Entrevista
   Investigación
   Actualidad
   Mix
   Reflexión
   Cocina
  Departamento Comercial
  
  Contáctenos
  Números anteriores

[1.700.000 Lectores]

 

[Actualidad]

TERROR
EN LA TELE

En menos de un mes, comenzaron tres ciclos televisivos que se enmarcan dentro del terror y del suspenso
y se lanzó un concurso para que realizadores jóvenes incursionen en el género.
Dicen que este tipo de programas de ficción apunta a una mejor calidad de los productos. Los cráneos de estas series explican por qué el miedo volvió con todo.

¿Cuánto hacía que no nos quedábamos frente a nuestros televisores sin una gota de aliento, con las palpitaciones por el cielo y las manos empapadas en transpiración? Mucho. Quizás, desde que el gran maestro Narciso Ibáñez Menta dejara de asustar al público hacia el final de los años ’80 con sus ultramaquillados personajes y esa voz sugerente que lo caracterizaron. Aparecieron, sí, en lo sucesivo, pequeñas perlas aisladas que dieron miedo. Tal es el caso de la exitosa miniserie El Garante (1997) y algunos capítulos de Tiempo final (2000-2003). Eso fue todo hasta que la noche del sábado 14 de agosto, con el estreno de Epitafios (la serie que lanzaron HBO y Pol-ka) se abrió un nuevo capítulo en la tele argentina: uno de suspenso y terror.
Como hace tiempo no ocurría, mucha sangre está corriendo por estos días en los estudios de TV: es que tanto la tele de aire como los canales de cable hicieron volver de la muerte, con distintas propuestas, a un género que, en la pantalla chica local, había perdido… ejem… su nicho. A Epitafios, la serie de 13 capítulos que arrancó grabando en ¡el Cementerio de la Chacarita!, le siguieron otros no menos espeluznantes.
Historias de Terror (martes a las 23 por el 7) es una coproducción de la emisora estatal y el INCAA (Instituto Argentino de Artes Audiovisuales) que arribó a fines de agosto para homenajear a Narciso Ibáñez Menta y para devolverle al espectador la atmósfera oscura y gótica de aquellos clásicos del género como Drácula, de Bram Stoker, o adaptaciones de los cuentos La caja oblonga, de Edgar Alan Poe, o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Stevenson. Por su parte, Sangre Fría (miércoles después de las 22.30) aterrizó el 1º de septiembre en Telefé con una propuesta novedosa para la TV nacional: el terror adolescente. Grabado íntegramente en Villa La Angostura y producido por Ideas del Sur, el programa se acerca (de manera explícita –tanto por su argumento como por su tratamiento–) al estilo de las películas norteamericanas que abordan este subgénero desde hace un tiempo. Así, nuestra versión de Sé lo que hicieron el verano pasado o Scream, cuenta la historia de un grupo de jóvenes estudiantes que llega a la Universidad Gallogher de Neuquén para participar de un certamen académico y, al llegar, deberán enfrentarse con la muerte y el horror.
Y como si todo esto no fuera a dejar al público lo suficientemente pálido de susto, In Jaus, el departamento creativo del grupo Claxon, junto a la productora Flehner Films, largaron Miedometrajes. Se trata de un concurso en el que guionistas nóveles, estudiantes de cine y realizadores jóvenes participan presentando guiones de terror, de los cuales 9 serán elegidos y llevados a la pantalla de la señal Infinito. ¿Más? Sí: la productora BMP Films ya está trabajando en Ténebre, un ciclo que se verá por cable el año que viene y que combinará, entre otras cosas, terror del clásico con el moderno, asesinos seriales con muertos resucitados.

Morirse de miedo
Ahora, ante tanto horror y suspenso la pregunta es, justamente, por qué tanto y al mismo tiempo: “En la televisión hay como cierta experimentación que hace que haya un efecto de tipo catarata. Cuando uno hace ridículo”, afirma, y concluye: “Quien mira terror sabe que es algo ficticio y sin embargo, está dispuesto a asustarse”.

