudad: primero La Plata y más
tarde Buenos Aires. Inició estudios universitarios
de Química y Farmacia. Trabajó en una
ayudantía en la sección de Trabajos Prácticos
de la carrera de Biología. Datos no menores,
para comprender mejor la obra de este artista argentino
de reconocimiento nacional e internacional. O mejor:
datos no menores que se intuyen de su obra, tan comprensible
como genial.
A los cinco años su padre lo puso en contacto
con el yeso y los colores. Así, y tal vez sin
quererlo, lo acercó al arte. Un juego que al
principio entretuvo al pequeño y que, a los 17,
ya era tomado en serio por un Víctor adolescente:
a esa edad y en el Colegio Nacional de Junín,
Grippo expuso por primera vez. Para 1970, 20 años
después de haber incursionado en la pintura,
el grabado y la escultura, ya era considerado uno de
los principales representantes del arte conceptual ideológico
o arte de sistemas. A él lo ocupaban asuntos
como la transformación de materiales, objetos
e imágenes, los paradigmas de las ciencia, y
el vínculo entre la biología, la química
y la Creación. Concretó sus ideas y sus
razonamientos sirviéndose, nada más, que
de la vida cotidiana.
Un universo de significados
Papas, tablas, platos, tenedores, cuchillos, plomadas,
rosas, viruta, aserrín, matraces, fórmulas
químicas, panes, espátulas, ladrillos,
oro, huevos, yeso, cemento, porotos, tierra, 220 voltios...
De ese ecléctico abanico de materiales y objetos
conjugados con poesías, reflexiones y grabados
está compuesta la muestra Víctor Grippo.
Una retrospectiva. Obras de 1971-2001, que hasta el
6 de septiembre, el Museo de Arte Latinoamericano de
Buenos Aires tiene abierta al público. Ordenadas
cronológicamente y distribuidas en dos salas,
unas cien obras -entre instalaciones, trabajos en proceso,
documentación fotográfica, ambientaciones,
cajas y series- invitan a transitar por los caminos
que le gustaba caminar a Grippo: la filosofía,
la alquimia, la poesía, la literatura, la química,
la biología...
El recorrido, no por nada, arranca con una pieza antológica:
Analogía I (1070/1971). En ellas, unas cuarenta
papas dispuestas en celdillas de madera y conectadas
cada una y entre sí a dos electrodos producen
energía, la que puede ser medida a través
de un voltímetro. Un texto explicativo con el
significado de las palabras "papa" y "conciencia"
completan la obra que, como mínimo, despierta
una duda básica: ¿Qué tienen que
ver una cosa con la otra?
Veamos: "El mecanismo mide la energía sumada
por los tubérculos y constituye una demostración
empírica de su capacidad energética. Esta
corroboración construye una analogía (bajo
forma de metáfora) con la expansión de
la conciencia del ser humano cuando se conecta con otros",
explica la investigadora Ana Longoni en "Víctor
Grippo: una poética, una utopía",
uno de los ensayos que integran el catálogo de
la exposición. "Aquí, como en toda
la obra de los años '70, se empiezan a cruzar
los campos de interés que tenía el artista",
aclara Cintia Mezza, asistente de coordinación
de exposiciones del Museo. Y agrega: "Siempre está
presente la intención de manifestar polaridades
como arte /ciencia, humano / artificial, vida / muerte,
real / artificial".
Las obras de Grippo están actualmente en manos
de coleccionistas privados y en espacios como el Museo
Nacional de Bellas Artes o el Malba. Recorrieron galerías
nacionales (Lirolay, Artemúltiple de Buenos Aires
y Ruth Benzacar fueron algunas de ellas) e internacionales:
su producción llegó, entre otros lugares,
a la Ikon Gallery de Birmingham, Inglaterra, y al Palais
des Beaux-Arts de Bruselas (1995). También viajó
a Río de Janeiro, La Habana, París y Nueva
York. En 2002, y luego de su muerte, tres de sus trabajos
fueron exhibidos en la Documenta Kassel de Alemania.
