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El milagro de la leche materna

María Cristina Ovejero Boglione es la científica argentina, que comprobó que la leche materna inhibe la acción de una bacteria, peligrosa para los bebés. Por su investigación, la Comisión Europea le entregó un prestigioso premio y una importante suma de dinero.

Hello?” se oye a lo lejos, y nuevamente: “¿Hello?” Pareciera que no oyen, que el “Hola” que acaba de salir de este lado del tubo tarda en llegar. ¡Y sí! También, qué más: desde el centro de la Argentina hasta Londres, Inglaterra, las voces tienen un largo trecho por recorrer hasta encontrarse. El saludo en castellano llega por fin tras cruzar el Atlántico y sorprende a María Cristina Ovejero Boglione (32). Enseguida, la científica rosarina que comprobó que la leche materna protege a los bebés de una bacteria peligrosa, se alegra al oír a una compatriota y empieza a charlar como si estuviera cara a cara, tomando mate, debajo del Monumento a la Bandera.

Un mundo por descubrir
Cristina estaba cursando las últimas materias de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de Rosario cuando decidió viajar con su novio a Europa. Mario y ella se irían por tres meses a recorrer el Viejo Mundo, con mochila al hombro y menos de 25 años cada uno. Anduvieron por Alemania, Dinamarca, España e Inglaterra. El viaje arrancó intenso: iban por el cuarto mes de recorrida cuando decidieron casarse. Y el paseo siguió así. “La idea era sólo tantear las posibilidades de vivir aquí por un tiempo, sin embargo, ¡no me imaginé que resultaría posible!”, cuenta desde su oficina en Londres, el lugar donde eligieron desensillar equipaje hace 8 años.
En la ciudad de la llovizna constante, la joven que había sido abanderada en la escuela Goethe de Rosario y siempre representaba al colegio en las Olimpíadas de matemáticas, descubrió que el camino para realizar el sueño de ser investigadora sería más corto allí que en la Argentina, donde primero debía terminar Medicina y luego especializarse en lo que más la intrigaba: las Neurociencias. Londres, en cambio, le ofrecía un lugar en la Universidad de West England con la posibilidad de hacer la carrera de Científica Biomédica en Bioquímica y Biología Molecular. Eso más, claro, la sorpresa implícita de lo que vendría después.
“El sistema nervioso y su completo control que tiene sobre todo nuestro cuerpo siempre me intrigó muchísimo. El tema de la investigación no era nuevo en mí: toda la vida, desde chica, fui muy curiosa. Cuando las maestras me pedían hacer un experimento, yo siempre iba por más. Si no, me aburría”, relata. Sin dudas, fue esa curiosidad la que la condujo tan lejos.
Lo que empezó siendo un trabajo temporal de verano, terminó convirtiéndose en un proyecto propio: “Mi tutor personal, el Dr. John Hancock, me preguntó temporal de verano, terminó convirtiéndose en un proyecto propio: “Mi tutor personal, el Dr. John Hancock, me preguntó si estaría interesada en investigar la leche materna, a lo cual respondí que sí con entusiasmo. Y al tiempo aplicamos para obtener la subvención del Wellcome Trust” (N. de la R: es una fundación de caridad que ayuda al desarrollo de la investigación en la salud humana y animal). Ocurría que en Estados Unidos y en Africa, cientos de niños morían deshidratados a causa de diarreas. El origen de estos males lo encontraban en cuadros de graves gastroenteritis. Las hipótesis de los científicos del mundo y de las empresas lácteas sostenían que el fallecimiento de estos pequeños en edad de amamantamiento, se debía a la ingesta de leche sintética en mal estado.
Pero luego de un año y medio de minuciosa y ardua investigación dentro del laboratorio, María Cristina concluyó que las muertes habían sido causadas por el reemplazo de la leche natural de la madre por otra que no contenía una determinada enzima. “Desarrollé el equipamiento necesario para estudiar el efecto de la enzima Xantina Oxidoreductasa sobre las bacterias Escherichia Coli 16906 y 0157, y comprobé que esta proteína de la leche materna disminuía el metabolismo de esas bacterias patogénicas, permitiendo así que el débil sistema inmune del recién nacido las pudiera eliminar”, explica.

