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[Investigación]



¿Sueño estás?

Una encuesta de la Sociedad Latinoamericana
del Sueño, indica que
más del 60% de los habitantes de las grandes ciudades tiene problemas para dormir.
En nuestro país, un 35% de personas manifestaron que la calidad de su descanso empeoró tras la crisis de 2001.
¿Cuáles son los trastornos más frecuentes? ¿Cómo hacer para que, cada noche, “Morfeo” tarde menos en llegar?

La historia se repite religiosamente cada noche. No importa la hora que sea ni el cansancio que tenga acumulado. Ni bien Ulises apaga las luces de su cuarto y se dispone a entregarse plácidamente a los brazos de “Morfeo”, un extraño dispositivo interno se activa y empieza a dar vueltas en la cama. Que la almohada o las sábanas no están bien acomodadas; que entra luz a través de alguna rendija; que se olvidó del vaso de agua por si tiene sed durante la noche (y en el camino prendió la tele y “se enganchó” con un partido, una serie o el final de una película); cualquier excusa vale. Un par de horas más tarde logra quedarse dormido y sin embargo, se despierta sobresaltado varias veces hasta que llega el momento de levantarse. Aunque Ulises se sienta incomprendido, no es el único al que le suceden este tipo de cosas. Un estudio de la Sociedad Latinoamericana del Sueño 2000 publicado en la Revista Neurológica Española del mes de julio de este año, indica que más de un 60% de los habitantes de las grandes ciudades sufren dificultades con o durante el sueño. Pero hay más. En una encuesta realizada en Buenos Aires por el Club del Sueño de la Fundación Alfredo Thomson, encontraron que el 35% de la población empeoró su calidad de sueño después de la crisis de diciembre de 2001.

El cuerpo manda
¿Alguna vez se preguntó por qué dormimos? “El sueño es uno de los estados en los que transcurre nuestra vida. De día estamos despiertos (vigilia) y por la noche dormimos y soñamos. Durante el tiempo de descanso, nuestro organismo debe cumplir funciones que solamente se desarrollan mientras estamos dormidos, como es la secreción de las hormonas relacionadas con el crecimiento”, explica la doctora Margarita Blanco, coordinadora del Club del Sueño, de la Fundación Alfredo Thomson, en el Hospital Francés. El doctor Carlos Nigro, director del Laboratorio de Sueño del Hospital Alemán, apunta que “se trata de un estado conductual reversible donde las personas tienen una menor respuesta a los estímulos internos y externos. La respiración y la frecuencia cardíaca bajan entre un 5% y un 10% y también se produce una hipotonía o relajación muscular”. La doctora Stella Maris Valiensi, Jefa del Laboratorio del Sueño del Hospital Italiano, comtleta diciendo que “básicamente hay dos momentos: el del sueño sin movimientos oculares rápidos o No REM y el que presenta movimientos oculares (REM), que es cuando soñamos. El No REM está a su vez dividido en cuatro etapas según las ondas cerebrales: las Nº 3 y 4 son las más profundas”.
Los científicos coinciden en que no existe una cantidad ideal de horas para dormir, porque es algo que varía en cada individuo. Pueden ser entre seis y nueve horas, el punto es que la persona sienta que durante ese lapso el descanso fue verdaderamente reparador. “El pasaje de vigilia al sueño se produce en forma gradual con una serie de conductas físicas: ojos cerrados, disminución de los movimientos corporales y la reducción de la respuesta frente a estímulos”, resume Nigro.

Con los angelitos
“Insomnio” es la primera palabra que aparece cuando uno piensa en las alteraciones del sueño. Sin embargo, la problemática es bastante más amplia y los síntomas muchas veces pasan desapercibidos por quienes los padecen. “Existen diferentes patologías del sueño”, expone Valiensi. Y agrega: “Se las divide en las que afectan la cantidad, la calidad y el ritmo circadiano. Las primeras pueden ser por dormir poco (insomnio, que es la dificultad para conciliar el sueño o despertarse en reiteradas oportunidades durante la noche); o mucho, como es el caso de la narcolepsia (sensación de sueño constante), de aquellos que roncan, la somnolencia diurna (incrementada por la televisión, Internet, las salidas luego de la medianoche, por nombrar algunos), somnolencia por consecuencia del consumo de medicamentos o alcohol y apneas del sueño, un síndrome de disturbios respiratorios, muy frecuentes en personas obesas. Entre los que afectan la calidad tenemos las parasomnias (hablar dormido), pesadillas, terrores nocturnos en los chicos, movimientos involuntarios de piernas y bruxismo (rechinar los dientes). Y en cuanto a las variaciones del ritmo circadiano aparecen, por ejemplo, aquellos en los que la iniciación, el mantenimiento y la finalización del sueño adoptan una

