Aunque
siempre estuvo asociado al cansancio y a los nervios,
existe una cuota de estrés imprescindible para
la vida. Se llama eustress, (estrés positivo)
y es el equilibrio que nos permite responder a las demandas
del medio. Sin embargo, los requerimientos son cada
vez mayores y es mucha la gente que padece estrés
negativo, una patología que acarrea una gran
cantidad de trastornos físicos y psíquicos.
Estrés es
una de esas palabras que siempre se asocian a un concepto
negativo. Son pocos los que saben, que de hecho, se
trata de una respuesta adaptativa que nos ayuda a generar
el equilibrio necesario para la vida. El caso es que
cuando la demanda del medio excede a nuestra capacidad
de respuesta, el estrés positivo (eustress) pasa
a ser negativo (distress) y ahí empieza el problema.
Médicos y psiquiatras coinciden en que el trastorno
constituye LA patología del momento. Sí,
sí. Así de clarito y sin vueltas. Y no
estamos hablando de una afección menor. Más
allá de los daños emocionales, tiene consecuencias
físicas que en casos muy extremos, pueden llegar
a ser mortales. También es cierto que los profesionales
de ambas especialidades, trabajan de la mano con el
fin de detectarlo a tiempo y enseñarnos a manejarlo,
para poder vivir mejor.
La palabra
recurrente
La doctora Diana Zabalo, presidente de la Asociación
Argentina de Psiconeuroinmunoendocrinología (AAPNIE),
explica que "todos necesitamos una cuota de estrés
para vivir. Constantemente existe un equilibrio dinámico
en el que hay situaciones que demandan y producen un
cambio en la condición de la persona. En ninguna
ciencia biológica existe la parálisis,
porque es sinónimo de muerte. Y el eustress son
esas respuestas del individuo al medio que le permiten
crecer, desarrollarse y seguir viviendo normalmente".
Agilizar la memoria, ser creativos, y mantener buenas
relaciones con el entorno, son algunas de las cosas
que logramos gracias al estrés positivo, que
produce vitalidad, entusiasmo, optimismo y hasta resistencia
frente a la enfermedad.
El problema aparece, entonces, cuando las demandas no
condicen con los recursos y surge un desequilibrio que
implica la aparición de reacciones que afectan
la salud física y mental de las personas (ver
Equilibrio subjetivo ante el estrés). "De
alguna manera, el cuerpo nos está avisando que
el peso de la mochila que cargamos superó nuestra
capacidad", ejemplifica el doctor Daniel López
Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina
del Estrés (Sames). Pero no se crea que se trata
de un problema excluyente de las personas 'muy ocupadas'.
"Es una respuesta psicológica, fisiológica
y comportamental de un sujeto que tiende a restablecer
un equilibrio frente a presiones tanto internas como
externas. Pueden ser hechos reales o imaginarios y hay
que tener en cuenta que el estrés es subjetivo.
La misma situación produce efectos diferentes
en cada persona. Un ejemplo claro y cotidiano es el
de los perros: hay gente a la que le producen ternura
y siempre se acercan a acariciarlos, mientras que a
muchos, les dan terror y hasta se cruzan de vereda cuando
ven un can cerca", explica el doctor Carlos Finkelsztein,
jefe de Psiquiatría del Hospital Italiano de
Buenos Aires.
Síntomas
comunes
La tendencia resulta previsible: los tiempos modernos
no ayudan a la hora de combatir este mal. Por el contrario,
suman problemas y presiones que hacen crecer en forma
proporcional la presencia de la patología. "En
este momento, entre un 50 y un 75 % de las consultas
médicas -no psiquiátricas- del hospital,
están ocasionadas por estrés", destaca
Finkelsztein. Sucede que entre las manifestaciones más
frecuentes del estrés aparecen los miedos, la
ansiedad y la disminución de la sensación
de control del entorno (a nivel emocional); y dolores
musculares, cuadros gastrointestinales, palpitaciones,
hipertensión, trastornos menstruales, disfunciones
sexuales y alteraciones en la piel (a nivel físico).
"El estrés se clasifica en agudo, postraumático
y crónico. El primero es una reacción
a una respuesta estresante, donde rápidamente
el sujeto tiende a adaptarse y con una pequeña
ayuda, puede volver a una situación de estabilidad.
En los otros dos aparecen síntomas patológicos",
apunta Finkelsztein.
Un cambio
positivo
¿Se puede convertir el estrés negativo
en positivo? "Uno trata de trabajar en el afrontamiento",
responde Finkelsztein. Por su parte Diana Mazal, a cargo
del departamento de capacitación de Competitividad
Empresaria, una consultora que brinda asesoramiento
a organizaciones y personas y hace siete años
incorporó un programa de 'Stress Managment',
reflexiona: "Las razones que nos producen estrés
no van a ceder, al contrario. Entonces, lo que podemos
hacer es cambiar nosotros y aprender a enfrentarlas,
manteniendo la salud, las relaciones e incrementando
la calidad de vida". Frente a lo que Zabalo agrega:
"Los argentinos nos acostumbramos a vivir en estrés
permanente. Y por eso es tan importante que logremos
evaluar las situaciones y dar una respuesta creativa
y positiva. Porque si no, nos sumergimos cada vez más,
incluso como comunidad".
