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Los psicoanalistas no lo
deben querer demasiado, y hasta es posible que los psiquiatras
que recetan ansiolíticos o antidepresivos digan cosas
horribles de él. Pero, el canadiense Lou Marinoff parece
no inmutarse frente a esa popularidad negativa, porque millones
de personas, en el mundo entero, leen sus libros y lo consideran
una suerte de gurú sanador de almas estragadas, fama
que nunca buscó, pero que lo acosa adonde vaya: más
de diez millones de libros vendidos hacen que sea así.
Ecléctico, cita a los filósofos griegos clásicos,
a los positivistas comtianos, a los hegelianos, y a los existencialistas
seguidores de Jean Paul Sartre. No desdeña arcaicas
sabidurías orientales (como las del indio Buda o del
chino Lao-Tsé) y tampoco desprecia conceptos más
contemporáneos como, por ejemplo, los del Beatle John
Lennon, del juglar Bob Dylan, o de Osho y Paulo Coelho.
Entre otras cosas, Marinoff, que se autodefine como “consultor
filosófico” y no como filósofo, atiende
a personas con problemas (él las llama clientes y no
pacientes) individualmente o en grupos, personas que han perdido
la brújula de sus vidas, o que creen haberla perdido.
La filosofía, asegura, está al alcance de todos:
“Hay que bajar la filosofía a la Tierra, sacarla
de su torre de marfil, de ciencia para pocos. Se puede ir
a la televisión a hablar de filosofía, por ejemplo,
se puede provocar curiosidad. Eso lleva a la gente a las bibliotecas”.
De paso por Buenos Aires, habló de su teoría
que hace que lo consulten parejas al borde del divorcio y
empresarios. Y también clientes que quieren saber cuál
es el sentido
de sus vidas.
–¿Realmente cree que la filosofía
puede explicar el sentido de la vida?
–Sí. Por supuesto, la respuesta depende de cada
uno, cada persona debe darle su propio sentido a su vida.
–¿Cómo?
–Depende de cómo pensamos, cómo ponemos
todas las piezas juntas del rompecabezas que es una vida,
y sabemos con claridad cuáles son nuestros objetivos.
Todos tenemos una filosofía de vida, lo sepamos o no,
estamos guiados por principios, creencias y emociones. Un
consultor filosófico es una guía que los ayuda
a encontrar las respuestas que busca. No es que tengamos todas
las respuestas, pero sí tenemos todas las preguntas.
“NO HAY SOLUCIONES
GENERALES PARA CUESTIONES GENERALES, COMO QUERER SABER QUE
ES LA VIDA. HAY RESPUESTAS INDIVIDUALES A PLANTEOS INDIVIDUALES”.
¿En
casa de herrero...?
Lou, que tiene el aspecto de un italiano meridiona l y roza
los 54 años, está divorciado y ve a su hijo
de 23 años esporádicamente, ya que “mi
casa está en Nueva York, pero vivo la mayor parte del
tiempo en un avión”, dice, aludiendo a los cursos
de ayuda que da en el mundo entero. Su divorcio revela que
no consultó a un colega para salvar su matrimonio y
que tampoco pudo o no quiso autoayudarse. ¿En casa
del herrero cuchillo de palo? Quién sabe, nadie...
Es un buen tenista y un espantoso guitarrero, “tocar
la guitarra me gusta, la llevo conmigo por el mundo y toco
y canto y me divierte”, informa.
–Si una pareja en crisis, o un solitario que
no puede comunicarse, van a la consulta,
¿la filosofía tiene respuestas concretas
para ellos?
–Por supuesto. No hay respuestas para planteos generales.
Si viene alguien y me dice que el mundo es injusto, y me pregunta
qué es la Justicia, pienso que alguien fue injusto
con él o con ella, pero no sé si tengo respuestas
a preguntas generales. Claro, si tienen en su propia vida
un problema de injusticia, o una crisis matrimonial específica,
sí puedo guiarlos para que encuentren una respuesta.
No todos los problemas son para consultar con un psicólogo
o para la medicina clínica. Respeto esas profesiones,
pero ciertos males, o ciertas formas de pensar no correctas,
requieren de un consultor filosófico. De todos modos,
no hay soluciones generales para cuestiones generales como
querer saber qué es la vida. Hay respuestas individuales
a planteos individuales. Eso no significa que haya términos
absolutos para explicar qué está bien y qué
está mal. Cada persona tiene que hacer un viaje de
exploración hacia su interior para averiguar cuál
es su ruta correcta, cuáles son los obstáculos
y cómo superarlos. Ahí es donde un consultor
filosófico puede guiarlos.
–Volvamos a las crisis de pareja y a las malas
relaciones entre padres e hijos ¿Qué les aconseja?