 

autonomía diferente a lo habitual”.
Por otro lado, están las alteraciones relacionadas con los trastornos de ansiedad. “El ataque de pánico es un cuadro con una base neurobiológica importante: la persona se despierta sobresaltada durante las crisis nocturnas con miedo intenso, taquicardia y sudoración sin que haya tenido pesadillas. La ansiedad generalizada se caracteriza desde lo cognitivo por preocupaciones excesivas sobre una amplia gama de acontecimientos y pensamientos catastróficos en relación a los seres queridos, y es común que la persona tenga dificultad para conciliar el sueño, duerma tensa o le cueste levantarse de la cama y por ende, a la mañana sienta que no descansó. Y cuando hay estrés postraumático, pueden aparecer pesadillas relacionadas con los eventos que provocaron el trauma. En los tres casos, los problemas desaparecen en la medida que mejora el cuadro general”, razona el doctor Rodolfo Licéaga, director del área médica de la Asociación Ayuda.
Más allá del nombre, el hecho que se repite y habitualmente lleva a la consulta médica es la sensación de estar siempre cansado, de no haber tenido un sueño reparador. Y esto trae consecuencias. “Dependen de cada caso. El insomnio causa alteraciones en el estado de ánimo que pueden ser confundidos con depresiones, dolores musculares o articulares y cefaleas. Los roncadores, sobre todo los que tienen apneas de sueño, pueden llegar a ser hipertensos y padecer alteraciones cardíacas o cerebrales”, explica Blanco. “Pero además disminuye el rendimiento y existe mayor riesgo de tener accidentes hogareños o automovilísticos”, agrega Nigro.

Paso a paso
En el mundo de los sueños –o de los sufridos insomnes– parece no haber soluciones mágicas. Lo fundamental es obtener un buen diagnóstico. “Una historia clínica detallada para identificar los disparadores de los trastornos que alteran el sueño”, define Blanco. En caso de que sea necesario también realizan estudios más profundos del sueño. Y siempre buscan que el abordaje del tratamiento sea multidisciplinario. De hecho, cada vez son más los centros de salud que disponen de espacios de encuentro y reflexión para grupos de personas que presentan esta problemática.
Existen dos conceptos que los desvelados no pueden olvidar: orden e higiene del sueño. Los profesionales enfocan sus consejos a acomo acomodar la rutina cotidiana, u observar lo que en el Club del Sueño llaman “Máximas o decálogo de Oro” (ver Números). “La habitación debe ser un lugar agradable y acogedor. No es bueno utilizar la cama para comer, estudiar, mirar televisión, leer o trabajar, porque se hace difícil conciliar el sueño en el mismo espacio en el que se realiza el resto de las actividades”, coinciden. En caso de despertarse o no poder dormir, es recomendable no mirar constantemente la hora, porque estimula el estado de ansiedad y el círculo se retroalimenta. Además, quedarse tranquilo y relajado en la cama esperando que el sueño vuelva y no empezar a dar vueltas por la casa. Para disminuir los ronquidos, conviene dormir sobre cualquiera de los costados del cuerpo. Por último, Valiensi aclara: “Los fármacos tienen que estar administrados por especialistas, ya que muchos de ellos producen adicción o trastornos de memoria con el uso crónico. La melatonina, no es para todos los pacientes”. ¿Qué pasa con las famosas recetas de la abuela? “Tisanas o tés de hierbas muy livianas pueden funcionar. Lo mismo que la leche tibia”, aprueban los especialistas entre risas.
¿Pero qué es ese bostezo? ¡No me diga que la nota le dio sueño!

 

 

 

Edad y género
Aunque no existen diferencias precisas, hay algunas distinciones que están relacionadas con la edad y el sexo de las personas con alteraciones de sueño. “Los chicos suelen tener trastornos respiratorios del sueño debido al aumento del tamaño de las adenoides o amígdalas (suelen ser niños hiperquinéticos o más raramente somnolientos, que padecen también problemas de aprendizaje). Un 20% de los adultos ronca y la quinta parte tiene apneas de sueño, especialmente los varones. Esto ocurre fundamentalmente entre los 40 y 65 años. Los pacientes dejan de respirar hasta 600 veces en una noche. Las mujeres, en cambio, se quejan con más frecuencia de insomnio, lo que obedece a varias causas, como la ansiedad, la depresión, factores genéticos u hormonales, malos hábitos de sueño, enfermedades específicas o crónicas y uso de medicaciones o sedantes”, explica el doctor Nigro.

 

Arrorró mi niño
“El insomnio también puede aparecer en la infancia. Se presenta como una dificultad para conciliar el sueño y mantenerlo durante la noche. A los seis meses de vida se estabiliza el ritmo vigilia-sueño y si estas circunstancias se manifiestan a partir de ese momento, hay que considerar estrictamente cómo es la vida familiar y el entorno del bebé. En los chicos, las dificultades para dormir pueden ser consecuencia de: alguna enfermedad, antecedentes perinatales, el tipo de alimentación (cenas muy copiosas), condiciones previas al momento de acostarse o la relación que mantiene con sus padres. En cualquiera de los casos, el tratamiento debe ser inmediato”, advierte la doctora Blanco.

 

 

 

 

 

 

[+info]
www.rems.com.ar
www.hospitalitaliano.org.ar
www.hospitalaleman.com.ar
www.aamsue.com.ar
www.asociacionayuda.org