Sebastián
Porto (26) lleva ocho años
ininterrumpidos en el Mundial de Motociclismo y es el primer
argentino que pelea por un título de esa magnitud.
Tuvo que luchar contra las barreras comerciales que le impuso
el hecho de ser sudamericano, en una disciplina que prevalece
en Europa y que, al igual que la Fórmula Uno, se mueve
al compás de los patrocinadores. Sueña con convertirse
en el mejor.
Sebastián Porto
se despega de la condición de lunático y arrebatado
que acompaña a cualquier piloto. No parece el mismo
que los domingos a la mañana sobresalta a las abuelas
por televisión cuando acuesta la moto para chispear
al asfalto con la rodilla. De hecho, irradia sobriedad al
repasar su trayectoria y analizar las posibilidades de concretar
su máximo sueño: el título mundial.
Este orgullo de Rafaela, que hoy cumple 26 años, es
el argentino más trascendente en la historia del motociclismo.
Llegó a este deporte por descarte, luego de que el
asma lo bajara de las bicicletas cuando era un chico –con
aspiraciones– y si bien se destacó desde el inicio,
no pudo saltear ninguna etapa.
Fue campeón infantil, zonal, provincial, nacional –en
distintas modalidades–, europeo y llegó al Mundial
en la categoría 250cc, donde también se llevó
la copa IRTA para pilotos que compiten con equipos privados
(no oficiales). Pero sólo en los últimos años
pudo prenderse en la pelea grande y en este 2004, busca el
título como integrante del Repsol Aspar Team, con una
máquina (Aprilia oficial) que no desaprovecha su talento.
“Es el primer año en el que tengo una moto que
me permite estar en los primeros lugares. Por mi lado de piloto,
hace varias temporadas que me siento preparado para poder
hacerlo, pero como todo deporte que involucre fierros, el
aspecto mecánico es lo primordial, así que estoy
aprovechando el año y el balance hasta ahora es muy
bueno”, explica en uno de sus esporádicos regresos
al país.
–¿Qué te falta para dar el último
salto?
–Me falta la regularidad que alcancé en algunos
tramos del campeonato, porque si bien la temporada es larga,
quedarte sin sumar en una carrera es muy perjudicial. Me quedé
sin sumar en un par y es mucho.
Sebastián es más bien menudo. Mide 1.67 m y
pesa 65 kilos, pero se queja porque uno de los pilotos que
está en condiciones de arrebatarle su objetivo, Daniel
Pedrosa, es una pluma de 49 kilos (1.58 m) y saca ventajas
por algunas lagunas del reglamento en la categoría
250cc.
–Varias veces te lamentaste por la falta de
reglamentación con respecto al peso de los pilotos
¿Por qué?
–Es un tema que en Europa creó mucha polémica.
Es una cuestión de kilos, que es estrictamente reglamentaria.
Pedrosa no tiene la culpa, simplemente, que el reglamento
no es claro y un piloto como él, que pesa 15 o 20 kilos
menos que el resto, es lógico que tenga una ventaja.
Considero que tendría que hacerse un promedio entre
el peso de la moto y del piloto como se hace en la categoría
de 125cc y eso haría mucho más pareja la disputa.
–¿Es bueno que los pilotos sean livianos?
–Eso depende de la categoría. En las más
chicas sí, pero en la Grand Prix (GP) se necesitan
pilotos más robustos porque la potencia es superior
(500cc).
Vestuario casual y gotas de rubio en el pelo, le iluminan
un costado seductor, del que no se jacta, pero que se comprueba
al paso (más allá de que camine acompañado
por dos enormes trofeos) cuando la gente, sobre todo las chicas,
le piden permiso para sacarle fotos. Y, claro está,
los triunfos más la imagen del piloto ayudan al deporte.
–¿Te ilusiona hacer más popular
al motociclismo en Argentina?
–Sí. Yo trato de hacer mi trabajo, pero sé
que, detrás, la gente cambió mucho para conmigo.
Antes sólo el apasionado seguía las motos y
hoy quizás con mis resultados los fui motivando a levantarse
temprano los domingos para verme. Siento mucho el reconocimiento
de la gente en el país y me llena de orgullo que me
saluden por la calle. Es cierto que también me genera
algo especial por ser el único. Detrás de mí
hay chicos que están tratando de progresar en Europa
y ojalá que puedan seguir creciendo, pero no es fácil
entrar.
