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[Reflexión]

"EL CONOCIMIENTO
ES EL NUEVO
AMO DEL MUNDO"

El investigador Juan Enríquez-Cabot es un hombre sorprendente.
En su conferencia en el país explicó quiénes serán los amos del mundo en poco tiempo, habló de la captación de cerebros, y aclaró por
qué algunos países triunfan
y por qué otros fracasan.

Está ocurriendo ahora. Representantes de grandes empresas visitan universidades, preguntan quiénes son los mejores alumnos, los diez mejores, por ejemplo, y los invitan a Estados Unidos –por caso– con todos los gastos pagos. Los entrevistan durante cuatro o cinco días y luego les dan una semana de vacaciones. Esas vacaciones incluyen hoteles de lujo, las mejores comidas, pasajes, todo lo que necesiten. Luego, contratan a los más destacados. A ese método algunos los llaman “fuga de cerebros”; otros, más duros, hablan de “robo de cerebros”. Como sea, está ocurriendo ahora, cuando usted está leyendo este informe.
Con otras palabras, lo dijo recientemente en la Argentina un mexicano, el doctor Juan Enríquez- Cabot, quien pronunció una conferencia titulada “Los imperios del futuro serán los imperios de la mente”, idea que, añadió, tomó de uno de los grandes genios del Siglo XX, el alemán Albert Einstein, quien en los años ’40 dijo: “Todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento, y sólo los pueblos que entienden cómo generar conocimientos y cómo protegerlos, cómo buscar a los jóvenes que tengan capacidad y asegurarse de que se queden en el país, serán los países exitosos. Las otras naciones se quedarán con litorales hermosos, con una historia fantástica (...), pero jamás con un éxito económico”.
Ratones casi humanos. Cabot señala que algunos países que no crecen pueden desaparecer: “Tres de cada cuatro himnos nacionales, tres de cada cuatro banderas no existían hace medio siglo”. Ocurrió en Africa, Asia, Europa y en Oceanía. América del Sur se viene salvando, pero no se sabe hasta cuándo. La diferencia, afirma, está en el fomento del conocimiento. Menciona fechas capitales que cambiaron al mundo: el 12 de octubre de 1492, cuando se descubrió a América, y el 12 de febrero del 2001, cuando apareció el mapa más importante en toda la Historia de la Humanidad: el mapa de la secuencia genética del ser humano. “Ese mapita cambia todo”, dice. Da ejemplos que seguramente nos harán más humildes, tales como que un ser humano –Susana Giménez, Kirchner, Maradona, usted, nosotros– tiene 30.000 genes. Y un ratón también. Desde luego, un hombre o una mujer –blancos, mestizos, chinos, negros, tanto da– son genéticamente casi idénticos.
Entonces, ¿por qué algunos (humanos, dejemos a los ratones en paz) fracasan y otros triunfan. O, ¿por qué algunos países son “centrales” o dominantes, y otros andan como almas en pena pidiendo créditos, sin poder progresar de una buena vez? Lo explica así:
La otra revolución. Un buen día se inventó el alfabeto digital. Cabot añade que los países que no venden computadoras, teléfonos digitales, fotografías digitales, entretenimientos digitales, se vuelven cada día más pobres, porque “en términos netos, son analfabetos en el idioma que domina la economía del planeta”.
¿Exagera? No tanto. Un norteamericano llamado Bill Gates desarrolló el lenguaje de las computadoras y hoy tiene más fondos en su cuenta bancaria que el presupuesto de muchos países del mundo, y no nos referimos a los países sumergidos. Ahora, añade Cabot, se viene el alfabeto genético, “y los pueblos que no lo hablen”, los pueblos cuyos niños no entiendan la ciencia y hablen ese idioma van a ser “los dominados del mundo”. ¿Es para tanto?
El científico da un ejemplo que nos pega directamente: “En 1900 la Argentina era uno de los países más ricos. En 1960 lo seguía siendo, porque en ese momento la tercera parte de la economía mundial era la agricultura, otra tercera parte era la industria, y la restante, servicios”. Por servicios entiende personas que sacan patentes de invención, consultores, seguros, hacedores de leyes, investigadores tecnológicos, creadores de CD’s y de programas de computación, entre otros.
En 1988, informa Cabot, la agricultura pasó de aquel 33 por ciento a ser el sólo 4 por ciento de la economía mundial. Y los servicios son el 66 por ciento de la economía mundial. Y los servicios, aclara, se manejan en un idioma, el digital.
La nueva economía, entonces, es la del conocimiento. Más que la de los combustibles. Por eso, a pesar del valor del petróleo, los países petroleros –Nigeria, Irak, Irán, Venezuela, México– no son grandes potencias, no son países dominantes. A su vez, sí son dominantes los que manejan conocimientos. El hombre que el 12 de febrero del 2001 descubrió el mapa genético, ahora tiene una industria que se llama la genómica y que ha dado lugar a empresas que tienen un valor de mercado similar a lo que produce la Argentina en un año. La genómica permitirá detectar enfermedades, combatirlas y vencerlas, entre otras utilidades. “Todo eso –añade Cabot– va a cambiar la manera de cómo vemos y entendemos la vida en este planeta”.
Mirar la vida de ese modo permitió a Singapur, país que era más pobre que la Argentina, tener hoy un ingreso per cápita similar al de los Estados Unidos, lo cual equivale a decir que su población disfruta de una calidad de vida de las más altas que hay en el mundo. Y nada de deuda externa.
¿Es posible progresar así? Por supuesto. La receta es sencilla: conocimiento.
Lo demás vendrá por añadidura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Con la genetica, uno puede reprogramar
la vida dentro de una naranja o de una manzana,

y eso es lo que sera la economia mundial”.

 

 

“Si hablan con una farmaceutica, les dira que es la genetica la que esta manejando la medicina. Y si hablan con un quimico, les dira que la genetica empuja la industria”.

 

 

“Lo que importa hoy son las mentes, la educacion,
la ciencia.
Importa que esas mentes puedan proteger y vender conocimiento al resto del mundo”.