En cuestiones de sustos...
...pareciera que todo está escrito... en nuestras mentes. “El miedo es de orden universal, no tiene palabras y es algo que sentimos todos los seres humanos. Es independiente de idiomas, experiencias, estilos y modalidades”, explica Edie Flehner, director de Flehner Films. Según Flehner, para que el espectador sienta que le corre frío por las venas, no deben existir

 



mediaciones entre él, las imágenes y el contenido: “La gente tiene que entrar en identificación directa sin posibilidad de razonar y con pura sensualidad. Como en el teatro o en un buen ballet, donde la distancia se pierde y se entra en contacto directo con la música y la danza”, ejemplifica. Al respecto, agrega Slavich: “Con Walter descubrimos que lo que nos asusta es lo que puede aparecer en una habitación oscura, lo que imaginamos más que lo que vemos”. Para provocar espanto o sensación de temor, el guionista apela más a lo indirecto (lo psicológico) que a las imágenes directas. “Lo importante es ser simples y asustar con nuestros propios miedos: aprovechar los temores naturales de la gente para potenciar la historia. El miedo con el monstruito y los efectos especiales no es lo que nos asusta. Visualmente –dice de Epitafios– puede identificarse con películas como Pecados Capitales o El Silencio de los Inocentes”.

Asustame que me gusta
Paradójicamente, las historias de suspenso y terror entrampan al público. Pero, ¿cómo es eso de que nos pegamos a la pantalla aunque tengamos el horror frente a nuestros ojos? Alberto Lecchi, uno de los directores de Epitafios, arriesga: “Hay un poco de morbo y de deseos. En las películas de suspenso, donde hay muchas incógnitas, se da un juego en el que el espectador intenta continuar la historia, develarla. Jugar al detective es un sueño de muchos”. Para Flehner, experimentar un miedo controlado, enmarcado en los límites del televisor, resulta interesente al espectador: “A través de un programa o una película podemos ponernos en contacto con el miedo, pero con la prevención del marco. Lo sentimos, pero lo vivimos a través de otros”, dice.

Una combinación
que espanta

Policías, detectives especialistas en homicidios, asesinos en serie, jóvenes llenos de vida a los que de repente los asalta la muerte, personajes horrorosos, escenarios góticos, un villano, una víctima y alguna historia de amor. Distintos elementos que, combinados entre sí o con otros elementos, crean atmósferas e historias que tienen como único fin despertar el pánico. “Este tipo de ficción obliga a hacer otras búsquedas en lo que hace a recursos. Con un contenido popular, pero acompañado de una temática transgresora, lo que se intenta es salir del realismo y de cosas ya vistas como los programas sobre marginalidad”, explica Pablo Cullel, productor de Sangre Fría. Por su parte, Alexis Puig, sostiene: “En nuestro caso, como es un ciclo de homenaje, hay muchos clichés: decorados góticos, cementerios o relámpagos, lunas llenas, personajes que salen de las tumbas, torturados o perversos”. Y, tanto Puig como Flehner, coinciden en que las temáticas de la muerte y el erotismo son las que definen al género de terror.
Los climas y los escenarios también cumplen un rol fundamental en producciones de terror y suspenso: “Las historias casi siempre transcurren de noche o en una gran urbe: es raro que un asesino serial opere en un pueblito”, afirma Lecchi para quien su función, es análoga a la de un director de orquesta: “Tiene que saber cuándo y cómo ejecutar cada instrumento”. Y la música es otro de los factores que no debe ser descuidado. De hecho, para Epitafios y para el ciclo de Canal 7, se compusieron piezas especialmente.
Frente a este marco, productores, directores y guionistas ya celebran la vuelta del género a las pantallas chicas, en tanto que las familias argentinas, vuelven a dormir con la luz encendida.