En cuanto a las formas, los especialistas coinciden
en señalar lo fundamental de la psicoeducación
(mediante la terapia), la importancia de llevar una
vida saludable y en algunos casos, la opción
de recurrir a los fármacos. "Un abordaje
multidisciplinario. Desde lo clínico para tratar
los síntomas, armar un plan de nutrición
que los lleve a un peso adecuado, enseñarles
técnicas de meditación y relajación
e instruirlos, para que eviten el consumo de alimentos
que contienen metilaxinas. En lo psicológico,
que logren un manejo de las emociones y puedan identificar
y controlar los factores estresores. Y también
en lo que a la filosofía de vida respecta: objetivos
alcanzables, una escala de valores apropiada y relaciones
sociales y emocionales fructíferas", enumera
López Rosetti.
Otro elemento que destacan es que los primeros signos
de estrés (ver Algunas señales) deberían
detectarse en el ámbito laboral. "La temperatura,
los ruidos, la luminosidad, la cantidad de horas y la
variedad de tareas influyen mucho", argumenta Finkelsztein.
En esa dirección apunta, justamente, el trabajo
de Stress Managment. "Se aplica tanto a organizaciones
como a grupos o personas. Se trata de un proceso de
aprendizaje que busca desarrollar competencias para
enfrentar situaciones críticas y así lograr
el equilibrio. El primer paso es una evaluación
diagnóstica y luego hacemos un relevamiento de
tendencias o estilos de comunicación y liderazgo,
en función de lo que armamos un plan que incluye
entrevistas con distintos profesionales especializados",
cuenta Mazal.
Desde la dimensión personal, Zabalo asegura que
"existen vivencias que te hacen crecer. Hay sujetos
que en lugar de deprimirse cuando atraviesan por una
situación de estrés, como puede ser el
diagnóstico de una enfermedad, descubren un montón
de cosas por las cuales vivir. A partir de la adversidad,
pegan un salto cuantitativo y cualitativo y se convierten
en algo que no tenían planeado. Es lo que llamamos
resiliencia. A veces un duelo, hace que alguien se transforme
en líder de la comunidad, por ejemplo. Tiene
que ver con poder descubrir las propias fortalezas,
pero es muy difícil hacerlo únicamente
desde la introspección y son fundamentales las
redes de contención social, salir a pelearla
con otros pares y ayudarse mutuamente". Y para
concluir, destaca algunas características básicas
a la hora de aprender a capitalizar el estrés:
"Fortalecer el humor, el optimismo, la solidaridad
y la búsqueda de trascendencia". Cuatro
metas que vale la pena tener en cuenta.
Estrés
y ansiedad
"Las personas que presentan trastornos de ansiedad
padecen montos de estrés, porque no pueden procesar
las situaciones que los afectan. Se ven sobrepasadas
porque creen que no pueden responder adecuadamente.
O bien, porque lo hicieron en algún momento y
sienten que quedaron lastimados por esa respuesta. Y
el trastorno aparece cuando anticipan con temor la posibilidad
de que ocurra algo malo, debido a que no cuentan con
los recursos para enfrentarlo y esa sensación
también los estresa", expone Daniel Bogiaizian,
psicólogo y director de la Asociación
Ayuda, especializada en el tema.
Un pionero
El médico austríaco-canadiense Hans Selye
(1907-1982) fue uno de los primeros en hablar de estrés,
cuando en un trabajo publicado en el año 1986,
describió las características de lo que
llamó Síndrome General de Adaptación
(S.G.A). Allí lo definía como "una
respuesta no específica del organismo a toda
demanda que se le haga". Según explica Carlos
Finkelsztein en un trabajo presentado junto a sus colegas
Alfredo Job y José Faccioli (los tres del Hospital
Italiano de Buenos Aires) en el marco del XX Congreso
Argentino de Psiquiatría, "cuando surge
un acontecimiento estresante, la mayoría de los
individuos presentan síntomas comunes denominados
Síndrome General de Adaptación, compuesto
por tres fases: alarma, resistencia y adaptación.
Si estos mecanismos fracasan, aparecen las enfermedades
por estrés". Entre los factores que desencadenan
esta respuesta, se encuentran los duelos, divorcios
o separaciones, enfermedades personales o de algún
familiar, matrimonios (la organización y el mismo
evento), nacimientos, situaciones laborales (conflictos,
ascensos, jubilación, grandes cambios) y las
complicaciones financieras, legales y sociofamiliares
en general.
Algunas
señales
"Uno de los primeros indicadores del estrés
es el insomnio -explica Finkelsztein-. También
la irritabilidad, el aumento de la ansiedad, la depresión,
las fallas en el rendimiento, la disminución
de la memoria y de la capacidad laboral y el cansancio
y la fatiga matinal persistentes".