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–Es
una lástima que se haya perdido la fecha argentina
en el Mundial…
–Eso duele mucho, porque para todo piloto correr en
su país y ante su gente, es muy lindo y yo debo ser
el único que no tiene esa posibilidad.
–¿Creés que de haber nacido en
Europa te hubiera costado menos llegar hasta donde estás
hoy?
–Seguro que sí. Muy pocos tuvieron que soportar
los ocho años que llevo yo para llegar a este lugar.
Fueron años de sacrificio y esfuerzo en los que cada
temporada había que demostrar un poco más. Sin
embargo, he logrado dos años consecutivos ser el mejor
piloto “privado” en esas condiciones. Cuando uno
está afuera se da cuenta de muchas cosas. Por ejemplo,
España, sin grandes riquezas propias está muy
bien y nosotros que tenemos todos los recursos a nuestra disposición
no los podemos aprovechar.
–Si tuvieras que elegir tres momentos buenos
¿Cuáles serían?
–El título europeo que es el más importante
que tengo, de 1996, haber ganado mi primera carrera en el
Mundial en Brasil (2002) y todo este año.
–¿Cuáles son las perspectivas
para el 2005?
–Vamos a ver. Ahora es el momento en el que se empieza
a hablar de posibilidades. Estoy en un buen lugar y tengo
ofertas para el año que viene, pero no me quiero ilusionar
con nada, quiero concentrarme en este año. Hoy me debo
a Aprilia y a fin de año evaluaremos si seguimos o
si damos el salto a la categoría superior. Tengo la
edad justa para pasar a GP, pero tampoco me voy a subir a
la peor moto de esa categoría.
Sebastián reside en Barcelona, pero cada vez que puede
regresa al país para mitigar la añoranza hacia
Rafaela. Tolera doce horas de avión, más esperas
interminables en el Aeroparque para trasladarse a Santa Fe
y tres horas más en auto hacia su ciudad natal. “Cuando
cuento en Europa que hago todo esto para llegar a mi casa,
no me lo creen”, revela. Pero en esa localidad provincial
están los suyos y valen cualquier travesía.
“En mi vida privada tengo una familia muy unida, y eso
me da mucha alegría, pero se extraña mucho.
A mí me costó, me fui con 15 años a Europa
y tuve que dejar la escuela, los amigos y la familia. No me
arrepiento porque me va muy bien y todavía me faltan
vivir un montón de cosas buenas”.
–¿Hasta qué edad esperás
competir?
–No lo sé. Pienso correr varios años más,
mientras tenga ganas de subirme a una moto. De momento, creo
que tengo muchos años por delante, tengo 25 y hay pilotos
de 35 o 36 en el Mundial. Después tengo planes de formar
una familia, tengo novia de hace varios años en Rafaela
(Cyntia) y si bien ella entiende lo mío y yo lo de
ella porque está estudiando, sé que dentro de
poco tendré que ir planeando algo. Pero ahora quiero
cumplir con los objetivos que me propuse en el nivel deportivo.
–¿Qué pensás hacer el día
que te bajes de la moto?
–Llevo casi toda mi vida en el motociclismo y lo que
haga va a estar relacionado con esto. No sé si como
director de un equipo o como piloto de automovilismo en Argentina,
pero algo relacionado con los fierros voy a hacer.
–¿Tuviste algún golpe fuerte?
–Sí. Tuve varias caídas, con muchos golpes.
Hace poco me caí muy fuerte en Mugello (después
ganó la carrera) y me costó mucho recuperarme.
Son las cosas feas de este deporte.
–¿Nunca te desalentó el miedo
a sufrir un accidente?
–Miedo no tengo, pero sí respeto después
de una caída. Si uno tiene un golpe fuerte, por ahí
tarda un poco en volver a ir rápido. En mi caso con
la experiencia lo fui superando y lo llevo bastante bien.
Este hincha de Boca y nostálgico de los asados, levanta
la mano y se asoma una cicatriz del tamaño de una hojita.
–¿Fue en una carrera?
–No, fue una tontería en la calle hace varios
años atrás. Soy prudente y en realidad, ando
muy poco en moto porque sé los riesgos que hay. Si
te caés en la calle es peor que en la pista, donde
vamos todos para el mismo lado y protegidos.
–¿Qué hubiera pasado si no te
diagnosticaban asma?
–(Se ríe). No sé. Me encantan las bicis,
pero el destino quiso que me subiera a una moto y mal no me
fue. Sólo me falta el título.

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