Aunque él no aparece directamente en ninguna
de sus producciones, piezas como Valijita de panadero
(Homenaje a Marcel Duchamp) (1977), Tabla (1978), las
fotos del día que expuso un horno de barro en
el marco de una exposición abierta, la instalación
La intimidad de la luz en St. Ives, De un lado y del
otro (1997) y series como Cercando la luce (1989) u
Anónimos (1998-2001) revelan el interior de Víctor
Grippo. Que por cierto es vastísimo.
Un hombre,
muchos intereses
"Vosotros que tenéis las mentes sanas, mirad
la doctrina que se esconde bajo el velo de los versos
extraños". Frases como ésta del Dante
supieron cautivar al lector voraz que habitaba en Grippo
y hoy forman parte de la retrospectiva. De ahí
que no haga falta adivinar que La Divina Comedia, El
Tao, Roberto Arlt, Leopoldo Marechal y Carl Jung hayan
sido sus lecturas de cabecera: la muestra revela por
sí misma la identidad del artista y el conjunto
de las obras es aún más coherente con
ella si uno se entera que, por ejemplo, Grippo le hablaba
al plomero del "alma de los metales"...
Noctámbulo, el artista pasaba sus noches intentado
descifrar las sentencias que, de chico, le impartieron
sus tías y que nunca terminó de comprender.
También esperando alguna reacción química
o yendo del taller a la cocina, otro lugar en el que,
una vez más, el hombre depositaba su inmensa
pulsión creadora: "Víctor era un
cocinero espectacular, amante de la cocina popular y
de campo. Sus platos, aunque sencillos, eran de una
estética refinada", recuerda Nidia Olmos
(49), viuda de Grippo. Artista plástica también
ella, la mujer evoca con cariño los años
en que era esposa y asistente en la casona de la calle
Juncal. "Se levantaba tarde, era insomne y de amanecer
tardío. Enseguida preparaba su mate y empezaba
a dar vueltas con la idea que tenía a desarrollar.
Tenía varios proyectos empezados simultáneamente",
relata Nidia.
Su espacio exterior lo integraban tres mesas abarrotadas
de papeles y herramientas. Algunas las fabricaba él
con filos que rescataba por ahí y otras, las
tenía especialmente separadas, cosa de que ningún
asistente se las tocara. "Las amaba -relata Nidia-,
e investigaba constantemente sus posibilidades. Cuando
salíamos a pasear, nos la pasábamos mirando
vidrieras de ferreterías".
Hábil artesano y artista minucioso, Grippo rescató
en la instalación Algunos oficios (1976) su respeto
por el trabajo, por aquel que supiera de algo: "Aquí
el hombre es su hacer. Sus herramientas lo prolongan
y lo dignifican. Cada oficio ancestral se simboliza
por sus utensilios", sostiene Ana Longoni. Grippo,
siempre delgado, de anteojos grandes y cabeza casi calva,
en los tiempos en que el arte no le alcanzaba para comer
vivió de la fotografía social, del diseño
de joyas y de la orfebrería. El resto, lo vivió
haciendo arte de todo lo que lo rodeaba. Será
por eso que hoy sus obras revelan una vida transcurrida
entre el campo y la ciudad, los inmigrantes italianos
y los cultivadores de la tierra, los apuntes de Química
y la literatura, el yeso y la poesía, mucha poesía.
FRASES
"...Me sigue preocupando la simetría de
color en las alas de los pájaros". (Grippo)
"Si tratara
de definir algunas razones acerca de mi obra, inexorablemente
tendría que cumplir con la obviedad de enunciar
que lo visible, desde el comienzo de mi actividad, estuvo
unido a lo invisible". (Grippo)
"Quizá en algún momento, el esfuerzo
sostenido y concertado mejore al hombre y a la sociedad
y nuevamente sea válida la coincidencia entre
arte y trabajo, en un único ritual humano".
(Grippo)
"... casi sin pensarlo, articule algunos símbolos:
los alimentos del hombre, los oficios, la energía
y la rosa, los desequilibrios y las consecuentes transformaciones,
para arribar a una conclusión poética
abarcadora de la realidad que me toca vivir". (Grippo)
Por Carolina Cattaneo / Fotos: gentileza Malba (Museo
de arte latoamericano de Buenos Aires: Av. Figueroa
Alcorta 3415, Cap. Fed.