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Varios
argentinos prestigiosos quisieron homenajear a sus
madres en su día. Para esto,
con emoción y humor, destacan
sus cualidades y comparten las frases y anécdotas
que mejor
las definen. |
¿Te acordás
mamá? |
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Mamá,
mother, Mutter, mama, mamucha, má... Quieren
decir lo mismo. Un saludo de bienvenida a la vida,
una teta que alimenta, un cuento antes de dormir,
un golpecito en el hombro aquel primer día
de clases, una mano que detecta unas líneas
de fiebre o una lágrima el día que
el “grandulón” finalmente se
animó a decir: “Sí, quiero”.
Especialmente para los varones, la mamá
es el primer objeto de amor, y la figura femenina
por excelencia. Así lo explica María
Inés Capella, terapeuta familiar. “Desde
el psicoanálisis, el varón tiene
como primera figura de apego, a su madre. De cómo
se haya vinculado esa mamá con su hijo,
dependerá la imagen que él tenga
de ella y de las mujeres en general”, comenta
la psicóloga, quien manifiesta que, en
la actualidad, el buen vínculo con la madre,
hace que el hijo, muchas veces busque identificarse
con algunos aspectos de ella, y así aprenda
a desarrollar más sus emociones, a expresar
mejor sus afectos y a poder conectarse mejor con
los hijos, por ejemplo. “Una mamá,
sobre todo, hace sentir que en la vida siempre
hay una salida ante las dificultades, e intenta
brindar a su hijo las herramientas para resolver
diferentes situaciones. Esa es la mejor expresión
de afecto”, concluye la especialista.
Por eso, en el Día de las Madres, ésta
es la manera que algunos hombres encontraron para
decir: “Gracias por todo, vieja”.
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“Mi
vieja era maga”
Juan José Campanella, director de cine
argentino de El Hijo de la Novia y Luna de Avellaneda
–entre otros títulos–, habla
de Luisa Segunda Quintana, nacida y criada en
el barrio porteño de Avellaneda. Padece
Alzheimer y se encuentra internada desde 1997.
Y no lo dice metafóricamente. “Era
prestidigitadora, pero de entrecasa”,
asegura su hijo. “Preparaba las funciones
de Navidad con meses de anticipación
–en las que lamentablemente su asistente
y “paso de comedia” lo hacía
yo–. Un día fue de viaje a Nueva
York –hará de esto unos veinte
años–, y paseando por Central Park,
vio un multitudinario desfile portorriqueño.
Desapareció unos minutos. Todos la estábamos
buscando. A los 20 minutos la vimos, con una
galera y un chaleco con mostacillas haciendo
trucos de magia para la gente. Se había
ido para el hotel a buscar su ropa –aún
nadie sabe por qué la había llevado
con ella–. ¡Ese fue uno de los días
más felices de su vida!”, recuerda
emocionado Campanella, quien siente cierta devoción
por su madre. “Es 100% emoción.
Muy pocas veces vi una persona que tomara sus
decisiones, sin tomar en cuenta ningún
aspecto racional del asunto. Lo que la convierte
en un ser excepcionalmente complejo. Por otro
lado, hacía un culto de la ironía
y el sarcasmo. Increíblemente graciosa,
fue una show-woman”, dice. Con él,
siempre fue peleadora y conciliadora a la vez.
“Era quien me alentaba, me criticaba.
Ningún crítico me ha insultado
tanto como ella, ni me ha alentado a continuar
con la misma intensidad. Igual que mi padre,
nunca me falló. A los dos les debo todo.
Espero poder devolvérselos ahora, cuando
más me necesitan”, asegura el cineasta
desde Nueva York, donde asiste a un festival
de cine.
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“Crío
gallos; la que cría gallinas, que las
cuide”
“De
chico pensaba que
los ojos de mama podían
ver en la oscuridad. Eran como dos caleidoscopios
en distintas tonalidades
de verde”. |
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