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La práctica del yoga desde
una edad temprana, le brinda al niño la base
para alcanzar
un óptimo desarrollo físico y emocional.
Las posturas (asanas) hacen mucho más
que simplemente dar flexibilidad a los músculos
endurecidos y tonificar los blandos.
Su poder secreto radica en el ritmo de la respiración
con que se practican, el cual, transmitido a las diferentes
partes del cuerpo (glándulas, órganos,
nervios y tejidos) colma de aliento vivificador. El
efecto general de los ejercicios es mantener el organismo
en estado saludable y destruir todo aquello que interfiera
en las actividades normales,
por ejemplo: la obesidad glandular, los desarreglos
hormonales, el malhumor, la timidez,
el temor o la depresión.
Los chicos, sensibles a este mundo y a lo que pasa a
su alrededor, pueden también
sacar provecho e iniciarse en la práctica del
yoga tempranamente. A partir de los seis años,
ellos pueden encontrarse y con paciencia, dejarse llevar
entre asanas y ejercicios de respiración.
El yoga ayuda a aumentar la capacidad de concentración
en los niños, a disminuir
su agresividad y a corregir malas posturas, además
de bajar el nivel de estrés, protege contra la
ansiedad, la presión y la frustración
cotidiana mejorando la calidad de vida.
También ayuda a corregir problemas posturales,
si hay tendencia a la cifosis, o a la escoliosis.
Además le aporta gran flexibilidad a la columna
vertebral y desarrolla mayor fuerza en piernas y en
brazos. Por otro lado, el yoga, les enseña a
los niños a respirar correctamente por la nariz.
Les aporta dominio del cuerpo y seguridad en sí
mismos, y también los ayuda a corregir
problemas de conducta.
La consigna es que los chicos se diviertan, jueguen,
logren una continuidad en las clases y respeten los
tiempos de los otros. Lo ideal es que tomen dos veces
por semana y que realicen en su casa todos los días
una mínima práctica (por ejemplo alguna
postura que
sea de preferencia).
La clave para que puedan disfrutar del yoga y hasta
que lo practiquen con alegría es que deben aprenderlo
divirtiéndose y jugando –las posturas tienen
nombres de animalitos y de otros seres vivos que ayudan
a despertar su curiosidad e imaginación–.
Los chicos la pasan muy bien y no se aburren.
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