Premio al descubrimiento
Hace unos 100 años ya existía entre los investigadores la sospecha sobre la relación de protección que estas enzimas de la leche materna ejercían sobre el organismo de los bebés. Aunque hasta el momento nadie podía explicar de qué manera lo hacían. No sólo llegó a este dato importantísimo, además sentó las bases para posibles investigaciones futuras relacionadas con otras enfermedades del intestino.
Su descubrimiento trascendió a la comunidad científica internacional y María Cristina fue reconocida con el prestigioso premio Arquímedes en la categoría Estructura y función de macromoléculas por la Comisión Europea. “Cuando me avisaron que había sido seleccionada pensé: ‘se equivocaron’. Con la confirmación que había ganado, me sentí muy elogiada y me puse muy contenta”, recuerda. El galardón, que lo recibió en Alemania, vino acompañado de 44.000 euros. “Al dinero decidí invertirlo en un proyecto de investigación sobre regeneración del nervio óptico y del tracto visual dentro del Imperial College London”.
Sobre este mismo tema tiene ahora puesta toda su atención. Mientras cursa su doctorado en el King’s College, profundiza sus estudios sobre la regeneración de tejidos. Por este trabajo, la científica recibe una subvención de otra importante institución dedicada a la investigación.
Fanática, consecuente y amante de la ciencia, Cristina rememora las sensaciones de los días previos a su primer descubrimiento: “Con la leche de vaca había tenido resultados no bien terminé con el desarrollo del equipo necesario para el experimento. Pero cuando empecé a estudiar la leche humana, estuve 2 meses con reacciones diminutas de la enzima. A esa altura, una mañana, le pedí a Dios que por favor, me mostrara qué estaba pasando y que me usara como puente para que el mundo pudiera ver el verdadero efecto de esta enzima en la leche humana”.
Increíblemente, a la tarde siguiente y entre tubos de ensayo, probetas y frascos con burbujas de todos los colores, el panorama era increíble: “La reacción de la enzima fue brutal, la curva fue gigante y, así y todo, yo no estaba convencida de que hubiera sido tan grande como lo que pasaba en la vaca. Cuando vino mi supervisor, al día siguiente empezó a los gritos: OH ¡FANTASTIC!, ¡FANTASTIC! decía. Y aseguró que si eso se repetía, el significado iba a ser colosal. Con toda meticulosidad –relata–, conseguí controlar todos los factores: temperatura, niveles de oxígeno y presión de gases sistemáticamente...”. Los resultados surgieron una y otra vez, y eso, para ella, “fue como ver ocurrir un milagro”.

 

 



 

 

 

Las bondades de amamantar
Tanto la Organización Mundial de la Salud como UNICEF, sostienen que la leche materna es el mejor alimento que el recién nacido puede recibir hasta los seis meses. Además de los beneficios de la enzima descubiertos por María Cristina, la lactancia fortalece las defensas del bebé, protegiéndolo de otros gérmenes y parásitos que pueden estar en el ambiente o en el organismo de la mamá. Se sabe que los elementos nutritivos y los principios activos de la leche se ajustan a las necesidades del pequeño, evitando una sobreexigencia de sus funciones orgánicas y metabólicas. Excepto en casos en que la mamá no puede dar de mamar por atravesar una quimioterapia o es HIV positiva, o en que el bebé no metaboliza correctamente, la leche ayuda a prevenir diarreas, desnutrición, linfomas o diabetes de tipo 1.

 

...una mañana le pedí a Dios que por favor, me mostrara qué estaba pasando, y que me usara como puente para que el mundo pudiera ver el verdadero efecto de esta enzima en la leche humana.

 

Todo por mamá
Aunque de todo lo que hace Cristina nada es porque sí, sus actuales estudios sobre regeneración del nervio óptico, tienen una razón aún más fuerte. Hace un tiempo, su mamá, que vive en Rosario, perdió la vista después de padecer un tumor cerebral recurrente. “Si bien siempre estuve interesada en investigar la regeneración del sistema nervioso central, lo del nervio óptico surgió puramente a raíz de la pérdida de visión de mi mamá”, dice.
Su propósito con estas investigaciones es crear clínicas donde se desarrolle la técnica. Según la científica, la regeneración de tejidos tiene futuro, ya que amaga con transformarse en la reemplazante del trasplante de órganos. Vuela alto, la rosarina, y no descansa.