–Bueno, eso tiene mucho que ver con las expectativas
que uno tiene con respecto a su matrimonio o con respecto
a sus hijos. Hablamos de las obligaciones que cada uno tiene,
de las tareas que cada uno tiene,
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de
lo que cada uno tiene para dar en el matrimonio y sobre cuáles
son los principios que están gobernando esta relación.
Cuando las dos partes no están de acuerdo en principios
y valores, ahí es cuando cada uno hiere al otro con
su conducta. Si una persona es fiel y la otra no, es porque
tienen diferentes valores. Entonces, tienen que trabajar para
compatibilizar los valores.
Y en un trabajo pasa lo mismo: si llegás a tener un
jefe con problemas,
sufrirás esa situación.
Maradooo...
Cuando nos recibió en su suite de un hotel céntrico,
Marinoff volvía de ganar un partido de tenis. Estaba
contento, pese a que, en seis horas, estaría volando
hacia Nueva York.
–A veces, Lou, se sufren problemas generales,
más allá de un jefe despótico y enfermo.
A veces, los conductores de países pueden provocar
infelicidad, cuando toman decisiones incorrectas que afectan
a todos ¿no?
–Acabás de abrir una gran Caja de Pandora y dejaste
escapar a todos los males del mundo. Por eso Platón,
en La República, recomendaba que los líderes
de las naciones no tuvieran propiedades. Cierto nivel de gente,
los líderes, tenían la obligación de
mantener unida y feliz –o más o menos satisfecha–
al resto de la sociedad. Debían ser incorruptibles,
y no permitir la corrupción de los otros.
No podían usar a la política como vehículo
para mejorar su patrimonio. El tipo de gobierno que postulaba
Platón era el de una gran responsabilidad y no el de
una oportunidad para enriquecerse.
–Pretendía una utopía, como después
la postuló Tomás Moro.
–Por supuesto, era –es– la demanda de un
mundo ideal. Ideal, pero posible, más allá de
que un gobierno así no ha existido o haya sido breve
en la historia de la Humanidad. No te tengo que decir que
en la actualidad, no hay un gobierno como quería Platón,
y tampoco cómo le va a tu país, ¿verdad?
No veo gobiernos que tengan idea de qué es la ética...
–Usted ha dicho, Lou, que admira a Buda y a
Lao-Tsé, gente de hace más de dos mil años,
y también a pensadores contemporáneos (llamémoslos
así) como Osho y Coelho ¿Cómo concilia
gente tan diferente?
–No son diferentes. La sabiduría de Buda y de
Lao-Tsé es absolutamente contemporánea. Sus
principios éticos y espirituales son actuales, parecen
dichos ayer o esta mañana. Coelho y Osho los repiten
de un modo diferente. Toda la sabiduría es antigua.
El mundo ha avanzado tecnológicamente, pero todos los
viejos problemas y necesidades del ser humano –la felicidad,
la ética, la necesidad de reconocimiento, amar, ser
amado, el mal, el bien, la abnegación, la inquidad,
el miedo, el odio– siguen librando una batalla sin final
en el corazón del hombre, hoy, como hace tres mil años.
La naturaleza humana no ha cambiado. Necesitamos aprender
las lecciones de los sabios antiguos. Si querés entender
qué es hoy Estados Unidos, tenés que entender
qué era el Imperio Romano.
–Lou, los profesionales que recetan Prozac,
¿lo llaman por teléfono a su casa para insultarlo?
–No. Pero ocurre que muchas veces, los grandes laboratorios
quieren imponer sus productos y usan a los profesionales para
que los receten. De todos modos, si un adulto toma medicamentos
y le hace bien, que lo tome. Pero tomar estimulantes le roba
al ser humano la capacidad de buscar las soluciones dentro
de sí mismo. Un adulto, se supone, tiene responsabilidad
sobre sus actos. Aun así...
“TOMAR ESTIMULANTES
LE ROBA AL SER HUMANO
LA CAPACIDAD DE
BUSCAR SOLUCIONES
DENTRO DE SI”
–¿Conoce a Maradona?
–Claro, es una de las personas más famosas del
mundo. ¿Te refieres a su adicción y a la responsabilidad?
Y bien, la filosofía podría ayudar a Maradona,
guiarlo a tomar decisiones correctas. Lo que tiene Maradona
es una adicción destructiva. Y no sólo él
sino muchos atletas. Maradona tiene más de 40 años.
Me preocupan más las adicciones en atletas muy jóvenes.
Ganan plata, y se intoxican, y no saben después qué
hacer con sus vidas. Son muy infelices, por lo general, aunque
la sociedad los admire.
–¿Realmente cree que la filosofía
puede ayudar a Maradona u otro atleta adicto?
–Sí, realmente sí, estoy seguro.
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